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Afganistán, durmiendo con el enemigo

Do Rebelión, 3 de Setembro 2021
Por Guadi Calvo


Los ataques al aeropuerto de Kabul del pasado jueves 26, revindicados por la Willat Daesh-Khorasan, el capítulo centroasiático del Daesh o Estado Islámico, han dejado hasta ahora 170 muertos, de ellos una treintena de talibanes y trece militares estadounidenses. Estas últimas muertes, más allá de consideraciones moralistas, aporta al atentando un volumen extremo, como siempre que muere tropa occidental.

Además el hecho provocó 1.301 heridos, el último y de mucha gravedad, el presidente norteamericano Joe Biden, quien no podrá quitarse nunca las esquirlas políticas de la explosión. La muerte de los 13 soldados resuena mucho más por dos motivos: se produce después de un año sin que se haya registrado ninguna baja de soldados norteamericanos y además se convierte en el ataque terrorista que más muertos norteamericanos provocó desde agosto del 2011, cuando un misil talibán derribó un helicóptero Chinook provocando la muerte de 30 efectivos norteamericanos en la provincia de Wardak.

En su página Amaq Media, el Dáesh justifica su acción amparándose en que los talibanes están asociados a los norteamericanos, permitiendo el escape de “espías” y negociando con la sangre de sus hermanos, entre otras acusaciones. Además describe con cierta sorna que los shahids (mártires) como se denomina a los atacantes suicidas, habían conseguido sortear las medidas de seguridad de fuerzas estadounidenses y la milicia del reinstaurado Emirato Islámico de Afganistán,consiguiendo aproximarse a cinco metros de los controles del ingreso al aeropuerto.

Este hecho señala el relanzamiento de la lucha de la Willat Khorasan, que desde 2015 pretende hacer pie en Afganistán intentando rivalizar con los talibanes y consigue el beneficio extra de ganar espacio en los medios de comunicación, lo que ha sido parte fundamental de la estrategia del Dáesh para atraer nuevos combatientes a su causa en todos los países en los que opera.

Si bien no era un secreto para nadie que los hombres del extinto Abu Bakr al-Bagdadí operaban en Afganistán, los ataques del jueves le han dado una caja de resonancia extraordinaria, tanto o quizás más que la serie de ataques en París, Niza, Bruselas Barcelona, Manchester y otras ciudades europeas cuyo núcleo se desarrolló entre 2015 y 2017.

Referido estrictamente a Afganistán el Dáesh, más allá de algunos choques armados con los talibanes, sus operaciones se han concentrado en Kabul contra objetivos civiles: escuelas, universidades, hospitales y centros sociales, apuntado particularmente a la etnia hazara y también a chiítas y sikhs.

Se estima que el Dáesh Khorasan cuenta con una dotación de poco más de 2.000 hombres, un número extremadamente pequeño frente a los cerca de 100.000 con los que se estima cuenta Emirato Islámico de Afganistán. La estrategia del Dáesh apunta a convocar con ataques de resonancia mediática no solo a milicianos talibanes que puedan sentirse defraudados por la apertura dialoguista de sus líderes y la falta de rigor a la hora de aplicar la Sharia o ley islámica, además de llamar a los “hermanos” que operan en organizaciones afines en países vecinos a Afganistán.

La instalación del Dáesh Khorasan en Afganistán se produjo un año después de su lanzamiento internacional, tras la captura de Mosul (Irak) y Raqqa (Siria) en 2014, tras escindirse de al-Qaeda y abjurar del emir de la organización y heredero de Osama bin Laden, el egipcio Aymán al-Zawahiri.

La nueva franquicia del Dáesh se consolidó con desertores de los talibanes contrarios a cualquier negociación con Washington y en discordancia por la negativa de los Mullah de adscribir a la “yihad internacional”, a los que se sumaron llegados, desde Siria e Irak, veteranos sauditas, iraquíes, kuwaitíes, pakistaníes, uzbekos, chechenosy uigures de Xinjiang, la provincia autónoma China, e incluso un contingente de indios que se incorporaron más tarde. Su primer emir fue el pakistaní Hafiz Saeed Khan, muerto durante un ataque aéreo norteamericano en la provincia afgana de Nangarhar en julio de 2016 Con las sucesivas muertes de sus líderes hizo que este año alcanzará el liderazgo el pakistaní Aslam Farooqi, antiguó militantes de Lashkar-e-Toiba, una organización integrista que opera casi con exclusividad en Cachemira y que también combatió en Siria junto a los hombres de al-Bagdadí.

