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El movimiento antirracista y la lucha por la organización sindical en Amazon

La batalla en Alabama


Do Rebelión, 30 de Março 2021
Por Tatiana Cozzarelli
: Left Voice (EEUU) 



[Imagen: Trabajadores de paquetería en una nave de Amazon. Créditos: Left Voice]

La campaña de sindicalización de Amazon en Alabama revive la tradición sindical de la comunidad negra en el sur profundo de Estados Unidos.

Jeff Bezos es el hombre más rico del mundo. Podría pagar bonos de 105.000 dólares a cada uno de los 1.2 millones de empleados en Amazon y aun así seguir siendo igual de rico que antes de que comenzara la pandemia. Su riqueza la obtiene mediante la extracción de enormes niveles de plusvalía de la fuerza laboral en Amazon a través de un trabajo agotador, salarios bajos y mano de obra no sindicalizada. Los 5.800 trabajadores del Fulfillment Center (un depósito y centro de distribución) en Bessemer, Alabama, están tratando de hacer lo que ningún otro empleado estadounidense de Amazon pudo hacer: conquistar un sindicato. Esta campaña está siendo organizada casi en su totalidad por trabajadores negros en un estado republicano.

Amazon está poniendo toda la carne al asador contra la campaña de organización de sus trabajadores, desde la intimidación hasta un pago a sus trabajadores para que renuncien, a un sinfín de llamadas y mensajes de texto antisindicales. Tienen recursos casi ilimitados para esta pelea.

Esto es David contra el Goliat de Amazon. Y en esta historia, “David” está representado por miles de afroamericanos, mujeres en su mayoría.
Black Lives Matter

La pelea por la sindicalización es un producto directo del movimiento Black Lives Matter. El movimiento, conjuntamente con la devastación de la pandemia del coronavirus, puso al descubierto todas las injusticias del racismo capitalista. Aquellos que se movilizaron durante todo el verano (boreal) manifestaron en términos inequívocos que la comunidad negra merece algo mejor. Las vidas negras deberían importar. Pero no le importan a los policías que sistemáticamente aterrorizan y asesinan afroamericanos. Y las vidas negras tampoco le importan a Amazon. Claro, Amazon dice “Black Lives Matter”. Incluso hizo donaciones a la red global de Black Lives Matter, la cual fue sujeto de críticas por parte de grupos como BLM10 y Black Power (inicialmente BLM Inland Empire). Pero es solo un intento desesperado para tapar la negativa de Amazon a garantizar derechos básicos a sus trabajadores, muchos de los cuales son negros.

Con una combinación de represión y cooptación, las protestas de este verano fueron frenadas. Demócratas y Republicanos por igual gasearon, arrestaron y golpearon manifestantes mientras los Demócratas se adjudicaban representar al movimiento en las urnas. Joe Biden y Kamala Harris contuvieron las explosivas protestas y desviaron su energía hacia el apoyo electoral al Partido Demócrata; el cementerio de los movimientos sociales en acción. A pesar de su largo historial de políticas neoliberales y racistas, Joe Biden prometió ser un presidente pro-sindicatos y antirracista. Miles de trabajadores y oprimidos lo votaron con la esperanza de que Biden concediera al menos algunas reformas. Pero después de unas pocas semanas en la presidencia, Biden está dando marcha atrás en muchas de sus promesas. Él y el resto de los demócratas ni siquiera van a garantizar un mísero salario mínimo de 15 dólares, destacando una vez más que hacen promesas para suprimir movimientos pero no van a dudar en retractarse de ellas.

Casi habiendo abandonado las calles, el Black Lives Matter está quizás reemergiendo de otra forma, en la pelea por la sindicalización. Esto es así porque no hay límites reales entre la lucha obrera y los movimientos sociales. Los trabajadores negros en Bessemer fueron parte de la resistencia contra los capitalistas cuando inicio la pandemia y del Black Lives Matter.

Son parte de un largo legado de lucha sindical en Alabama donde se fusionaron las demandas del trabajo con las del movimiento por los derechos civiles. Este tipo de lucha sindical resalta que el racismo y la explotación están unidos en este sistema capitalista racista. Esta dialéctica existió en la historia de todo Estados Unidos, a pesar de los intentos capitalistas para cooptar los movimientos y detenerlos. La lucha por la sindicalización en Amazon tiene un inmenso potencial para abrir camino a más intentos de sindicalización y para una nueva era de militancia en los lugares de trabajo que conecte las luchas obreras al Black Lives Matter, así como a otras luchas de los oprimidos.
Amazon, el Goliat

Cuando el levantamiento Black Lives Matter en Estados Unidos comenzó a retroceder en agosto, los trabajadores de Amazon en Bessemer se acercaron al Sindicato de Tiendas Minoristas, Mayoristas y Grandes Almacenes (RWDSU por sus siglas en inglés). Ochenta y cinco por ciento son negros y muchas son mujeres. El 8 de febrero, los trabajadores y trabajadoras comenzaron a votar si unirse al sindicato RWDSU, el cual representa a 12.000 trabajadores avícolas en Alabama y 100.000 trabajadores a nivel nacional.

Amazon es el segundo empleador privado más grande del país, solo superado por Walmart. Su fuerza laboral se compone de un ejército de trabajadores de depósitos y técnicos, así como también repartidores, muchos de los cuales trabajan como “contratistas independientes”. Tal como explica el analista de negocios Scott Galloway, “Amazon está construyendo la infraestructura en logística más grande en la historia” [1]. Aun así, Amazon pagó menos del 3 % en impuestos federales.

