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Defensa y refundación del socialismo cubano

Do Rebelión, 15 de Outubro 2021
Por Roberto Regalado: La Tizza




El 12 de abril de 2021 La Tizza publicó el trabajo «El “Triángulo de las Bermudas” por el que navega Cuba (I). Planteamiento de la hipótesis», escrito por Roberto Regalado. Se inició así, en su expresión pública, una colaboración que se extendió a nueve trabajos divulgados por el sitio hasta el 26 de agosto de 2021 y replicados en diferentes medios como la página de la Red en Defensa de la Humanidad de Cuba, América Latina en movimiento (alainet), Democracia Socialista (en portugués), Correo de los Trabajadores, Manifesto Petista, Página 13, Rebelión, entre otros.

Con el fin de facilitar la lectura y el análisis de los temas abordados, esos textos han sido agrupados en el libro Defensa y refundación del socialismo cubano, que próximamente será publicado con un Prólogo de Fernando Luis Rojas, unas Palabras del autor y un epílogo titulado «Lo que quedó “en el tintero”». Dado que el principal objetivo de este esfuerzo no es que las ideas queden plasmadas en un volumen, impreso y/o digital, sino contribuir al debate en curso sobre el pasado, el presente y, sobre todo, el futuro de la Revolución cubana, La Tizza se los adelanta hoy a sus lectoras y lectores.

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El presente libro agrupa nueve textos que empecé a concebir entre junio y julio de 2020, mientras arreciaba el verano cubano y la Covid-19 se expandía por el mundo, cuyo embate nuestro sistema de salud logró contener durante meses, hasta verse rebasado y tener que pasar a la contraofensiva, como ha sucedido en tantos otros países. Así llegó la sociedad cubana a 2021, en una situación económica y social agravada por las 243 medidas de endurecimiento extremo del bloqueo impuestas por el gobierno de Donald Trump y mantenidas por el de Joseph Biden; el derrocamiento, la derrota o la traición de ocho de los diez gobiernos latinoamericanos de izquierda y progresistas con los que Cuba mantenía relaciones mutuamente ventajosas; el asedio externo e interno contra su principal contraparte en la región, la Revolución Bolivariana; el escaso cumplimiento y los magros resultados de la actualización del modelo económico iniciada en 2010‑2011; y la multiplicación de los efectos de todo lo anterior causada por la pandemia.

Premisas de cualquier análisis de la realidad cubana que aspire a ser objetivo y justo son: reconocer los valores y principios humanistas inspiradores del proceso revolucionario, emprendido hace 68 años en su etapa insurreccional y hace 62 en su etapa de construcción de una nueva sociedad; el legado histórico de Fidel y las y los demás integrantes de la Generación del Centenario de José Martí; la existencia de un sólido sistema de instituciones estatales, políticas y sociales, capaz de proteger incluso a quienes habitan en los lugares más recónditos del país; el desarrollo en campos estratégicos como la educación, la medicina y la biotecnología; y el hecho demostrado que el PCC y el Gobierno Revolucionario dedican todos los recursos materiales y humanos a su alcance para aminorar, en la medida posible, el impacto social de los aspectos negativos de dicha realidad.

En medio de la combinación de factores que desde 2020 afectan a la sociedad cubana, el 12 de abril de 2021 se divulgó el primer artículo de la serie «El “Triángulo de las Bermudas” por el que atraviesa Cuba», y el 26 de agosto la segunda parte de «Defensa inclaudicable y refundación revolucionaria del socialismo cubano». La elaboración de estos nueve artículos fue para mí un proceso lleno de preocupaciones e incertidumbres, debido a que la labor a la que he dedicado mi vida es el análisis de la política de otros países (no del mío), y a que el único espacio en que se podían divulgar, el ciberespacio, estaba saturado, blindado e híper polarizado por la batalla campal entre las y los ciber contrarrevolucionarios que atacan a Cuba, y las y los ciber revolucionarios que la defienden.

Como se supone que en «río revuelto» haya «ganancia de pescadores», durante 2020 y 2021 se fueron incrementando —dado que ya existían— los «performances» y las «puestas en escena» de los «métodos de acción noviolenta» sistematizados por Gene Sharp, cuya principal obra, impresa por primera vez en los Estados Unidos en 1973, titulada en español La lucha política noviolenta,[1] pautó la producción teórico práctica de su autor destinada a fomentar, organizar y guiar la desestabilización y el derrocamiento de «gobiernos dictatoriales». Según expertos, la metodología de Sharp jugó un destacado papel en las llamadas revoluciones de colores de 1989‑1991, de las cuales, a su vez, se retroalimentó. Por supuesto que él no fue el único «experto», ni La Institución Albert Einstein, de la que fue fundador, es la única dedicada a la desestabilización de gobiernos considerados enemigos o inconvenientes por las potencias imperialistas, en primer lugar, por el imperialismo norteamericano. Lo menciono aquí por lo mucho que en los últimos años se ha denunciado su «receta» para «derrocar a gobiernos en cinco pasos», utilizada contra los proyectos y los procesos latinoamericanos de izquierda y progresistas.

