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De los pueblos fumigados a los municipios agroecológicos

Argentina


Do Rebelión, 23 de Novembro, 2020
Por Victoria Richter
: Tierra viva


 [Foto: Juan Pablo Barrientos]

Entre Ríos es el escenario de una lucha histórica para proteger lo más básico: la salud de los niños y de la tierra. Decenas de organizaciones impulsan distintos frentes para frenar las fumigaciones, desde amparos judiciales hasta movilizaciones. También fomentan la agroecología como muestra de que se puede producir sin venenos ni transgénicos.

La Coordinadora Basta es Basta reúne a asambleas y organizaciones de Entre Ríos. Nació con dos gritos. El primero fue el de una mamá de Gualeguaychú cuando su hija agonizaba en el hospital Garrahan. “Hagan algo”, reclamó en el instante en que el cáncer se llevó la vida de su niña de ocho años. Otras madres –ecologistas, agricultoras, abogadas, periodistas–, maestros y maestras y activistas se unieron detrás de ese pedido y organizaron una movilización hacia Paraná, a la Casa de Gobierno. Los funcionarios se negaron a escuchar el padecer y se encerraron en sus despachos. En los discursos de reclamo sobresalió el de una mujer de cabello rojizo, autora del segundo grito fundacional: “¡Paren de fumigarnos! ¡Los venenos matan! ¡No queremos seguir enterrando gurises! ¡Basta de fumigar! ¡Basta! ¡Basta es basta!”.

“Acá están los resultados de los campamentos sanitarios. Más de 130.000 argentinos relevados. Los agrotóxicos son tóxicos. En las carpetas están los juicios y las sentencias que dicen ‘paren de fumigarnos’ porque los venenos matan. Hemos venido hasta acá a decirles a nuestros gobernantes que se hagan cargo y a nuestros conciudadanos y compañeros: ¡Despierten! ¡Nos están matando!”, gritó Cristina Tejedor, integrante de la asamblea Por la Vida Sin Agrotóxicos de Concepción del Uruguay, discurso que conmovió durante la movilización en Paraná, en noviembre de 2017. Sucedió un martes, día de la sesión de los legisladores, y fue el día elegido por las organizaciones para reunirse todas las semanas hasta que cambie el modelo productivo. El Foro Ecologista de Paraná cargó con la responsabilidad semanal de hacer rondas en la capital y presentar por mesa de entrada cinco pedidos de audiencia con el gobernador Gustavo Bordet, quien jamás aceptó el convite.

Dos años después, tras noventa “rondas de los martes” (como ya se la conoce popularmente), con tres amparos presentados, cinco apelaciones por parte del Gobierno de Entre Ríos y cinco sentencias de jueces provinciales a favor, la Coordinadora Basta es Basta, junto al gremio docente Agmer, lograron proteger las escuelas: 1000 metros de distancias para fumigaciones con agrotóxicos (3000 metros si se trata de pulverizaciones aéreas).

“Pedimos 1095 metros de prohibición terrestre en base a un estudio de la Universidad de Río Cuarto de la doctora Delia Aiassa, en el cual se estima que es una distancia apropiada para evitar el daño genético en niños y niñas, quienes sufren mayor impacto que en un cuerpo adulto. En cuanto a los 3000 metros aéreos, nos referimos a nuestra ley provincial de aplicaciones que establece esa distancia de protección a los cascos urbanos. Si niños y niñas de la ciudad cuentan con esa distancia de seguridad, ¿por qué no en el ámbito rural? Es un principio de igualdad ante la ley”, asegura María Fernández Benetti, una de las tres abogadas que llevan adelante el caso e integrante de la Asamblea del Perucho “No a los agrotóxicos”, de San José (Colón).

Esta causa judicial logró que dos presidentes la descalificaran. Uno la evaluó como “desmedida” (Alberto Fernández) y otro la tildó de “irresponsable” (Mauricio Macri). Ambos habían viajado especialmente a Entre Ríos en busca de votos, para respaldar al Gobernador y al mismo tiempo en apoyo al modelo del agronegocio. La Coordinadora Basta es Basta respondió: “Señor Presidente (Macri), nuestros gurises merecen el mismo ambiente que Antonia”.

Pruebas y metros

Aldana Sasia es abogada del Foro Ecologista y también de la Coordinadora Basta es Basta. “Nuestra prueba se basa en un comité científico de cinco expertos que aportan pruebas concretas sobre los efectos de las sustancias agrotóxicas en la salud y su relación con las distancias de aplicación”, explica.

Se trata de especialistas con publicaciones internacionales que definieron los alcances de una gota de veneno (llamados “deriva” en el ámbito agronómico) cuando es dispersada en el ambiente. Afirmaron que no corresponde clasificar a un producto según sea peligroso o no únicamente sobre la base de su toxicidad aguda (la que se genera en un primer momento), sin tener en cuenta los efectos crónicos (durante largos periodos de tiempo).

Pero la causa judicial es apenas una pieza del rompecabezas que encarna la Coordinadora. Fernández Benetti recuerda que el Basta es Basta no se creó para presentar un amparo en escuelas fumigadas. Se constituyó para comenzar a incidir en las políticas públicas, para transformar la matriz productiva de la provincia. La principal meta fue impulsar una ley de fomento y financiamiento para las prácticas agroecológicas, una legislación de emergencia sanitaria y solicitar políticas públicas que acompañen los procesos de transición productiva.

