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“La revolución y la lucha por los derechos de las mujeres saharauis no se pueden disociar”

Entrevista a la activista saharaui Jadiyetu El Mohtar Sidahmed



Do Rebelión, 26 de Fevereiro 2021
Por Leandro Albani
: La tinta [Foto: A/N]


La activista saharaui Jadiyetu El Mohtar Sidahmed habló con La tinta sobre la lucha de las mujeres del Sáhara Occidental, cruzada por el recrudecimiento de la guerra con Marruecos.

Profesora, periodista y representante del pueblo saharaui y del Frente Polisario (FP) en España, Jadiyetu El Mohtar Sidahmed nació en la ciudad de Villa Cisneros, en la provincia de Dajla, el 4 de febrero de 1959. La historia de Jadiyetu no es diferente a la de miles de mujeres saharauis que conocieron el exilio luego de la ocupación del Sáhara Occidental por parte del Reino de Marruecos, en 1975.

La vida de Jadiyetu, como la de la mayoría de sus compatriotas, está cruzada por un solo grito que demanda la libertad y la independencia del Sáhara Occidental, ese pueblo de África que fue traicionado por España y ocupado por Marruecos ante el silencio internacional. En la lucha por la defensa de los derechos de los saharauis, esta mujer de voz firme e ideas claras ocupó varios roles: entre 1978 y 1985, fue docente en la escuela Sidi Brahim Basiri, en la wilaya (provincia) de Auserd, ubicada en los campamentos de refugiados saharauis en Tinduf, al sur de Argelia. También fue la voz de la Radio Nacional de la República Árabe Saharaui Democrática, de noviembre 1975 hasta febrero 1977, que emitía sus programas en lengua castellana desde las zonas liberadas del Sáhara. Además, es integrante de la Unión Nacional de Mujeres Saharauis (UNMS) desde 1986.

En La tinta, dialogamos con Jaditeyu sobre la actualidad del Sáhara Occidental, que hace cuatro meses es escenario de una nueva guerra contra las fuerzas de ocupación marroquíes. El pueblo saharaui, olvidado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y reprimido por Marruecos, continúa su larga marcha por la libertad, como lo hacían sus antepasados detrás de las nubes del desierto en busca de agua. Una marcha que los hombres y las mujeres del Sáhara se niegan a detener.



—¿Qué rol juegan las mujeres saharauis en medio de esta reanudación de la guerra con Marruecos?

—El papel de las mujeres saharauis en el conflicto ha sido muy activo, colaborando con el movimiento de resistencia contra la colonización española y, posteriormente, cuando se constituye el Frente Polisario como movimiento de liberación, en 1973. Las mujeres tienen una presencia activa en el frente de batalla como en la retaguardia, organizando la resistencia en la clandestinidad y colaborando en labores de intendencia (administrativas), así como aportando económicamente a la compra de cualquier material que pueda ser útil a esa lucha de resistencia, como las banderas, los folios, el material para los panfletos para toda la población saharauis. Todo esto es en el marco de la sensibilización de la necesidad de la unidad nacional, así como la demanda a las autoridades españolas de la celebración de un referéndum que permita al pueblo saharaui manifestar su voluntad de ser un país independiente, al igual que el resto de los países africanos.

Además, las mujeres tuvieron un protagonismo muy importante en la construcción de los campamentos de refugiados, cuando España abandona el territorio y las fuerzas de ocupación marroquí llegan a las primeras ciudades y pueblos del Sáhara Occidental. La población saharaui huye del ejército marroquí, de la invasión, y van llegando a unos puntos hacia la frontera con Argelia, y allí las mujeres son las que realmente construyen esos asentamientos en el sur de Argelia. No ha sido una tarea fácil para las mujeres, porque es un desierto completamente inhóspito y hay que vivir de la ayuda humanitaria exterior. En ese momento, solo existía la población saharaui que llegaba exhausta, en un éxodo masivo, huyendo del ejército marroquí. En su mayoría, los hombres estaban en los frentes de batalla. Durante los 45 años que ya lleva el conflicto saharaui, son las mujeres las que realmente han creado estructuras políticas, económicas y sociales para una configuración administrativa que responde a la geografía del Sáhara ocupado. Las mujeres crearon estructuras para cubrir, en primer lugar, las necesidades de la población y, al mismo tiempo, vertebrar a la sociedad saharaui para crear la conciencia de un Estado independiente con todas sus instituciones.

