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La historia de la supremacía asquenazí de Israel en un río

Do Rebelión, 24 de Agosto, 2020
Por Lihi Yona: 972mag;Traducido del inglés para Rebelión por J. M.


Activistas y simpatizantes israelíes entran al kibbutz Nir David y nadan en el río Asi, 14 de agosto de 2020 (Foto Mati Milstein)

Un río que atraviesa un kibutz israelí se ha convertido en un lugar de controversia y violencia que pone de relieve cuán despreciable se ha vuelto la izquierda sionista.

Un río que atraviesa un kibutz israelí se ha convertido en las últimas semanas en un campo de controversia, violencia y resentimiento.

Curiosamente -y de manera poco convencional- los sospechosos habituales en el panorama político israelí se han metido de cabeza en esta lucha en particular, con prominentes izquierdistas israelíes que apoyan incondicionalmente las comunidades cerradas y contra la igualdad y la justicia distributiva, todo mientras expresan una dura oposición a la aplicación de la ley. A riesgo de reciclar un cliché cansado, la historia de esta lucha puede enseñarle todo lo que necesita saber sobre la política israelí y la creciente irrelevancia de la izquierda sionista.

Nir David es un kibutz en el norte de Israel situado entre las ciudades de Afula y Beit She’an, de clase trabajadora y principalmente mizrajíes. Al igual que otros kibutzim, está compuesto predominantemente por ashkenazíes: judíos de ascendencia europea que fundaron el país y dominaron sus recursos, así como sus instituciones económicas, culturales y militares, principalmente a través del partido Laborista Sionista Mapai.

El río Asi, una impresionante vía fluvial azul con una temperatura de 28 grados Celsius (82 grados Fahrenheit) durante todo el año, pasa a través del kibutz. Según la Ley de Aguas de Israel, las vías fluviales son propiedades públicas que deben permanecer accesibles y abiertas a todos. Sin embargo, los habitantes de Nir David decidieron que el acceso al río Asi no será gratuito y han levantado vallas y barreras para impedir el acceso público al río.

En los últimos años un grupo de residentes de las comunidades cercanas al kibutz han estado librando una lucha para garantizar el acceso público y gratuito al río Asi. En 2015 presentaron una demanda contra el kibutz que resultó en que este prometió abrir el acceso a partes del río, una promesa que nunca cumplió.

La historia de los kibutz en Israel proporciona un telón de fondo crucial para esta lucha actual. Nir David se estableció en 1936 como la primera de docenas de colonias que, bajo la ley de “Torre y empalizada” con la aprobación del liderazgo colonial británico, fueron elementos claves en la campaña sionista para asegurar que los árabes palestinos se mantuvieran alejados de áreas estratégicas. Un relato de la década de 1960 que apareció en Al Hamishmar, un periódico asociado con el movimiento kibutziano, describía que “esa mañana, hace 25 años, los residentes árabes de las tiendas y chozas de Tel Souk y Sakhne se frotaron los ojos con asombro, ¡durante la noche un nuevo lugar geográfico se había establecido en el mapa de la tierra!»

La justificación histórica para erigir vallas y torres alrededor de los kibutz, concebidos como fortalezas estratégicas, era mantener alejados a los árabes. Esos mismos muros y vallas mantienen ahora a los palestinos y judíos mizrajíes fuera de Nir David.

Los kibutz, incluido Nir David, también contribuyeron a las enormes brechas socioeconómicas que caracterizan a Israel en la actualidad. Los askenazíes disfrutan de privilegios casi inviolables y acceso a la tierra y los recursos naturales que a su vez generan importantes oportunidades económicas. Mientras tanto, las “ciudades de desarrollo” donde viven mayoría de mizrajíes que surgieron a su alrededor albergan a decenas de miles de personas en áreas geográficas pequeñas y estrechas que ofrecen escasas oportunidades de progreso económico.



Una activista de Beit She’an a la puerta principal del kibbutz Nir David pidiendo a los residentes que permitan el acceso público gratuito al río Asi, 14 de agosto de 2020 (Foto Mati Milstein).

Para fines comparativos, los residentes del consejo regional en el que se encuentra el kibutz Nir David disfrutan de unos 21.000 metros cuadrados de tierra por persona, mientras que en la cercana ciudad de clase trabajadora de Beit She’an los residentes disponen de un promedio de 400 metros cuadrados por persona, lo que significa que los residentes de Nir David disfrutan de 48 veces más tierra por persona. A lo largo de los años los residentes de Nir David han construido residencias y establecido prósperas empresas turísticas a orillas del río Asi. En las raras ocasiones en que el kibutz acepta nuevos residentes, la admisión está condicionada a un proceso de veto que incluye la evaluación por parte de un instituto de evaluación de la personalidad.

En este contexto, y dada la continua negativa del kibutz a adherirse a la Ley del Agua y su promesa a la Corte, la lucha por liberar el río Asi se ha intensificado. En los últimos meses los residentes de las ciudades circundantes junto con activistas de todo el país se han presentado a las puertas del kibutz todos los días en un intento de acceder al río. En respuesta se han encontrado con puertas cerradas y vigiladas, así como con la violencia de los miembros del kibutz, que los atacaron con cinturones y palos.

Los activistas llevaron a cabo su mayor manifestación hasta la fecha el viernes pasado, con cientos de personas que se unieron para apoyar. Los manifestantes entraron con éxito al kibutz y pudieron llegar y disfrutar del río. No obstante el día terminó con violencia, ya que los miembros del kibutz atraparon a uno de los manifestantes dentro del kibutz y lo patearon mientras yacía en el suelo, un ataque que lo envió al hospital con una conmoción cerebral y un riñón magullado. A otros manifestantes les rajaron los neumáticos.

