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«Hay condiciones para una integración latinoamericana alternativa, no subordinada»

Entrevista al economista político Julio Gambina

Do Rebelión, 6 de Novembro, 2020
Por Mario Hernandez 


«Es mucho lo que avanzó la política de agresión estadounidense en la región, no solo contra Cuba y Venezuela, sino subordinando a los países de la región a la política exterior estadounidense que ahora se pone en discusión también con el resultado electoral en EE UU.»

M.H.: Empecemos por la situación internacional, creo que se han producido dos acontecimientos muy importantes en Latinoamérica, las elecciones en Chile y Bolivia. Quisiera conocer tu visión de esos dos hechos.

J.G.: Lo de Chile genera muchas expectativas como hace un año la revuelta popular en octubre. Porque el plebiscito fue consecuencia de aquella revuelta popular juvenil. Que empezó por el tema del incremento del precio del transporte, pero después se fue a la crítica hacia las AFP, al pinochetismo presente en la Constitución, al régimen neoliberal. Fue una crítica en Chile, y así fue leída en todo el mundo, como una crítica al país, al territorio donde emergieron las políticas neoliberales.

Hoy cualquiera habla de neoliberalismo, incluso con la imprecisión que tiene la categoría “neoliberal” porque no es ni nueva, ni liberal. Pero más allá de eso, el neoliberalismo, las políticas monetaristas ortodoxas, el credo de Milton Friedman, se afianzó en Chile en 1973 y en las dictaduras militares del Cono Sur y, por lo tanto, el reinado como corriente económica principal en todo el mundo, del monetarismo ortodoxo, Milton Friedman y el neoliberalismo, se consolidó en Chile con la dictadura militar de Pinochet.

Por eso, el año pasado se desarrolló esa protesta juvenil que aparecía por una reivindicación mínima del boleto estudiantil, se generalizó como una expectativa crítica al orden neoliberal y, por lo tanto, a la forma hegemónica que asumió el capitalismo en el último medio siglo. Eso se terminó de consolidar el domingo 25, consolidar en cierto sentido, porque es una votación que mayoritariamente indica que hay que reformar la Constitución.

Ahora se abre una nueva etapa sobre cómo va a ser ese debate por la nueva Constitución, cuáles son las fuerzas políticas que lo van a conformar, pero te diría que, a escala mundial, la revuelta de hace un año y la votación del domingo en Chile muestra un punto de crisis de aquello que empezó en 1973 que hoy es hegemónico y que expresa la corriente principal en teoría y política económica en todo el mundo.

Yo me animaría a decir que se muestra en Chile lo que se expresa hoy como guerra comercial entre EE UU y China sobre los límites que tiene la política estadounidense y las incertidumbres que hay por las elecciones en EEUU. Eso habrá que ponerlo en el análisis también.

Lo de Bolivia también es para sacarle punta al lápiz del análisis. Porque el año pasado en octubre se procesó un golpe de este nuevo tipo que hay, si bien tenía elementos de fuerzas policiales y de seguridad armadas que intervinieron, no es una característica de los golpes tradicionales de las décadas de los 30/50/60/70 de América Latina y el Caribe. Es una especie de golpe más agudo que otros, pero curiosamente luego de un triunfo en las elecciones de Evo Morales que lo posicionaba en un período de gobierno más.

Ahora quedó demostrado que las elecciones se habían ganado, pero no de manera contundente. Y de alguna manera la elección del 2019 mostró el triunfo de Evo Morales, pero al mismo tiempo ciertas reticencias en ámbitos sociales que un año después se revierten de manera muy importante.

El dato no es sólo el episodio electoral sino la revuelta popular, la organización popular social, la consolidación de acumulación política de muchos factores, no solo del movimiento indígena originario campesino, del movimiento social, sino un acumulado político que se expresa y condensa en la fórmula.

Hay que pensar que Luis Arce y David Choquehuanca son dos ex ministros de Evo Morales y Álvaro García Linera. Lucho Arce, el hombre más visible de la política económica de los 13 años del gobierno de Evo Morales, aunque por dos años no fue ministro por razones de salud, se atendió en Brasil. Pero desde el comienzo y en el final del gobierno de Evo Morales Luis Arce fue ministro de Economía y fue multi premiado en la región y en el mundo y mucho se explicó que el ordenamiento de las cuentas macro económicas, la disminución de la pobreza, el impacto económico social favorable de crecimiento económico, distribución del ingreso y aliento y desarrollo a políticas estratégicas sobre la base de la nacionalización y recuperación de la renta de los recursos naturales es un tema sustancial y se lo adjudican a Luis Arce. El presidenteelecto y que esta semana asume la presidencia de Bolivia.

