Pages

Entre crisis social y crisis sanitaria, reflexiones de un psicoanalista

ENTREVISTA A GÉRARD POMMIER




Por GILLES BOUNOURE y FRANCIS SITEL
Do Viento Sur, 29 SETEMBRO 2020 



Médico psiquiatra, psicoanalista, profesor emérito de universidad, Gérard Pommier es autor de más de una veintena de libros (muchos traducidos al español y al portugués) y de un número aún más considerable de artículos e intervenciones sobre asuntos variados. Ha combatido sobre todo el tópico (demasiado cómodo para algunos) de un Freud apolítico (París, Champs Flammarion, 1990) y publicado notables estudios sobre el papel de la escritura (Naissance et renaissance de l’écriture, París, PUF, 1993), sobre la melancolía de Althusser (Louis du Néant, París, Aubier, 1998), sobre los resortes profundos del nombrar (Le nom propre. Fonctions logiques et inconscientes, París, PUF, 2013), sobre la creciente contestación del patriarcado (Féminin, révolution sans fin, París, Pauvert, 2016)… En otoño de 2018, la actualidad le sugirió, al igual que a otros diez colegas, la redacción de un manifiesto, “Chalecos amarillos… psicoanalistas”, formulando reivindicaciones “de apariencia modesta”:

“Formamos parte de los pobres cuando pedimos la supresión del numerus clausus (que sigue siendo efectivo, a pesar de los anuncios); una formación de los psiquiatras y psicólogos que les enseñe algo sobre la psique; el final del reinado del Big Pharma que impone falsos diagnósticos y medicamentos que impiden soñar”.

El 10 de febrero siguiente organizaron en París, delante del Museo de arte e historia del judaísmo, que presentaba entonces una exposición dedicada a Freud 1/, una numerosa manifestación de psicoanalistas chalecos amarillos, mientras que varios de ellos, antes o después, se dirigían a las rotondas a observar cómo se liberaba la palabra. En otoño de 2019, Gérard Pommier volvía a estar de actualidad publicando en las ediciones Rétrait Occupons le rond-point Marx et Freud [Ocupemos la rotonda Marx y Freud], sobre el que ha querido responder a las preguntas de ContreTemps. Después llegaron el virus y el confinamiento, retrasando esta conversación, pero permitiendo también recoger las reflexiones del psicoanalista y del médico sobre estos recientes acontecimientos.

ContreTemps: Tu libro es un manifiesto, sin el estilo universitario que has empleado en otras ocasiones, por momentos lírico o poético, apostrofando a veces a los lectores como si estuvieras en una rotonda, y sobre todo extremadamente denso, no por su longitud −se lee rápida y agradablemente− sino por la abundancia e importancia de los temas que desarrollas. Aquí sólo tenemos posibilidad de abordar algunos. Como psicoanalista y médico psiquiatra, entiendes que hay que alertar sobre algunos grandes retos de salud pública…

Gérard Pommier: Los grandes retos de salud pública han sido planteados por los partidos, los sindicatos, numerosas asociaciones, y sobre todo por los propios sanitarios, desde jefes médicos a enfermeros. Todos han destacado una escandalosa carencia de medios. En este sentido, 210 colegas han firmado una tribuna que aborda la dimensión inconsciente de la negación de la realidad por parte de este gobierno. La tribuna se titula: “¿Qué diría Freud de la actual pandemia mundial?”

Prefiero contárosla en su actualidad, porque responde a algunas de vuestras preguntas. Freud adoptó posiciones políticas en las dos guerras mundiales, al igual que Romain Rolland y Einstein. Hoy día, en las circunstancias de la pandemia, los psicoanalistas constatan una negación de la realidad por parte de los responsables políticos. El virus no es responsable. Ha contagiado al planeta sin estados de ánimo y sin hacer distinciones. El Hombre de Estado le ha dejado el sitio libre: estaba prevenido del peligro, y no había previsto nada. Es una auténtica mancha ciega, en el sentido freudiano del término, que esconde el deseo inconsciente.

Muchas alertas habían anunciado la pandemia: el contagio del Ebola, después del ESB, del SRAS, las gripes aviares y porcinas. Ha servido de escenario a películas, a libros de ciencia ficción. Centenares de artículos científicos lo han previsto. Bush, presidente de la primera potencia mundial, declaró en 2005: “Si esperamos a que aparezca una pandemia, será demasiado tarde para prepararnos”. Y a pesar de estos cegadores fogonazos, no han anticipado nada. Las industrias de armamento han continuado preparando la muerte gastando centenares de miles de millones, mientras que se han reducido los presupuestos para la protección de la vida. ¿Se trata de imprevisión o de hacer como si esto no fuera a ocurrir? Es la actitud de quien ve un obstáculo, pero se dice: “¡Ya lo sé, pero y qué!”. En los países previsores (como Corea del Sur), las muertes han sido poco numerosas. En cambio, cuando ha prevalecido la negación, ha ocasionado decenas de miles de muertos. Habrían debido ser evitados. El sufrimiento ha dañado aún más a las familias porque ha sido imposible un duelo digno de este nombre.

