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Inmersión a fondo en una sociedad

Reseña de Apuntes anónimos, de Ignacio Verbel V.

Do Rebelión, 22 de Março 2021
Por Luis Carlos Muñoz Sarmiento 


Hay almas esclavizadas que agradecen tanto los favores recibidos que se estrangulan con la cuerda de la gratitud. FRIEDRICH NIETZSCHE

Quien para otro cava una zanja en ella cae. FIÓDOR M. DOSTOIEVSKI

Las mejores personas poseen sensibilidad para la belleza, valor para enfrentar riesgos, disciplina para decir la verdad, capacidad para sacrificarse. Irónicamente, estas virtudes las hacen vulnerables; frecuentemente se les lastima, a veces se les destruye. ERNEST HEMINGWAY

No faltará quien se confunda o se engañe al comparar a Apuntes Anónimos, de Ignacio Verbel V. (1), con una obra desigual, La virgen de los sicarios, en tanto relato de desahogo autobiográfico: lejos está Vallejo de Verbel. Su novela, que de por sí resiste ser encasillada dentro de un exclusivo género literario, es una novela atípica, como se decía de Rayuela en tanto antinovela: es poema en prosa, en modo cuento; ensayo sobre la vida, en clave narrativa; novela sobre la degradación, que borra límites entre géneros. Una obra que como pensaría György Lukács, señala un nexo entre la Industria Cultural y la lógica del avance histórico de una sociedad, no sin advertir en el arte una opción de pugnar/evadir la deshumanización de la sociedad burguesa. Para seguir el camino trazado por Marx entre problemas filosóficos y criterios sobre lucha de clases, Lukács alerta sobre cómo se diluye el rol activo del ser humano en su emancipación, al alertar a su vez sobre la desvirtuación que sufre el marxismo cuando se lee como conjunto de leyes mecánicas de la economía o como dogma y no como, lo que es, método científico que permite reconocer las fortalezas/debilidades de una sociedad.

En Teoría de la novela, Lukács ve en la novela la expresión más típica de la Modernidad. Su antítesis sería la epopeya, que recrea una totalidad integrada, mientras la novela refleja un mundo de caos/pasiones e intenta reconstruir una totalidad oculta. La novela de Verbel refleja parte de lo que muestra Lukács: la pérdida del sentipensar, nexo armónico entre humanos y para con ellos, foco central en la novela épica clásica, en sociedades meramente homogéneas, las cuales permiten una naturaleza cerrada, de la que deriva una secuencia de totalidad: se habla del mundo de la absoluta inmanencia. (2) Hubo marxistas atraídos, en las décadas de 1920 y 30, por el Modernismo en tanto daba la ocasión de expresar la decepción por la ruta que el orbe había tomado desde que surgió el capitalismo hegemónico: en economía, cultura, industria del entretenimiento: vía Hollywood, a partir de 1930, con el cine sonoro. Esa misma decepción está presente en la obra de Verbel, al permitir a los personajes la interacción con su contexto: caso del narrador, en 1ª persona o en 2ª o 3ª; al presentarlos como sujetos activos/creadores u objetos pasivos/víctimas de la historia; al posibilitarles delinear su destino o, en algunos casos, desviarse del objetivo; aunque, para cerrar, lo que ellos hagan desde lo individual importa solo como parte de un proceso histórico mucho más amplio. En otras palabras, su lucha individual adquiere relevancia en tanto haga parte de lo comunitario.

En Apuntes Anónimos, Verbel realiza una inmersión al fondo de una sociedad en franca caída, para no hablar de rotunda descomposición de un pueblo (al que llamo Fosa Común, ex Colombia), de una parcela de mundo en su Sucre natal, por conducto de la violencia paramilitar, la muerte en campos y ciudades, la corrupción generalizada. Así, de paso, contribuye con su trabajo a permitir desregionalizar la literatura nacional, siempre proclive a establecer diferencias a priori o salpicadas por el prejuicio entre escritores de diversas latitudes, sin haber ido antes a lo fundamental: su calidad. Sin haber tenido en cuenta las cualidades intrínsecas de la obra de arte, de manera libre, honesta, sensata. Solo obedeciendo a las señas del dictado oficial; a las de la cultura naranja o la muerte de la educación/cultura; a las de los concursos, juzgados siempre por los mismos profetas y en especial por uno; en fin, a las descoordinadas coordenadas de la mal llamada Industria Cultural: simple negocio.

Y al margen de todos los prejuicios, de toda viga apriorística, Apuntes Anónimos tiene todos los matices de una obra de arte. Matices que, poco a poco, se irán esbozando/reconociendo en este ensayo sobre una obra que no cabe dentro del canon de la trama/nudo/desenlace. En la que el problema no son los números, la cantidad, sino los valores, la calidad: sus 83 partes, no son sino una manera de volver sobre diversos temas a partir de las voces de aliento, queja o frustración que acompañan a un hombre en soledad, cuya única compañía son Paola y la escritura y sus demonios. En su discurso, aparte de lo dicho, están: reflexión, crítica, plegaria, requisitoria, diatriba, panegírico. Junto a ellos locura, amor, mujeres, eros/tánatos, erotismo, lo pornográfico (el erotismo de los demás, bajo el prisma del prejuicio), la presencia/ausencia de un dios, el diálogo con las nuevas generaciones, la defensa de las causas perdidas, que por lo general son las nobles: porque las ruines ganan casi todas las guerras en Fosa Común.

