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Memoria y olvido

Do Rebelión, 28 de Janeiro 2022
Por Emir Sader 


[Imagen: Lula da Silva y Dilma Rousseff en un acto público en Rio do Janeiro. Créditos: ASCOM]

En este artículo el autor reflexiona sobre la importancia de la memoria y el olvido en la lucha política, ideológica y cultural que actualmente se vive en Brasil.

Toda lucha política, toda lucha cultural, incluso toda campaña electoral, es una lucha de la memoria contra el olvido. ¿Qué pasó en el país? ¿Cómo paso? ¿Por qué sucedió? ¿Qué pasó que nos hizo llegar a donde vivimos hoy?

El editorial del periódico O Estado de São Paulo, “El mal que Lula le hace a la democracia” es un modelo de este tipo de visión derechista. Parte del electorado estaría olvidando quién es Lula, lo que justificaría su favoritismo en las encuestas para volver a ser presidente de Brasil. El periódico propone recordar a los brasileños cómo fue el paso del PT por el poder.

El partido tuvo casos de corrupción, manipulación del Estado, apropiación de lo público para fines privados y políticas económicas desastrosas, por lo que Lula no tendría credenciales para presentarse como el salvador de la democracia. Antes de llegar al gobierno, el partido se habría caracterizado por una oposición del tipo cuanto peor, mejor. Se opuso al Plan Real de FHC, a la modernización de la telefonía, a la creación de organismos reguladores y hasta propuestas para mejorar la educación pública, actuando para desgastar a los gobiernos de Itamar Franco y FHC.

En el gobierno, el PT habría continuado su trayectoria antidemocrática. El “mensalão” [N. del ed.: un escándalo de sobresueldos pagados a determinados políticos para que votasen a favor de determinadas leyes promovidas por el gobierno de Lula], sería un caso paradigmático de “perversión del régimen democrático, con el uso de dinero público para manipular la representación política”. El “petróleo” habría puesto toda la estructura del Estado, incluidas las empresas estatales y de capital mixto, al servicio de los intereses electorales del partido.

En la relación con la oposición, Lula habría tenido un discurso de deslegitimación de toda oposición al gobierno, con un “nosotros” y un “ellos”, los virtuosos contra los demás. Después del gobierno, Lula habría seguido desmoralizando el Estado Democrático de Derecho, difamando al poder judicial por una conspiración para dañarlo. Al presentarse como un perseguido político, Lula demostraría que no cree en las instituciones democráticas del país. Lula nunca hubiera tratado bien a la democracia brasileña.

La versión derechista necesita el olvido, necesita reescribir la historia, para intentar imponer su narrativa. Ni siquiera voy a volver al Vaja Jato [N. del ed.: filtración de información confidencial relativa al caso Lava Jato por parte del juez instructor del caso, que demostraban la existencia de una trama para condenar a Lula sin caso], que hace inviables la mayoría de los argumentos del periódico, que necesita dar por sentados los casos de corrupción atribuidos al PT.

Otro de los pilares de la visión del periódico son las políticas económicas consideradas «torpes». El momento de mayor crecimiento de la economía brasileña en mucho tiempo, combinado con la generación de decenas de millones de puestos de trabajo, con un aumento del salario mínimo un 70% por encima de la inflación, se considera desastroso. ¿Torpe para quién? Para los que se oponen al combate de las desigualdades, a las políticas de distribución del ingreso, a la ampliación del mercado interno para el consumo masivo.

En cuanto a la relación de Lula con la democracia brasileña, fue tres veces candidato a la presidencia de Brasil. Derrotado, reconoció los resultados, nunca cuestionó su legitimidad. Entonces, ¿cómo se puede decir que no respetó la democracia quién siendo derrotado en tres elecciones presidenciales nunca cuestionó los resultados? Ganó democráticamente las elecciones, eligió a su sucesora, que fue reelegida, siempre democráticamente. Convivió de forma republicana con el poder judicial, el Congreso, los medios de comunicación y los partidos de oposición y gobernó con un amplio bloque de fuerzas de izquierda y centro. En fin, se trata de eliminar de la memoria que esos gobiernos fueron elegidos y reelegidos sucesivamente de forma democrática.

Cada bloque de fuerzas reconstruye el pasado y proyecta el futuro a partir de él. En Brasil, hoy, la izquierda lucha por recordar lo que fueron los gobiernos del PT, la derecha lucha por actualizar lo que cree que fueron los gobiernos del PT.

Recordar es reconstituir históricamente lo que fue un período determinado, cómo se construyó, qué relaciones de fuerza lo hicieron posible. Y cómo, a partir de ahí, llegamos a donde estamos hoy.

Para la derecha, la crisis actual del país habría sido resultado de los gobiernos del PT. La alta imagen de Lula sería el resultado del olvido del daño que el PT habría producido en el país. Habría generado el desequilibrio de las cuentas públicas con los descomunales gastos de sus gobiernos, habría degradado a las empresas estatales con corrupción, habría atacado la democracia. Su regreso significaría el regreso de todos estos problemas, empezando por el gasto estatal, el regreso de la inflación y la corrupción.

Para que esta visión prevalezca, es necesario borrar de la memoria de la gente lo que realmente fueron los gobiernos del PT. Es decir, significa borrar la memoria del crecimiento económico, sin generar inflación; la ampliación de las políticas sociales, sin cuentas públicas desequilibradas; la sustancial reducción de las desigualdades sociales y regionales. En fin, se trata, en primer lugar, de que se olvide que Brasil y el pueblo brasileño vivían mucho mejor bajo los gobiernos del PT; se trata, además, de que no tenga conciencia de que la crisis actual es el resultado de la ruptura de la democracia, mediante la interrupción -antidemocrática- del segundo mandato de Dilma, por quienes gobernaron Brasil después de ese momento; se trata, por lo tanto, de una estrategia que pretende conseguir que la gente se olvide de que a partir de ese momento la economía volvió a entrar en recesión, que la inflación volvió la ser cotidiana, que volvieron a desequilibrarse las cuentas públicas y que, en fin, volvieron las desigualdades.

La actual situación de Brasil puede ser interpretada desde dos posturas antitéticas: desde la memoria o desde el olvido. Por ahora, la lucha política, ideológica y cultural, que gira en torno a la memoria o el olvido, está siendo ganada por la memoria.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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