¿Cómo explicar, en Francia, la ceguera de la Ministra de Sanidad, Agnès Buzyn? En enero declaró que sabía lo que iba a ocurrir,…y ha actuado como si lo ignorase. Esta ceguera ha sido superada por los rechazos a ver la realidad por parte de Boris Johnson, Trump, Bolsonaro…

Esta negación que procede del inconsciente esconde por cierto un deseo de hacer sufrir: de marcar la distancia entre el ciudadano y el Hombre de Estado. La cuestión se plantea al observar el resultado: una inadaptación cada vez mayor del sistema de salud. El personal sanitario ha expresado con fuerza su sufrimiento en el trabajo, pero en vano. Desde hace más de una década, la organización de los cuidados sanitarios ha sufrido un descenso importante del número de camas y de personal médico. ¿Era necesaria esta política para hacer economías? La excusa no se mantiene, porque el dinero necesario siempre ha estado disponible. El Banco Central Europeo lo distribuye hoy sin vacilar para ayudar a los grandes grupos. Es como si esta negación inconsciente tuviera como objetivo el deseo de hacer sufrir. Si nos atrevemos a decir la palabra, a esto se llama sadismo.

La visión de la historia por la que el capitalismo busca el beneficio sin tener en cuenta a quienes lo producen, es compartida mucho más allá de los marxistas. No es contradictoria con un punto de vista psicoanalítico que consideraría el sadismo como el motivo inconsciente de muchos acontecimientos históricos. La preservación de la vida: la salud, la educación, la duración del tiempo de trabajo, son contabilizados como si se tratase de gastos. A su vez, la vida se rentabiliza con las patentes, los medicamentos, el sector privado. Esta financiarización de la vida es el pretexto para un sadismo apenas inconsciente. Hoy en día, el Hombre de Estado civilizado da la impresión de añadir a esta violencia el placer de dar muestras de compasión hacia sus víctimas, al mismo tiempo que las sobreexpone al peligro. Se compadece de ellas sin cambiar de política.

Esta interpretación psicoanalítica de la política ya fue contemplada en el pasado por Adorno y Horkheimer. Los trabajos críticos de la Escuela de Frankfurt encuentran tal vez hoy su demostración más evidente. Los psicoanalistas de casi todas las asociaciones han extraído en seguida lecciones prácticas: han propuesto escuchas telefónicas gratuitas durante la prueba del confinamiento. Más de cuatrocientos ochenta psicoanalistas de todas las escuelas se ofrecieron voluntarios para abrir teleconsultas a los sanitarios. Los dirigentes políticos pueden ver en este impulso de solidaridad un fracaso de su voluntad de eliminar el psicoanálisis de los centros de la salud, la universidad, la investigación.

Como especialistas del psicoanálisis, los firmantes de este texto 2/ quieren llamar la atención sobre un peligro: los dirigentes políticos que quieren imponer sus deseos inconscientes por delante de la percepción de la realidad.

C.T.: Ya habías denunciado en Le Monde diplomatique (marzo 2018), y lo has vuelto a hacer, la “confusión entre lo existencial y lo patológico”, la “medicalización” y la “medicamentación” de la “experiencia humana”, particularmente extendida en Francia 3/, lo que nos lleva a las fechorías de los Big Pharma… A todo ello, la epidemia ha añadido ya de manera insolente la “medicalización” de la política…

G.P.: El papel de Big Pharma no es evidente, porque se disimula con los anuncios de los responsables políticos. Sin embargo, los grandes laboratorios farmaceúticos están en primera línea por los sustanciales beneficios que han logrado de la epidemia y esperan sacar aún mucho más con las patentes sobre futuras vacunas. En este sentido, no sería imposible que su lobby haya influido en las publicaciones de la revista The Lancet, que pretende invalidar la eficacia de la cloroquina. En efecto, la cloroquina es un medicamento que no cuesta casi nada, y que podría hacer sombra a una futura vacuna. Hay que destacar que en los países de África que emplean la cloroquina desde hace mucho tiempo para luchar contra la malaria, la tasa de mortalidad por covid ha sido muy débil (ver en particular las cifras de Senegal). Por otra parte, hay que ver la manera como se ha cuestionado el carácter científico de los trabajos del profesor Raoult, simplemente escandalosa. Los pretendidos científicos que cuestionan sus resultados le piden que haga tests con duplicados ciegos, poniendo en paralelo a un grupo de pacientes que no toman cloroquina y a otro que sí lo toman. Esta petición tal vez pueda ser aplicable a baterías de ratones, pero sería inhumana aplicada a pacientes. Cuando se descubrieron las vacunas o los tratamientos de Pasteur y otros epidemiólogos, fueron inmediatamente aplicados sin perder el tiempo con este tipo de verificaciones bárbaras. Esta crítica de la cientificidad exigida en algunos países tiene mucha importancia para los psicoanalistas. Así, sus enemigos pretenden que no es científico porque los especialistas freudianos se niegan a hacer experiencias con duplicados ciegos. Además, eso sería imposible, porque cada paciente es singular. Para nosotros existe otro ámbito de la prueba que es el testimonio.