Las mujeres, dentro de los campamentos, tuvieron que crear escuelas, guarderías, centros sanitarios, en un entorno inhóspito y desértico, dependiendo siempre de la ayuda humanitaria. Eso es una tarea bastante ardua y muy difícil, pero, aun así, las mujeres saharauis tuvieron ese papel importantísimo, porque es una responsabilidad pública la construcción de esas instituciones administrativas en los campamentos y, a su vez, es una cuestión inusual.

En todas partes del mundo, cuando vemos a los refugiados, observamos a gente desorganizada, que intenta sobrevivir, que solo busca la manera de comer y de salvarse, huyendo del miedo. El caso saharaui es singular, porque las mujeres crearon, en los campamentos, ciudades dentro del desierto, donde crían y educan a generaciones de jóvenes, hombres y mujeres, con una creatividad humana de supervivencia increíble y donde mantener la esperanza y progresar es el objetivo fundamental: crear un espacio de dignidad para una población de más de 200 mil refugiados que llegaron a ese sitio sin nada. En este papel que han jugado las mujeres saharauis, es importante destacar la importancia que ha tenido a la Unión Nacional de Mujeres Saharauis, que es una organización creada en 1974, con el objetivo de visibilizar la participación de las mujeres en la sociedad saharaui, y también para el empoderamiento de las mujeres en los diferentes ámbitos de la sociedad, tanto político, económico como cultural. Esta organización nace bajo el paraguas del Frente Polisario y, fruto de su trabajo, se alcanzó la presencia de las mujeres en todo el organigrama del Frente Polisario y también en el gobierno de la República Árabe Democrática Saharaui (RADS), que se proclamó en 1976.

La importancia de la UNMS es el enfoque que le ha dado a las políticas del Frente Polisario y de las autoridades saharauis para permitir el empoderamiento de las mujeres. El respeto y la participación de las mujeres saharauis es una excepción en un mundo árabe musulmán estereotipado desde Occidente, que, con su visión, muestra que las mujeres árabes y musulmanas son sumisas, no tienen derechos. Sin embargo, a través de la participación política que han tenido las mujeres saharauis en el conflicto, en toda la lucha de liberación ayer y hoy, se pudieron romper esos estereotipos y demostrar que las mujeres saharauis son una excepción en el mundo árabe musulmán por su participación, su libertad, su honor, su forma de estar presentes en todos los ámbitos de la sociedad. Y, sobre todo, por luchar, de manera paralela a la lucha de liberación, por los derechos de las mujeres, para que las mujeres sean ciudadanas de pleno derecho en un Estado saharaui independiente, una vez que se recupere la soberanía nacional del territorio.



—¿Cómo es la lucha de las mujeres saharauis en los territorios ocupados por Marruecos?

