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Do Surysur, 29 de Junho 2022
Por Camilo Rengifo Marín - CLAE




El espejo de la tragedia colombiana en el histórico Informe Final de la Comisión de la Verdad

La Comisión de la Verdad entregó su Informe Final sobre lo ocurrido en las seis décadas de guerra en Colombia, después de casi cuatro años de trabajo, donde recoge el testimonio de miles de víctimas y expone cómo parte de la sociedad le dio la espalda a quienes más sufrieron.

Era imposible que el evento en el teatro Jorge Eliecer Gaitán no se politizara y dos señales lo marcaron: una, cuando la vicepresidenta electa Francia Márquez ingresó al teatro y el público se alzó en el canto de “sí se pudo”. Otra, la abucheada del público cuando el padre Francisco de Roux, presidente de la Comisión, explicó que a pesar de la invitación que le hicieron al presidente Iván Duque para que recibiera el Informe Final, este no asistió pues se encontraba adelantando una agenda en Portugal.



La carga política se hizo evidente cuando se confirmó la presencia del presidente electo Gustavo Petro en el Teatro y más cuando éste afirmó que “éstas recomendaciones se volverán eficaces”, como una de las grandes promesas con las víctimas presentes y ausentes.

«Existe la posibilidad de pasar a una era de paz. Cuántos procesos de paz hemos firmado y cuántas veces hemos vuelto a la violencia. Debemos cortar los ciclos de la venganza», insistió al tiempo que afirmó que la verdad tiene un sentido que es el diálogo, el acuerdo, la convivencia y la reconciliación. «Debemos convertir los espacios de la verdad en espacios de reconciliación», continuó.

El sacerdote jesuita y filósofo Francisco de Roux compartió las preguntas que marcaron el norte de casi cuatro años de trabajo para construir el Informe Final que él y nueve comisionados más entregaron a todos los colombianos.

Señaló que Colombia es un país geográfica y culturalmente muy rico y diverso, y afirmó que «es una sociedad excluyente, con problemas estructurales nunca enfrentados como la desigualdad, el racismo, el patriarcado, la corrupción, el narcotráfico, la impunidad, el negacionismo y la seguridad que no da seguridad. Eso es precisamente lo que hay que cambiar por caminos pacíficos y democráticos».

“¿Por qué el país no se detuvo para exigir a las guerrillas y al Estado parar la guerra política desde temprano y negociar una paz integral? ¿Cuál fue el Estado y las instituciones que impidieron y más bien promovieron el conflicto armado? ¿Dónde estaba el Congreso, dónde los partidos políticos? ¿Hasta dónde los que tomaron las armas contra el Estado calcularon las consecuencias brutales y macabras de su decisión?”, son parte de las interrogantes sobre cómo se degradó el conflicto armado.


Ahora el país deberá saber dimensionar su propia tragedia, la ocasionada por un conflicto armado de más de 60 años que todavía persiste y que causó más de 10 millones de víctimas, el 80% civiles. El informe cuenta qué fue lo que pasó en la guerra, por qué pasó, quiénes lo hicieron y cómo gran parte de la sociedad colombiana que no sufrió el conflicto directamente miró para otro lado sin dar ninguna respuesta a los horrores cometidos por paramilitares, guerrillas y agentes del Estado.

Asimismo, resalta la inhumanidad de la guerra y la capacidad de las víctimas para resistir en medio de la guerra y hace un llamado a la reconciliación y la convivencia. El Informe, que tiene 5.000 páginas repartidas en diez tomos, y es el resultado de cuatro años de investigación sobre más de medio siglo de conflicto armado y aporta luz para comprender, analizar y conocer las razones y las múltiples verdades de la guerra.

Cifras del horror

El Informe Final indica que 50.770 personas fueron secuestradas, 121.768 desaparecidas, 450.664 asesinadas y 7,7 millones desplazadas forzadamente, entre otras modalidades de violencia, como las miles de víctimas de violencia sexual. Destaca asimismo los llamados falsos positivos, donde 6.402 civiles inocentes fueron asesinados por el Ejército que los hacía pasar por guerrilleros para mostrar resultados, o como más de 30.000 niños fueron vinculados a la lucha armada cuando tenían 15 años o menos.