También, validez del esfuerzo/inutilidad del arte, recelo por el presente, esperanza en el futuro (2020: 85). Hubo empatía con Verbel: ¿prueba? En la p. 59 anoté: vendrá también la muerte de la muerte. Al final, un déjà-vu: “Ustedes propiciarán la muerte de la muerte” (137): de narrador a jóvenes. Su obra se lee de un tirón, pero no se puede hablar/escribir sobre ella de afán. No es la narrativa de un solitario ni de su amada, sino una cooperativa/comunitaria, que hace contrapeso al prurito de acumulación capitalista, en su afán de igualar conciencias a partir del pensamiento único para abatir al complejo. En Introducción al pensamiento complejo Morin señala la diferencia entre un pensamiento que desintegra la complejidad de lo real y otro pensamiento que integra del mejor modo dicha complejidad: “Mientras que el pensamiento simplificador desintegra la complejidad de lo real, el pensamiento complejo integra lo más posible los modos simplificadores de pensar, pero rechaza las consecuencias mutilantes, reduccionistas, unidimensionalizantes y […] segadoras de una simplificación que se toma por reflejo de aquello que hubiere de real en la realidad”. (3)

Igual que en Nos dejaron morir, de Oswaldo Karo Amaya, que solo presenta a los profesores protagonistas como A, B y C o F (cuya mujer “sabía que un día cualquiera llegarían por su marido”) (4), en Apuntes Anónimos hay un afán no tanto de invisibilizar a los personajes, sino de mostrarlos dentro de la anonimia, como quien pretende evitar que, aparte de los ya vividos, otros peligros, por cuenta de las “fuerzas oscuras” harto conocidas, se ciernan sobre ellos. En medio de tal pragmatismo, en la obra de Verbel, la poesía alterna/contrasta con la decepción que produce constatar la degradación de Fosa Común, mientras sus “dirigentes” solo se ocupan de los países vecinos, para denunciar el horror, las atrocidades que se cometen, pero que aquí, para ellos, aun con las señales de movimientos sociales y de medios no hegemónicos, son invisibles a sus ojos, porque tampoco, es evidente, tienen corazón para ver.

Aunque Apuntes Anónimos parezca un inventario de quejas, de lamentos sin justificación, es, en realidad, declaración de principios con sentido, requisitoria existencial con argumentos, diatriba contra todo tirano. Contra el que impide el movimiento, la libre expresión, la libertad. Hecha por un solitario, producto de la atomización de la sociedad vía capitalismo y sus “pilares”: competencia, éxito, vanidad, a los que se suma hoy el nihilismo, ya inoculado entre los jóvenes: hoy, muchos de ellos, se consumen entre el alcohol, las drogas y el desconcierto metafísico, como efecto de la desintegración familiar (propiciada por el mismo capitalismo que erige a la familia base societal), de la violencia/muerte generalizada, de la corrupción que campea por doquier. Y eso se nota en Verbel, de manera concreta hacia el final, cuando el paramilitarismo pasa del campo a las calles y los jóvenes tienen que correr a esconderse.

Por otro lado, en un sentido positivo, el arte tiende a lo particular/individual/singular, con su sello/impronta propios. La historia de un solitario es narrada, casi toda, en 1ª persona, con la sombra como única compañía: “Mi sombra es leve y la amo” (2020: 17); igual que lo hace Gao Xingjian en El libro de un hombre solo (5), potente alegato en el que desmonta la Revolución Cultural de Mao Tsé-Tung. Para ello, hay que considerar: 1) Narrar en 1ª persona hace más verosímil el discurso, a diferencia del narrador omnisciente que parece ver/saber todo de sí y del otro. 2) En un texto de memorias, autobiográfico o no, no se puede establecer diferencias entre lo que atañe al recuerdo o a la ficción: “[…] ¿Cómo hacer volver los hechos perdidos en el olvido? “Es difícil distinguir lo que vuelve poco a poco; no puedes diferenciar lo que pertenece al recuerdo o a la ficción”. (2003: 357) 3) Si bien toda ficción es memoria, toda memoria es ficción. Aquí, una cantera temática sin fondo: la sombra como compañía; la tristeza hoy; roles inciertos de la gente; enajenación, rutina, competencia, egoísmo, guerra, muerte; valor de las manos; fanatismo, usura, chantaje, importancia de las causas nobles.

He aquí algunos fragmentos, que recogen parte de lo dicho: “Estos días desembocan en las entrañas de la tristeza”. (2020: 18) “Metida en su rol incierto va la gente”. […] “Por ahí va la gente de este tiempo de estiércol y despersonalización en el que las palabras amor, respeto, justicia, fraternidad y lucha, perdieron su razón de ser y fueron reemplazadas por arribismo, odio, muerte, violencia, agresión cotidiana y otras, que desdicen de la catadura humana. (19) “¡Pobres! Qué ridículos microorganismos los que se mueven allá abajo llevados por la rutina, por la competencia, por la guerra, por el egoísmo, por su admiración y tributo a la muerte”. (21) Más adelante, se registra la era de la impostura, la vanidad, el nihilismo, la inhumanidad: “¿Humanos los que saquean el erario, los que chapalean en la lubricidad, todos esos que rezan en los templetes del dolor? ¿Humana la vampiresa de oxigenado pelo que se pasea en el taller del amor vendido, ansiando un falo rutilante y un fajo de billetes que la exciten mucho más? ¿Si será que todos los hombres merecemos el calificativo de humanos? (23-24)