—No menos importante es el papel que desempeñan las saharauis en las zonas ocupadas. Como es sabido, el pueblo saharaui está dividido, no solamente por la guerra, sino también por un muro de 2.740 kilómetros que Marruecos ha construido para separar el territorio y ganarlo, porque lo considera útil y le interesa por los recursos naturales, aislando la otra parte desértica. Y, al mismo tiempo, para proteger a su ejército. La población que vive en esas zonas ocupadas por el ejército marroquí se tiene que vertebrar y organizar de una manera diferente a la de los campamentos, porque allí la población es minoritaria. La ocupación del régimen de Marruecos que trajo a colonos, invadiendo ese territorio no sólo con el ejército, sino con población marroquí. Eso ha convertido a la población saharaui autóctona en minoritaria y, por eso, tiene que luchar de manera diferente. Las protestas periódicas y pacíficas que desarrollan los saharauis en los territorios ocupados conllevan muchísimos peligros, porque es una población que sufre detenciones, cárcel, torturas. La misma presencia del ejército marroquí en las ciudades es una medida de represión contra todo el activismo saharaui, especialmente de las personas que defienden la identidad y el derecho a la autodeterminación de nuestro pueblo. La población saharaui bajo ocupación marroquí no puede ejercer sus derechos políticos y las libertades fundamentales que le corresponderían en un propio país democrático. La represión marroquí se refleja en los arrestos arbitrarios, en las detenciones injustificadas, en las torturas, en los encarcelamientos y en las escasas garantías jurídicas. Por eso, es habitual y frecuente ver a los soldados marroquíes y a las fuerzas policiales, incluso, muchos de ellos vestidos de paisanos, agrediendo a mujeres, a los ancianos y a los niños en las calles de El Aiun, Dajla, Bojador, cuando salen a la calle simplemente enarbolando una bandera y reivindicando el fin de la ocupación marroquí o el derecho a la libre autodeterminación del pueblo.

Las mujeres saharauis hoy, en la segunda guerra, después de que Marruecos haya roto el alto el fuego al agredir a los manifestantes pacíficos saharauis en la brecha ilegal de El Guerguerat, retoman el mismo papel que tuvieron que asumir en 1975, cuando España abandona el territorio, lleva a cabo los Acuerdos Tripartitos de Madrid cediendo la administración del territorio a Marruecos. Vuelven a retomar ese papel, porque los hombres, en su mayoría, están en el ejército y en el frente de batalla. Las mujeres también están en el frente de batalla, se han alistado al ejército, se están formando en las academias militares, pero el papel de gestionar, de hacer que sigan funcionando los campamentos con sus escuelas y hospitales, con todas sus administraciones, esa responsabilidad la volvieron a asumir las mujeres al igual que lo hicieron en el pasado. Son ellas las que están al frente de la gestión de la administración y del desarrollo de toda la actividad diaria de los refugiados.

—¿Cuáles son los mecanismos de opresión que Marruecos aplica contra las mujeres saharauis?

—Los mecanismos represivos que utiliza Marruecos son los mismos que cualquier fuerza de ocupación militar. Es sabido, a través de todos los informes de los organismos internacionales dedicados a la vigilancia de los derechos humanos, que en los territorios ocupados del Sáhara Occidental hay una tensión constante. Además, después de 45 años, va a en aumento debido a la resistencia de la población civil saharaui, pero, sobre todo, por las violaciones constantes de los derechos humanos que ejerce Marruecos contra una población autóctona que reivindica su derecho a la autodeterminación, el fin de una ocupación militar ilegal y su identidad como saharauis.

La vida en los territorios ocupados para cualquier saharaui es como vivir en un campo de concentración, ya que no hay libertad de expresión, de movimiento, además de la falta de trabajo, de una vida digna como cualquier ciudadano en cualquier parte del mundo. No hay trabajo, no hay salida para las personas. A pesar de ser un territorio rico en recursos naturales, la población saharaui está empobrecida. Encima, todos los que osan reivindicar su identidad viven permanentemente bajo vigilancia, con la represión constante, además de los encarcelamientos, las torturas. Todo eso está silenciado por los medios de comunicación, que no pueden dar testimonio de la situación porque Marruecos así lo impone. Es un territorio cerrado a cal y canto a la prensa internacional y a los observadores internacionales, que no pueden acceder de manera fácil. Y, mucho menos, los organismos de derechos humanos, que tampoco pueden llegar para supervisar la situación. Marruecos no permite que lleguen ni siquiera los relatores de Naciones Unidas. Las mujeres son constantemente perseguidas. Hoy tenemos activistas, como Sultana Khaya, que en la puerta de sus casas tienen furgones de la policía las 24 horas. No pueden recibir ni siquiera visitas de familiares, de amigos o de otros activistas por los derechos humanos, porque están bajo asedio. Marruecos aprovecha la situación de la pandemia de la COVID-19 para acentuar más la represión contra los ciudadanos saharauis. Por eso, a cualquier saharaui que se le pregunte cuál es la situación, va a decir que vive en una cárcel a cielo abierto.