Contiene un capítulo dedicado a los impactos que la guerra tuvo en niñas y niñas, otro dedicado a los impactos del conflicto en las mujeres y la población LGTB y otros sobre la desaparición forzada, el secuestro, el desplazamiento, el exilio y otras modalidades de violencia que se vivieron.

Un amplio equipo de investigadores, con 11 comisionados que recorrieron todo el país para recoger unos 29.000 testimonios de víctimas: indígenas, afros, mujeres, niños y niñas, campesinos, miembros de grupos armados ilegales, de la Fuerza Pública, de políticos, empresarios, exiliados y exiliadas en 23 países y otros actores que tuvieron que ver con la sexagenaria guerra.

Las interrogantes

“¿Nunca entendieron que el orden armado que imponían sobre los pueblos y comunidades que decían proteger los destruía, y luego los abandonaba en manos de verdugos paramilitares? ¿Qué hicieron ante esta crisis del espíritu los líderes religiosos, los educadores? ¿Qué dicen los jueces y fiscales que dejaron acumular impunidad? ¿Qué papel jugaron los formadores de opinión y los medios de comunicación?, fueron interrogantes que de Roux recitó como una incitación al involucramiento de la sociedad.

Ninguna víctima tomó la palabra en el estrado, no obstante, el manifiesto del presidente de la entidad fue interrumpido por las proclamas de víctimas y asistentes que buscaban hacer sentir su historia.


Yaneth Bautista, madre de la desaparecida Nidia Érika Bautista e integrante de Madres por la Vida, recalcó que vivió el evento con “mucha esperanza porque Petro recibió las recomendaciones, con mucha vergüenza porque Iván Duque no vino, a pesar de que era su responsabilidad. Ahora pensamos que hay que trabajar en la implementación de esas recomendaciones, pues nosotras hicimos aportes importantes para que la Comisión de la Verdad las construyera. Las víctimas tienen que ser una política de Estado”, indicó.

Sin dudas, la ausencia de Duque mandó un pésimo mensaje en la etapa final de su mandato. De igual forma, la participación de Petro como la única otra voz que tomó el micrófono mandó también un mensaje cuyo impacto depende del lente del que se mire: negativo, pues sirvió de gasolina para que la derecha siga rechazando y atacando el Informe Final, o positivo, pues comprometió al gobierno entrante a cumplir con cada palabra tatuada en las 896 páginas de hallazgos y recomendaciones.

Recomendaciones

La Comisión de la Verdad dejará múltiples recomendaciones para avanzar hacia la convivencia, la reconciliación y la no repetición: que se reconozca a las víctimas del conflicto armado en su dolor, dignidad y resistencias, así como a comprometerse con su reparación y que se implemente de manera integral el acuerdo de paz firmado hace cinco años entre el Gobierno y la guerrilla de las FARC.

También pide tomar la iniciativa para alcanzar la paz con la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y con otros grupos armados, frenar la impunidad, dar prioridad a garantizar las condiciones de bienestar y vida digna de las personas y las comunidades sin exclusiones, dar a los campesinos el lugar que merecen, superar el racismo estructural, el colonialismo y la exclusión o reconocer la incursión del narcotráfico en la cultura, el Estado, la política y la economía.

Recomienda, al mismo tiempo, poner en marcha una nueva estrategia de regulación contra las drogas desde Colombia, por la historia sufrida.

¿Se inicia el camino de una nueva Colombia? Sólo el devenir del tiempo nos lo dirá. Al menos con el Informe Final de la Comisión de la Verdad, renació la esperanza en que nunca más vuelvan a suceder estos crímenes. Como dice la Comisión: hay futuro si hay verdad.

* Economista y docente universitario colombiano, analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)


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