Con los primeros avances del Dáesh por tierra afgana se produjeron choques con los talibanes, como los registrados en abril de 2017, tras la captura por parte del Dáesh de tres colaboradores de los talibanes encargados de comerciar opio en la norteña provincia de Jawzjā. Al mes siguiente unos 22 combatientes de ambos grupos murieron tras enfrentarse en cercanías de la frontera iraní. En el mes de julio de 2018 se volvieron a producir choques entre milicianos de las dos organizaciones en Darzab, también en la provincia de Jawzjā. Una batalla que se extendió por casi veinte días, en la que la mayoría de los participantes del Dáesh terminaron muertos. También en la provincia de Helmand, junto a Pakistán, epicentro de la producción de opio y heroína, libraron una batalla donde murieron 150 combatientes de ambas fuerzas.

Detrás de las fronteras.

De ahora en más el Dáesh Khorasan tendrá que buscar apoyo en organizaciones hermanas que operan en los países fronterizos con Afganistán si quiere subsistir, ya que la búsqueda de los drones norteamericanos será implacable, como lo demostraron en muchas ocasiones golpeando a lo que pueda parecerse, aunque sea remotamente, a cualquier objetivo que pudiera parecer enemigo, cómo lo que acaba de suceder este último domingo 29 en cercanías del Aeropuerto de Kabul, donde un misil lanzado contra presuntos terroristas que habían vuelto a atacar con cohetería contra el aeropuerto, terminó asesinando a 10 miembros de una sola familia, de ellos seis niños, en el barrio kabulí de Khair Khana, al norte de la capital.

A diferencia con los talibanes, que no pretenden operar fuera de su país, el Dáesh aspira a conformar un emirato lo más extenso posible sin respetar las fronteras nacionales y pretendiendo ocupar además de Afganistán, Pakistán, Tayikistán, Turkmenistán, Uzbekistán e incluso parte de Irán.

En vista de la situación que se estaba dando en Afganistán los mandatarios de Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán se reunieron el pasado 6 de agosto en la ciudad de turkmena de Awaza, donde además de cuestiones de desarrollo económico, la disputa fronteriza en el valle de Ferganá, que incluye el este de Uzbekistán, el sur de Kirguistán y el norte de Tayikistán, se observó con particular atención la crisis afgana sin que su hubiera producido todavía la caída de Kabul.

Hay que tener en cuenta que son miles los milicianos centroasiáticos que han acudido a Siria e Irak a partir de 2013, se calcula que unos cuatro mil solo entre tayikos y uzbekos, que se unieron al Dáesh, algunos de ellos oficiales de alto rango pertenecientes a las fuerzas de seguridad de sus países. Sin conocerse la cantidad de bajas que sufrieron esos contingentes, los sobrevivientes o bien retornaron a sus países de origen para continuar la lucha en organizaciones como el Movimiento Islámico de Uzbekistán (IMU) o el Movimiento Islámico de Turkestán Este (MITE) o siguieron junto al Dáesh, por lo que se cree que muchos de ellos pueden estar en Afganistán.

En la región también se encuentra el prácticamente desarticulado Movimiento Islámico del Turkestán Oriental (MITO), una organización separatistaque operó con particular virulencia en la provincia china de Xinjiang, en la que habita la minoría étnica uigur de fe islámica, responsable de distintos atentados en esa provincia e incluso en octubre de 2013 llegó a atacar la mítica Ciudad Prohibida en pleno centro de Beijing, a más de 4.000 kilómetros de Xinjiang. En el atentado murieron cinco personas y 40 resultaron heridas tras la explosión del coche bomba que se estrelló bajo el retrato de Mao Zedong que preside la entrada, se conoció que estaba ocupado por tres uigures. Si bien el MITO se conformó con la asistencia de al-Qaeda, la única organización no afgana aliada a los talibanes, dado que una delegación de mullahs ya visitó China hace poco menos de un mes en procura de asistencia económica y respaldo político. El MITO podría vincularse al Dáesh Khorasan para reactivar su causa.

En Pakistán, que históricamente ha sido un gran productor de grupos terroristas como el Tehreek-e-Taliban (TTP), también conocidos como los talibanes paquistaníes, más allá de que hace años se han desvinculado de sus vecinos, se ha unido al Dáesh, operandoen la intransitable provincia de Warzaquistan. Como la mayoría de los grupos terroristas pakistaníes, se cree que tiene una “alianza estratégica” con el poderoso servicio de inteligencia de ese país el Inter-Servicios (ISI).

Todas estas especulaciones comenzarán a develarse a partir del martes 31, cuando finalmente el último soldado norteamericana abandone derrotado Afganistán, después de veinte años, y todos queden durmiendo con el enemigo.

Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC.

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