Contra los jóvenes saharauis, las mujeres activistas, sobre todo, contra las que se destacan por su defensa de la identidad saharauis y por el derecho a la autodeterminación, Marruecos ejerce un castigo constante: no pueden trabajar, salir a la calle, sus hijos también están impedidos de tener resultados académicos, sus esposos son despedidos de sus trabajos para que no puedan tener un salario y sustentar a sus familias. Pero lo más grave y que más preocupa es el impacto psicológico que está teniendo la represión constante y permanente en el tiempo. Es un impacto psicológico que está afectando el desarrollo emocional de los niños y las niñas, pero también a las personas adultas, que, además, no tienen ningún tipo de garantías jurídicas ni asistencia sanitaria o psicológica. Realmente es una situación que preocupa muchísimo a las autoridades saharauis y nos preocupa a las personas en general, porque casi todas tenemos familiares en los territorios ocupados. Nos preocupa porque tendrá sus repercusiones en el futuro sobre una sociedad que ha vivido separada, dividida, pero, al mismo tiempo, una parte de ella ha vivido bajo una represión psicológica constante durante medio siglo. Estas son medidas de represión mucho más violentas que la misma ocupación en sí.



—¿Por qué la actual reanudación de la guerra es silenciada por los grandes medios y por muchos gobiernos?

—Sabemos que Marruecos tiene una influencia importante comprando voluntades y, dentro de estas voluntades, están los medios de comunicación, los directivos de las redacciones, muchos periodistas para que no publiquen nada que contradiga la ocupación del Sáhara o que pueda afear la conducta o la represión que ejerce Marruecos en los territorios ocupados. A Marruecos ni siquiera la gusta que se hable del conflicto. Eso querría decir que existe un problema de descolonización y que el territorio del Sáhara está en disputa.

A pesar de que el conflicto estuvo oculto durante muchísimo tiempo, hemos visto que, en los últimos meses, la última colonia de África, el Sáhara Occidental, ha vuelto a los grandes medios. Y los gobiernos occidentales, pero también en África, en América Latina, han vuelto a tener noticias sobre este conflicto que ya lleva más de 45 años, después de que Marruecos violara el alto el fuego e intentara entrar con sus tropas a un territorio que se supone que es una zona tapón entre el territorio que ocupa Marruecos y el territorio liberado, donde el ejército saharaui ejerce su poder. Se volvió a saber que el alto el fuego se ha roto, que Marruecos ha provocado esta situación y que el Frente Polisario y las autoridades saharauis respondieron a esa provocación y agresión que cometió el ejército marroquí.

Marruecos no reconoce la guerra. Además, con la situación de pandemia, muchos medios de comunicación no pueden enviar a sus equipos de reporteros a las zonas en conflicto. Marruecos aprovecha eso para seguir negando que existe una guerra y un conflicto con el Frente Polisario y el pueblo saharaui, por lo tanto, niega que es una fuerza de ocupación. Y niega que hay un conflicto que puede paralizar esa propaganda que Marruecos intenta proyectar al interior, para recabar el reconocimiento de su supuesta soberanía sobre el Sáhara. Esto lo hace para seguir atrayendo inversiones, promocionando el territorio del Sáhara como seguro, donde las empresas pueden invertir y el turismo internacional puede campar a sus anchas. Esas son realmente las bazas que utiliza Marruecos negando la existencia de un conflicto. Mientras Marruecos no reconozca que estamos en guerra, tendremos que intensificar los combates. Es muy probable que, con los ataques armados que está sufriendo Marruecos a manos del ejército saharaui, no tardará mucho en reconocer que estamos en guerra desde el 13 de noviembre de 2020.