Amazon y Apple son las dos primeras compañías en la historia en valer un billón de dólares. Como Kim Moody dice que “Jeff Bezos y su equipo de técnicos y analistas simplemente hicieron lo que los barones ladrones siempre hicieron: recaudar, gastar y a veces perder el dinero de otras personas, eludir impuestos, estafar a los proveedores y evitar los sindicatos” [2]. Y ahora, Bezos se convirtió en más que eso; es un beneficiario de la pandemia, haciendo una fortuna con la crisis mundial sin precedentes. Solo en 2020, Bezos tuvo $70.000 millones en ganancias. Como resultado del aluvión de mala prensa, Bezos anunció recientemente que dará un paso al costado en su papel de CEO, aunque va a continuar jugando un rol en la compañía.

El ascenso de Amazon es un producto de la era neoliberal, caracterizada por las cadenas globales de producción construidas bajo un creciente “libre” comercio que facilitó el movimiento de commodities producidas por trabajadores sobreexplotados del “Sur Global” y en empresas sin sindicatos de los Estados Unidos. Esta era se caracterizó por brutales ataques al movimiento obrero organizado y una caída masiva en las tasas de sindicalización. Las corporaciones en los Estados Unidos aumentaron las tasas de explotación flexibilizando las condiciones de trabajo, generalizando los “contratistas independientes” (tercerización del trabajo) y girando a una gig economy, mientras que al mismo tiempo se reducían los impuestos a los grandes capitalistas. Estas políticas neoliberales antiobreras, fueron llevadas adelante por demócratas y republicanos por igual durante décadas. Este modelo económico está en crisis desde 2008, con una recuperación parcial que fue destruida por la pandemia. Esta pandemia solo profundizó la “Amazonificación” de la economía.

Amazon lleva años compitiendo contra Walmart para tener el puesto N.°1 como la empresa principal en el Fortune 500. Alimahomed-Wilson, Allison, y Reese dicen que estamos entrando en una era de “capitalismo amazoniano” que se basa en las políticas neoliberales de las últimas décadas para poder crear Goliats como Amazon. No solo Amazon creció exponencialmente, sino que además “impulsó muchas características novedosas que animan la economía mundial actual” [3], incluyendo el consumismo online y la entrega en el día de muchos productos. Tal como ellos explican, Amazon hace que algunas tendencias globales se hagan visibles: monopolización, crecimiento del comercio online, quiebra de comercios tradicionales y aumento de la importancia del sector logístico. Amazon es brutalmente exitoso porque perfeccionó lo que se conoce como “Lean Production”, usando tecnología para imponer un ritmo agotador a una fuerza laboral relativamente pequeña de trabajadores. La empresa atomizó la fuerza laboral, incluyendo trabajadores de depósito y subcontratados de reparto, quienes lentamente reemplazan al Servicio Postal de los Estados Unidos (USPS por sus siglas en inglés) sindicalizado. Como el USPS está sistemáticamente subfinanciado, Amazon acapara más y más trabajo, desplazando al correo tradicional. Los trabajadores negros son los más afectados, ya que están representados desproporcionadamente entre los puestos de trabajo sindicalizados del USPS y los trabajos no sindicalizados de Amazon.

Las tasas de sindicalización cayeron exponencialmente a lo largo de la era neoliberal. En 1994 cuando se creó Amazon, el 10,9% de los empleados privados y el 15.5 % de todos los trabajadores estaban sindicalizados. En 2020, el número decayó a 6.3 % y 10.8 %, respectivamente. Además, desde el 2000 hasta el 2020 la tasa sindicalización de trabajadores de transporte y de depósito cayó de un 25.7 % a un 17 %. Eso se debe en parte al crecimiento de Amazon. Y esta tendencia va a continuar, dado que Amazon está en camino a convertirse el empleador más grande del país. Los trabajos en la empresa aumentaron un 50 % durante el último año y medio.

La “Amazonificación” resalta la contradicción esencial del capitalismo en 2021: enormes riquezas y bajos impuestos para las corporaciones; el uso de tecnología de punta en robótica y vigilancia para supervisar a los trabajadores; y la explotación y deshumanización de los empleados. No es que Amazon sea la manzana podrida, es que esta es otra iteración del capitalismo. Pero centralizando miles de trabajadores y generando tanta ganancia, Amazon también centralizó bronca y descontento. Después de la pandemia y del movimiento BLM, está todo maduro para la organización y la lucha.
Condiciones inhumanas de trabajo

La plusvalía creada por los trabajadores de Amazon la utilizó Bezos para hacerse rico más allá de la imaginación. Marx explica que la ganancia capitalista se obtiene de la extracción de plusvalía: lo que el patrón se queda del tiempo de trabajo no pagado en la jornada diaria. Es esencialmente la ganancia que los patrones hacen a costa del trabajo obrero.

Corporaciones como Amazon se enriquecieron extrayendo altas tasas de plusvalía de sus trabajadores a cada paso. Como explica Kim Moody, “la interacción de la infraestructura de Amazon, la velocidad con la cual los bienes de mueven a través de ella, y la tasa en la cual los trabajadores producen este valor (su nivel de explotación) está en el corazón de los esfuerzos constantes de la compañía de aumentar la intensidad de trabajo y bajar el costo de este labor” [4].