Una robusta declaración de principios en una época de solo finales. Entonces, el narrador reconoce que las nobles son por lo general las causas perdidas; que se mira por encima del hombro a quien esboza palabras que valoran la fraternidad/solidaridad; que causa risa el poeta que desgrana sus versos en una reunión o cuando se mira al río desde arriba del puente; en fin, que produce lástima el que se siente pleno ante la acariciante sombra de un árbol o si se maravilla frente a la sonrisa de un niño. En todo caso: “Aquí he de seguir, necesariamente terco. Del lado de la vida plena, en contra de toda forma de muerte”. (25-26) Sin embargo, es la muerte la que obsesiona al narrador, que termina por convertir la idea en leitmotiv: “He llegado a temerle tanto a la muerte que, si me llegara pronto, sería un alivio”. (2020: 28-36-44-49) Por necesario contraste, entre el sueño y la vigilia, la esperanza: “Es hermoso estar aquí, […], permitiendo que todos estos milagros naturales laven mis llagas, sanen mi soledad, cicatricen mi llanto”. (30) Así, parte tras el rastro y los colores de la tarde, en afán de fundirse con los elementos, hasta querer ser tanto y a la vez nada: arco y alga, surco y río, parte de la llanura y de la bestia: “Tendría que ser tantas cosas y ninguna. Ser más que este cuerpo exhausto deambulando por estos senderos de la Nada”. (32) E irrumpe el nihilismo y el desencanto, vía Fake-News/Posverdad, en un mundo en el que cada día crecen los suicidios, v. gr. Japón, donde ya hay un Ministerio de la Soledad, que busca disuadir a quien pueda realizar “el único acto verdaderamente libre en nuestras vidas” (Cioran), tras el virus/negocio apartheidista, puesto que tiene su principal motivación en la distancia/aislamiento social. (6)

Nihilismo por el que se formula una visión negativa y otra positiva de la cópula: “Fornicar se volverá un escape; amansar las horas con uno que otro trago se trocará en hábito para poder resistir lo atroz de la existencia”. Luego: “La cópula será un acto de salvación, una puerta a la esperanza”. […] Mientras se ablanda la tragedia vía licor: “En ese éxtasis, la música será un […] paliativo y la pintura podrá envolverte con sus colores y sus formas demoniacas o angelicales”. (33) De ahí deriva un soliloquio con ropaje de diálogo, como en La caída, de Camus, cuando el juez penitente Clamence entra al bar Mexico City (sic) y el lector cree que habla con alguien: “Ya sé que no podemos prescindir de dominar y de que nos sirvan. Cada ser humano tiene necesidad de esclavos como [de] aire puro. Mandar es respirar”. O: “¡Cuántos libros apenas leídos, […] amigos apenas amados, cuántas ciudades apenas visitadas, […] mujeres apenas poseídas!” O: “[…] el amor verdadero es excepcional. Sobrevendrá […] dos o tres veces por siglo. En lo restante del tiempo lo que hay es vanidad o tedio”. (7) Aquí es posible enlazar conceptos de Camus y Verbel: existencialismo, nihilismo, cópula, amor verdadero, licor, arte, mandar, obedecer, acumular, consumir.

Esta asociación intertextual no es vana/gratuita: Verbel, es probable, haya leído a los autores ya citados y a otros que vendrán; los libros están ahí gravitando sobre el tiempo; la interdisciplinariedad no solo textual es evidente y otorga mayor valor/relevancia a la cultura. Al lado de la prosa poética surge una espontaneidad casi verbal, casi oralitura trasladada al papel, cuando el narrador hace una exaltación de la existencia, no exenta del lenguaje escatológico, a la vez que expresa el afán comunitario en tiempos de crisis, no libre de crítica social: “Llegamos a cantar que vivir es una suerte, eructamos satisfechos y pedorreamos contentos y rituales. Nuestra alegría llega al extremo, tanto que la compartimos con perros y con gatos, a los que acariciamos; y nos sentimos buenos, solidarios, capaces de compartir un pedazo de pan con lúmpenes o mendigos que pasan por la cuadra”. (2020: 35)

Vuelve la idea de la muerte como alivio, con una alusión a León de Greiff (“Señora muerte que se va llevando / todo lo bueno que en nosotros topa”) (8) así el autor no sea consciente: “Escupitajos de desazón y locura nos bañan y llega a ser un alivio que la señora muerte nos muestre su guadaña”. (36) Nadie sabe, o muy pocos, lo que significa ignorar qué es asomarse a la desesperanza: “¿Acaso imaginas la crueldad que habrá cuando la desesperanza te anude el cuello y muerda los ojos de tu fe?” (37) En este panorama de parejas de oposición (vida/muerte, esperanza/desesperanza) aparece la mosca como símbolo (repugnante) de la muerte, en uno de los logros mayores de la novela por su síntesis de prosa poética, tal como se lo dije al autor tras terminarla: “La mosca pasa y molesta. No llama a ninguna metafísica de la existencia. No inspira poemas. No subvierte la monotonía de los minutos. […] Esa que se posa sobre el pan y […] el cadáver, esa que osa interrumpir el beso de los amantes y que se siente convidada eterna de todos, que suele aparecerse en los hospitales, en los antros finos o miserables, en la iglesia y en el temblor hierático de un moribundo; esa que sorbe las babas del enfermo más ruin y que luego pervierte el seno que se prodiga al amor o al alimento del infante. // La mosca pasa y no pasa. No llega a lo profundo, se queda afuera: es la reina de lo externo, del desbarajuste externo. Esa mosca que anda tras nosotros, velando nuestra hora final para ornar con su presencia peluda y miserable el hálito último de la existencia”. (38)

