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África en el contexto de la crisis de Ucrania

Do Rebelión, 16 de Março 2022
Por Guadi Calvo


Aunque siempre tiene mucho para decir, África jamás es escuchada y muchos menos en el contexto de las grandes crisis internacionales, como en el caso de Ucrania, que ha absorbido la atención de todos y recluido en el fondo del interés mundial a los 1.220 millones de africanos,

Aunque como ya una tradición diaria en los diferentes escenarios de las guerras que Occidente ha diseñado para el continente, sigan sin detenerse las muertes producidas por esos enfrentamientos o sus daños “colaterales”, como son los desplazamientos masivos que han arrojado a millones de personas a buscar refugio en otras geografías o bien dentro de su propio país, en países vecinos o intentar llegar a los puertos del norte del continente para saltar a Europa.

Sin que nadie se conduela ni se organicen marchas de protestas, sin que se establezcan planes de contingencia, sin vuelos gratuitos, comida caliente o fría, da lo mismo, hoteles o campamentos cinco estrellas, sin consulados y embajadas de puertas abiertas para los que intentan huir del fuego y el hambre que tan bien han sabido establecer las viejas potencias coloniales, miles de desplazados africanos junto a desangelados de Medio Oriente y Asia se apelotonan, en muchos casos durante largos meses, en los puertos del sur del Mediterráneo para por fin intentar el cruce esperando revertir el destino.

De todos esos miles de personas, que suman millones, ayer 19 de ellas han encontrado el lugar que Occidente les había asignado en las profundidades del mar. El sábado 12 se conoció que al menos 19 de 23 refugiados, la mayoría egipcios y sirios, que habían partido del puerto libio de Tobruk, próximo a la frontera egipcia, se ahogaron en el Mediterráneo, sumándose a los más de 200 en lo que va del año y a los 30.000 o 40.000, quién sabe, desde que se inició la crisis migratoria en el 2014.

Mientras “accidentes” como este se siguen produciendo con una puntualidad prodigiosa, los Estados Unidos, tras la derrota en Afganistán, están intentando retornar a África para detener de alguna manera la presencia cada vez más importante de Rusia y China.

Se conoció que el ejército norteamericano ha solicitado al presidente Joe Biden que ordene el despliegue de las fuerzas especiales para controlar las operaciones del grupo al-Shabbab, adscrito a al-Qaeda, que ha incrementado sus acciones desde que Donald Trump retiró, a finales del 2020, a setecientos “consejeros” militares de las bases del ejército somalí, quienes estaban a cargo del entrenamiento de esas unidades de élite.

Una excusa para justificar el reingreso de los Estados Unidos al Cuerno de África y desde allí seguir expandiendo su presencia es ir tras los pasos de los mercenarios rusos -particularmente el poderoso Grupo Wagner- que, llamados por diferentes gobiernos del continente, intentan contener bien guerras civiles, como es el caso de República Centroafricana o las incursiones de los grupos vinculados a al-Qaeda y al Dáesh. Es por esto por lo que Estados Unidos necesita imperiosamente involucrarse de manera clara y contundente en África, más allá de Somalia, como Kenia y naciones del Sahel, como Chad y Níger, antes de que sus ejércitos inspirados por las juntas revolucionarias de Mali y Burkina Faso intenten sacarse de encima el cepo colonial y recurrir al cada vez más activo Grupo Wagner para combatir a las organizaciones que asolan sus países desde hace años y que los ejércitos occidentales, en estos casos capitaneados por Francia, no solo no las han contenido, sino que han posibilitado su expansión de manera exponencial.

La influencia rusa en África, que se ha reactivado desde 2018, ha quedado bien demarcada en Las Naciones Unidas (ONU), cuando a fines de febrero tras la última votación Estados Unidos quiso con una “resolución” profundizar el aislamiento de Moscú tras su contraofensiva en Ucrania. El conteo final mostró al continente africano dividido en dos bloques casi iguales, ya que de las 55 naciones que conforman el continente -todas tienen representación en las Naciones Unidas a excepción de la República Árabe Saharaui Democrática, bloqueada por Estados Unidos y Marruecos- un total de 25 países no votó contra Moscú, 16 se abstuvieron, nueve no participaron y Eritrea votó en contra de la resolución.

Quizás esto se deba al relanzamiento de las relaciones de Rusia con África, que se produjo a partir de 2018, si bien puede considerarse modesto comercio con África, aproximadamente unos 20.000 millones por año, una décima del de China. Moscú ha conseguido cimentar su presencia, cada vez más influyente, en Libia, República Centroafricana (RCA), Sudán, Madagascar, Mozambique, Malí y Burkina Faso.

