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Brasil tiene remedio

Mensaje de Lula ante los acontecimientos golpistas del 7 de septiembre



Do Rebelión, 9 de Setembro 2021
Por Luiz Inácio Lula da Silva: Página personal de Lula


Traducido del portugués para Rebelión por Alfredo Iglesias Diéguez

[Imagen: Lula durante la grabación del vídeo el pasado 6 de septiembre de 2021. Créditos: : Ricardo Stuckert, tomada de la página personal de Lula]

Con estas palabras de esperanza se dirigió el expresidente Lula al pueblo brasileño en la víspera del 7 de septiembre, día en que Bolsonaro protagonizó su farsa autogolpista.

¡Amigos y amigas!

Tuve la honra de presidir el Brasil durante ocho años. Y en cada 7 de septiembre, intentaba llevar un mensaje de esperanza para el pueblo brasileño.

Recuerdo que muchas veces anuncié buenas noticias en esta fecha porque Brasil, en aquel momento era un país en el que la vida de las personas estaba cambiando para mejor. Cada día se creaban nuevos empleos, los salarios aumentaban y los jóvenes negros e hijos de trabajadores llegaban a la universidad.

Las oportunidades se abrían para quienes las necesitaban; poco a poco, pero siempre progresando.

El 7 de septiembre era el día ideal para compartir nuestras conquistas, la mejora de la calidad de vida y el crecimiento que llevó a Brasil a estar entre las seis mayores economías del mundo. Aún en los momentos difíciles, era el día idóneo para compartir un mensaje de fe y de esperanza en la construcción de un país soberano y más justo, de un Brasil verdaderamente independiente.

Porque este es el papel de un presidente de la República: mantener encendida la confianza en el presente y en el futuro, mostrar que es posible superar los obstáculos.

Un presidente tiene que saber sumar fuerzas y gobernar con ese espíritu aglutinador, porque como presidente, debe ser un ejemplo para el país.

Especialmente en este 7 de septiembre de un año tan difícil, era de esperar un gesto así de quien está gobernando el país, que trasladase un mensaje de solidaridad a los familiares de las víctimas de la pandemia y que anunciase un plan para garantizar la vacuna para todos, poniendo fin a esa angustia que la población está viviendo.

Era de esperar que presentase un plan para generar empleos, que diese esperanzas a los trabajadores, que dijese que Petrobrás va a volver a vender gasolina por el coste real y no por su precio en dólares, porque fue esa medida tan equivocada la que hizo disparar el precio de los combustibles. Era de esperar que presentase medidas para bajar el precio de los alimentos, para garantizar un mínimo de dignidad a quien está en las colas del hambre [N. del tr.: en el original ‘fila del hueso’, las colas a las que acuden las personas más necesitadas, en las que reparten arroz y pollo].

Pero en vez de anunciar soluciones para el país, lo que hizo fue un llamamiento a la confrontación. Lo que hizo fue convocar a actos en contra de los poderes de la República, en contra de la democracia, que él nunca respetó. En vez de sumar, fomenta la división, el odio y la violencia.

En serio, eso no es lo que Brasil espera de un presidente.

¡Amigos, amigas!

Yo no necesito insistir en los datos del coste de vida, del desempleo, de la falta de inversión, de la pandemia, del hambre que volvió a Brasil.

Basta salir a la calle para ver que el pueblo brasileño está sintiendo en la piel la destrucción del país. Pero hoy yo estoy aquí para decir que, a pesar de todo, Brasil tiene remedio. Que es posible crear empleos otra vez, que el salario tiene que aumentar y ganarle el pulso a la inflación, que es posible producir comida saludable a precio justo, para para que vuelva a las mesas de las familias.

Porque nuestro pueblo tiene la capacidad de recuperar este país de nuevo, de hacer que Brasil vuelva a crecer y a proporcionar vida con calidad a todos.

Brasil retrocedió porque el gobierno federal dejó de invertir en el crecimiento y en los programas que ayudan el pueblo.

Cortaron el presupuesto para las escuelas, para los hospitales, para la agricultura familiar. Se redujo la ayuda a las familias.

Y ningún país del mundo –ninguno–, progresa sin inversión pública.

Pararon las obras que generan empleo y hacen la economía avanzar y, a la vez, aumentaron los impuestos a los pobres más que a los ricos.

Son esas las injusticias a las que nos tendremos que enfrentar de nuevo para Brasil se vuela a poner de pie. Por eso digo que la solución para el país es poner al pobre en el presupuesto y al rico en el impuesto de la renta.

El hambre, la pobreza, el desempleo y la desigualdad no son mandamientos divinos. Son el resultado de errores que podemos y debemos corregir, para transformar esta situación. Transformarla con coraje, con confianza en nuestra gente y con democracia, por supuesto.

Yo sé que la vida nunca fue tan dura para la inmensa mayoría de nuestro pueblo. Sin embargo, desde siempre confié en la fuerza de los brasileños y de las brasileñas.

Por eso, en este siete de septiembre quiero transmitiros un mensaje de esperanza.

Es preciso seguir en la lucha para superar este momento, del mismo modo que superamos otras crisis en el pasado.

Tengo confianza en que podremos reconstruir este país. Con justicia, soberanía y oportunidades.

Oportunidades para nosotros, para nuestros hijos y para nuestros nietos.

Créanlo: Brasil tiene remedio.

Muchas gracias. ¡Viva el siete de septiembre!



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