Con narración en primera persona, el protagonista anuncia ya el que será su único idilio a lo largo de la novela, cuando aparece el primer personaje citado: una mujer. A quien declara: “Yo aprendí a distinguir, a amar, a esperar tus pasos, Paola”. (39) Allí, él va sobre la extrañeza del ser amado, sobre su ausencia: metáfora del dolor. Luego, su recuerdo por los olores, en clave erótica: “Hay días en que desde el amanecer huele a Paola, a Paola abierta en ansias, a Paola desnuda buscándome en el viento. A Paola dulce y mojada”. (71) Regresa el monólogo, ya no disfrazado de diálogo, para volver sobre la pena, que más adelante, casi lo emparenta con el poeta de Orihuela, quizás lastrado por el recuerdo de tanto muerto ya olvidado, de tanta muerte presenciada: “Me maniata la pena. No puedo evitarlo. Sanguinolentos pasan ante mis ojos los recuerdos”. […] “Las alas del nuevo siglo ya son alas fuertes; en cambio, mis alas están muy ancianas, desportilladas luego de tantas aventuras, de tantos duelos y agonías”. […] “Qué horrible es tener estos diálogos conmigo mismo”. (41-42) Un hombre subyugado/umbrío por la pena, especie de Miguel Hernández del Trópico.

De ahí el posterior extravío existencial del protagonista que quiere rodarse a las estrellas, antes de que las apaguen, pierdan su rumbo o, como pretende el “filántropo” de las vacunas, se tape el sol: “Quiero rodarme a las estrellas para hartarme de luz y música sideral, para desde ellas contemplar el paraíso y el infierno y la posibilidad intermedia entre ellos”. […] “Estoy aquí, en la agonía de la tarde, como un muerto al borde de la sepultura”. […] “¡Ay! Si alguien pudiera decirme dónde quedó mi alma. ¡Si alguien pudiera asegurarme que de veras existo!”. (44) Por contraste, se da un canto por/para la libertad en aroma de pasión vital en contra de límites/fronteras; de integración por la mirada (como en los barcos negreros) y el semen; de vuelta sobre sí mismo: “¡Que no haya barreras para nuestra pasión por vivir!” […] “¡Déjennos ser!” […] “No me castren esta integración con nuestros ojos y nuestros fluidos sublimes”. […] “No le pongan trabas a ese deseo de viajar al interior de nosotros mismos”. En suma, una necesaria exigencia vital/sexual/existencial contra la biopolítica del fascismo que hoy cunde por el planeta y cobra vidas por doquier. Bailar lo lleva a la comunión con el cosmos, lo mismo que la música y el canto: “Danzo y por mi boca surgen ríos de alegría”. El hombre en una fiesta interior que ahora parte en busca de otros cielos. (46-47)

En medio del vértigo/vacío de los días, el sufrimiento aqueja al mundo; las flores (vegetales y humanas) son pateadas, orinadas, enmierdadas; niños y mujeres apetecidos para el sacrificio. El poeta/narrador habla sobre la realidad de los sueños; cómo el poeta cree que sus sueños son reales, no fantasías; y cómo el poema cobra vida, no es ilusión. Luego, cita a quienes señalaron otras posibilidades de convivencia, modos para transgredir el cotidiano vacío/apabullante, le apostaron a otro mundo posible, instaron a la construcción del hombre nuevo, marcaron la llegada de un día más digno, menos injusto, algo placentero. Y señala cómo el verbo/acción de todos ellos: Tupac Amaru, Sandino, Bolívar, Martí, Camilo, Che Guevara, Salvador, cruzó la Tierra, fueron eslabones/hacedores de esperanza, mito y leyenda.

Al arribar al Cap. 30, que le elogió al autor el poeta Roberto Estrada, el narrador, en medio de los ideales despedazados, señala: “Saber que se ha perdido la mística, que se ahogaron los sueños, que estás solo, completamente solo en medio de la corrupción que practican los humanos”. (54) Y, más adelante, va sobre los sátrapas de hoy que mañana serán calcinados por el fuego de la justicia, del amor, de la ternura, mientras el hombre habrá de parir nuevos derroteros ante la muerte de la utopía, a la que, no obstante solo cabe revivir: “[…] te sientes diferente entre tanta caca y tanto demonio, porque la rueca está dale que dale, llora que llora, […] tendrá que parir nuevos ideales, nuevos horizontes de amor y humanismo y entonces será un canta que canta […] y sobre los suelos se arrastrarán los puercos entes de ahora y serán achicharrados por el fuego de la justicia, de la libertad, de la ternura”. (55)

Las banderas del honor y la dignidad han sido arriadas; los sueños de justicia y libertad yacen enterrados; la mayoría de los oprimidos derivó en lumpen; nadie se preocupa por el otro; la teología de la liberación es cosa del pasado: a Camilo Torres, Leonardo Boff, Frey Beto, ya apenas se les lee/recuerda. Ideas, todas, que llevan a los dioses del futuro, en el que la vida no es más que un concepto: “Droga, licor, loco danzar y muerte: He ahí los dioses del Futuro. La vida es solo un concepto”. (57) De nuevo, la desilusión hace carne en el protagonista y piensa que cada día que pasa, el mundo cae en la fosa que para él otros cavaron, sin que hayan caído estos primero, quitándole así la razón a Dostoievski; va al desangre completo, al caos moral y, más allá, ético, mientras el profesor sucumbe entre la carencia y el desprecio estatal por el saber: “Encerrado en su habitación, alejado de sus amigos y antiguos copartidarios, sin suficientes centavos en los bolsillos, sobreviviendo a costa de escribir ensayos (a alumnos universitarios […] que no eran capaces de hacerlos y que tenían como imperativo presentarlos a los profesores), pidiendo prestado a algunos conocidos o vendiendo los pocos libros que tenía, le perdía el amor a la existencia”. (Íbid.) La esperanza entre la desesperanza que se filtraba por vía mediática. La reivindicación total del género humano parece no llegar.