Logrado a partir de la Cumbre organizada por el gobierno de Vladimir Putin en la ciudad de Sochi (Rusia) en octubre de 2019, en la que Putin recibió a 43 jefes de Estado africanos y en la que el presidente ruso condonó deudas y prometió duplicar el comercio con África en los siguientes cinco años.

Rusia firmó, también, unos 25 acuerdos de cooperación en el área de seguridad y educación, al tiempo que reafirmó el programa de educación militar para oficiales africanos, unos 500 por año. Además de brindar formación universitaria a unos 15.000 estudiantes africanos especialmente de Nigeria, Angola, Marruecos, Namibia y Túnez. Estas becas han generado importantes lazos con los estudiantes que, dada la calidad de la educación rusa, vueltos a sus países alcanzan a ocupar puestos de jerarquía en sus gobiernos. Además, Moscú se comprometió a realizar importantes inversiones para la construcción de una decena de plantas de energía nuclear.

Putin con sus políticas de acercamiento a África no hace más que recorrer el mismo camino que la antigua Unión soviética, que recorrió muchos países del continente durante sus guerras de liberación nacional que recibieron el apoyo político y material de Moscú.

A pesar de todo esto una buena parte de naciones africanas han votado en ONU según las órdenes de Washington, además de acompañar la moción antirrusa organizaciones panafricanas como la Unión Africana (UA) y la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO).

Rusia y Ucrania son dos de los mayores exportadores mundiales de materias primas, y entre los dos suman un cuarto de la producción mundial de trigo. Los países africanos importaron unos 4.000 millones de dólares en productos agrícolas de Rusia en 2020, aproximadamente el 90 % eran trigo y un 6 % aceite de girasol, al tiempo que Ucrania exportó al continente unos 2.900 millones de dólares en 2020. El 48 % trigo, un 31 % de maíz y el resto aceite de girasol, cebada y soja.

Por lo que la contraofensiva rusa en Ucrania va a traer aparejadas, más allá de las consecuencias financieras de las sanciones contra Moscú, específicamente en los productos alimenticios generará graves consecuencias para la estabilidad alimentaria mundial. La esperable subida de precios será un golpe demoledor para la economía africana, agravándose todavía más los riesgos de hambrunas como está sucediendo en Somalia por otras razones.

Pan para los desesperados

El llamado del presidente ucraniano Volodímir Zelensky a mercenarios y cualquier tipo de combatientes de todo el mundo, (Ver: Ucrania. Muyahidines Welcome) para que acudan a su país, se inspira en las difíciles condiciones económicas de miles de jóvenes, particularmente del tercer mundo y en especial de África, que nunca antes habían pensado tomar las armas y mucho menos por Ucrania.

Al mismo tiempo Zelenski ha decidido la repatriación de los efectivos ucranianos que participan de diferentes misiones de paz de los Cascos Azules de las Naciones Unidas en el mundo, por lo que los 250 efectivos desplegados en la República Democrática del Congo (RDC), 16 en Sudán del Sur, 12 en Mali, cinco en Chipre, cuatro en Abyei, un territorio en disputa entre Sudán y Sudán del Sur y tres en Kosovo, para que vuelvan a combatir a su país.

Sin duda el pedido de Zelensky ha agitado la voluntad de miles de posibles futuros combatientes, que a pesar de saber que están viajando hacia una muerte prácticamente segura, podrían beneficiar sustancialmente a sus familias, ya que un solo mes en el frente puede representar entre 1.200 y 1.500 dólares, lo que representa muchísimo más de lo que el trabajo de toda una familia -a lo mejor de hasta una docena de personas- lo que podrían ganar acaso en un año de duro e incierto trabajo. A pesar de eso, muchos países africanos como Nigeria y Senegal, donde ya están anotados unos 250 voluntarios para viaja a Ucrania, han prohibido responder al llamamiento de Zelenski para que sean parte de la legión internacional dirigidaa por elementos de declarada fe nazi que sin duda darían a negros, asiáticos y latinos los destinos más sacrificados. Si no que lo digan los miles de ciudadanos africanos que la contraofensiva rusa sorprendió en Ucrania y hoy están padeciendo las más crueles políticas de discriminación (Ver: Ucrania. La batalla cercana), negándoles cualquier tipo de asistencia y dejándolos a su suerte no solo en medio del conflicto, sino en un clima tan hostil como la guerra misma en el que la intemperie y la falta de alimentos pueden matar tan rápido como una bala.

La decisiva presencia rusa en el continente africano suma otra luz de los acontecimientos de Ucrania, ya que la OTAN no puede tolerar que Putin se afiance en el continente abriendo ahora, o más adelante, la posibilidad de un nuevo frente al sur de la Comunidad Europea que los ciudadanos de la misma no estarán dispuestos a financiar.

Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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