Y David Choquehuanca un dirigente indígena originario campesino que fue Canciller de un gobierno que mucho tuvo que ver con la nueva dinámica de la integración latinoamericana en la primera década del siglo XXI. Hay que recordar que en Bolivia se hizo la Cumbre de los pueblos sobre la tierra, luego de que se conmemorara en Brasil la Cumbre de la tierra. Luego de la Cumbre de la tierra, 500 años después de la llegada de Cristóbal Colón, o sea 1992, vino la Cumbre popular de la tierra en Cochabamba y Bolivia se transformó en un foro de objetivos y mira de movimientos sociales y populares en todo el mundo, en el debate del aprovechamiento de los recursos naturales, de la crítica a los extractivismos, con lo cual Bolivia demostró en muy poco tiempo, a un año desde el golpe de octubre de 2019 hasta este triunfo electoral del 18 de octubre del 2020, que hay capacidad de recomposición y que había un acumulado en el movimiento popular boliviano. Algo que se ponía en discusión.

Y es un triunfo inesperado a todo nivel. Ni la fórmula ganadora ni la coalición ganadora esperaban un 55% de votación. Lo que demuestra que hay una acumulación de poder popular gigantesca. Habrá que ver ahora cuáles son las condiciones que se generan una vez que asuma el gobierno en Bolivia.

Y ahí te digo, una de las expectativas y debates que hay en función de la situación de la economía mundial, de la situación de la economía de América Latina, hay expectativas de que se recreen condiciones para una integración de tipo alternativa, no subordinada. Porque es mucho lo que avanzó la política de agresión estadounidense en la región, no solo contra Cuba y Venezuela, sino subordinando a los países de la región a la política exterior estadounidense que ahora se pone en discusión también con el resultado electoral en EE UU.

Y quizás el triunfo tan contundente de Bolivia, pueda poner de nuevo a Bolivia como un árbitro de regulación política en la región que recree el UNASUR, la CELAC, donde además de los actores tradicionales que crearon esos instrumentos en su momento, ahora se agregaría México. Quedaría afuera Brasil que es un ariete de la política agresiva estadounidense en la coyuntura. Pero me parece que el resultado electoral chileno y el boliviano intervienen en la coyuntura de una manera muy importante. Sobre todo, porque los datos de la realidad son muy graves.

El FMI acaba de publicar un informe donde dice que hay preocupación por el avance del Coronavirus en todo el mundo, eso se ve claro en la recesión que hay en Europa. Sigue siendo EE UU el más afectado en términos absolutos, pero el FMI dice que hay que tener cuidado porque América Latina y el Caribe tienen un poquito más del 8% de la población mundial, pero el 30% de los infectados, un 28% de afectados por Covid y en materia de muertes tiene el 34% con datos a fines de septiembre.

Y desde el punto de vista del impacto económico de una crisis que el Covid agrega a la recesión que venía de antes en muchos países y que para el caso de Argentina es dramático, con una profunda crisis recesiva del 2018/9 y ahora el 2020 con un gobierno que dice que va a caer 12,1% en el Proyecto de presupuesto. El FMI dice que Agentina va a caer un 11,8% en 2020, pero dice que Sudamérica va a caer mucho más que toda América Latina y el Caribe, el problema está sobre todo en Sudamérica y Argentina está en el epicentro de esto, obviamente arrastra la situación venezolana, pero la situación económica de la región latinoamericana es muy cruda en el marco de la emergencia sanitaria y económica derivada del Covid y que viene de antes.

Es más, dice el informe del FMI que el impacto de esto es el crecimiento de la pobreza y del desempleo. El desempleo crece en todo el mundo, en los países desarrollados a un ritmo del 20% y hay países de América latina como Perú donde el desempleo crece al 40%. Entonces la situación de América Latina es realmente dramática, estamos en una encrucijada donde no solo es importante analizar lo que aconteció el domingo 25 de octubre y el anterior, sino que hay que ver el contexto social, económico político de Nuestra América y requiere pensarse cómo se supera esta situación. Eso lleva a debates muy importantes. Casualmente ahora en Argentina y a propósito del debate por el dólar, de la discusión con el FMI, hay algunos que imaginan que el tema de la Argentina se puede resolver con un pacto de gobierno, un pacto social, político y económico.