Conciencia de la fugacidad del ser humano; nada ni nadie se salvará: ni el hombre ni su arte; vendrá también la muerte de la muerte, se dijo. No obstante: “Todo eso será borrado, se irá al fondo de un desmierde universal imparable”. (59) El terror ante la posibilidad del sueño eterno (¡cómo no evocar aquí la novela de Chandler!). En su soledad, el protagonista/narrador se mira desde fuera de sí. Se imagina que es el violinista que desde su tejado se mira a sí mismo, como el inquilino de Polanski lo hace desde la alcoba y se refleja en el baño, presa del terror. Para contrarrestar tan nefasto efecto, vuelve sobre el erotismo que le activa Paola, sus gritos, sus movimientos perfectos, el ritmo de su cuerpo, mientras él apenas si logra seguir ambas furias: la de la música y la del cuerpo de su musa. “Es digna de ser filmada”. (61) Aquí, el erotismo surge como elemento que permite tomar distancia de la muerte. Apartarse de ella. Lograr, por una vez, que eros se imponga al tánatos generalizado que rige el planeta.

Por no poder llorarse, sus lágrimas lloran por él. Ya antes, se ha preguntado por la oscuridad: de dónde viene, si surge de la luz o al revés: si alguna luz proviene de la oscuridad. Mientras tanto, ha descubierto que se teme y lo enloquece mirarse al espejo. Sobre todo, por el desdoblamiento, doppelgänger, diría Cortázar, existencial, que le hace pensar: “Tal vez ese que no soy yo es el otro, que me quiere imponer su figura, sus gestos, su personalidad”. Luego, reflexiona sobre su falta de valor para sostenerle la mirada, en parte porque le teme y en parte porque puede “llegar a convencerme [de] que yo soy él o que él soy yo, o que ambos somos yo, sin poder evitarlo”. (63) Lo que, inevitable, lleva a Rimbaud: “Je est un autre” o “Yo es otro”, lo que significa, el yo está en el Otro: que uno sin el Otro no es nadie. El duende surge de las aguas, con las manos llenas de diamantes, que lanza a lo alto, juguetón y risueño: es gracias a la diosa de las aguas, que le ha permitido vivir en su guarida. Una historia de amor y erotismo muy parecida a la que muestra Apichatpong Weerasethakul en su filme, entrañable, El tío Boonmee recuerda sus vidas pasadas, un encuentro/desencuentro entre el campo y la ciudad. De paso, Verbel recupera los mitos y leyendas de la Costa norte.

El narrador cree que escribir también desgasta y él lo ha comprobado: “Después de escribir, uno queda vacío y eso duele, porque ese que antes éramos se quedó respirando en las frases que recién hemos armado, mucho de nosotros se queda ahí, inevitablemente, y aunque nos liberemos, ya no estaremos completos, porque para ser integralmente, necesitamos tener todas las sumatorias de nuestra vida: tanto las buenas como las malas. Escribir va matando de a poco”. (68) Aunque, por contraste, también puede decirse: escribir hace vivir, si el que lo hace no deja de leer, recarga así baterías y continúa en la brega que solo para con la parca. Con la que, a propósito, dialoga el narrador para volver sobre Heidegger e inquirir: “¿Esto soy yo? ¿Un ser para la muerte? ¿Tendría razón Heidegger? […] ¿El ir aproximándonos a la vejez no es […] una manera de acercarnos de manera clara a la muerte?” (70) Y sugiere algo como, ¿por qué celebrar un nuevo cumpleaños? ¿Acaso los años no van en contravía de la opción de continuar con vida? El narrador sigue en picada, mientras quiere recordar su infancia, a su madre, a su primera novia, en compañía de buitres con el pico lleno de mierda y gavilanes cuyos ojos proyectan esquizofrenia y maldad, precedido de ese monstruo que no existe, que es el hombre. Dostoievski en Pobre gente: “El demonio no es un ser fantástico; el demonio son las acciones del hombre, el mal que este inaugura y expande sobre el mundo”.