Con el acumulado de larga data de la dominación colonial, neocolonial e imperialista en Asia, África, y América Latina y el Caribe, en las que, según fundamenta Gilberto López y Rivas, «la participación de antropólogos en misiones coloniales e imperialistas es tan antigua como la propia antropología, la cual se establece como ciencia estrechamente ligada al colonialismo y a los esfuerzos por imponer en el ámbito mundial las relaciones de dominación y explotación capitalistas»,[2] es decir, con el acumulado de larga data en el uso y abuso de la ciencia para determinar cómo «dominar más y mejor», incluso cómo «torturar más y mejor», física y psicológicamente, a las y los seres humanos, engrosado con las experiencias de la guerra fría y las estrategias contrainsurgentes elaboradas para destruir a los movimientos de liberación nacional de las décadas de 1950 a 1980, en virtud del salto tecnológico de finales del siglo XX y comienzos del XXI, en las últimas dos décadas emergen y dominan los «nuevos universos» de las guerras de cuarta y quinta generación, que relegaron a la Voz de América ya la Radio Europa Libre de la guerra fría a la prehistoria mediática, lo que en el caso de Cuba relega a la prehistoria mediática a las mal llamadas Radio Martí y Televisión Martí.

En los universos de las guerras de cuarta y quinta generación se desarrolla la guerra mediática contra las fuerzas populares de América Latina y el Caribe, incluida la Revolución cubana. Con respecto a este tema, Aram Aharonian dice que, en medio de la explotación de las plataformas y las redes sociales para difundir desinformación y noticias basura, ejercer la censura y el control, y socavar la confianza en la ciencia, los medios de comunicación y las instituciones públicas; y cuando el consumo de noticias es cada vez más digital, y la inteligencia artificial, el análisis de la Big Data y los algoritmos de la «caja negra» son utilizados para poner a prueba la verdad y la confianza, pareciera que a la izquierda, los movimientos y los medios populares de comunicación «nos empujan a pelear en campos de batalla equivocados o ya deprimidos, enarbolando consignas que no tienen correlato con este mundo nuevo».

Se habla de nuevos caminos —lamenta Aharonian—, pero pocos parecen dispuestos a transitarlos, porque seguramente afectan su identidad, su memoria y su vida. Se insiste en denunciar la desinformación, la información basura, el terrorismo mediático (tenemos doctorados en denunciología y lloriqueo), pero no nos preparamos para aprender a usar las nuevas herramientas, las nuevas armas de una guerra cultural ciberespacial. Quizá el problema no sea formular, sino tener oídos dispuestos a intentar, dice el humanista Javier Tolcachier.

Cada sitio de medios y/u organizaciones sociales dirige sus mensajes a una masa crítica acotada, a los que ya están convencidos de su mensaje, en una gimnasia endogámica, sin definir una agenda propia, latinoamericanista, en defensa de los derechos humanos y de los trabajadores, una línea editorial que los pueda unificar y entonces entrar con fuerza en la guerra cultural, en la batalla de las ideas.[3]

Un aspecto poco identificado y analizado de la guerra mediática es cómo esta estrategia desestabilizadora se relaciona con la realidad, interactúa con la realidad, trabaja con la realidad y manipula a la realidad. La guerra mediática utiliza la realidad, no en una, sino en dos dimensiones. Me preocupa que los movimientos populares, las fuerzas políticas y social políticas, y los gobiernos de izquierda y progresistas, y también la Revolución cubana, solo identifiquen una de ellas, y solo formulen sus estrategias y tácticas de contra guerra mediática a partir de esa única dimensión. Me refiero a la dimensión en que:

[…] las corporaciones mediáticas hegemónicas desarrollan sus estrategias, tácticas y ofensivas en nuevos campos de batalla donde se pelea con nuevas armas, donde la realidad no importa, en lo que quizá ya ni se trata de la guerra de cuarta generación, la que ataca a la percepción y sentimientos y no al raciocinio, sino a una guerra de quinta generación, donde los ataques son masivos e inmediatos por parte de megaempresas transnacionales, que venden sus «productos» (como el espionaje) a los Estados.[4]

Con otras palabras, me refiero a la dimensión en que las redes sociales:

[…] son aprovechadas para la desinformación, la imposición de imaginarios colectivos con la difusión de información falsa, creando realidades virtuales lejanas a las realidades reales, la apropiación de datos personales para fines comerciales y/o de manipulación política e, incluso, para conculcar la intimidad de los ciudadanos, invadiendo sus espacios de trabajo, educación, ocio e incluso de socialización.[5]

Combatir todo lo anterior es imprescindible pero insuficiente. Además de eso, o quizá antes que eso, hay que reconocer y actuar en consecuencia con el hecho de que en la guerra mediática existe otra dimensión de la realidad. Esa otra dimensión es que los tanques pensantes y los laboratorios de la guerra mediática sí conocen y reconocen la existencia de la realidad real (valga la redundancia). Esas instituciones investigan, estudian, analizan la realidad de los movimientos populares, las fuerzas políticas y social políticas, y los gobiernos de izquierda y, por supuesto, también de la Revolución cubana. El conocimiento adquirido es utilizado para explotar y sacar el mayor partido posible a nuestras insuficiencias y errores, en primer término, a las incomprensiones, insatisfacciones, descontentos y contradicciones sociales que provocamos, subestimamos e ignoramos, insuficiencias y errores que la guerra mediática potencia y emplea en detrimento nuestro. Dicho de manera más gráfica: nos usan a nosotras y nosotros contra nosotras y nosotros mismos.