C.T.: En una reciente conferencia, explicabas que el psicoanálisis sólo alcanza directamente a un número reducido de franceses, unos cien mil, sumando los profesionales y las personas de las que se ocupan. Tan minoritarios, ¿qué pueden hacer los psicoanalistas para oponerse a la degradación del hospital público?

G.P.: Es cierto que los psicoanalistas son muy minoritarios, pero el método psicoanalítico forma parte del espíritu de la época, al igual que su vocabulario. A pesar de las campañas de desprestigio, todo el mundo sabe lo que es un acto fallido, un paso al acto, etc. En la tribuna antes citada, el calificativo de “sadismo” que atribuimos a los responsables políticos podría tener cierto efecto. Pero este efecto no tendrá ninguna importancia si no acompaña a lo que piden los sindicatos, los partidos, los sanitarios, etc.

C.T.: Decir que los psicoanalistas están divididos, también en Francia, no es ni una revelación ni una ofensa. Tu libro llama a reavivar lo que se ha llamado el «freudo-marxismo», a asentarlo sobre mejores bases, y lo opones a un «freudo-liberalismo» más que compatible con el neoliberalismo 4/ de las actuales «autoridades». ¿Explica esto la «neutralidad» de estos «freudo-liberales» cuando el psicoanálisis es atacado desde todas las partes, las «autoridades», la universidad, los medios de comunicación dominantes…?

G.P.: Los freudo-liberales han logrado bastante rápidamente una influencia determinante en las asociaciones psicoanalíticas y han impuesto una práctica de repliegue que conduce a la sumisión en nombre de la castración y preconizan un desenganche político del psicoanálisis. Ni siquiera hace falta promover lo contrario, un freudo-marxismo, basta con ser freudiano. Quien se libera en el diván querrá también liberarse en la sociedad.

C.T.: Insistes en la importancia del lenguaje, entendido y emitido, en el desarrollo del cerebro humano y de la psique, apoyándote para ello en los descubrimientos de las neurociencias. Y también en la importancia de la palabra sincera. ¿Cómo calificar lo que, por la actitud de las autoridades, desencadenó el movimiento de los Chalecos amarillos? No fue exactamente silencio, Macron ha hablado mucho y pretendido hacer hablar, y en su defensa, todavía hablan libremente de él los Chalecos amarillos…

G.P.: Quienes se pusieron chalecos amarillos eran gentes invisibles privadas de la palabra, de igual manera que la mayor parte de las luchas obreras trascurren bajo el silencio de los medios de comunicación. Se volvieron visibles con sus chalecos amarillos y así desencadenaron la palabra, como de hecho no ocurría en Francia desde 1968. En efecto, escribí un libro sobre la importancia del lenguaje, como lo demuestran además las neurociencias. Un niño al que su madre no hablase no sobreviviría a este silencio. Lo mismo ocurre con quienes no son reconocidos en la sociedad por ninguna palabra y se vuelven la presa de un fascismo potencial cuya amenaza mantiene al neoliberalismo en el poder, de manera bastante maquiavélica.

C.T.: Tu libro aborda ampliamente la cuestión de la autoridad, y esto no es sorprendente por parte de un psicoanalista que “sólo se autoriza a sí mismo”. Este cuestionamiento de las autoridades, e incluso de la autoridad sin más, por los Chalecos amarillos, que rechazan la organización, la jerarquía, la delegación de poder, ¿ha estado en parte relacionada, según piensas, con la liberación de la palabra en las rotondas?

G.P.: Así es, uno de los retos importantes de las rotondas, junto con el objetivo del R.I.C. [Referendum de Iniciativa Ciudadana, para conseguir una reforma democrática. N de T], es la abolición de la democracia representativa y del sistema parlamentario actual de la V República. Es un reto que implica la solución de diversos problemas que sólo podrán resolverse en la acción. De alguna manera es un proyecto equivalente al del poder de los soviets al comienzo de la Revolución rusa. Las condiciones generales han hecho que esta experiencia no evolucionase bien en la Unión Soviética, sin duda porque hubo que resistir tanto a las presiones del imperialismo mundial como a la horrible represión estalinista. Pero hoy día, la epidemia de covid es mundial y son otras las perspectivas que, esperemos, se abren..