Como lo marca Moody, mientras los trabajadores de depósito de Amazon no necesariamente producen mercancías, están creando plusvalor, y son parte de la redistribución de la plusvalía creada en el capital productivo. Desde el punto de vista de la creación del valor, volumen 2 de El capital, Marx es muy claro: “el capital productivo invertido en esta industria [transporte] agrega valor a los productos transportados, en parte a través del valor añadido por el trabajo de transporte”. En otras palabras Marx creía que el trabajo en la “industria del transporte” producía plusvalía. En la época del imperialismo, tal como elaboró Lenin, el capital comercial y financiero se combinan, creando monopolios como Amazon y Walmart. Estos monopolios influencian las cadenas de valor y a veces controlan el capital industrial en sí mismo, engullendo y redistribuyendo la plusvalía creada en la producción. Entonces, los trabajadores de Amazon producen plusvalía directa e indirectamente; forman parte de la distribución del plusvalor. En otras palabras, el trabajo extenuante de estos trabajadores es fuente de la riqueza extraordinaria para Bezos y más ampliamente, Amazon.

Los empleados de depósito en Amazon sufren condiciones inhumanas y aborrecibles de trabajo. Amazon impone métodos tayloristas con un giro del siglo XXI: ahora no son principalmente capataces supervisando trabajadores, sino que lo hace un intrincado sistema de vigilancia que haría sonrojar al Gran Hermano. Amazon rastrea automáticamente la productividad de cada trabajador y genera advertencias sin la intervención de ningún supervisor, por ejemplo, si alguien pasa mucho tiempo en el baño. A los trabajadores se les asigna solo una mínima cantidad de “tiempo libre de tareas” (TOT), un período en el que no están escaneando paquetes mecánicamente. Se realiza un seguimiento de cada movimiento y los trabajadores que caen por debajo de “un umbral de productividad” son disciplinados o despedidos. Basándonos en una instalación de Baltimore, podemos estimar que los depósitos de Amazon despiden hasta el 10 % de su fuerza laboral por año.

Como resultado, Amazon tiene una tasa de lesiones graves del 7.7 %, que es aproximadamente el doble de la media más reciente del sector (que ya es bastante alta). Ya que Amazon presiona fuertemente para mantener estos ritmos de trabajo, los trabajadores a menudo no pueden usar el baño. No tienen tiempo de atravesar un almacén enorme –a veces del tamaño de 17 canchas de fútbol– y volver a sus puestos. En consecuencia, a veces tienen que orinar en botellas para poder mantener sus puestos de trabajo. Jennifer Bates, una trabajadora de Amazon, lo explica:

Mis compañeros de trabajo y yo –de todas las edades– cojeamos de tanto subir y bajar las escaleras del edificio de cuatro plantas. Una vez pregunté: “Bueno, ahí mismo hay un ascensor. ¿Por qué no podemos usarlo?”. Mis compañeros respondieron: “nos dijeron que no podíamos”. Podíamos poner los productos en los ascensores y subirlos, pero luego teníamos que subir por las escaleras. Es como si estuviera diseñado para castigarnos por alguna razón.

Es una reminiscencia de las otrora “entradas de servicio” para los trabajadores domésticos negros en la era de las leyes racistas “Jim Crow”.

Además, los trabajadores de Amazon se jugaron la vida en medio de una pandemia mortal. Son esenciales: se aseguraron de que la gente recibiera los EPP (Equipos de protección personal) y las recetas, así como los envíos para actividades de ocio que también eran esenciales en cuarentena. Mientras Bezos y otros capitalistas lanzaban loas a los héroes de primera línea, las condiciones en los almacenes de Amazon solo empeoraron durante la pandemia. Al principio, hubo poco o ningún distanciamiento social. Los trabajadores de Amazon recibían una mísera de paga por riesgo de 2 dólares por hora al principio de la pandemia, pero se terminó en junio de 2020, cuando muchos estados aún no habían alcanzado su pico de casos de COVID. Casi 20.000 trabajadores de Amazon en los Estados Unidos se contagiaron de COVID-19, y Amazon ha admitido que al menos 10 personas han muerto. Como dice Bates:

Incluso con la COVID-19, nos dijeron que nos avisarían si habíamos estado en contacto cercano con alguien que tuviera el virus. Pero sabemos con certeza que hemos trabajado junto a personas que tenían COVID y no se nos avisó.

Como resultado de estas condiciones, hubo una serie de paros durante el verano. Los trabajadores que se quejaron y organizaron acciones, como Chris Smalls de Nueva York, fueron despedidos. Un memorándum filtrado del consejo general de Amazon decía que Smalls “no era inteligente, ni elocuente”, un mensaje implícitamente racista. Podemos ver cómo el racismo es una parte necesaria de las políticas antisindicales de Amazon.
Intimidación anti-sindical

Amazon ha contratado a analistas de inteligencia para seguir las “amenazas de organización sindical” y ha espiado las interacciones de los empleados en grupos cerrados de Facebook. Han despedido a “alborotadores” como Chris Smalls y a innumerables personas cuyos nombres desconocemos. En 2014, un pequeño grupo de trabajadores técnicos de Amazon intentó unirse a la Asociación Internacional de Maquinistas y Trabajadores Aeroespaciales. Aunque más de la mitad había firmado inicialmente documentos en los que se declaraba que se uniría al sindicato, Amazon se dedicó a todo tipo de mentiras y maquinaciones que finalmente hicieron que el sindicato fuera rechazado.