El mismo demonio que habita al narrador que quiere ser perro o gato, para tenderse en la frescura de cualquier terraza, viendo pasar mujeres, libélulas, viendo el tiempo pasar: “Es un diablo sucio que, luego del destrozo, pedorrea en mi interior, que se da tumbos contra las paredes de mi estómago, que hace malabares en mis tripas y se carcajea imbatible y exhausto al tiempo que vomita una bilis negra y amarga”. (72) Como puede ver el lector, el infierno es aquí y ahora (Rulfo), no como dice la Iglesia desde hace siglos para llenarse los bolsillos a costillas de la fe, esa creencia en la falta de evidencias (Sagan), humana. Apuntes Anónimos es una larga confesión, sin cura a bordo: una vez más permite inferir que así todo no sea autobiográfico, en todo caso la autoconfesión es el sucedáneo perfecto de la creatividad. No importa cuánto de autobiográfico hay en él pues la clave es cómo se sostienen la verdad y la mentira hasta el fin. Paola, que había aparecido con los olores, ahora reaparece en las tabernas lejanas, por los bares intranquilos; en la crema dental, en el espejo: “Cierta vez me miré en el espejo y en vez de mi imagen allí estaba ella, contemplándome, tirándome besos […]; ella en las cadencias, en las tonadas del amanecer, en mi cenicero. Ella en todas partes. Llegué a tenerla sin que estuviera físicamente conmigo”. (75) La presencia rotunda de la mujer, aun ausente. Lo que lleva a Wenders, sobre su filme Al filo del tiempo: “Es la historia de la ausencia de las mujeres, que es, al mismo tiempo, la historia de la nostalgia de su presencia”. Y a nuestra hermosa hija, a quien va el poema: Todas las mañanas. A Valentina, nuestra hija del alma (1992-2006). A Santiago adorado y a María del Rosario querida. A Marthica del corazón. ¿Qué me respondes si te pregunto quién eres? ¡Soy tú! Alejandro Jodorowsky. Todas las mañanas, / cuando me paro frente al espejo, / así no estés no puedo dejar / de verte ni de sentirte a mi lado // Todas las mañanas, / cuando me miro al espejo, / ahí estás tú, coges brocha y cuchilla / dispuesta a afeitarme // Todas las mañanas, / con tu cara frente al espejo, / desplazas la brocha con rabia por la mía / y en el acto descubro que es mía la rabia // Todas las mañanas, / frente al espejo no puedo eludir / pasar de la rabia a la tristeza / al comprobar que no estás // Todas las mañanas, / al mirarme al espejo, / no puedo ocultar la sorpresa / al notar que no soy yo // Todas las mañanas, / al descubrir que yo soy tú, / no puedo evitar recibir una ráfaga / de viento caliente en la mejilla // Todas las mañanas, / cuando me paro frente al espejo, / verifico una y otra vez / que, aunque no estés, tú no te vas.

Los vejetes y ‘el putangas’ (caerá a balazos: 119) bailan y payasean frente al convento; gritan: “Esos fulanos están locos, sálvanos de ellos, Señor!” (76) La clase dominante en la superestructura (economía/ideología/cultura): a detenerla por vampiro del pueblo. Basta de explotación, servidumbre y esclavitud. Un llamado a sublevarse. La rumba sigue, el ex país se derrumba, viva la Salsa, Cheo y Anacaona, El ratón, Canta. A la par, represión: “¡Volteen por la 33, […] tiren los libros, […] háganse los bobos si ven a la […] patrulla, […] que no se los lleven, que no los vapuleen, muchachos, que no vayan a oler las putrefactas cárceles del [E]stado! (76-77) Los desposeídos contra el Imperio exaltan al Che, su amor revolucionario a la libertad y su sentido: “Compañeros, ha llegado el momento de que los desposeídos […] hagamos oír nuestra indignada voz ante los atropellos del imperio; la muerte del comandante Guevara no puede detenernos, […] él, con su muerte en combate nos da un ejemplo […] de amor a la libertad, […] a las ideas de la independencia. Su muerte ha sido el sacrificio para que el proletariado y los pueblos y […] oprimidos del mundo hagan arder sin dilaciones las caducas instituciones que deifican la explotación del hombre por el hombre”. (78)

Aparece la segunda mujer citada, Girondela, en una noche rica en sombras. Le obsequia al narrador grosellas y su boca. Él luego buscará un parque solitario/mojado, para recuperar un poco de su alma. (82-83) Paola sube a la loma y le sonríe. Por las tardes, lo llama y lo besa. Él le pide que venga, está solo: “Búscame, cerciórate de que te busco, yo, el solitario, en estas avenidas de octubre, en las mieles de octubre, Paola, Pao, Paola la”. (84) Y mientras Unamuno reivindica “El poder de la palabra”, el narrador de Apuntes Anónimos la escritura pues ha comprendido su importancia, la de escribir. Todo ello, después de que al predicador de palabras lo han llamado “desquiciado, filósofo, profeta” y que al filo el tiempo ya no divertía a nadie, nadie pensó en sus palabras y lo dejaron solo. Entonces, a diferencia de Nietzsche, quien, tras abrazar al caballo de Turín, que su jinete golpea, pasa de la piedad a la locura, el predicapalabras casi entra en la locura cuando, tumbado sobre la basura, llora con amargura, de modo horrible hasta que, secos ya los ojos, decide no hablar más, callar y pasa a escribir: el tránsito de uno a otro medio de expresión, casi mediando el extravío. (85-86)

El narrador expresa su preocupación por la gente que se ocupa de nimiedades, los que no soportan sus pantalones raídos, por ser como es y no de otro modo, los que no admiten ver que es más libre pese al vacío en sus bolsillos, a que las puertas se le han cerrado y a que hay días que no tiene ni para un cigarro. Al tiempo, esa gente lo divierte: como las ridículas mujeres que al cruzarse en su camino tuercen ojos y aprietan labios, porque no pueden ignorarlo, aunque, eso sí, el chisme y la calumnia vayan en sentido inversamente proporcional, porque lo triste del miserable, que no puede contra alguien al que odia al gratín, es que no tiene más recurso que desvirtuarlo. Entonces, subraya: “¡Qué asco me dan los seudo intelectuales que me señalan y hablan pestes de mí y de mi pasado! Sé que algunos me tildan de fracasado, de poca cosa. Pero, me tienen miedo, eso se les nota en sus rostros cuando los miro; les da miedo que mi inteligencia los fustigue. La ignorancia los circunda”. (87)