C.T.: Detrás de estas autoridades y de la autoridad en general, se alzan desde luego la figura del padre, pero también el juego del sadismo y el masoquismo presentes en cada uno de nosotros, así como el instinto de muerte. Te has dedicado a hacer una interpretación psicoanalítica de la historia de las revoluciones, donde las victorias y las derrotas se suceden como las fases A y B de los ciclos económicos de Simiand, Kondratiev y Schumpeter. ¿A los Chalecos amarillos les espera finalmente la azotaina de papá Macron, obteniendo con ella placer? ¿Se explicaría así la asombrosa sumisión de los franceses a las medidas de confinamiento, que inquietaba recientemente a Gérard Mordillat 5/?

G.P.: La cuestión del masoquismo sometido al sadismo estructural del Aparato de Estado es bastante compleja. En primer lugar, porque el masoquismo no está inicialmente emparejado con el sadismo y tiene su propio destino, como lo ha demostrado Gilles Deleuze. Sin embargo, la cuestión de la sumisión de una buena parte de los franceses es una realidad insoslayable, como lo fue en mayo/junio de 1968. Se puede decir que disponemos ya de un índice, la verdad que nada estimulante: el referéndum sobre la privatizaciónn de los aeropuertos de París que no tuvo el éxito que se habría podido esperar. Seguro que hay todavía camino a andar en los próximos meses.

C.T.: A diferencia de la figura del padre, las autoridades están constituidas por personas reales, activas, que según dices obtendrían placer en “hacer sufrir” a sus administrados 6/. ¿Sería falso describir a un Macron desconectado del país, en su burbuja, gozando del poder, en palabras de Pierre Legendre, y disfrutando de los sufrimientos que inflige, incluso en las circunstancias de la epidemia?

G.P.: El ejercicio del poder nunca es abstracto, sino que está a cargo de una persona de carne y hueso. Me parece un error, bastante extendido en la actualidad, imaginar que el poder estaría en realidad ejercido por mercados financieros anónimos, o incluso por algoritmos y ordenadores, y que los hombres se habrían convertido en sus esclavos. Es cierto que las personas a las que afecta se anonimizan, esto es, se esconden lo más posible, pero finalmente son personas que deciden, incluso en lo que se refiere a los poderes económicos. Añado a continuación que el poder económico, cualquiera que sea, está al servicio de un Aparato de Estado y finalmente de un hombre, y de uno sólo, que es bien visible y que es quien toma las decisiones. Pero estas demostraciones ya las hizo Kant en su Crítica de la razón práctica. No es el entendimiento, es decir el conjunto de determinaciones de un fenómeno, lo que guía la decisión, que es tomada por una instancia superior. Hay que leer sobre esto los trabajos de Adorno y de Horkheimer de la Escuela de Frankfurt que −mucho antes que Lacan− mostraron la filiación entre Kant y Sade. La racionalidad: los algoritmos, como dicen Bernard Stiegler u otros, o las determinaciones ecológicas, por ejemplo, no mandan en la decisión. Cuando el señor Macron reúne Consejos científicos sobre esto o sobre aquello sólo es una finta, porque el eje general de sus decisiones ya está trazado, sin tener en cuenta ninguna cientificidad. Macron es por tanto fiel a su propio deseo, y desde que está a los mandos ve la realidad a través de su posición de poder. Asistimos a un formidable mecanismo de negación en el sentido freudiano del término, aún más visible en el caso de Trump y de Bolsonaro, que se exhiben con la Biblia en la mano. Negaron la realidad de la epidemia, de igual manera que antes negaron que pudiera llegar, destruyendo los sistemas sanitarios. Está claro que no se trata de imprevisiones, sino del mecanismo descrito por Freud cuando alguien se apercibe de una dificultad pero sobre todo no quiere verla, teniendo presente la frase: “¡Ya lo sé pero pero y qué!”. Freud abordó esta cuestión comenzando por lo más difícil, la negación de la realidad del joven niño que, según decía, se da cuenta de que las niñas no tienen pene, pero para negar esta realidad: es el nacimiento del fetichismo. Podría enlazar aquí con el fetichismo de la mercancía de Marx, pero no quiero ir más lejos en esta cuestión. Está claro, creo, que si el proletario se ha feminizado, se justifica una negación cuya consecuencia es el fetichismo de la mercancía. Marx y Freud descubrieron este fechichismo con algunas decenas de años de intervalo.

C.T.: Citas varias veces una carta del joven Marx donde, en tu opinión, aparece una preocupación que anticipa las de Freud. Explica a su interlocutor la necesidad de una “reforma de la conciencia”, para que “el mundo se vuelva consciente de sí mismo”, lo que correspondería a la consigna más lucidez, sentido que da Freud a las últimas palabras de Goethe en su lecho de muerte 7/. ¿Debería el freudo-marxismo tender al advenimiento de un comunismo tan anti-autoritario como debe serlo el psicoanálisis? Y sin esta lucidez suplementaria, ¿te parece que la lucha de clases está condenada al ciclo victoria-derrota del que hablábamos hace un rato?