Téngase en cuenta que en la década de 1970 Gene Sharp formuló el concepto de judo o jiujitsu político, según el cual: 1) no se ataca al adversario donde es fuerte, sino donde es débil; 2) se busca que el adversario pierda el equilibrio de manera que su propio peso lo derribe; y, 3) se recomienda realizar acciones noviolentas destinadas a promover reacciones del adversario que lo aíslen y lo estigmaticen internacional y nacionalmente, acciones que destruyan su apoyo social y que generen duda, preocupación, disconformidad, disenso y ruptura en sus propias filas. Si ya eso estaba sistematizado a principios de los años setenta del pasado siglo, ¿qué magnitud tiene ahora?

En Cuba, todo el caudal de conocimientos que podamos acumular mediante el estudio de la guerra mediática tiene que aprovecharse con un enfoque integral: no solo para responder noticias falsas y realidades virtuales, sino también para informar a las y los decisores y ejecutores de la política del partido y el Estado qué insuficiencias y qué errores nuestros están siendo utilizados para atacarnos. A su vez, las y los decisores y ejecutores políticos deben estar conscientes y preparados para, a partir de la información que reciban por esa y otras vías, erradicar las insuficiencias y los errores detectados con la mayor prontitud y efectividad. Para ello es preciso tener en cuenta tres elementos:

1. la guerra mediática no es solo una utilización perversa que las potencias imperialistas, las oligarquías del Sur y el conjunto de instituciones y personas a su servicio hacen de las nuevas tecnologías, sino una de las principales formas actuales en que el capital cumple su función primaria, histórica, de atacar y destruir a quienes amenazan su existencia o la intensidad y voracidad de su crecimiento;

2. si bien una de las causas de los reveses sufridos por los movimiento populares, las fuerzas políticas y social políticas y los gobiernos de izquierda y progresistas de América Latina y el Caribe, es el embate del imperialismo y las oligarquías criollas, la otra radica en sus propias insuficiencias y errores, a saber, en las carencias y los desaciertos de sus objetivos, programas, estrategias y tácticas, y en los flancos que esas carencias y desaciertos abren a metodologías desestabilizadoras, cuyo propósito no es otro que sacarle el máximo provecho a nuestros puntos vulnerables; y,

3. estas carencias y desaciertos no son solo responsabilidad de los movimientos, fuerzas políticas, gobiernos y liderazgos populares, de izquierda y progresistas, y tampoco de la Revolución cubana, en su caso particular, sino también expresión de que la humanidad aún no ha descifrado todas las claves, ni ha resuelto todos los problemas teórico prácticos, para transitar por la senda de la emancipación. Descifrarlas es la gran tarea del presente y del futuro.

Si dividimos en tres tercios, hipotéticamente iguales, primero, las insuficiencias y errores existentes en el campo popular latinoamericano y caribeño, incluida la Revolución cubana; segundo, la nula o insuficiente transparencia en que incurrimos por acción u omisión, que puede ser fácilmente aprovechada para elaborar noticias falsas y realidades virtuales; y tercero, los ejes de ataque carentes de toda base real o parcial‑distorsionable, quedaría claro que el orden de prioridad para combatir y derrotar a la guerra mediática es: 1) identificar, asumir y erradicar nuestras insuficiencias y errores; 2) identificar, asumir y erradicar nuestras faltas de transparencia; y, 3) librar la contra guerra mediática con la máxima eficiencia posible para desenmascarar los ejes de ataque carentes de toda base real o fabricada con supuestos visos de realidad.

Con este enfoque, los ejes de ataque del imperialismo y la derecha se reducirían, hipotéticamente, en dos tercios de lo que son en la actualidad. Con este enfoque se elaboraron estos artículos. Con este enfoque decidí publicarlos.
Notas

[1] La lucha política noviolenta consta de tres volúmenes: El poder y la lucha (I), Los métodos de acción no violenta (II) y La dinámica de la acción noviolenta (III).

[2] Ver a Gilberto López y Rivas: Antropología, etnomarxismo y compromiso social de los antropólogos, Ocean Sur, México, 2010.

[3] Aram Aharonian: «¿Enfrentar la guerra de quinta generación con arcos y flechas?», Cubadebate 25‑8‑2018 (consultado el 25‑8‑2021).

[4] Ídem.

[5] Ídem: Estas son ideas de la experta británico ecuatoriana Sally Burch reseñadas por Aram.

Fuente: https://medium.com/la-tiza/defensa-y-refundaci%C3%B3n-del-socialismo-cubano-9296ebec4e12

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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