Para concretar una transformación del modelo agropecuario se precisan exenciones impositivas y créditos blandos para maquinarias y equipamientos. Si se pretende regresar a la ganadería, es necesario volver a colocar alambrados, aguadas para los animales, junto con el acompañamiento técnico a productores; obtener un relevamiento productivo, establecer distancias de fumigación que no contaminen los cultivos agroecológicos y orgánicos; mejorar los caminos para poder habitar la ruralidad, entre otras medidas.

La abogada, que también es productora rural, llama la atención sobre las inundaciones recurrentes, producto de la inmensa deforestación que se realizó para el avance de la agricultura industrial. Y recuerda que Entre Ríos históricamente fue una provincia ganadera, tambera, citrícola, avícola y de producción ovina, porcina y equina, actividades que han sido desplazadas en los últimos veinte años por este sistema agroindustrial.

La agroecología como camino

“Hay alternativa / agroecología / no queremos ser pueblos fumigados”, fue la canción que resonó dentro de la Legislatura en Paraná. La invitación oficial provino del presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Uribarri, el político que años atrás había hecho campaña con un avión Piper, el mismo modelo utilizado para fumigar cultivos. La bandera de las organizaciones sociales, con los nombres de niños muertos por agrotóxicos, ingresó a la Legislatura de Entre Ríos. Cristina Tejedor, de Concepción del Uruguay, resumió el hecho histórico: “Nuestra tarea es para dejar de sumar nombres a esa bandera”.

Daniela Verzeñassi, del Foro Ecologista de Paraná, explicó que se logró tener amplitud política para sentarse con quienes en otros momentos hubiera sido impensado, con el objetivo de lograr políticas de protección de la población. “Aceptaron escuchar los que desde la ciencia, la academia, la agroecología y la práctica tenían para compartirles las consecuencias del agronegocio y las ventajas de la agroecología. Lo habíamos intentado muchas veces y nunca participaron. Esta vez, no les quedó otra”, celebró Verzeñassi.

La docente y militante desgrana batallas ganadas: las rondas de los martes, el Foro Provincial de Agroecología, la prohibición del glifosato en Gualeguaychú y su Plan de Alimentación Sana. Todo fue de la mano. “Creo que lo legal no se hubiera ganado sin estos pasos en simultáneo. De a poco, hemos logrado que la gente comprenda que estamos comiendo veneno, respirando venenos, tomando venenos, y que es debido a lo que se tira en los suelos”, graficó.

A cuenta gotas, pero Entre Ríos avanza impulsada por su historia ambiental: luchas contras las represas en la década de los 90; rechazo a las pasteras en los 2000. “Existe Gualeguaychú, un municipio que invierte y desarrolla un plan para aumentar la agroecología y también ejemplos privados, o la Red de Técnicxs del Litoral por la agroecología, pero los grandes campos no quieren cambiar. Debería ser mucho más rápido”, reflexiona Maximiliano Nissero, del equipo técnico del Passs (Plan de Alimentación Sana, Segura y Soberana), que se enmarca en la política pública de Gualeguaychú.

La ciudad asumió la necesidad de transformar el modelo productivo y de impulsar un camino concreto de autonomía alimentaria, que se inició cuando el municipio adhirió a la Red Nacional de Municipios y Comunidades que Fomentan la Agroecología (Renama). En el marco del programa Passs, el gobierno municipal logró abastecer a los jardines maternales con verduras frescas, producir la mitad de los huevos que demanda la compra pública con un gallinero móvil, impulsar una biofábrica que genera insumos orgánicos y compartir semillas agroecológicas con productores locales. También consolidó un acuerdo de formación y producción con el Consultorio Técnico Popular (Cotepo), de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), un equipo que impulsa cultivos agroecológicos para asegurar la provisión de hortalizas frescas y saludables para los jardines y comedores que asiste el municipio.

También fomenta la ganadería regenerativa mediante la técnica del “pastoreo racional” con cuarenta vacas de cría en cuarenta hectáreas, para recobrar la salud del suelo y conformar un espacio de aprendizaje e intercambio. “Creo en la técnica de productor a productor porque los resultados entran por los ojos y se avanza mucho más rápido que con una capacitación. Cuando comiencen a notarse los resultados del pastoreo van a entusiasmarse”, dice el joven agrónomo Nissero. Y advierte que todos los suelos de la zona están degradados, por eso hay que regenerarlos.

Crear una biofábrica de insumos agroecológicos por escuela y dejar los químicos atrás fue la puerta que abrió la UTT con su equipo técnico cuando se presentó en Gualeguaychú. Una muestra más de que existe la posibilidad de producir sin agrotóxicos. “Dicen en Entre Ríos que le quitan 300.000 hectáreas a la producción (si se prohíbe fumigar escuelas) y eso es una gran mentira. Se puede producir sin envenenar la tierra, podemos tener escuelas rurales que produzcan alimentos sanos. Nosotros podemos hacerlo, mejorar esos territorios y la salud de sus pueblos”, afirmó Javier Scheibengraff, de Cotepo-UTT.

Corrección: Nancy Piñeiro

Fuente: https://agenciatierraviva.com.ar/de-los-pueblos-fumigados-a-los-municipios-agroecologicos/

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