Ahora se sabe que Paola no solo es bonita, sino inquieta e inteligente, de provincia, vive sola, trabaja en una librería y de noche estudia leyes. Ella y el narrador, su amante, van al cine a ver una de Coppola: “Nada del otro mundo” […] “un apocalipsis surgido de la locura de la guerra”. (88) Filme que, así no se cite es, obvio, Apocalypse Now (1979), una velada exaltación, del Imperio guerrero por excelencia, escamoteada por la locura de Kurtz basada en Conrad y su novela El corazón de las tinieblas, también imperialista, como señala Chinua Achebe, quien en la década de 1970 escandalizó a Occidente al señalar que ella “exhibe de la manera más vulgar prejuicios e insultos que han hecho sufrir a una parte de la humanidad agonías y atrocidades incontables en el pasado y continúan haciéndolo en muchos lugares y de muchas formas hoy día; […] una historia en la que se pone en cuestión la humanidad misma de los negros”. (9) Lo que contrasta acremente con la dulzura de Paola y sus ojos que palpitan, entre calor y sudor, y en ellos se aloja “un canto de soles” que festejan la vida, “el temblor de la existencia, el retorno del ser”. (90) Lo que, en otras palabras, significa la redención del hombre por la mujer (no al revés), por el amor, por el amor de la mujer.

El narrador/profesor oye una música “amarillenta”: cierra los ojos, en medio de la impotencia por un espectáculo deleznable que muestra cómo Paola se confunde con las notas y de repente ellas salpican de tristeza/soledad su corazón y su cuarto. Más adelante, los estudiantes ruedan por el piso, untados de cerveza y entre el humo del cigarro. Mientras Juanita le dice: “¡Al fin el hombre será hombre, compañero! Han de acabar las cadenas y los sometimientos”, Eva Alegría acude a Hikmet: “¿Pero cuándo la gente en nuestra / tierra dejará de pasar hambre, / nadie tendrá miedo de nadie, /nadie maldecirá a nadie, / nadie robará a otros su esperanza?”, (95) pregunta el poeta turco en Vamos a la luna y tras ello responde lo que no cita Verbel: “Por esto soy comunista / para responder a esta pregunta”. (10) Un coro polifónico e interdisciplinario, en tabernas, parece soñar demasiado, mientras en las calles continúa el hambre y otros golpes a la dignidad. Encuentros de narrador, poeta y pintor. “¿Si nos amamos a nosotros mismos, amamos en nosotros el ser de los otros? ¿Al amar a nuestros semejantes nos estamos amando a nosotros mismos? […] ¿Será Dios el aguafiestas eterno?” (105) En una historia así, no podía faltar el torturador, el que hace lo que hace y dice lo que dice, “¡Puercos que son estos miserables subversivos!”, y, aun así, se asquea con el vómito del torturado: “¡Miren que vomitarse delante de uno!” (106) Primero, los jóvenes recorrían la noche, orinaban en las terrazas de los potentados, decían discursos anarquistas en las esquinas y alborotaban a los perros guardianes. Primero cayó el Putangas, luego el Canga, que no se metía con nadie: “Diez puñaladas segaron su sonrisa constante”. Más tarde, no más luces de neón, ni meadas en las terrazas de los ‘duros’, ni cantos a la madrugada, ni piropos para las niñas ricas o para las pobres putas: “Nos quitaron el aroma y la magia de la noche”. […] “Hasta que de día empezaron también las muertes, las desapariciones, las ejecuciones”. (120) Hecho que confirma, el infierno es aquí y ahora: en contra suya solo quedan poesía, canto y esperanza: “Quieren sembrarnos en el miedo, […] silenciar nuestras palabras. […] instaurar las tinieblas. […] surgirá rozagante la canción de la vida / y el hombre, firme y radiante, / domeñará soledades y tristezas. (121) No olvidar que mandar a callar es mandar a matar: el tapabocas del virus/negocio es un símbolo cuya elocuencia no se puede negar.

Terrible, señala el narrador, que millones de humanos no saben quiénes son y viven apenas para “consumir, pedorrear, dormir, gritar, fornicar, agredir, insultar, acosar”. Solo ansían el placer animal, no el espiritual. Son esclavos que agradecen tanto los favores que ignoran lapidarse con el mismo látigo que reciben, roban los recursos del erario público, como los de la hemofilia o el PAE de los municipios: “Hienas humanas que no dudan para clavar las garras, para desnucar, para herir de muerte a la esperanza”. (129) Las que han inoculado el miedo en los humanos, para dominarlos y, claro, hacerlos serviles/obedientes: “Los humanos nos tenemos miedo. Desconfiamos todos de todos”. (130) No halla a Paola. Al poeta dipsómano lo decapitaron, junto con 20 más. A varias putas las quemaron vivas. Los asesinos juegan fútbol con las cabezas de sus víctimas: en Trujillo, Segovia, Remedios, El Salado, Macayepo, tantos lugares de Fosa Común. En síntesis, la lujuria tiene el rostro de la muerte: “Te sacarán los ojos, nene hermoso”. (133) En un noticiero, periodistas “piden a Dios” larga vida para el magnánimo que con mano dura y “seguriDAS democrática” dirige al ex país.