—¿El movimiento de mujeres saharauis se puede considerar feminista?

—Las mujeres saharauis nos consideramos feministas, en el marco del movimiento feminista global. Estamos en el seno de un movimiento feminista, que es la organización de las mujeres saharauis. Si bien la lucha por la liberación del Sáhara puede haber sido el factor más importante que impulsó a las mujeres dentro de la sociedad, pero, en comparación al resto de las mujeres, hemos aprovechado esa lucha de liberación y esa posición para ganar terreno en la lucha individual. Es decir, son dos luchas paralelas, aunque una de ellas es el factor primordial y el objetivo fundamental: la lucha de liberación nacional del Sáhara. Pero no es menos importante la lucha por el estatus de la mujer, que queremos que sea tenido en cuenta. Es un factor importante que simboliza la participación activa en el proceso de creación de una nación.

La revolución y la lucha por los derechos de las mujeres no se pueden disociar, no la diferenciamos, una cosa conlleva a la otra, van paralelas, porque ese futuro es posible. Las reivindicaciones de género forman uno de los ejes de la sociedad saharaui en construcción. No se puede luchar por restaurar la soberanía, por la independencia y por el fin de la ocupación, sin tener en cuenta que las mujeres son importantes, son la mitad de la sociedad y tenemos que tener los mismos derechos que los hombres. Nuestra lucha por la liberación también es nuestra lucha por la igualdad. La lucha que lleva a cabo la sociedad saharaui, las mujeres la hemos aprovechado, hemos estado constantemente reivindicando nuestros derechos para que sean configurados políticamente y que esas conquistas de los últimos 45 años se consoliden y se refuercen en una nación independiente. Esta es la visión feminista que tenemos las mujeres saharauis y que consideramos que responde a nuestros intereses: son dos luchas paralelas y ambas tienen la misma importancia e interés.

Las mujeres saharauis consideramos que un Sáhara independiente es la paz anhelada y es necesario para que los objetivos y los derechos conquistados no mermen con la prolongación del conflicto. Para nosotras, es fundamental la lucha de liberación y, cuanto más la Organización de Naciones Unidas y la comunidad internacional pierdan tiempo en resolver este conflicto, las mujeres saharauis vemos que eso va en detrimento de nuestros derechos y de nuestra lucha feminista. De ahí la importancia que concedemos a la solución pacífica del conflicto: supone un avance del trabajo en pro de ese feminismo que queremos construir desde nuestra visión.

—Durante muchos años, usted fue profesora en los campamentos de refugiados. ¿Cómo fue esa experiencia en lo personal?

—La experiencia personal fue muy satisfactoria, porque, de alguna manera, he contribuido a la creación del sistema educativo en los campamentos. El Frente Polisario, al empezar a organizar los campamentos de refugiados, dio mucha importancia a la sanidad, a los suministros, al desarrollo económico, a la justicia, a los asuntos sociales, pero, fundamentalmente, a la educación de la población refugiada que, en su mayoría, era analfabeta. Eso dejó como herencia un siglo de colonización española. Cuando los refugiados llegaron a los campamentos, se estimaba que el 90 por ciento eran personas analfabetas. Las pocas personas que teníamos cierto nivel educativo, porque estudiamos en las ciudades del Sáhara, tuvimos que asumir esa responsabilidad de enseñar a leer y a escribir al resto de las personas, tanto a niños como a jóvenes y adultos. Esa era nuestra contribución, porque cada persona tenía que desempeñar su responsabilidad en el marco de sus conocimientos.