G.P.: Por decirlo con franqueza, cuando Freud habla de la cuestión de la lucidez, su respuesta no está a la altura de su propio descubrimiento. Así, por ejemplo, en su carta a Albert Einstein de 1932, en el diálogo que inició con él bajo la égida de la Sociedad de Naciones, Einstein le pregunta cuál es la solución de la violencia inherente a la Kultur, y Freud responde con soluciones pedagógicas (que serían terapéuticas) apoyándose en los Kulturmenschen, un núcleo duro de hombres de cultura que no se dejarían influir. Ahí es infiel a su propio descubrimiento, pues de manera bastante general los hombres de cultura participan en la represión del Aparato de Estado. Para ser fiel a su descubrimiento, Freud habría debido responder que había que apoyarse en la liberación de la sexualidad, en el enorme poder del erotismo reprimido y eso es justamente lo que está pasando en nuestra época con las luchas de liberación de las mujeres y las minorías sexuales. No es casualidad que justo antes del confinamiento hubiese el asunto Polanski así como el escándalo Gabriel Matzneff, esos dos hombres que se encuentran de alguna manera en la juntura de dos épocas: ayer eran héroes y hoy son acusados. Hay todavía muchas incógnitas en el descubrimiento del continente negro del erotismo, pero las luchas muestran el camino. Volviendo al comienzo de tu pregunta, la carta del joven Marx habla de una especie de conciencia mística que se insurge contra el fetichismo de la mercancía. En este sentido, Marx no tiene una visión limitada de la religión, como se le ha atribuido a consecuencia de frases como “la religión es el opio del pueblo”. Lo que me parece importante en esta carta es su articulación con el sentido, con lo que es la consistencia misma del fetiche: es puramente espiritual, mental.

C.T.: Señalas que comunismo y comunicación son dos términos derivados del adjetivo común, que como neutro sustantivado ha servido para designar los bienes comunes, actualmente acaparados por los capitalistas. Los Chalecos amarillos han establecido comunicación entre ellos, y han rechazado la comunicación de las autoridades. ¿Qué propones para que la comunicación no quede sumergida o desviada por la com, como se designa en nuestros días a la propaganda, la publicidad y la manipulación mental?

G.P.: Tu pregunta se refiere más bien al anteúltimo capítulo de mi libro sobre los medios modernos de comunicación, que se han convertido en un reto de la lucha de clases. Estos medios de comunicación, Facebook, Twitter, etc., pueden servir tanto para una esclavitud, un fichaje, una propaganda y un embrutecimiento ideológico, como ser recuperados al servicio de una liberación. Puede ocurrir, por ejemplo, que se desencadene de golpe una manifestación de la noche a la mañana a través de las redes sociales, como fue la manifestación del 2 de junio a favor de Adama Traoré ante el Palacio de Justicia de París. Hay que comprender esta dialéctica de los instrumentos de comunicación modernos sin proceder a condenas sumarias. Sería tan contraproducente, por poner un ejemplo, como la destrucción de los telares por los canuts lyoneses al comienzo de la industrialización.

C.T.: Hace cinco años, en un artículo dedicado a la democracia 8/, mostrabas en qué medida se oponen las aspiraciones a la libertad y la igualdad, pudiendo ocurrir incluso que los aspirantes a la igualdad encontrasen la fraternidad fundiéndose en un grupo fascista, un movimiento religioso, etc. ¿Por qué no has retomado este análisis a cuenta de los Chalecos amarillos?

G.P.: Desde hace cinco años, se han sucedido muchos acontecimientos a gran velocidad. En realidad los actos, muchas veces inesperados (inconscientes), preceden al pensamiento. A causa de este desfase, los intelectuales −que en principio son gentes que piensan mucho− están siempre retrasados sobre su época y suelen tomar por lo regular el tren de la historia en marcha. Marx, por ejemplo, estuvo retrasado respecto a la Comuna de París. Y el artículo que escribí y que has citado está extremadamente retrasado respecto a la evolución de los acontecimientos. Por ejemplo, hoy en día el término fraternidad, que es la divisa de la República francesa, me plantea problemas, porque la fraternidad excluye una palabra que todavía no existe en francés, la de sororidad. Como recuerdas en tu pregunta y parece que he avanzado esta hipótesis, la fraternidad conviene muy bien al fascismo e incluso mejor que la fraternidad revolucionaria, en una revuelta que es singular y no armoniza tan fácilmente con la masa.

C.T.: En el editorial de una reciente −e interesante− publicación sobre el futuro del psicoanálisis 9/, escribías: “Sólo la democracia permite salir de la horda primitiva”, esa horda a la que se refiere constantemente la psicología de masas. ¿Qué debe ser esta democracia para poder escapar a la oposición entre libertad e igualdad, por ejemplo? En otras palabras, ¿en qué medida han salido los Chalecos amarillos de la “horda primitiva”?