Del mismo modo, en Bessemer, Amazon ha hecho todo lo posible para frustrar el esfuerzo de sindicalización, incluyendo todo tipo de amenazas de despido, llamadas telefónicas a los trabajadores, reuniones antisindicales y un sitio web anti-sindical muy ridículo con un perro como DJ. Mientras Amazon llena los baños de propaganda antisindical, los organizadores sindicales se ven obligados a reunirse con los trabajadores fuera de la propiedad. Amazon solicitó con éxito a la ciudad que cambiara el tiempo de duración del alto en los semáforos para que los organizadores y activistas tuvieran menos tiempo para hablarles a los trabajadores en sus coches. Amazon le paga a consultoras casi $10.000 al día para frenar el esfuerzo de sindicalización.

Incluso sin estas maniobras antisindicales, las leyes están en contra de los trabajadores. En primer lugar, los trabajadores tienen que ratificar el sindicato dos veces: la primera vez, firmando con sus compañeros de trabajo para una petición sindical, y luego, semanas más tarde, consiguiendo que los trabajadores certifiquen el sindicato. El largo periodo de tiempo que transcurre entre el momento en que se hace pública la petición y la ratificación del sindicato da a los empresarios mucho tiempo para interferir en el proceso y contratar a estudios de abogados especializados en la destrucción de sindicatos. Las represalias, la extorsión y la intimidación son habituales, pero el enorme lapso de tiempo que transcurre entre el registro de una queja y la obtención de una respuesta de la Junta Nacional de Relaciones Laborales (NLRB) [5] –de siete a catorce semanas– significa que los trabajadores disponen de pocos recursos legales. Es muy común que los sindicatos tengan un apoyo abrumador antes de salir a la luz, pero que luego sean derrotados en la votación de certificación. En más del 40 % de los casos, la NLRB acusa a los empresarios de prácticas laborales desleales. A los empresarios no les importa. La NLRB no puede obligarlos a pagar daños y perjuicios, más allá de los salarios atrasados y la reincorporación. Para los empresarios vale la pena ese esfuerzo antisindical.

La mayoría de los países europeos permiten la negociación sectorial, en la que se establecen convenios que abarcan sectores enteros y no centros de trabajo individuales. En Estados Unidos solo se permite la negociación a nivel de empresa, lo que significa que los sindicatos deben organizarse de lugar de trabajo en lugar de trabajo. Esto está diseñado para que se enfrenten compañías enormes contra grupos de trabajadores atomizados.

Por otro lado, el sindicato de Amazon ha tenido cierto apoyo. La Asociación de Jugadores de la Liga Nacional de Fútbol Americano, que representa a más de 2.000 jugadores de la NFL en Estados Unidos, publicó un vídeo de apoyo, y la Asociación de Jugadores de las Grandes Ligas de Béisbol también emitió un comunicado. Los trabajadores de la industria avícola se apostaron frente a Amazon para hablar con los trabajadores sobre la sindicalización y sindicatos como National Nurses United que agrupa enfermeras y enfermeros también han expresado su apoyo. En el último mes ha habido pequeñas acciones de solidaridad en todo el país. Políticos como Alexandria Ocasio Cortez, Bernie Sanders e Ilhan Omar enviaron videos en apoyo.

Casi tres semanas después de que los trabajadores de Amazon empezaran a votar y ante la creciente presión de los sindicatos, Joe Biden envió un vídeo en el que condenaba la intimidación y apoyaba el derecho de los trabajadores a afiliarse a un sindicato. Sin embargo, no exigió ningún castigo por la intimidación descaradamente ilegal. Esto contrasta fuertemente con el duro lenguaje que Biden utilizó para condenar y exigir la persecución de los manifestantes del BLM, mientras los policías de las ciudades con alcaldes demócratas encarcelaban, golpeaban y gaseaban a los manifestantes. Además, se negó a pronunciarse a favor de la Ley PRO [6], que había sido una promesa su campaña. La Ley PRO promete terminar con una serie de leyes antisindicales, prohibir las reuniones utilizadas por las empresas para amedrentar a los trabajadores y aumentar las multas y sanciones para los empresarios que incumplan las leyes laborales. Biden celebró el esfuerzo del sindicato de Amazon pero no presentó ninguna propuesta concreta que ayudara realmente a los trabajadores a sindicarse. Como es típico de los demócratas, Biden utilizó una retórica florida para encubrir el hecho de que gobierna únicamente del lado de los capitalistas.
Un empuje para conquistar el sindicato

Durante la pandemia, muchos trabajadores se dieron cuenta de lo esenciales que son. Como resultado, se produjeron pequeñas movilizaciones y paros en todo el país entre trabajadores de la sanidad, trabajadores de tiendas de comestibles, profesores y otros. La comprensión de su propia “esencialidad” llevó a una huelga en el mercado de Hunts Point de Nueva York, el mayor mercado mayorista del país. Marcos, un trabajador de Hunts Point, resumió el sentimiento: “Muchos de mis compañeros murieron conmigo aquí [en el trabajo]. Mantuvimos este lugar abierto. […] Mientras los jefes estaban en casa, yo estaba aquí trabajando para ellos. Tenían dinero, tenían millones. No lo compartieron con nosotros. Nos merecemos más”. El esfuerzo de sindicalización de Amazon es parte del mismo sentimiento entre la clase trabajadora.

La pandemia afectó de manera diferente a los distintos grupos étnicos y clases sociales, con los trabajadores esenciales afroamericanos y latinos puestos en primera línea para morir. Como resultado, los negros son hospitalizados a un ritmo tres veces mayor que los blancos y mueren al doble. Esto ayudó a alimentar la explosión del movimiento Black Lives Matter.