M.H.: Lo acaba de señalar Cristina en su carta.

¿Es posible hacer un pacto con quienes se niegan a tratar a los delincuentes de Vicentín como tales?

J.G.: Por eso lo señalo, porque en el plano mundial los Demócratas de EE UU también están planteando que la solución de la crisis mundial es un pacto económico, algunos hablan de un pacto verde, un pacto por la ecología y siempre que plantean un pacto el tema es que son entre sectores sociales económicos y sociales que están en las antípodas.

La pregunta es si es posible pactar con los que hicieron retroceder la estrategia de intervención, expropiación y constitución de una empresa testigo para cambiar el modelo del agronegocio en Vicentín, o más allá del debate intra-familia que hay en Entre Ríos con el clan Echevehere, la defensa de la propiedad privada de Echevehere en confrontación con el proyecto Artigas. ¿Es posible un pacto ahí? O incluso, lo que se ha demorado la consideración, aprobación del impuesto a las grandes fortunas, llamado “ahorro solidario”.

Lo que hay en la Argentina es que el sector de mayor poder económico, incluso viendo los 15 millones de pobres, aun viendo esa situación hay una cerrada defensa de la propiedad privada que es la base de la concentración del ingreso y de la riqueza en la Argentina. Entonces la pregunta es, ¿es posible hacer un pacto con quienes se niegan a tratar a los delincuentes de Vicentín como tales? ¿A los que intentan frenar procesos de distribución de la tierra para que millones de empobrecidos puedan intentar un proceso de desarrollo productivo y de distribución que resuelva una mínima satisfacción de calidad de vida? ¿Es posible un pacto con aquellos que reniegan de un aporte solidario o un impuesto a las grandes fortunas por única vez? Digo esto al mismo tiempo que en España se está aprobando que las grandes fortunas paguen, o en EE UU y Gran Bretaña haya una corriente de millonarios que dicen que este es un momento de acrecentar la tributación de los que más tienen porque ven la grave situación civilizatoria planteada a escala global.

Por eso digo que lo de Chile y lo de Bolivia entra en un debate que más que económico es político, sobre cómo tiene que organizarse cada uno de nuestros países. Fíjate el debate o no debate sobre el FMI. Está claro que el préstamo que otorgó el FMI en 2018 fue para favorecer la campaña electoral de Cambiemos. Y perdieron. Por lo tanto, es un préstamo objetable políticamente, económicamente y, sin embargo, está en un proceso de negociación y hay trascendidos de que se estaría negociando para que el FMI desembolse todo lo que no desembolsó, o una parte de lo que no desembolsó para avanzar en la solución de los problemas.

Incluso, la emisión de cinco nuevos títulos para tomar deuda, uno de los cuales está vinculado a la evolución de la divisa, que canalizó deuda por 1.660 millones de dólares. Y la pregunta es hasta cuándo la Argentina va a seguir con esta dinámica de endeudamiento para pagar viejas deudas. Porque buena parte de la licitación del 27 de octubre fue para pagar vencimientos de letras diversas que ha asumido el Estado con el propio Estado. Parte de lo recaudado hoy va a cancelar anticipos del Banco Central, para mostrar que la Argentina tiene capacidad de financiamiento. Argentina este año ha dilapidado recursos de reservas internacionales que son necesarios para plantear otro rumbo civilizatorio, otra política económica.

La devaluación que hay y la que se demanda es un mecanismo de ajuste para mejorar la rentabilidad y los ingresos de los sectores más concentrados de la economía

M.H.: Incluso el dictamen respecto del Presupuesto, supone pagos de intereses de deuda por el 1.5% del PBI.

J.G.: Pero más grave es lo que se hizo este año, se han pagado en el primer trimestre 3.200 millones de dólares de deuda pública pero el capital privado ha utilizado cerca de 7.000 millones de dólares favorecidos por el BC donde el capital privado ha cancelado anticipadamente deuda, que en muchos casos es con sus propias casas matrices, aprovechando este imaginario de dólar barato que explica la presión para que haya una fuerte devaluación y toda devaluación es un tremendo ajuste para la mayoría de la población.