G.P.: Lo que caracteriza a la horda primitiva es que nunca deja de tener un jefe. Ahora bien, una de las características más sorprendentes del movimiento de Chalecos amarillos es rechazar todo tipo de jefatura o incluso de representante. Por mi parte he sido y sigo siendo un simple portavoz del movimiento de psicoanalistas chalecos amarillos. Existe sin duda una reacción casi epidérmica de los Chalecos amarillos con este rechazo a todo tipo de delegación. Esta característica hará entrar sin duda al movimiento en la Historia: es nuevo. En mayo 68, por ejemplo, había jefes. Es bastante sorprendente que varios Chalecos amarillos hayan sido finalmente considerados como jefes, bien a su pesar, o porque en un momento dado así lo decidieron. Por ejemplo, el movimiento de esa iniciadora que fue Priscillia Ludowsky viró en este sentido, ella es ahora una figura política cuyas propuestas no tienen mucho que ver con la radicalidad de la consigna Chaleco amarillo: “ahí estamos”. Respondiendo a tu pregunta, he escrito en efecto que “sólo la democracia permite salir de la horda primitiva”. Lo que quiero decir con ello es sencillo: la democracia es el parricida, que es el momento ultrapolítico del psicoanálisis. La cuestión actual es saber de qué tipo de democracia se trata. En la democracia parlamentaria representativa, un electo puede hacer lo que quiera sea cual sea su programa: está escrito en la Constitución. Tanto como el jefe puede hacer lo que quiera, y una vez en el poder en la mayor parte de los casos traiciona. Se comporta como un Urvater. No hay excepciones. Si tomamos por ejemplo a Mitterrand y a Hollande, han hecho lo contrario de aquello por lo que habían sido elegidos. El primero tras dos años de mandato, el segundo de inmediato: fue él quien metió en el gobierno a Macron, que era un desconocido. En cuanto a Macron, puede pretender que aplica su programa, y es verdad. Pero no puede olvidar que no fue elegido por su programa, sino por miedo a Marine Le Pen. Por salir de la Massen psychologie, haría falta que los electores, o mejor el pueblo en armas si hace falta, conserven un poder constante sobre las grandes opciones. Robespierre había pedido que el derecho a la insurrección estuviera incluído en la Constitución. Hoy en día, conservar constantemente el poder sería fácil, justamente gracias a internet que puede permitir consultas y votos masivos. Como he dicho hace un momento, estos medios modernos pueden ser utilizados tanto para la represión como para la democracia.

C.T.: En la manifestación del 10 de febrero de 2019, uno de tus colegas insistía en el hecho de que las reivindicaciones sobre el fin de mes −lo mismo habría que decir del hambre− sonaban también como el fin del yo y el comienzo del nosotros [Juego de sonidos intraducible entre mois (mes) y moi (yo), y también Faim (Hambre) y Fin (fin)]. ¿Has podido observar y compartir algo así en las rotondas, o en otras demostraciones de los Chalecos amarillos? ¿No parece haber ocurrido también en los equipos sanitarios enfrentados a la epidemia?

G.P.: Sí, en efecto, hay una analogía profunda, en cierta medida la covid-19 ha conseguido poner en evidencia imperativos sobre los cuales los Chalecos amarillos no han obtenido satisfacción. Se pusieron los chalecos para hacerse visibles, y el virus −que es invisible− obliga a tomar en consideración algunas de sus reivindicaciones. Esto tal vez permite convencer a mucha gente, pero el futuro inmediato nos dirá si es suficiente.

C.T.: Con otros índices que citas, la participación de las mujeres en las concentraciones de Chalecos amarillos, no sólo numéricamente, sino también por sus iniciativas y tomas de palabra, te parece anunciar una nueva era, el fin del patriarcado, condición de la “disolución del aparato de Estado”, tema de la última parte de tu libro. En tu opinión, ¿se debe a que los hombres, más numerosos por el contrario en los cortejos sindicales, tardan en reconocer lo que hay de femenino en ellos, incluido el proceso de explotación que hace de ellos, dices, “mujeres disfrazadas de esclavos”?

G.P.: Al comienzo de su libro El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, Marx y Engels hacen esta hipótesis, que las mujeres fueron los primeros esclavos. Después no hablaron más de ello, pero se puede considerar que esta puesta en femenino de quienes son dominados ha afectado después a todos los modos de producción que se han sucedido. No considero un azar que varias grandes manifestaciones que se sucedieron justo antes de la epidemia tuvieran que ver con importantes símbolos del feminismo. Pienso en particular en el asunto Polanski, y en la protesta de Adèle Haenel apenas unos días antes del confinamiento. Polanski se ha encontrado de alguna manera en el corte de dos épocas, ya lo he dicho antes, y no es sorprendente que las mujeres y el Care hayan estado en primera línea justo después en los hospitales. El movimiento del Care, cuidar, forma parte del programa del feminismo, en primer lugar en EE UU. Se desarrolla conforme a las luchas de liberación, y la explotación es su contrario. No por eso se puede decir que sea masculino en oposición a femenino, porque los hombres se liberan también en ese movimiento. De alguna manera se desembarazan de su disfraz viril.

