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Pueblos Originarios. Del autorreconocimiento a la lucha por la visibilización

Do Resumen Latinoamericano, 21 de março de 2022.



Adriana Gerez, diaguita en el conurbano bonaerense, relata su historia familiar atravesada por la opresión, despojo e invisibilización para que en el marco del censo 2022 reinvindiquemos nuestra identidad indígena. Una historia que refleja la realidad de muchxs pueblos originarios en Buenos aires.
«Mis abuelas llegaron a parir sus hijxs a la orilla de un cañaveral y de un quebrachal. Y surge la pregunta: ¿desde dónde llegaron? El espejo me devuelve una certeza, de ningún barco. Ellas y las familias que formaron atravesaron el siglo XIX sobreviviendo al margen de los derechos básicos, empezando por la pertenencia y permanencia en sus territorios. Por ser mujeres, pobres y de piel oscura, gobernadas por políticas abiertamente racistas que ni siquiera consideraba su condición de pertenecientes a las naciones originarias, esas que pueblan el territorio de lo que hoy es el estado argentino desde antes de la conquista. Expulsadas una, dos, tres veces, muchos hemos venido a nacer en los grandes conglomerados urbanos del país. Nuestras mayores han pelado cañas de azúcar, han limpiado las casas de los capataces de los ingenios, de la blanquitud europea de las ciudades, les han criado los hijos. Ante tanto desarraigo, tanto despojo, han terminado, muchas, muchos asumiéndose urbanos, mimetizando sus costumbres, alienándose, alienándonos. Superada la pobreza más dura, logramos ascenso social. Mas la memoria ancestral, pugna por salir, se empeña en interpelarnos el presente cuestionando casi todo lo aprendido, lo creído. Se disfraza de melodías que nos acunaron, de olores de cocina. Me inclinaba a pensar que en las sopitas de la infancia nos habían espolvoreado nostalgia. Hoy pienso que además nos transmitieron la resistencia que nos empuja a sanar tanta pérdida, y a defender lo que nos queda. Repensarnos como pertenecientes a un pueblo originario, aunque muchas veces ni siquiera sepamos cual -porque hasta de eso nos han privado- implica poner el mundo de cabeza, iniciar un camino de retorno, refundarnos. Y si es posible, llenarnos alegremente de orgullo.

Visibilizarnos originarios urbanos, con o sin comunidad de pertenencia o referencia constituye un desafío a los prejuicios, al racismo. Todas y todos tenemos historias para contar al respecto. Pero de luchas estamos hechos, y confrontar lo establecido nos fortalece. Si mis abuelas, que a los ojos de la sociedad del siglo XIX fueron las indias brutas, sucias, pobres, de lengua dura, analfabetas que parían hijos a montones y se curaban con yuyos, y más acá en el tiempo, las cabecitas negras que llenaban los talleres y casas señoriales resistieron y re existieron estoicas, hoy nos debemos la tarea de reivindicarlas. En unos meses se llevará a cabo el censo nacional de población con el objeto de actualizar la información de todos los habitantes del territorio, a fin de ajustar las políticas públicas, crear, ejecutar. Se piensa en los censos como una fotografía, una gigantografía del país en el día, esta vez, el próximo 18 de mayo. Consideramos urgente que en esa foto todos salgamos nítidos, que seamos visto con la misma claridad. Pertenezco al colectivo Tejido de profesionales indígenas desde su creación en 2018. Nos hemos conformado para dar esa batalla: la visibilización estadística de nuestros pueblos. Hemos, desde entonces dialogado con el Indec para señalar la obligación de dar participación efectiva al movimiento indígena en las tres etapas censales, atento a que se debe organizar una consulta previa, libre e informada a las organizaciones originarias toda vez que se deba adoptar algún temperamento que las afecte. En este momento nos encontramos a la espera de la resolución de un recurso de amparo presentado ante la Justicia por considerar que las preguntas relacionadas con la cuestión étnica no arrojarán resultados válidos. Otra vez nos encontramos ante un estado que pretende ocultarnos, blanquearnos. Si no se nombran en la plantilla censal los 39 pueblos oficialmente reconocidos nos perderemos por otros diez años la posibilidad de saber exactamente cuántos somos, adonde vivimos (comunidades, por fuera de ellas) cuantos nacemos, cuantos necesitamos acceder a la educación multicultural, cuantos necesitamos interpretes o facilitadores culturales para acceder al sistema judicial…y también perderemos la valiosísima posibilidad de saber cuales son las lenguas nativas que se hablan en el país. De las investigaciones académicas surge que existen dieciséis o dieciocho lenguas activas, algunas menos en proceso de retracción. Si no preguntan a toda la población al respecto, una persona que es hablante de guaraní en Entre Ríos pero que no pertenece o no se auto reconoce como originaria no podrá dar cuenta de ello, tampoco el pueblo santiagueño que se reconoce criollo, pero es hablante de quichua. Las cuestiones que nos atañen como pueblos originarios deben ser afrontadas, diseñadas por nosotros mismos. Y nos asisten colectivos académicos de 19 universidades nacionales en esta ocasión.

Conocer con la mayor exactitud posible la realidad de los originarios que habitamos hoy el país facilitará la tarea de impulsar, exigir la creación y ejecución de políticas públicas que vengan a modificar, optimizar las condiciones de existencia de nuestros pueblos. De crear, instalar efectores en los gobiernos locales, provinciales y nacionales que permitan delinear dichas políticas que apunten a mejorar las condiciones materiales de vida pero también las cuestiones que atañen a la espiritualidad de cada pueblo.
La invitación que vengo a hacer tiene que ver con esto, hacernos ver, levantar la mano, decir que aquí estamos, que no nos extinguimos ni mucho menos, que nos ponemos zapatillas y usamos celulares y caminamos por los andenes del Conurbano bonaerense, pero somos tan originarios y originarias como quienes habitan las comunidades allá entre los cerros (en mi caso, porque mi linaje es diaguita) aunque no hablemos el kakán que les silenciaron a nuestros abuelos y abuelas. En mayo cuando te pregunten si perteneces o sos descendiente de algún pueblo o nación originaria, acordate de tus abuelas y abuelos, y deci con orgullo que SI.
Finales del verano 2022

Adriana Gerez
Diaguita en el Conurbano, Trabajadora Social, madre de dos muchachos».

Foto portada: Victoria Eger

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