Imagen: Campamento de refugiados saharauis al sur de Argelia.

Fui maestra durante más de 10 años en diferentes centros y eso ha sido un esfuerzo individual y colectivo. Las familias se vieron separadas de sus hijos, que tuvieron que ir a otros países a continuar sus estudios una vez que llegaban al nivel secundario, porque en los campamentos solo había escuelas a nivel primario. Una vez que los niños superaban este nivel, tenían que continuar en países amigos, que ofrecían becas a estos estudiantes. A partir de ahí, colaboramos en la creación de escuelas donde la población no analfabeta enseñaba a leer y a escribir. En el primer momento, estuvimos enseñando en jaimas (carpas), pero, conforme iba llegando la ayuda humanitaria, se fueron creando escuelas. A través de proyectos de cooperación con asociaciones, organizaciones, creamos escuelas de educación infantil, de educación primaria, al principio, en alguno de los campamentos y, después, se fueron ampliando al resto.

Fui profesora de español y una de las pioneras en crear ese sistema educativo, pero, sobre todo, enseñé en lengua castellana, la lengua de Cervantes, porque considerábamos que es el segundo idioma oficial de la República Saharauis y es una identidad del pueblo. En el norte de África, es el único de lengua hispana, rodeado de países que han sido colonias francesas, como Marruecos, Argelia, Mauritania y nosotros, en el medio, hemos sido colonia española. Forma parte de nuestra identidad, pero, al mismo tiempo, es la continuación de los lazos que nos unen con España como potencia colonizadora. Y es algo que nos une a los pueblos de América Latina.

Además de escuelas en todos los campamentos, se crearon escuelas de alfabetización de mujeres, que estuvieron apoyadas por otros centros de educación profesional, centros de secundaria y de profesorados. Al mismo tiempo, se tenía que enseñar a los niños, pero ir creando un cuerpo de profesores que fueran sustituyendo a las personas que estábamos trabajando noche y día en la educación. Se organizó una red de centros para la población y, gracias a la labor que hemos desempeñado, llegamos al analfabetismo de la población infantil saharaui inferior al uno por ciento. Es un dato solo equiparable con países desarrollados e inimaginable en unos campamentos de refugiados donde se vive solo de la ayuda humanitaria. Como experiencia personal, ha sido muy enriquecedor y gratificante, además, compensa mucho cuando, después de más de cuatro décadas, puedes encontrarte con médicos, con profesores, con ingenieros que se educaron en un sistema de enseñanza primaria o secundaria, que luego fueron a estudiar a Panamá, a Cuba o a Argelia, y que ahora son cuadros formados que están desempeñando sus funciones y colaborando en la liberación de su país, y también educando a las nuevas generaciones o trabajando en los hospitales. Incluso en países europeos donde están, son personas cualificadas, formadas y eso realmente es muy gratificante a nivel personal y una experiencia muy enriquecedora.

—¿Qué importancia tiene América Latina para el pueblo saharaui y su lucha?

—Tiene muchísima importancia por los lazos que nos unen: el idioma, las costumbres, la cultura. Además de esa lucha que tuvieron los países de América Latina, luchas de liberación, lucha por los derechos de los pueblos, es común para el pueblo saharaui, ya que se ve reflejado en las resistencias constantes que los pueblos de América Latina han estado desarrollando para reivindicar sus derechos legítimos a la autodeterminación, a la libertad y contra una potencia como España, que también colonizó el Sáhara. Es una lucha y una reivindicación común. Y hay un nexo que es, precisamente, el idioma y la cultura de esa colonización. El pueblo saharaui tiene muchísimos pueblos amigos en América Latina. Hay que recordar que uno de los primeros países que reconoció a la República Saharaui en América Latina fue Panamá. Tenemos muchísimas organizaciones que apoyan la lucha del pueblo saharaui, personalidades de América Latina y el Caribe, entre ellas, el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, personalidades del mundo de la cultura. En casi todos los países, tenemos asociaciones de amigos del pueblo saharaui, o asociaciones de amigos de la RADS en América Latina, que apoyan la lucha del pueblo saharaui, se identifican con nuestras reivindicaciones.