C.T.: Con la contrarreforma de las jubilaciones, se unieron Chalecos amarillos y cortejos sindicales, y hay que observar que serían las mujeres, ya las menos favorecidas en términos de salarios y de nivel de pensiones, quienes más sufrirían estas nuevas disposiciones. En este gobierno llamado paritario, ¿crees que hay un disfrute particular, incluso entre las mujeres ministras, en infligir más sufrimientos a las mujeres que a los hombres?

G.B.: La pregunta anterior me permite responderte bastante rápido: las mujeres ministras de gobierno, al igual que varias mujeres que ya han estado en el poder en diversos países, como Thatcher y Merkel, no hacen en absoluto una política feminista. En el fondo, hay que conservar en la mente la distinción entre el género psíquico y el sexo anatómico, que fue el gran argumento de Judith Butler, y antes que ella de Michel Foucault, y aún antes de Freud, en 1903, pero la mayor parte de los psicoanalistas se apresuraron a olvidar el descubrimiento de la bisexualidad. Las mujeres dirigentes que hacen una política de negación son antifeministas. Se puede ver bien con las aventuras de la desgraciada Agnès Buzyn, cuyo arrebato de honestidad feminista (Care) podría reservarnos felices sorpresas. Porque no es suficiente que haya una masa importante que conteste la legitimidad del poder. Hace falta también que en el seno mismo de ese poder haya un cuestionamiento que pueda serle fatal.

C.T.: En los hospitales y el conjunto del personal sanitario, las mujeres son también quienes más se han enfrentado a la epidemia, hasta el agotamiento y con riesgo de contagio, no sólo en los puestos subordinados (por ejemplo, sólo hay un 13% de enfermeros), sino también entre médicos jóvenes, dos tercios de ellos mujeres. No sin relación con los bajos salarios, ¿no ha aumentado así la eficacia de la respuesta hospitalaria a la epidemia?

G.P.: Las cifras que citas son una constatación importante, pero yo no puedo decir si esto ha aumentado la eficacia de la respuesta hospitalaria. En general, los médicos jóvenes y el personal sanitario han tenido una actitud admirable, pero sin tomarse por héroes. Justamente porque han sido ganadas a la ideología del Care, aunque no lleve este nombre en Francia. Es prudente no olvidar tampoco que en los hospitales públicos este generoso estado de ánimo cohabita con una fuerte estructura jerárquica y con un mandarinato cada vez más poderoso. Por ejemplo, la reivindicación de una formación de un mayor número de médicos no ha sido asumida por los sindicatos médicos. Es un engaño extraordinario, en el que ha participado Agnès Buzyn, hacer creer que el numerus clausus de los estudios de medicina estaba suprimido. Ningún médico más será formado.

C.T.: Has escrito que si Marx hubiera podido leer y comprender a Freud, habría encontrado “la superestructura que faltaba en su lectura del capitalismo, la dimensión sexual de la explotación”, aportación de las feministas más que de los psicoanalistas, recordémoslo. Nadie sabe que va a ocurrir con los Chalecos amarillos y con las manifestaciones contra el proyecto Macron-Philippe-MEDEF sobre las jubilaciones, actualmente retrasado pero no enterrado. ¿Piensas que, gracias a esta liberación de la palabra de los Chalecos amarillos se puede considerar adquirida la lucidez de la que hablábamos antes, sobre la dimensión sexual de la explotación y del poder de Estado? ¿O temes que la epidemia y el confinamiento hayan atrasado, o incluso comprometido, este inicio de reforma de la conciencia?