Se calcula que el movimiento del verano pasado contra la violencia policial racista fue el mayor de la historia de Estados Unidos. Aunque la mayoría de las personas que se movilizaron eran trabajadores, el movimiento obrero solo organizó unas pocas acciones. En junio, el sindicato de trabajadores portuarios y de almacenes ILWU cerró todos los puertos de la Costa Oeste. En julio, la Unión Internacional de Empleados de Servicios (SEIU) organizó una jornada de huelga, que consistió principalmente en pequeñas protestas. Fueron actos importantes de solidaridad, pero muy lejos de las huelgas y movilizaciones que deberían haberse convocado para protestar contra la violencia policial. Sin embargo, incluso estas pequeñas acciones, incluidas las de los trabajadores de Amazon, establecieron conexiones clave con el lugar de trabajo. Pero los trabajadores también encontraron formas de expresar su solidaridad a pequeña escala, como los conductores de autobús que se negaron a transportar a los manifestantes de BLM detenidos en San Francisco, Nueva York y Minneapolis. Estas son pequeñas expresiones de trabajadores que formaban parte del movimiento, pero que no se organizaron en sus lugares de trabajo a causa de la dirección de los burócratas sindicales.

No es exagerado decir que el actual esfuerzo de sindicalización de Amazon es un producto del movimiento Black Lives Matter. Según el Wall Street Journal, “algunos de los trabajadores [de Bessemer] participaron en el movimiento Black Lives Matter durante el año pasado y se acercaron a este sindicato porque estaban cansados de lidiar con la naturaleza agotadora de su trabajo. Hay un clima político exacerbado”. La energía, el desafío, la conclusión política de que, para que las vidas negras importen, hay que luchar, todo ello condujo directamente a la campaña de sindicalización. Después de todo, ¿cómo se puede decir Black Lives Matter y luego ir a trabajar y ver a una fuerza laboral mayoritariamente negra sufrir condiciones inhumanas sin conectar ambas situaciones?

Bloomberg informó que la campaña sindical fue el resultado de “la creciente aceptación de que el racismo sistémico ha perjudicado las perspectivas económicas de las minorías raciales”. La creciente comprensión de que el racismo es sistémico, no solo interpersonal, también alentó a los trabajadores negros a mirar hacia arriba, a mirar de quién es la rodilla que les aprieta el cuello. Son los policías, son los demócratas y los republicanos, y también los patrones.

En las experiencias reales de los trabajadores oprimidos, no hay una delimitación arbitraria entre estar oprimido como negro, inmigrante o mujer, y ser explotado como trabajador. La vida de los negros debe importar tanto cuando alguien camina por la calle como cuando trabaja en un centro de distribución. Por eso los movimientos de masas como Black Lives Matter tienen el poder de activar el movimiento obrero.
Sindicalismo en Alabama

La ciudad de Bessemer tiene 27.000 habitantes y es un 71 % negra. Tiene una tasa de pobreza del 28 %, más del doble de la tasa nacional del 10 %. Estas cifras ponen de manifiesto cómo las ciudades negras como Bessemer se han empobrecido profundamente durante la era neoliberal. Jordyn Holman y Spencer Spoer explican que Bessemer “fue una vez una próspera ciudad siderúrgica y un centro de fabricación. Durante gran parte del siglo XX, U.S. Steel y el fabricante de vagones Pullman-Standard emplearon a miles de lugareños, catapultándolos a la clase media”. Pero la manufactura empezó a marcharse en la década de 1970, y Pullman-Standard cerró en 1981. Como resultado, el desempleo subió al 35 % y mucha gente abandonó la ciudad. Se dejó atrás una comunidad predominantemente negra.

Todavía hay algunas industrias, como las plantas avícolas, en las que los trabajadores están organizados en el RWDSU. La gente todavía entiende que los sindicatos proporcionan puestos de trabajo con mayores ingresos. De hecho, en un intento por detener el esfuerzo de sindicalización, Amazon dijo a sus trabajadores que tenían suerte si ganaban 15 dólares la hora. Pero algunos respondieron que los trabajadores avícolas cercanos ganan más de 15 dólares, lo que pone de manifiesto las ventajas de tener un sindicato.

El almacén de Amazon se inauguró hace aproximadamente un año y recibió $41.7 millones en exenciones fiscales para abrir. El esfuerzo de sindicalización comenzó poco después. La escritora y activista Keeanga-Yamahtta Taylor señala correctamente que “el movimiento Black Lives Matter tiene el potencial de establecer conexiones profundas y crear relaciones con los trabajadores organizados. Los trabajadores negros siguen estando sindicalizados en mayor proporción que los blancos. La razón es sencilla: los trabajadores negros sindicalizados ganan mucho más de lo que ganan los trabajadores negros no sindicalizados, en salario y beneficios” [7]. Como resultado, los afroamericanos ven a los sindicatos de manera significativamente más favorable que otros grupos. Esto se debe en parte a que los sindicatos han desempeñado un papel central en la historia de la lucha de la comunidad. Alabama, en particular, tiene una poderosa historia de sindicatos interraciales.

Si se consultan los libros de historia, Alabama es más conocida por su dura oposición a la integración. Hoy, Alabama es uno de los estados más rojos [8] del país y tiene una tasa de sindicalización del 8 %. Esta cifra es un 3 % inferior a la media nacional, ya de por sí muy baja. Alabama fue uno de los primeros estados en adoptar una ley antisindical de “derecho al trabajo”; estaba en vigor desde 1953.

