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Keynes, un espíritu optimista radical

Do Sin Permiso, 10 de Fevereiro 2022
Por Andrés Imperioso 



Reseña del libro: Zachary D. Carter, El precio de la paz: Dinero, Democracia y la vida de John Maynard Keynes. Paidós, 2021, 678 págs.

En El precio de la paz: Dinero, Democracia y la vida de John Maynard Keynes, Zachary Carter se propuso el ambicioso objetivo de recorrer la vida de John Maynard Keynes. Carter es un reconocido periodista del Huffpost, asignado a la Casa Blanca, al Congreso estadounidense y a la política económica. Con lo cual cuenta con una vasta experiencia para trabajar una biografía política como la del economista inglés. Paidós nos presenta la biografía en la misma colección que la del historiador Eric Hobsbawm, en manos de Richard Evans.

Es una obra robusta, a pesar de ser el primer libro del autor. Cuenta con más de 600 páginas, diecisiete capítulos -más introducción y conclusión-, con una extensa selección bibliográfica y más de cincuenta notas al pie por capítulo. Podemos dividirlo en dos partes: la primera parte se ocupa de la vida de Keynes, mientras que la segunda aborda las repercusiones del pensamiento keynesiano en las décadas siguientes, particularmente en la política norteamericana de la mano de John Kenneth Galbraith.

El mayor desafío para el autor fue generar interés sobre una figura bastante estudiada. Existen varias biografías de Keynes y acaba de salir el tercer y último tomo de la biografía de Robert Skidelsky, considerada por muchos como la “definitiva”. No hay que olvidar tampoco la temprana biografía de Roy Harrod (recordado por el modelo Harrod-Domar). Además, de otros tantos textos destacados, sumados a los que se adentran en la teoría del economista inglés.

Al recorrer la obra encontramos un cúmulo de referencias históricas a las conocidas producciones de John Maynard. Por ejemplo, su participación en la histórica negociación del Tratado de Versalles, que derivará en el libro Las consecuencias económicas de la paz. Carter recupera la visión keynesiana del período de la siguiente manera: “Bajo la superficie, en medio de una oscura intriga, los diplomáticos europeos están jugando a sus viejos juegos -advertía Keynes en las páginas del Manchester Guardian-. Se están formando tímidamente combinaciones {...} que, dejadas a su aire, pueden generar una Europa tan inflamable como en 1914” (Carter, p. 17) .

También presenta el biógrafo las distintas opiniones que vertió el Keynes autodenominado “liberal” sobre el socialismo. A lo largo del libro, es clara la tensión ideológica en la personalidad de Keynes, de hábitos aristocráticos pero con ideas heterodoxas tendientes a la izquierda. Quizá la cita que mejor sintetice sus afanes políticos sea cuando sostiene que

“Nuestras propias simpatías están a favor de un partido liberal que tenga su centro bien a la izquierda, un partido claramente de cambio y de progreso, descontento con el mundo y que ambicione lograr muchas cosas; pero con mentes más audaces, libres y desinteresadas que las de los laboristas, y que hayan renunciado a sus dogmas obsoletos” (p. 159).

Resulta sin duda curiosa la noción de “liberalismo” que implícitamente adopta Keynes, tan alejado de lo que suponía el concepto en el siglo XIX e incluso de lo que pensaban sus contemporáneos.

Especialmente interesantes son las páginas que Carter le dedica a la vida social de Keynes. Por ejemplo, su pertenencia al denominado “Círculo de Bloomsbury”, del que formaba parte Virginia Woolf. En cuanto a su vínculo con el ámbito académico, destaca la relación con Bertrand Russell, su colega y amigo en Cambridge y el más destacado filósofo del siglo XX que no dudó en describirlo como “El intelecto..era (el) más agudo y lúcido que he conocido jamás...Cuando discutía con él, sentía que me jugaba el pellejo, y rara vez no terminaba sintiéndome un tonto” (p. 34). Por su parte, Charles Addis -director del Banco de Inglaterra- lo calificó como “la inteligencia personificada” (Carter, p. 133).

Pero incluso una figura arrolladora como Keynes se encontró con varios escollos en el camino, uno de ellos el haber coincidido con otra mente gigante de Cambridge, la de Ludwig Wittgenstein. Después de la publicación de Las consecuencias económicas de la paz, Keynes se embarcó en lo que en ese momento consideraba que sería su obra maestra, el Tratado de posibilidades, aunque para su mala fortuna el texto salió poco tiempo antes que el reconocido libro de Wittgenstein Tractatus logico-philosophicus, que rápidamente tomó la agenda de la filosofía insular y desplazó los afanes de John Maynard.

El autor presenta también detalles del alma aristocrática de Keynes, por ejemplo su gran sensibilidad por los temas culturales y sus proyectos de financiación pública, o también su desinterés, o ingenuidad, ante problemas tales como el imperialismo o con el mundo fuera de Europa y Estados Unidos.