G.P.: No asistimos a un inicio de reforma de la conciencia. Esta conciencia es ya un hecho histórico sobre el que no habrá vuelta atrás. Pero hay que medir bien que sólo concierne sin duda a la mitad de la población en Francia, siendo la otra mitad lepenista o tradicionalista, y en el marco de la democracia tipo Quinta República, la derrota es segura de antemano. La condición de un cambio es otra democracia. En efecto, será posible arrastrar a la mitad afectivamente reaccionaria de los franceses si tienen que elegir opciones políticas y no elegir parlamentarios. Por ejemplo, una mayoría de franceses votará por una mejora del sistema de salud, mientras que esta misma mitad votaría por diputados reaccionarios. Además, es cierto que hay una toma de conciencia de lo que no hace falta. Pero esto no quiere decir que haya una toma de conciencia de lo que haría falta. Algunos van a querer ir por el lado de la ecología. Otros cuestionar Internet, los GAFA, etc., y ninguna decisión es previsible de antemano. Continúo pensando, aunque puede que sea una deformación profesional, que los cambios en la sexualidad, en las relaciones hombre/mujer, en las conquistas del feminismo, provocan cambios de fondo importantes aunque no son muy visibles. Por ejemplo, las grandes declaraciones de ateísmo y la lucha por la laicidad han sido sin duda menos eficaces que la liberación de las mujeres para que las vocaciones eclesiásticas disminuyan en número y que muchísimas iglesias se vean afectadas por ello. Es la hipótesis que hago, y creo que esto da algunas responsabilidades a los psicoanalistas, al menos a quienes no son freudo-liberales, por retomar tu muy ajustada expresión.

Declaraciones recogidas Gilles Bounoure y Francis Sitel para ContreTemps

Traducción: Javier Garitazelaia para viento sur

Notas

1/ Ver “Freud et l’image”, ContreTemps, nº 39, octubre 2018.

2/ Los primeros diez firmantes son: Aspasie Bali, Gorana Bulat-Manenti, Éric Drouet, Jean-Marie Fossey, Hélène Godefroy, Cristina Jarque, François Morel, Guillaume Nemer, Laura Pigozzi y Gérard Pommier. La lista de los 211 firmante de esta tribuna se puede leer en la web: https:/fep-lapsychoanalyse.org/appel-a-signature-que-dirait-freud-de-lactuelle-pandemie.mondiale/

3/ “Los franceses son campeones en consumo de medicamentos y en particular de tranquilizantes. El consumo francés de tranquilizantes representa 136 millones de cajas al año, o sea ¡4,25 cajas por segundo! Nada tranquilizador para las cuentas de la seguridad social”, se puede leer en la web de ConsoGlobe. Y en España todavía sería peor…

4/ El sobrino de Freud, Edward Bernays (1891-1995) nunca practicó el psicoanálisis, pero dedujo del mismo elementos para poner en marcha en los Estados Unidos métodos, masivos y siempre en uso, de manipulación de la opinión a través de su «subconsciente». Estuvo muy próximo a Walter Lippmann, el «padre» del neoliberalismo, según Barbara Stiegler (ver sus declaraciones en ContreTemps nº 44, enero 2020). También en los Estados Unidos, Heinz Hartmann (1894-1970) impuso entre los psicoanalistas «liberales» la «ego-psychology», ligándola a lo que llamaba «el problema de la adaptación». Lo que nos lleva al slogan neoliberal analizado por B. Stiegler, «hay que adaptarse»…

5/ G. Mordillot, entrevistado por Aude Lancelin, Quartier Libre, «Le moment covid du néoliberalisme», 19 de marzo de 2020.

6/ G. Pommier, Occupons le rond-point Marx et Freud [Ocupemos la rotonda Marx y Freud], pg. 70: «El sadismo de esta Autoridad espectral se ejerce a diario. Hacer sufrir, eso quiere decir cerrar los hospitales, desmantelar los servicios públicos, el ferrocarril, los aeropuertos, etc. Y además, se acumulan las puntillosas reglamentaciones sobre los detalles: la velocidad de los vehículos, los fumadores perseguidos, complicados papeles que rellenar, nuños puestos en fila, chequeados, medicalizados, tachados de minusválidos en nombre del cientifismo». Sobre la inflación neoliberal de reglamentaciones, ver la entrevista antes citada con B. Stiegler. Ver también P. Legendre, Jouir du pouvoir. Traité de la bureaucratie patriote [Gozar del poder. Tratado de la burocracia patriota], París, Éditions de Minuit, 1976.

7/ Marx, carta a Arnold Ruge, setiembre de 1843, «die Reform der Bewusstsein» consiste en primer lugar en considerar que el mundo porta consigo desde hace mucho tiempo «el sueño de una cosa» (Traum von einer Sache), sueño a transformar en conciencia, y después en realidad (K. Marx, F. Engels, Werke, t.I, p. 346, Berlin, Dietz Verlag, 1976). La demanda de Goethe moribundo, «mehr Licht!», literalmente «¡más luz!», puede también entenderse de la manera más banal. G. Pommier relaciona también al Marx de la «madurez» con los trabajos de Freud sobre la cuestión del «fetichismo», tema que nos ha parecido demasiado «técnico» para ser abordado aquí.

8/ G. Pommier, «L’idée démocratique et la ‘psychologie des foules’» [La idea democrática y la ‘psicología de masas’], Multitudes, 1995-2 (accesible on-line).

9/ «Où va la psychoanalyse?», Séminaire de psychoanalyse, nº 22, año 2016-2017 (accesible on-line)

Nenhum comentário:

Postar um comentário