Hace poco, se envió una carta al secretario general de la ONU, firmada por más de 80 asociaciones que exigen a Naciones Unidas que tome cartas en el asunto y ayude al pueblo saharaui a recuperar sus derechos legítimos de recuperar su territorio y de poder celebrarse ese referéndum que Naciones Unidas prometió al pueblo saharaui hace más de 29 años. El pueblo saharaui se considera latino y la prolongación de América Latina en el norte de África, porque el único país árabe musulmán que tiene como segundo idioma oficial el español son los saharauis. Junto con Guinea, somos los dos únicos países de África que han sido colonias españolas. Por lo tanto, con América Latina, nos unen muchísimos lazos y es vital para el pueblo saharaui esos lazos que tiene con Latinoamérica, pero, sobre todo, esa historia conjunta de lucha por los derechos de los pueblos. La mayoría de países con los que tenemos relaciones diplomáticas a través de embajadas están en América Latina, tenemos muchísimas fuerzas políticas que nos apoyan, parlamentos que están trabajando conjuntamente para que los gobiernos reconozcan a la República Saharaui y también exigen, como lo exige la Convención de Montevideo, que los derechos de los pueblos a su libre autodeterminación sean respetados por los gobiernos y países. América Latina está en nosotros y nosotros estamos en América Latina.

—¿Cómo vislumbra el futuro del pueblo saharaui?

—Como cualquier saharaui, sobre todo, las que hemos vivido el exilio, las que abandonamos nuestras casas, nuestras familias, huyendo de la invasión militar marroquí, las que hemos vivido en carne propia la traición de España como potencia colonizadora, vislumbro el futuro del Sáhara con independencia: un país que ha luchado más de medio siglo para reconquistar su territorio, para instaurar su soberanía, que ha entregado muchísimos hombres y mujeres valerosas, que lucharon para defender ese legítimo e inalienable derecho de los pueblos a la libertad y la independencia. Solo puedo vislumbrar un país en paz, libre, orgulloso de su pasado, de su futuro y, sobre todo, de su historia de lucha, resistencia, por imponer el respeto de los derechos humanos y el derecho de los pueblos a disponer de sus territorios, de vivir en coexistencia con el resto de los pueblos del mundo sin que haya avasallamiento ni yugo colonial.

Creo que la lucha del pueblo saharaui es un ejemplo para el resto de los pueblos del mundo, porque somos uno de los pocos que llevamos medio siglo luchando ante el abandono de España, la ex potencia colonizadora, que no ha respetado nuestros derechos, que hizo una dejación de sus responsabilidades, como así lo estipula la Cuarta Convención de Ginebra. Aun así, seguimos luchando contra muchísimos países que tienen intereses, como la explotación de nuestros recursos naturales, que están apoyando a las fuerzas de ocupación marroquí. Pero tarde o temprano, tendrán que reconocer que el pueblo saharaui es un pueblo que se resiste y que sigue obstinado en conseguir sus derechos e imponerlos con todos los medios legítimos a su alcance, incluyendo la lucha armada, aunque es un pueblo pequeño, pacífico. Quisiera que nunca más se le imponga a un pueblo, por más pequeño que sea, un yugo colonial, que se le usurpen sus recursos y su territorio por una fuerza extranjera. La lucha del pueblo saharaui es la lucha de todas aquellas personas amantes del respeto de los derechos humanos y de la justicia.

*Por Leandro Albani para La tinta /

Fuente: https://latinta.com.ar/2021/02/la-revolucion-y-la-lucha-por-los-derechos-de-las-mujeres-saharauis-no-se-pueden-disociar/

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