A primera vista, puede parecer un lugar extraño para tener el primer impulso fuerte para sindicalizar un almacén de Amazon. Pero el libro de Michael Goldfield The Southern Key hace referencia al “excepcionalismo de Alabama” en los años 30 y 40: Alabama era muy diferente del resto de los estados dixiecrat [9]. ¿Por qué? Porque tiene una profunda historia de sindicatos fuertes. El almacén de Amazon en Bessemer se encuentra en realidad en un terreno que antes era propiedad de U.S. Steel, donde los trabajadores formaban parte de United Steelworkers.

El término utilizado por el historiador Robert Kornstad, “sindicalismo de derechos civiles”, es apropiado: sindicalismo organizado por personas negras que lucharon no solo por la sindicalización y los derechos laborales, sino también por reivindicaciones de la comunidad negra como el derecho al voto, contra la violencia supremacista blanca y vinculando activamente los derechos civiles y los derechos laborales. Las tendencias hacia el “sindicalismo de derechos civiles” tenían poderosos enemigos, entre ellos el gobierno, la patronal y el KKK, que se empleó para aterrorizar y aplastar el sindicalismo interracial. Aunque los líderes sindicales vinculados a los capitalistas y la política de colaboración de clases del Partido Comunista de finales de los años 20 en adelante limitaron el movimiento desde dentro, vale la pena recordar y aprender de las luchas de las bases.

A principios del siglo XX, la Unión de Trabajadores Mineros (UMW) había organizado a cerca del 65 % de los mineros de Alabama, negros y blancos juntos. Era un sindicato interracial en plena época de Jim Crow. La UMW no estaba exenta del racismo generalizado de la época, pero también tenía tendencias muy progresistas hacia la unidad interracial contra la patronal. Por ejemplo, los trabajadores negros fueron elegidos líderes de los locales mineros. En un logro asombroso, en el Distrito 20 de Alabama, los trabajadores obligaron a la patronal a poner fin a las diferencias salariales entre los trabajadores negros y los blancos y forzaron a Birmingham a permitir salas sindicales integradas para las reuniones. Como ha ocurrido a lo largo de la historia, el gobierno utilizó una combinación de racismo y represión para aplastar el sindicalismo interracial en Alabama. El resultado fue un descenso de los trabajadores sindicados.

A finales de la década de 1920, los mineros del carbón volvieron a desempeñar un papel central en el movimiento obrero del Sur. Ayudaron a organizar a los trabajadores en Alabama, incluyendo a los trabajadores de la madera, las lavanderas, los predicadores, los maestros de escuela y otros. Prestaron un apoyo activo al Sindicato de Agricultores, que organizó a los aparceros y arrendatarios negros y blancos. Como resultado, Alabama se convirtió en el estado más sindicalizado del Sur.

El quid del sindicalismo por los derechos civiles es ir más allá de organizarse en un sindicato, y los mineros del carbón en los años 20 y 30 justo hicieron eso. Como lo explica Goldfield:

Organizaron grupos de trabajadores blancos y negros para ir juntos a registrarse para votar. A menudo pagaban los impuestos electorales de los trabajadores blancos y negros. Decían que “si estás en el Ku Klux Klan, eso es incompatible con ser miembro del sindicato y te expulsamos”. Así que si estabas en Birmingham, o en Bessemer, y estabas relacionado con el Klan, te sacaban.

Pero no solo los mineros desempeñaron un papel central en la lucha de clases de Alabama. En 1933, el Sindicato Internacional de Trabajadores de Minas, Molinos y Fundiciones (también conocido como Sindicato de Mineros), un sindicato interracial organizado en gran parte gracias a los esfuerzos del Partido Comunista, se ocupó de cuestiones clave relacionadas con los derechos civiles. El historiador Robin D.G. Kelley escribe en Hammer and Hoe (martillo y azadón): “El predominio de trabajadores negros y los objetivos igualitarios del sindicato dieron al movimiento un aire de activismo por los derechos civiles”. Continúa explicando que “los trabajadores negros –muchos de los cuales habían adquirido experiencia en el movimiento de desempleados dirigido por los comunistas– ocupaban la mayoría de los puestos de liderazgo de nivel medio y bajo dentro del sindicato» [10].

Como resultado, Jamelle Bouie plantea que “durante la mayor parte de los siguientes 20 años, los trabajadores negros de Mine Mill lucharían contra el racismo y el capital en un impulso singular por la igualdad racial y la emancipación del trabajo, ninguna de las cuales podría existir sin la otra”.

La policía, la patronal y el KKK acabaron por debilitar a estos combativos sindicatos en la era McCarthy mediante la represión, el racismo y el anticomunismo. Pero los trabajadores negros que se habían radicalizado gracias a Mine Mill y al esfuerzo de la UMW se unieron a la NAACP [11] y comenzaron a desempeñar un papel en el movimiento por los derechos civiles.

Estos ejemplos históricos son importantes. Por un lado, apuntan a una profunda tradición sindical en Alabama, que sin duda muchos nativos de Bessemer tienen en cuenta en su trabajo de organización. Por otro lado, apuntan a una tradición de “sindicalismo por los derechos civiles” planteada por los trabajadores negros en los sindicatos, utilizando el sindicato para luchar por las reivindicaciones laborales así como por las demandas de igualdad, tanto dentro como fuera del trabajo.

