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El agronegocio brasileño continúa aterrorizando y expoliando territorio indígena

Do Rebelión, 27 de Agosto 2021
Por Martintxo Mantxo: A Planeta



En la represión y expolio de territorio guaraní Kaiowá en Mato Grosso del Sur, un nuevo incidente tuvo lugar el 20 de agosto cuando la casa de oración del líder Cassiano Romero fue incendiada. Este líder de 92 años no sufrió daños, pero la casa era utilizado por otra persona que perdió todos sus enseres. Cassiano Romero ha sufrido anteriormente amenazas y agresiones por miembros de iglesias evangélicas que van unidos y, en casos, son la punta de lanza del avance del agronegocio. Se ha iniciado una campaña de solidaridad para recaudar fondos:

Banco do Brasil. AG: 3938 / CC: 12.188-6 / Tonico Benites/ CPF: 557.639.601-49

Cómo es de sobra conocido, el agronegocio es impulsado por el actual presidente Bolsonaro, que se apoya y participa también en estas iglesias. Y por otro lado, él también apela al avance de la h
umanización de los espacios naturales y del expolio de territorio indígena con fines productivistas y extractivistas. En ese sentido, empresas agrícolas y terratenientes o como son conocidos en Brasil, ruralistas, se ven legitimados a operar con impunidad para hostigar y amedrentar a aquellos pueblos cuyas tierras anhelan. El pueblo Guaraní es uno de los más afectados en el estado de Mato Grosso del Sur.

Como también denuncia Olho nos Ruralistas, las “tierras en 297 áreas indígenas están registradas a nombre de miles de terratenientes”. Valiéndose del autodeclarado Registro Ambiental Rural (CAR) el 100% de los territorios ancestrales figura también como registros de propiedad superpuestos a nombre de personas individuales o jurídicas. El CAR se confirma como un instrumento de acaparamiento de tierras y expulsión de pueblos originarios.

El gobierno Bolsonaro también introdujo el llamado “marco temporal”, que requiere que los indígenas hayan estado viviendo en las tierras reclamadas en 1988 para establecer un territorio legal. Obviamente, su existencia en esos territorios, como ellas y ellos bien denuncian, se remonta a muchísimo más. En el caso guaraní, denunciaron en el Tribunal Supremo Federal (STF) el caso de anulación de la demarcación del territorio indígena tekoha Guyraroká, por haberse realizado obviando la consulta indígena. Actualmente Guyraroká se encuentra completamente deforestado e invadido por ganado y monocultivos de soja y caña de azúcar.


La otra herramienta de la que se quiere hacer valer el gobierno Bolsonaro y los ruralistas es el proyecto de ley 490/2007 que impulsa la demarcación de tierras indígenas mediante leyes, así como la apertura de tierras indígenas a minería. Este cambio normativo contradiciría el artículo 231 de la Constitución brasileña que reconoce que “las tierras tradicionalmente ocupadas por los indígenas están destinadas a su posesión permanente, y éstos son responsables del uso exclusivo de las riquezas de los suelos, ríos y lagos existentes en ellas”. Este proyecto de ley fue elaborado por la propia bancada ruralista.

Tanto la PL 490 como el Marco Temporal fueron objeto de movilizaciones indígenas como el Levante Pela Terra de junio y ahora (24 de agosto), con más de 6.000 indígenas acampando y protestando en Brasilia mientras se vota el Marco Temporal en el Tribunal Supremo (STF). El día 26, el STF decidirá sobre la demarcación del territorio de la etnia Xoklen, de Santa Catarina. Una decisión favorable es esperada con anhelo por los pueblos indígenas brasileños, ya que sentaría precedente y constituiría un hito en cuestión indígena legislativa.

En la acampada de Brasilia también se encuentra una delegación guaraní y para ello también precisan contribuciones económicas para subsistir durante la acampada (donaciones AQUÍ).

Indígenas protestan contra el gobierno en Brasilia (Foto: Nayá Tawane – Brasil de Fato)

UNA LARGA HISTORIA DE DESPOSESIÓN TERRITORIAL

Como explica Anastácio Peralta “Cuando llegó el Karaí (no indígenas), teníamos la tierra. El karaí tenía la biblia y nos pidió que cerráramos los ojos. Cuando la abrimos, teníamos la biblia y ellos tenían la tierra”.

Brasil de Fato informa que el tekoha o territorio sagrado de Laranjeira Nhanderú, es un territorio de recuperación que ha sufrido severos ataques por parte de los terratenientes de soja. Fumigaciones venenosas, las persecuciones y los asesinatos son la forma en que los agricultores de la región frenan la organización indígena.


