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Feminismo Nac & Pop: claves para una transformación de la matriz cultural

Do VientoSur, 2 ABRIL 2021
Por LUCIANA CADAHIA | PAULA BIGLIERI



En nuestra actualidad experimentamos grandes dificultades para volver a entusiasmar con imágenes de un mundo que todavía no existe. Nuestras referencias a las emancipaciones por venir están completamente atravesadas por nuestro pasado. Más precisamente, por aquellos imaginarios que han configurado la idea de lo que hoy somos. Pero muchas veces nos olvidamos de problematizar qué tipo de relación deseamos establecer con ese pasado que prometía la emancipación y que delimita las formas políticas y culturales de nuestra sensibilidad contemporánea. Tendemos a reproducir una relación demasiado espontaneísta que va una y otra vez del entusiasmo al fracaso, oscilando viciadamente entre la reivindicación nostálgica de imágenes gastadas y el desencanto repentino ante la imposibilidad de volver a vivir en ellas. Aún más, pareciera que esta circularidad espontaneísta terminara siendo cómplice con el ethos neoliberal, como si labrara nuestra inteligencia sensible hasta dejarla atrapada en un puro inmovilismo que clausura cualquier idea de futuro. ¿Acaso no es la ausencia de futuro la gran imagen espontaneísta y, paradójicamente, duradera de nuestro presente?

Pero además de esta ausencia de inteligencia sensible, descubrimos incluso con perplejidad que los actuales poderes reaccionarios han sabido reciclar esas mismas imágenes emancipadoras, convirtiéndolas en pastiches afectivos y movilizando a los sectores populares hacia fines reaccionarios y contrarios a sí mismos. Todo esto nos lleva a preguntarnos si desde la tradición de pensamiento crítico nos habremos olvidado cómo imaginar el futuro o si estamos asistiendo a una transformación aún por descifrar en nuestra relación con el pasado, las imágenes y nuestra sensibilidad. Con estas inquietudes no procuramos otra cosa que pensar algún indicio que, forjándose a contracorriente de cierto ethos ortodoxo de la izquierda, nos ayude a vincularnos de otra manera con nuestros futuros clausurados.

En esa dirección, nos parece que tanto la figura de lo femenino (problematizada, reapropiada y/o cuestionada por las luchas feministas) como la figura de lo popular (construida desde del populismo) nos pueden dar las pistas para imaginar lo que todavía no tiene lugar. Así, nos hacemos eco de la recomendación de Nancy Fraser en el prefacio al Feminismo del 99% (2018), cuando nos advierte que:

“El feminismo es solo un movimiento social, que necesita coordinar sus reclamos y propuestas con el resto de movimientos, los cuales deberían ir también en la dirección del 99%. No debemos considerar al movimiento feminista, forzosamente, como la posición privilegiada para la acción política, ni como el nuevo sujeto histórico de emancipación. El feminismo es esencial, pero tiene que ser parte de algo mayor, de un proyecto político aún más amplio” (Fraser, 2018: XII).

Sin embargo, pareciera que cuando intentamos pensar el feminismo junto al campo popular o las tradiciones populistas emancipadoras, algo cortocircuita, puesto que resulta difícil imaginarlos juntos como parte de una misma lucha política, creando una escisión que debilita la fuerza que organiza a cada una (Cadahia, 2019). Si nos preguntamos por los desencuentros entre el feminismo y el campo popular (o populismo), entonces nos parece que para el caso del feminismo el rechazo viene experimentado por parte de ciertas tradiciones feministas tanto latinoamericanas (autonomistas, comunitarias y/o spinozistas) como europeas (propias de las teorías de la diferencia) que expulsan el antagonismo (y, por tanto, la negatividad) al momento de configurar su propia apuesta política. Dicho de otra manera: consideran que una verdadera organización feminista sería aquella capaz de erradicar la lógica conflictiva (pólemos) propia del ethos masculino –y por ende populista– y, en su lugar, configurar una lógica afirmativa y conciliadora. En el caso del campo popular, en cambio, el problema estaría en ciertas dificultades para pensar la feminización de lo popular y el papel que le cabría a la categoría política de los cuidados en la construcción del pueblo. Es decir, se trata de las dificultades que muchas veces experimenta el campo popular cuando convierte las demandas feministas en un problema de segundo orden. O dicho en los términos del problema de los cuidados: cuando se le da prioridad a las contradicciones entre la producción social del valor (trabajo) y el capital, y se omiten los tipos de opresiones que genera la contradicción entre la reproducción social de la vida (cuidados) y el capital.