Tal vez no sea de extrañar, entonces, que esta lucha histórica esté ocurriendo en un estado rojo con una fuerte historia laboral; después de todo, la ola de huelgas de maestros comenzó en un estado rojo con una fuerte historia laboral también. La profesora de Virginia de Oeste, Katie Endicott, dijo: “En nuestras comunidades cercanas sabemos cómo resistir con valor porque hemos visto a nuestros padres, abuelos y bisabuelos resistir en los piquetes. La voluntad de resistir forma parte de nuestro ADN. Está en nuestra propia sangre” [12].
Sindicatos para la lucha de clases en el siglo XXI

Los trabajadores negros de Amazon se están sindicalizando porque el movimiento BLM creó una creciente conciencia de lo fundamental y profundamente racista que es Estados Unidos, y de que ese racismo es estructural.

Pero un sindicato es solo un paso en la lucha contra el capitalismo racista. Una vez que los trabajadores tienen un sindicato, ese sindicato debe ser una herramienta de lucha, retomando los mejores elementos del legado del UMW y del Sindicato de Mineros. Los sindicatos pueden ser armas para el movimiento Black Lives Matter y otros movimientos sociales. En otras palabras, pueden reforzar la lucha contra la brutalidad policial y el racismo estructural utilizando su posición estratégica en la economía. Pueden permitirnos no solo cortar rutas sino también afectar la ganancia capitalista en defensa de las vidas negras y los derechos de todos los oprimidos. Como Julia Wallace explicó recientemente en un foro: “¿qué pasaría si cada vez que la policía nos asesinara, nos negáramos a trabajar? Nosotros somos los que dirigimos la sociedad”. Es importante que el futuro sindicato de Amazon –y todos los sindicatos– actúen en interés de todos los trabajadores, luchando no solo por sus propios miembros sino contra toda forma de opresión.

Sin embargo, la mayoría de los sindicatos no funcionan así. Suelen estar dirigidos desde arriba por la burocracia sindical y se niegan a luchar incluso por las reivindicaciones de sus propios trabajadores. Por ejemplo, el RWDSU representa a los trabajadores de servicios que han estado en primera línea de la pandemia, muchos de los cuales han enfermado o incluso han muerto. Sin embargo, la dirección no ha convocado a ninguna huelga ni se ha manifestado para proteger la vida de los trabajadores. Como lo explica Jason Koslowski, “Cuando la crisis comenzó a golpear el pasado mes de marzo, el presidente de la RWDSU, Stuart Applebaum, escribió una carta abierta para el Daily News de Nueva York pidiendo más seguridad en el lugar de trabajo, pero no dijo ni una palabra sobre cómo los trabajadores podrían ganar esa seguridad, aparte de pedirla a los empresarios amablemente”. El boletín del sindicato habla mucho de la “presión pública” sobre la patronal, no de cómo obligar a la patronal a plegarse a la voluntad de los trabajadores mediante acciones laborales militantes. Asimismo, no han organizado ninguna acción masiva real en solidaridad con el esfuerzo de sindicalización de Amazon.

En lugar de eso, la dirección del RWDSU tiene la misma estrategia que la mayoría de los demás sindicatos: pedir a los patrones que se preocupen más por los trabajadores y se arrimen al Partido Demócrata, apoyando con entusiasmo a los candidatos demócratas y donando $108,000 al partido. Aunque Applebaum dice que la sindicalización de Amazon es una lucha por los derechos civiles, es partidario de “Jim Crow” Joe (Biden), quien se opuso a la integración en las escuelas. En ese sentido, Applebaum es un obstáculo directo al sindicalismo de derechos civiles y al poder del BLM dentro del sindicato. Como dice Trotsky, estos burócratas sindicales son los agentes de los capitalistas en las filas de los trabajadores. Applebaum es un ejemplo excelente: trata de desviar la fuerza del RWDSU al cementerio de los movimientos, diciendo implícitamente que el quid del poder obrero está en las urnas votando a los demócratas, no en nuestra capacidad de cerrar la producción.

Por lo tanto, es esencial que los trabajadores de base luchen contra los burócratas sindicales y su sumisión al Partido Demócrata; los trabajadores deben organizarse y luchar por sindicatos fuertes y combativos. Los trabajadores de Amazon podrían construir un tipo de sindicato diferente, retomando el legado radical del sindicalismo de Alabama y la energía radical del movimiento BLM. Para que el sindicato de Amazon luche contra la presión de convertirse en una herramienta de campaña para los demócratas, los trabajadores de Amazon tendrán que tomar el sindicato en sus propias manos. Tendrán que organizar democráticamente el sindicato en el lugar de trabajo, con asambleas de base para debatir y tomar decisiones. En este sentido, conquistar un sindicato es ganar una herramienta, una que los trabajadores de base pueden manejar, o una que puede ser bastante neutralizada por una burocracia de arriba hacia abajo.
Un motor de arranque

Creo que esto será como un motor de arranque para muchas empresas. Algunas personas han dicho: “Todos ustedes en Amazon nos han dado aliento de que ahora podemos hablar y alguien nos escuchará”. Una vez que el sindicato sea reconocido, creo que realmente sentiremos el impacto. Pero ahora mismo, seguimos luchando.

La trabajadora de Amazon Jennifer Bates tiene razón. Todo el país está pendiente del esfuerzo de sindicalización de Amazon. Estos trabajadores negros podrían ayudar a inspirar una nueva ola de sindicalización, como lo han hecho los trabajadores negros a lo largo de la historia de Estados Unidos. Keeanga-Yamahtta Taylor sostiene que “los trabajadores blancos siempre han seguido el ejemplo de los trabajadores negros” [13].

