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Resumen de la ópera golpista

Do Rebelión, 10 de Janeiro 2023
Por Elaine Tavares
Traducido del portugués para Rebelión por Alfredo Iglesias Diéguez


[Imagen: Manifestantes golpistas accediendo al Palacio de Planalto por la rampa que parte de la plaza de los Tres Poderes el 8 de enero de 2023. Créditos: Marcelo Camargo/Agência Brasil]

En este artículo la autora, después de ofrecer algunos detalles sobre la intentona golpista del pasado domingo 8 de enero de 2023, lanza al aire una serie de preguntas muy oportunas en relación con el proceso judicial que se seguirá contra las personas implicadas en los hechos directamente e indirectamente, vía financiación, divulgación y apoyo material -incluso militar-, por ejemplo.

Nunca una acción terrorista fue tan anunciada como la que tuvo lugar este domingo en Brasilia. Desde hace semanas las redes bolsonaristas publicaban notas referidas a la organización de la marcha hasta la capital federal en las que se señalaba cuál es el objetivo: tomar el Congreso, el STF y el Palacio de Planalto. Vídeos, material de propaganda, explicaciones…, circulaba todo tipo de materiales sin el más mínimo pudor o reparo. Los campamentos frente a los cuarteles sirvieron como incubadoras de todo esta turbamulta de exaltados. Fue de una tremenda ingenuidad pensar que allí únicamente se reunían los viejos y las tías del whatsapp. Quien sigue habitualmente las redes sabe que desde que se conoció el resultado de las elecciones, la extrema derecha empezó a organizar a toda esa gente y a preparar el camino hacia el golpe. No es un movimiento espontaneo. Todo está muy bien articulado y financiado.

Más de 100 autobús llegaron a Brasilia en tiempo récord. Miles de personas uniformadas con la camisa de la selección fueron organizadas y conducidas por la Policía Militar de Brasilia para la Esplanada de los Ministerios en una acción que los propios protagonistas denominaron “Huelga General”. A pesar de las llamadas de auxilio, pidiendo refuerzos para garantizar la seguridad del Congreso y del STF, que presintió el peligro, el gobierno del Distrito Federal (DF)2wwwwwwwwwwe34 no movilizó a las tropas para la protección del patrimonio público, razón por la que, a pesar de que los bolsonaristas no eran muy numerosos, en poco tiempo pudieron asaltar los tres principales puntos de la capital en una acción rápida y sin ninguna oposición policial. Había poquísimos vigilantes acompañando la caminata y las fuerzas de seguridad locales no pudieron controlar a la turba que rompió las cristaleras, entró en los edificios y promovió una destrucción insana. La gente cagó sobre las mesas, dañó obras de arte y arrancaron puertas: barbarie en estado puro.


Vandalización de patrimonio público en el STF. Créditos: Marcelo Camargo/Agência Brasil]

La invasión duró horas, sin que el gobernador del DF hiciese nada al respecto, dejando meridianamente claro que la acción estaba permitida. Basta recordar que en otros momentos de la historia, con mucha más gente en la Explanada, el contingente de seguridad siempre fue grande y la represión durísima. Esta vez, no. Los bolsonaristas llegaron a atacar policías y lanzaron al estanque de agua los coches de la seguridad del Congreso. Una fiesta. Bolsonaro y el Secretario de Seguridad del DF lo siguieron todo desde Orlando, juntos.

Es importante resaltar que no hubo incompetencia. Fue una inacción deliberada, preparada, planeada. Por otro lado, el gobierno federal también fue incompetente en no definir un plan de defensa para ese día. Dejar la seguridad y el orden en manos del enemigo fue un error. Tenía que haber un plan B. Una vez consumada la obra destructiva, la policía llegó y fue dispersando a los bolsonaristas. Hasta ahora fueron detenidas 300 personas [N. del trad.: en el momento de editar este artículo el número de personas detenidas ascendía a más de mil].

Hay informes de que los financiadores del autobús ya fueron identificados, pero ninguno fue arrestado. Hay focos de actos terroristas frente a algunas refinerías en Paraná y en otros lugares del país se produjeron cortes en las principales carreteras, incluso en la Marginal Tietê, una de las principales vías de São Paulo, sin que la policía haga nada para impedirlo. Se está produciendo también un llamamiento a los camioneros para que paren el país. La organización sigue firme y sistemática, sin que los incitadores del golpe sean detenidos. Divulgadores de mentiras e incitadores del caos siguen difundiendo noticias sin problemas.

El ministro Alexandre de Moraes ordenó el desmantelamiento de los campamentos bolsonaristas en todo el país. En Brasilia los acampados están saliendo tranquilamente con sus maletas, con la sonrisa en sus caras y sin ningún tipo de intimidación. Los mismos que ayer destruyeron el Congreso, el STF y el Planalto. La Policía sólo acompaña, cuando no interacciona de manera simpática. Algo impensable en una manifestación de trabajadores, por ejemplo. También el Ejército, en Brasilia, protege los acampados con coches blindados.

Ahora, sobre las ruinas de la acción terrorista va a ser posible ver de qué material está hecho el gobierno electo. ¿Va a actuar con energía contra los terroristas? ¿Va a ir por los peces gordos? Sí, porque esa turba está siendo financiada y organizada por gente importante. ¿La mano de la justicia llegará hasta ellos? ¿Qué hará en relación con las Fuerzas Armadas? ¿Continuará dejando el caso en las manos del STF?

Lo que aconteció este domingo es uno entre tantos eventos que vienen repitiéndose desde el golpe contra Dilma en 2016. ¿Cómo se va a enfrentar Lula al núcleo de esta trama golpista que son las Fuerzas Armadas? Este es el punto central, como advierte el profesor Nildo Ouriques. Según él, hay que enviar a la reserva a todos los generales que conspiraron, a la luz del día, contra el país.

Movimientos sociales y partidos de izquierda están organizando manifestaciones para este lunes en todo el país. Las calles serán ocupadas.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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