¿Pero qué sucede si, en vez de ampliar la brecha entre el feminismo y el campo popular, cuestionamos este desencuentro y empezamos a explorar un vínculo entre ambos? Nos parece que esta posibilidad la podemos encontrar en los debates actuales sobre la importancia de feminizar la política y la cultura y, en ese sentido, no solo sería oportuno preguntarnos por este nuevo lugar de enunciación, sino también indagar hacia dónde nos conduce, es decir, qué tipo de desciframiento supone para las propuestas teóricas que buscan unir feminismo y populismo.

Desde esta perspectiva, en Problemas teóricos, problemas políticos, Paula Biglieri y Gloria Perelló (2019) se preguntan qué le sucede al pensamiento cuando asumimos, por un lado, que el patriarcado es una de las formas culturales de dominación más antiguas y, por otro, que es justamente esa forma cultural, entendida como un orden socio-histórico, la que “informa a aquellas categorías con las cuales pensamos lo ontológico”. Este cuestionamiento planteado en el texto les ayuda a elaborar la idea de que las categorías teóricas, al ser producidas en un determinado contexto socio-histórico, no pueden escapar de él. En palabras de las autoras: “Estas categorías están contaminadas de contenidos ónticos porque solo así pueden ser inscriptas en el discurso dominante de la época” (Biglieri y Perelló, 2019). Pero dan un paso más y se preguntan ¿en qué medida las categorías ontológicas y las formas culturales no están ya contaminadas de patriarcado? Y, por tanto, ¿cómo “repensar las formulaciones teóricas en un universo simbólico que incorpore los nuevos modos de organización social resultantes de las conquistas de derechos igualitarios de los últimos años” (Biglieri y Perelló, 2019)?

Siguiendo este hilo de ideas, las autoras sugieren que el feminismo cumpliría una doble operación: desde el punto de vista óntico sería la fuerza materialmente existente que nos permite cortocircuitar desde dentro las prácticas homogeneizadoras del amo en la figura encarnada del hombre blanco heterosexual y dominador. Pero, desde el punto de vista ontológico, es una figura catacrética empleada para pensar cuando los nombres fallan en su intento de nombrar lo que todavía no ha tenido lugar (y desde la asunción misma de esta falla constitutiva). El feminismo, por tanto, opera como una falla desde ambos puntos de vista a la vez. En el plano de lo práctico configura una falla cultural y política al interior del ethos dominante y, en el plano ontológico, por su parte, apunta a lo que todavía no se puede nombrar pero sí imaginar: una humanidad feminista. Ahora bien, en vez de entrar de manera directa en los terrenos resbaladizos de la ontología sin más, nos parece más sugerente preguntarnos de qué manera la ontología y, por ende, las formas culturales que organizan el sentido de nuestra época, están siendo afectadas, dislocadas, transformadas y reconfiguradas por el feminismo.NiUnaMenos rápidamente se expandió por los diferentes países latinoamericanos y por otros continentes del mundo


Para ello nos gustaría centrarnos en el movimiento NiUnaMenos. Cabe recordar que el significante NiUnaMenos es una expresión que comenzó a gestarse en las calles para exigir el fin de las muertes de mujeres por violencia de género. Luego se amplió hacia una defensa global de la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo hasta convertirse en una crítica al modelo de vida neoliberal. Una de las consignas más conocidas ha sido “Anticonceptivos para no abortar. Aborto legal para no morir”. En principio, podríamos pensar que se trata de una demanda específica que atañe a un grupo particular: las mujeres. De manera que algunos teóricos del pensamiento crítico y emancipador la consideran una exigencia secundaria en comparación con el resto de demandas que se inscriben dentro del campo popular. Más aún, no encuentran ningún reparo en sostener que se trataría de un conjunto de demandas prepolíticas, como si la regulación de la vida humana no fuera una de las cuestiones políticas por antonomasia. No obstante: ¿qué sucede si, más que limitarnos a combatir estos prejuicios, asumimos que esta demanda atañe a la configuración misma de las fuerzas progresistas del campo popular y experimenta, a su vez, la fuerza para articular y sobredeterminar las otras demandas que puedan surgir de allí?

