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«Los aviones del terror», la historia insólita de una tecnología cruel

Do Rebelión, 25 de Fevereiro 2022


Los visitantes del Museo Nacional de del Aire y el Espacio, Washington DC, Estados Unidos, pueden ver un objeto polémico de 30 metros de largo y 34 toneladas de peso. Es el Boeing B-29 Enola Gay, el avión que lanzó la bomba atómica sobre Hiroshima que mató a decenas de miles de personas en un instante. Desde su colocación en el museo, la controversia no ha cesado. Un intento de dar voz a las víctimas del bombardeo atómico mediante paneles explicativos asociados al avión fracasó, pues se alegó que tal información presentaría a los pilotos norteamericanos como asesinos.

Los visitantes del Museo Nacional de del Aire y el Espacio, Washington DC, Estados Unidos, pueden ver un objeto polémico de 30 metros de largo y 34 toneladas de peso. Es el Boeing B-29 Enola Gay, el avión que lanzó la bomba atómica sobre Hiroshima que mató a decenas de miles de personas en un instante. Desde su colocación en el museo, la controversia no ha cesado. Un intento de dar voz a las víctimas del bombardeo atómico mediante paneles explicativos asociados al avión fracasó, pues se alegó que tal información presentaría a los pilotos norteamericanos como asesinos.

El enorme aparato sigue ahí, dominando una sala entera del museo, sometido a protestas esporádicas, como un enorme símbolo del arma más cruel de todas, utilizada para aniquilar ciudades y acabar con la resistencia de la población civil: el bombardero estratégico.

Los bombarderos fueron considerados tan peligrosos que se realizaron repetidos esfuerzos para prohibirlos legalmente a escala internacional, esfuerzos que comenzaron mucho antes de que el primer avión levantara del suelo. Cuando la prohibición se reveló imposible, se intentó limitar al menos las consecuencia destructivas de su empleo contra las ciudades.

La maquinaria militar-industrial, mientras tanto, diseñó y fabricó máquinas cada vez más mortíferas, las armas más complejas creadas en la historia de la humanidad. Paso a paso, se puso a punto una tecnología letal que culminó en las masacres de Hamburgo, Dresde, Tokio e Hiroshima. Y la historia no acabó ahí, ni mucho menos. Ya como parte de la guerra fría, se siguieron fabricando bombarderos gigantes, capaces de performances disparatadas en términos de velocidad, distancia y carga mortífera lanzable.

La línea de los aviones del terror va desde el Ily’a Muromets ruso de 1913, lejano descendiente de la máquina voladora imaginada por Julio Verne en Robur el conquistador, hasta el Xian H-20, que será el primer bombardero estratégico diseñado y fabricado en China.

Con el apoyo de 139 ilustraciones, muchas de ellas perfiles inéditos, Los aviones del terror – Historia de los bombarderos (Editorial Melusina, 2022) habla de estos y de muchos otros aviones, desgranando historias en las que se unen decisiones políticas, empujones a los límites de la tecnología, y la creación de una letal cultura del bombardeo que requirió y requiere todavía recursos ingentes del complejo militar industrial.



Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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