Pensemos en cómo ha evolucionado el dólar respecto de la economía y del salario y es en ese orden, lo que más creció desde el 10 de diciembre cuando asumió el nuevo gobierno, o desde el 1° de enero, fue el dólar oficial y ni siquiera estoy hablando de los dólares paralelos. El oficial se ha actualizado por encima de los precios promedio que mide el INDEC y, por supuesto, por encima de los salarios. Queda claro que la devaluación que hay y la que se demanda es un mecanismo de ajuste para mejorar la rentabilidad y los ingresos de los sectores más concentrados de la economía.

Por eso los problemas de América Latina, y del mundo son económicos sí, pero son políticos porque requieren discutirse de una manera diferenciada. Por eso, volviendo al principio, si ante la crisis de los 70 el capitalismo salió con monetarismo ortodoxo, a esta altura uno puede discutir que el keynesianimo no resolvió la mayoría de los problemas de la sociedad de los 70 y no hay ninguna duda, ya casi medio siglo de hegemonía del monetarismo, que es de lo que más hablan en los medios los personajes más consultados sobre estos temas en la Argentina, o los anarco capitalistas, todos esos personajes; está claro que el neo keynesianismo ni el monetarismo o como quieras llamarlos, son solución para los pueblos. Estamos en una encrucijada de tipo civilizatoria que requiere un debate en profundidad.

Si este es el clima mundial y el impacto en Argentina es este, no queda otra que generar acumulaciones de fuerza social y de políticas para transformar la realidad. En Argentina, en América Latina y en el mundo. Bolivia y Chile nos demuestran que las cosas se pueden cambiar. Requiere de un proceso de acumulación muy fuerte. Porque lo de Chile también hay que ser consciente de cuantas décadas, cuántos gobiernos “elegidos” por consensos electorales pasaron y se mantuvieron con la Constitución pinochetista. Es como muchas veces hemos hablado cuánto ha pasado desde 1983 que volvieron los regímenes constitucionales y todavía tenemos vigente la Ley de identidades financieras de 1977 de Martínez de Hoz. La respuesta sigue siendo política, económica y política. No se puede pensar la economía fuera de la política ni al revés.

M.H.: Lo que me quedó pendiente de consultar con Julio Gambina por falta de tiempo tiene que ver con el Presupuesto por un lado, que se empieza a debatir mañana, ya tiene dictamen y que tiene algunos aspectos que ponen en entredicho esta idea de un FMI que ha cambiado, de un FMI que no va a exigir un ajuste. Lo pone en cuestión porque estaba analizando el acuerdo que hizo el FMI con Ecuador, un acuerdo reciente. Ahí se ve un aumento de 3 puntos en la tasa del IVA, si bien es cierto que en Ecuador el IVA es muy bajo en relación a la Argentina, en Ecuador es del 12%. Pero el acuerdo con el FMI pretende llevarlo a 15% más la eliminación y exenciones de beneficios tributarios incluidos algunos destinados a los adultos mayores. Un incremento del impuesto a la ganancia que grava los salarios y la incorporación a la nómina de damnificados a trabajadores hasta ahora exentos de ese pago. Por otra parte, un ajuste fiscal fuerte que se llama “apriete del gasto” asociado a la poda de las partidas asociadas a la pandemia, léase en nuestro caso IFE y ATP, donde estamos hablando del orden de 291.000 millones de pesos, entre los dos beneficios; el plan ecuatoriano apunta también a la inversión pública y a los aumentos de los sueldos estatales. Tomemos en cuenta que acá el aumento a los estatales fue del 7%. Irrisorio respecto de la inflación prevista y que tampoco posibilitó la recuperación salarial de un sector muy golpeado durante los 4 años de administración macrista.

Conclusión, plantea para Ecuador una caída del déficit fiscal del 8,9 actual al 2,9. Son 6 puntos de caída del PBI. Eso en un año. Para aterrizar en 2022 en un déficit de 0,6%. Es un ajuste fuertísimo. Y pensemos que acá se habla de reducir el déficit del 8,5% actual a un 4,5%. Son cuatro puntos, menos de lo que se le exige a Ecuador, pero eso es ajuste también. En todo caso hay una exigencia de ajuste mayor en Ecuador que la que propone el FMI en Argentina, pero en los dos casos estamos hablando de ajuste.

Y el otro punto es que el FMI pretende cobrar los 44.000 millones de dólares que le prestó a Macri. No importa cuánto tarde, el objetivo es recuperar ese dinero. Creo que estamos ante un problema complejo porque esto implica sobre la situación económica relatada por Julio Gambina, un ajuste que va a deteriorar las condiciones sociales y económicas de la población.

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