Lo primero que cabe señalar es que de todas las expresiones de luchas materialmente existentes en las calles, la de NiUnaMenos es la que mayor capacidad ha tenido para cruzar las fronteras nacionales. Si bien nació como un movimiento popular en Argentina, rápidamente se expandió por los diferentes países latinoamericanos y por otros continentes del mundo. Es decir, se convirtió en un significante internacionalista con la fuerza para convocar masivamente diferentes tipos de manifestaciones populares. Incluso, junto a otros movimientos feministas, puso en entredicho la celebración despolitizada que el status quo venía haciendo durante las últimas décadas del 8 de marzo como día internacional de la mujer, la cual parecía haber quedado reducido a la celebración vacía del lugar de la mujer en la sociedad. Contrario a ese proceso despolitizador, se logró reconectar con su mismo pasado de huelgas, a través del cual las mujeres protestaban colectivamente contra las formas de opresión del capitalismo y, a su vez, mostraban su rol desigual en la sociedad con respecto a los hombres. Todo lo cual nos devuelve hoy una imagen global, masiva e histórica de resistencias y luchas vivas contra el patriarcado.No se trata de establecer una falsa disyuntiva que nos obligue a elegir entre el feminismo y el campo popular

Dicho en términos populistas, la huelga del 8M se expresa como capacidad de organizar una imagen o configuración antagónica de la sociedad entre los que buscan mantener esta forma de opresión y las que buscamos interrumpirla. Pero, más aún, nos permite entender que los femicidios, las políticas de austeridad contra las mujeres y el rechazo a la legalización del aborto, no son un simple ataque caprichoso contra un colectivo particular, sino el límite mismo del patriarcado en tanto relación social dominante. Es, en resumidas cuentas, un tipo específico de relación social donde las denominadas mujeres y los denominados hombres ocupamos una posición desigual. Y esa desigualdad se reitera en el campo popular y en sus formas de organización al momento de disputarle el terreno a los de arriba. De ahí que los sindicatos y los movimientos sociales y políticos plebeyos hayan sido espacios predominantemente masculinos, a pesar de que las formas de explotación hayan sido compartidas por esta estratégica división de géneros. Esto no significa desechar sin más estas históricas formas de luchas lideradas por figuras masculinas, sino admitir que esta desigualdad de género permeó la estructuración del mismo campo popular. Y, sobre todo, significa admitir también que ha sido desde ese mismo campo que se hizo imaginable la actual fuerza socio-histórica del feminismo. De manera que la fuerza de interpelación que está teniendo ahora mismo el feminismo es ya una reestructuración del registro simbólico y cultural del campo popular y, por tanto, una reconfiguración de los modos de producir la división antagónica de lo social entre las élites y el pueblo. Incluso, a pesar de las estrategias fallidas de cierta élite por apropiarse del discurso feminista y reducirlo a una disputa competitiva por puestos de trabajo y redistribución del poder en el mercado laboral.

Nos parece, por tanto, que no se trata de establecer una falsa disyuntiva que nos obligue a elegir entre el feminismo y el campo popular sino, más bien, liberar a este campo de los resabios patriarcales y restituirlo a una lucha común capaz de articularse como movimiento colectivo. El significante campo popular ha sido muy poderoso para articular las diferentes luchas contra la opresión, a la vez que conserva un acumulado histórico del cual el feminismo se nutre. Junto a la opresión de género existe la opresión de raza y de clase. ¿Por qué, entonces, resultaría más estratégico producir una escisión entre todas estas luchas contra la opresión? ¿No es demasiado grande el poder de la oligarquía mundial como para darnos el lujo de establecer grietas al interior del campo popular? Por eso, así como las luchas clásicas del campo popular no deben desdeñar la lucha feminista, de la misma manera, el deseo de dinamitar las lógicas patriarcales no debe llevarnos a destruir los lazos de solidaridad entre las luchas de raza, de clase y de género que mujeres y hombres construyen día a día. Quizá ahí, en la articulación de todos estos legados, emerja una nueva oportunidad para reactivar nuestras sedimentaciones históricas irresueltas.

Luciana Cadahua es profesora asociada en el Instituto de Estética de la Universidad Católica de Chile.

Paula Biglieri es profesora titular en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad de la Plata


Este texto es un resumen modificado del capítulo número 7 de nuestro libro conjunto Seven Essays on Populism: For a Renewed Theoretical Perspective (Polity, Reino Unido, 2021).

Referencias

Biglieri, Paula y Perelló, Gloria (2019) “Problemas teóricos, problemas políticos” (inédito), ponencia para la Conferencia Derivas de una izquierda lacaniana. En torno a los textos de Jorge Alemán, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, abril.

Biglieri, Paula y Cadahia, Luciana (2021) Seven Essays on Populism: For a Renewed Theoretical Perspective. Londres: Polity.

Cadahia, Luciana (2019) El círculo mágico del Estado: populismo, feminismo y antagonismo, Madrid: Lengua de Trapo.

Fraser, Nancy (2018) “Prólogo” en Feminismo del 99%, Madrid: Lengua de Trapo.

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