Keynes, una flor exótica del capitalismo

El texto tiene reflexiones interesantes sobre las características del capitalismo y las posibilidades de reformarlo. Llama la atención que incluso Keynes, con su capacidad predictiva para las crisis económicas y su éxito para llevar adelante medidas contracíclicas, tuviera grandes dificultades para convencer a los gobiernos de establecer nuevos lentes para entender la economía, lo cual sirve paradójicamente para pensar contra Keynes. El dilema es presentado por el propio Carter, quien contrapone las visiones de Marx y Keynes sobre el capitalismo:

“Pero su crítica difería notablemente del análisis marxista estándar. Marx veía al capitalismo como una fase histórica inevitable que llevaría a una crisis final igualmente inevitable; Keynes, en cambio concebía al capitalismo basado en el laissez-faire como un accidente histórico que había dejado erróneamente los elementos más importantes de la gestión social sin gestor alguno” (Carter, p.173).

Es por eso que su discípula, y consagrada economista, Joan Robinson, afirmaba que “el gran problema de Keynes fue que era un idealista” (Carter, p. 171). En este sentido, la posición excepcional de Keynes no sólo lo engrandece como pensador sino que también enaltece a Franklin D. Roosevelt por haber puesto en práctica en el gobierno las ideas keynesianas.

En el texto que reseñamos hay también una buena presentación sobre el impacto de su obra magna, la Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, en la administración Roosevelt.

Entre los logros de la biografía se encuentra el haber reseñado la obra de Keynes más allá de sus libros. Por ejemplo, impresiona observar el cambio de paradigma sobre la función de los economistas en los gobiernos, cuyo lugar hasta entonces era secundario y que pasaron a ser actores centrales. También recupera la claridad de Keynes sobre la función esencial de la moneda con una cita en la que incluía a Lenin: “Sin duda Lenín tenía razón -escribía Keynes- No hay medio más sutil y seguro de trastornar las bases existentes de la sociedad que pervertir la moneda” (Carter, p.120).

Un elemento central del texto de Carter es su reseña sobre las polémicas que sostuvo Keynes, sin duda la más importante fue con los economistas defensores a ultranza del libre mercado, aunque incluso algunos autodenominados “liberales” se ubicaban en las antípodas de John Maynard en el plano de la teoría económica. La transición desde las visiones económicas libremercadistas preponderantes hasta el crack de 1929 hacia lo que hoy se conoce como “neoliberalismo”, se encuentra bien relatada a lo largo del libro, casi como una historia paralela dentro de la biografía. Por ejemplo, en la polémica a partir de la publicación de Precios y producción, de Hayek, como respuesta al Tratado sobre el dinero de Keynes. La respuesta keynesiana vendrá del círculo del economista inglés, de la mano de Piero Sraffa y Joan Robinson. Así Carter también reconstruye inteligentemente el período previo a la constitución de la neoliberal “Mont Pelerin Society” creada por Hayek en 1947. En los debates de esos años, aparecen figuras como Walter Lippman, von Mises y el propio Hayek.

Por último, es conocida la concepción de Keynes y su propuesta de un sistema económico mundial, pero no es tan claro cuáles eran las ideas de Hayek sobre el tema. Por lo que Carter analiza el último capítulo de Camino de Servidumbre en constante polémica con Keynes, en el que Hayek apuesta por la creación de “una autoridad supranacional” que vigile a los gobiernos del mundo. Como se sabe, el objetivo de la propuesta de Hayek, era garantizar los principios capitalistas del libre mercado, evitar la planificación económica y otros desvíos socialistas. El autor del libro asocia las ideas de Hayek a la función actual de la Unión Europea y a la Organización Mundial del Comercio (Carter, p. 371). Quienes hemos seguido la trayectoria del economista Yanis Varoufakis y sus opiniones sobre la Unión Europea, no podemos dejar de encontrar coincidencias con la asociación que realiza Carter.

Entre las pocas limitaciones del libro se encuentra la exigua descripción de la etapa formativa de Keynes. Por ejemplo, Alfred Marshall es una figura casi ausente a lo largo de la obra, aunque sí se resalta la influencia del filósofo de fines del siglo XVIII Edmund Burke. También lo es el excesivo espacio que se reserva para la vida de Galbraith, que eclipsa la trayectoria de Joan Robinson y el círculo inglés de Keynes. Aunque es cierto que la atención puesta en la deriva norteamericana permite explicar con claridad la conformación de la denominada “síntesis neoclásica”, esto es, el esfuerzo académico de economistas como Paul Samuelson por conjugar la teoría neoclásica con el pensamiento keynesiano.

La biografía de Keynes de Zachary Carter es valiosa, y muy especialmente porque ofrece algunas piezas centrales para comprender el gran rompecabezas que supone el mundo del siglo XX. El keynesianismo, dice el autor, no es una escuela de pensamiento sino “un espíritu optimista radical, injustificado en la mayor parte de la historia humana y extremadamente difícil de conjurar precisamente cuando más se necesita”. Es un texto apasionante que narra la vida de uno de los más destacados economistas del siglo XX, una figura genial y polifacética que revolucionó la forma de pensar la economía y dejó su huella también en el arte arte, la filosofía y las relaciones internacionales.

Andrés Imperioso
Polítólogo y militante socialista argentino. Colaborador de la Revista Sociedad Futura (https://sociedadfutura.com.ar/)Fuente:
Sin Permiso, 9 de febrero 2022

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