Y no es de extrañar. El racismo anti-negro es fundacional para la estructura misma de Estados Unidos y ha sido sostenido por demócratas y republicanos por igual. Sigue proporcionando beneficios adicionales a los más ricos del país en el mundo, desde el trabajo semiesclavo en las cárceles, hasta el salario mínimo miserable, pasando por los trabajadores de Amazon a los que no se les da la dignidad básica de un descanso para ir al baño. Pero a lo largo de la historia de Estados Unidos, los movimientos obreros y antirracistas se han unido para luchar contra el racismo y la explotación capitalista.

En la era neoliberal del “capitalismo de Amazon”, el trabajo por encargo y una tendencia a la baja de la sindicalización y las leyes antisindicales del “derecho al trabajo”, necesitamos desesperadamente sindicatos que luchen. Esta lucha del almacén de Amazon, si tiene éxito, podría ser un trampolín para muchos otros.

Esta lucha, que difumina los límites entre la lucha contra el racismo y la lucha contra la explotación capitalista, podría ser un momento decisivo para la clase obrera en la era Biden. Podría ser un punto de inflexión para desarrollar un movimiento nacional que anule las leyes antisindicales y luche por la sindicalización de los trabajadores por turnos, los indocumentados y los desempleados, donde la comunidad negra y otras minorías raciales están sobrerrepresentadas. Puede ayudar a moldear un nuevo movimiento obrero militante que luche en el lugar de trabajo contra las condiciones inhumanas impuestas por la patronal y en las calles contra la violencia policial racista.

Un triunfo de los trabajadores de Amazon aumentaría la moral del movimiento BLM y de la clase obrera. Podría ayudar al movimiento negro y a la clase obrera a tomar conciencia de su propia fuerza, en lugar de poner sus esperanzas en el Partido Demócrata, que utiliza retórica progresista para mantener el control de los movimientos sociales y de la clase obrera organizada. Podría enseñar a la clase trabajadora a luchar contra todas las formas de opresión. Y podría servir como un ejemplo no solo nacional sino internacional, como un golpe contra los métodos antisindicales de Amazon en todo el mundo. Si te importan las vidas de los negros, apoya a los trabajadores de Bessemer.

Notas

[1] Scott Galloway, The Four: The Hidden DNA of Amazon, Apple, Facebook, and Google (London: Corgi Books, 2017), 41.
[2] Kim Moody, “Amazon: Context, Structure and Vulnerability,” en The Cost of Free Shipping: Amazon in the Global Economy, ed. Jake Alimahomed-Wilson and Ellen Reese (London: Pluto Press, 2020), 21.
[3] Jake Alimahomed-Wilson, Juliann Allison and Ellen Reese, “Introduction: Amazon Capitalism”, en Cost of Free Shipping, 17.
[4] Kim Moody, “Amazon: Context, Structure and Vulnerability”, ob. cit., 21.
[5] National Labor Relations Board (Junta Nacional de Relaciones Laborales), agencia federal del gobierno dedicada a la conciliación y arbitraje de conflictos obrero-patronales.
[6] Protecting the Right to Organize Act o “Ley para la protección del derecho a organizarse”, acortada a Ley PRO o PROAct.
[7] Keeanga-Yamahtta Taylor, From #BlackLivesMatter to Black Liberation (Chicago: Haymarket, 2016), 196.
[8] La distinción en Estados Unidos en las últimas décadas divide a los estados del país entre rojos, referentes a aquellos que votan al Partido Republicano, y azules, que votan al Partido Demócrata. La frase de que es “uno de los estados más rojos” hace alusión a que Alabama históricamente ha sido un bastión del Partido Republicano y con una fuerte historia de racismo, esclavitud, segregación racial y legislaciones anti-sindicales y anti-obreras.
[9] El término “Dixie” hace referencia a los estados del sur de Estados Unidos que estaban al sur de la línea de Mason-Dixon. La línea Mason-Dixon resolvió varias disputas fronterizas en Pennsylvania, Maryland, Delaware y la entonces Virginia (hoy en Virginia del Oeste); al estallar la guerra civil estadounidense, los estados que intentaron secesionarse estaban al sur de dicha línea y desde entonces se les llama “Dixie” o “Dixielandia”. Los “dixiecrats” eran una fracción dentro del Partido Demócrata, que brevemente fundaron en 1948 el Partido Demócrata de los Derechos de los Estados para oponerse a la eliminación de la segregación racial. Aunque luego volvieron al Partido Demócrata, a aquellos políticos demócratas del sur de Estados Unidos que apoyaban la segregación se les refería como “demócratas dixies” o “dixiecrats”.
[10] Robin D.G. Kelley, Hammer and Hoe (Chapel Hill: University of North Carolina Press, 2015).
[11] Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP por sus siglas en inglés), organización fundada en 1907 para luchar contra la segregación racial.
[12] Elizabeth Catte and Jessica Salfia, en 55 Strong, ed. Elizabeth Catte and Jessica Salfia (Cleveland: Belt Publishing, 2018), 23.
[13] Taylor, From #BlackLivesMatter to Black Liberation, 205.

Tatiana Cozzarelli es docente y actualmente estudia Educación Urbana en la CUNY.

Traducción: Izquierda Diario.

Fuente (de la traducción): http://www.izquierdadiario.es/La-batalla-en-Alabama-el-movimiento-antirracista-y-la-lucha-por-la-organizacion-sindical-en-Amazon#notes

Fuente (del original): https://www.leftvoice.org/battlefield-bessemer

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