Caveirão en acción (Foto: cimi.org.br)

El territorio recuperado de Nhu Verá en Dourados ha visto sus tiendas destruidas por un tractor bautizado Caveirão (carro blindado) por los ruralistas que quieren construir allá un centro comercial. Los ataques se intensificaron en 2019, y en enero de 2020 siete indígenas resultaron heridos por guardias de seguridad privados y policías.

Zezinho Almeida, fue víctima de un extraño atropello en la BR 163, que los indígenas lo consideran asesinato premeditado, ya que él era el líder principal en ese momento. En estas zonas de recuperación también operan milicias armadas. El hambre es endémico por falta de recursos y la imposibilidad de producir alimentos.

A continuación el incidente reciente del incendio explicado por Leonardo Fuhrmann para el Observatorio del Agronegocio en Brasil – Olho nos Ruralistas.


Casa de oración en Laranjeira Nhanderú / Foto: Mateus Quevedo (Brasil do Fato)

Casa de oración de 92 años Cassiano Romero fue totalmente destruida

Leonardo Fuhrmann (Olho nos Ruralistas)

Pío Cassiano Romero, de 92 años, había sido objeto de amenazas e incluso ha sido golpeado; Los investigadores indígenas relacionan los casos de violencia con el avance de las iglesias evangélicas y su conexión con los intereses de la agroindustria.

Al guaraní Kaiowá Cassiano Romero, de 92 años, le prendieron fuego a su casa de oración en Aldeia Rancho Jacaré, en Laguna Carapã (Mato Grosso del Sur), este jueves por la mañana (19). En el momento del incendio Romero se encontraba en el gran encuentro de oraciones de Kaiowá por la inauguración de otra casa de oración en la región. Uno de los líderes del movimiento tradicional de cultura y religión de su pueblo, perdió objetos de devoción religiosa, documentos, electrodomésticos, ropa, una bicicleta y otras pertenencias en las llamas. La casa de oración era su morada. Se quedó solo con la ropa que llevaba puesta. Nadie resultó herido y aún no hay información sobre los sospechosos. Los indígenas vinculan el caso a la intolerancia religiosa. El líder espiritual indígena es blanco de amenazas y fue recientemente golpeado casi hasta la muerte por desconocidos. Relacionan los episodios de violencia con el crecimiento de iglesias evangélicas dentro de las comunidades indígenas. “Con su avance se formó resistencia contra nuestra religión tradicional”, explica el antropólogo indígena Tonico Benites, también guaraní kaiowá. “Hoy se demuestra una vez más cuánto se persigue la espiritualidad indígena”, denuncia Rosicleide Oliveira, de Retomada Aty Jovem (RAJ). “Son luchas que enfrentamos ante tantos desafíos. Hoy, como pueblo indígena, somos atacados como en otras épocas y de diversas formas ”.

Demarcada en la década de 1980, la Tierra Indígena Rancho Jacaré cubre 774 hectáreas. Actualmente, poco más de 400 indígenas viven en su territorio.

LA INTOLERANCIA DE GRUPOS EVANGÉLICOS ES OBJETO DE DOCUMENTALES La película muestra la acción de los evangélicos en los pueblos.

Los episodios de violencia relacionados con la entrada de iglesias evangélicas en las tierras de los guaraníes Kaiowá fueron el tema de la película Monocultura da Fé, estrenada en 2018. Dirigida por las documentalistas Joana Moncau y Gabriela Moncau, el trabajo se basa en una investigación de la profesora indígena. Izaque João y la antropóloga Spensy Pepper.


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La preocupación por la persecución religiosa contra los rituales indígenas tradicionales está creciendo y ha ganado la pantalla. Otro ejemplo es la película “Ex-Pajé“, de Luiz Bolognesi, también de 2018, que relata la situación en la comunidad Paiter Suruí, cuyo territorio se encuentra en la frontera entre Mato Grosso y Rondônia. Los líderes e investigadores indígenas relacionan directamente el avance de algunas religiones evangélicas, especialmente las más intolerantes, con el asedio de la agroindustria contra los pueblos originarios. “Al atacar la forma de vida tradicional, también debilitan la cultura y la identidad”, dice Benites. Así, para él, las comunidades son más vulnerables a los ataques de los ruralistas y al avance en sus territorios. | Leonardo Fuhrmann es reportero de De Olho nos Ruralistas. | Foto principal (RAJ): LEA MAS: Vincent Carelli: “Ruralistas firman masacre de guaraní Kaiowá en MS” Tierras en 297 áreas indígenas están registradas a nombre de miles de agricultores Descubre 20 incendios provocados para expulsar a campesinos e indígenas de sus tierras


Banco do Brasil

AG: 3938

CC: 12.188-6

Tonico Benites

CPF: 557.639.601-49

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