En conclusión, me hubiera gustado escribir esta novela. Por momentos siento que así fue. Mucho tiempo sentiré nostalgia, melancolía e incluso tristeza de no haberlo hecho. No importa: a veces, una buena lectura es una buena escritura. Apuntes Anónimos es un alegato a nombre de la Humanidad: de ahí, quizás, el título. No hay en él pretensiones altisonantes. Un Nuda Veritas, de Klimt, con pincel de letras. (11) Declaración de principios que trasciende lo personal para llegar a lo ecuménico: como quien elabora una nueva racionalidad, para el caso no solo económica sino narrativa, cooperativa: no capitalista. La rebelión debe llevar al poder. La dignidad, factor clave para poder hacer conciencia de la existencia. Ahí radica la fuerza individual de los llamados, por los que se creen poderosos y disponen de la vida de los demás, como hombres débiles. Como E. Balder, quien, en El amor brujo, de Arlt, dice: “Mi propósito es evidenciar de qué manera busqué el conocimiento a través de una avalancha de tinieblas y mi propia potencia en la infinita debilidad que me acompañó hora tras hora”.

El mensaje ulterior a los jóvenes en Apuntes Anónimos permite inferir que nuestro entusiasmo solo es posible gracias a la vida: es decir, solo la vida merece nuestro entusiasmo. Al final, queda claro que escribir es un acto de libertad y que se debe escribir como necesidad de expresión, no tanto (aunque también) para ganarse la vida. Y que el lenguaje es un sucedáneo del movimiento, además de la forma más eficaz de hacer memoria. Sin olvidar, claro, que, si bien toda ficción es memoria, toda memoria no puede ser sino ficción, dado que los hechos siempre estarán intervenidos por la nostalgia o el olvido, principales enemigos de la memoria. La que a Verbel le ha servido para hacer una inmersión a fondo, con belleza y no sin riesgos, en un país alguna vez llamado Colombia y que ahora apenas merece llamarse Fosa Común.

A mi adorado hijo Santiago, que sabe de qué hablo y de qué va la vida en esta fosa de muerte.

A los 12 niños de Calamar, Guaviare, que el ministrico Molano les llamó “máquinas de guerra”.

A Ignacio Verbel Vergara, por no dar lugar a equívocos en la factura de un arte que sacude e inquieta.

Notas:

(1) VERBEL V., Ignacio. Apuntes Anónimos. Torcaza Editorial, Sincelejo, Colombia, 2020, 137 pp.

(2) LUKÁCS, György. Teoría de la novela. Ediciones Godot, Bs. Aires, 2010: pp. 22-23.

(3)http://www.trabajosocial.unlp.edu.ar/uploads/docs/morin___introduccion_al_pensamiento_complejo.pdf

(4) KARO A., Oswaldo. Nos dejaron morir. Torcaza Editorial, Sincelejo, Colombia, 2020, 158 pp.: 22.

(5) XINGJIAN, Gao. El libro de un hombre solo. Planeta, Barcelona, 2003, 540 pp.: 357.

(6)https://www.pagina12.com.ar/326675-el-ministerio-de-la-soledad-japones?utm_medium=Echobox&utm_source=Facebook&fbclid=IwAR15Uw3koNHzxdGIfJpJVouR5-h_lg2Z254DMTiGwMju9hj3YfMFDP41VeA#Echobox=1614781198

(7) CAMUS, Albert. La caída. Losada, Bs. Aires, 1977, 115 pp.: 37-41-46; p. 37: “como el aire puro”.

(8) https://rebelion.org/entre-la-soledad-y-el-silencio/

(9) ACHEBE, Chinua. Trilogía africana – Todo se desmorona – Me alegraría de otra muerte – La flecha del dios.Debols!llo (sic), Bogotá, 2015, 703 pp.: 13-14.

(10) https://www.elespectador.com/noticias/cultura/nazim-hikmet-prohibido-hablar-con-otro-que-no-sea-yo/

(11) La frase de Leopold Schefer (1784-1862) que encabeza la primera versión de ‘Nuda Veritas’, dice: “La verdad es fuego y hablar de verdad significa iluminar y quemar”. Nuda Veritas = Verdad desnuda.

* (Bogotá, Colombia, 1957) Padre de Santiago & Valentina. Escritor, periodista, crítico literario, de cine y de jazz, catedrático, conferencista, corrector de estilo, traductor y, por encima de todo, lector. Colaborador de El Magazín de EE, 2012, y columnista, 23/mar/2018. Su libro Ocho minutos y otros cuentos, Colección 50 libros de Cuento Colombiano Contemporáneo, fue lanzado en la XXX FILBO (Pijao Eds., 2017). Mención de Honor por Martin Luther King: Todo cambio personal/interior hace progresar al mundo, en el XV Premio Int. de Ensayo Pensar a Contracorriente, La Habana, Cuba (2018). Siete ensayos sobre los imperialismos – Literatura y biopolítica, en coautoría con Luís E. Soares, fue publicado por UFES, Vitória (Edufes, 2020). El libro El estatuto (contra)colonial de la Humanidad, producto del III Congreso Int. Literatura y Revolución fue lanzado por UFES, el 20/feb/2021. Autor, traductor y coautor, con Luis E. Soares, en portal Rebelión. E-mail: lucasmusar@yahoo.com

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