A primera vista uno no sospecharía que la lucha por liberar el río Asi desencadenaría tanta controversia. En esencia, la lucha apunta a asegurar el libre acceso a los espacios públicos. Cuando la ciudad de Afula intentó prohibir la entrada a los forasteros en sus parques, esa decisión fue inmediatamente (y con razón) etiquetada de racista por tratar de mantener a los palestinos fuera de la ciudad. Las acciones para obligar a Afula a abrir sus parques recibieron un apoyo amplio y sin reservas de la izquierda israelí y de organizaciones de derechos humanos. Y sin embargo la lucha por liberar Asi está recibiendo reacciones drásticamente diferentes de las instituciones sionistas de izquierda y muchos autodenominados liberales.



El kibutz Nir David instala un nuevo alambre de púas en su cerca perimetral la mañana de una gran manifestación planificada que exige la apertura del río Asi al público en general, 14 de agosto de 2020 (Foto Mati Milstein).

Una tras otra, las personas que apoyan regularmente la igualdad, la justicia y los valores igualitarios presentaron una variedad de excusas para no respaldar la lucha.

Algunos argumentan que permitir el libre acceso al río lo destruiría, ya que los visitantes públicos no mantendrían el río y sus orillas limpios. Este argumento se basa en gran medida en estereotipos racistas sobre la higiene y la limpieza de los residentes mizrajíes del área circundante, mientras ignora el hecho de que las empresas turísticas de Nir David ya permiten que cientos de personas accedan al río, siempre que paguen. La afirmación suena aún más absurda si se considera que el propio Nir David arroja desechos agrícolas en un río cercano que pasa por Beit She’an.

Otros izquierdistas afirman que el río es parte del «hogar» de los miembros del kibutz y que entrar en él equivale a una violenta invasión. Algunos miembros del kibutz y otros seguidores conjeturaron en las redes sociales si los residentes de Nir David tienen permitido disparar sobre los manifestantes si entran en su propiedad. Heli Yaakobs, una veterana integrante de Nir David y miembro de la junta de The Israel Women’s Network, la organización feminista nacional más grande del país, trazó un paralelo entre las protestas y la agresión sexual. Una destacada personalidad de izquierda sugirió que la lucha por el río Asi simplemente no es tan importante y otro la ubicó en broma en el número 43 en una lista de las 42 luchas críticas para el futuro de Israel.

La reacción de figuras claves de la izquierda en esta lucha, junto con el silencio ensordecedor de la abrumadora mayoría de políticos de esa ala y organizaciones de derechos humanos, es quizás asombrosa, pero no sorprendente.

Además de ilustrar la creciente insignificancia de la izquierda sionista, nos enseña bastante sobre el derecho de las élites asquenazíes de Israel, tanto a la tierra misma como a la idea misma de justicia. El mismo tipo de control que mantiene a los manifestantes fuera de Nir David también se utiliza para etiquetar su causa de injusta, equivocada e irrelevante.

Históricamente la izquierda sionista ha participado activamente en la represión y la violencia que son parte integral del establecimiento del Estado, tanto contra los palestinos como contra los judíos originarios de países árabes. La izquierda fue responsable de diseñar la política discriminatoria de tierras que, hasta el día de hoy, otorga a los residentes de Nir David privilegios significativos con respecto a la asignación de tierras, al tiempo que mantiene vastas brechas económicas entre ashkenazíes y otras comunidades marginadas en Israel.

Esta es la misma «izquierda» que expulsó a los palestinos en 1948 y expropió sus tierras, muchas de las cuales quedarían bajo el control de los kibutz, y, durante décadas, desaparecieron bebés de familias mizrajíes. Cuando la derecha llegó al poder por primera vez en 1977 muchos vieron la agitación política como una victoria de los mizrajíes, un voto de protesta de los hartos del Gobierno injusto de Mapai en los primeros años del Estado.



Activistas y simpatizantes se manifiestan frente a la puerta principal de Nir David para pedir al kibutz que permita el acceso público gratuito al río Asi, 14 de agosto de 2020. (Foto Mati Milstein)

Desde entonces la izquierda permanece identificada y asociada principalmente con las élites asquenazíes, mientras que la derecha se asocia principalmente (al menos simbólicamente) con las comunidades mizrajíes y de la clase trabajadora, la mayoría de las cuales todavía albergan resentimiento contra la izquierda histórica.

A los activistas mizrajíes que insisten en este contexto histórico y su impacto en las alineaciones políticas actuales se les suele decir que le guardan rencor a Mapai, que ya no existe y tiene muy poco en común con la izquierda de hoy. Además se les dice que esta hostilidad lleva a los mizrajíes a votar en contra de sus propios intereses.

La lucha por el Asi prueba que estas afirmaciones son inexactas. Ilustran cuán irrelevante es la izquierda sionista cuando se trata de enfrentar esta injusticia en curso. Los partidos sionistas de izquierda como el Laborista y Meretz siguen dependiendo de los kibutz para el apoyo electoral, y es precisamente este apoyo el que les impide estar al lado de una de las luchas más importantes que se está llevando a cabo actualmente. Esta dependencia es quizás la razón por la que también permanecen en silencio ante la asombrosa desigualdad entre las ciudades en desarrollo y los kibutz.

La lucha por liberar el Asi ha dejado al descubierto a la izquierda sionista para que todos la vean. Una izquierda valiente y honesta se habría alineado inequívocamente con los manifestantes del río Asi, que luchan contra la desigualdad y un Gobierno que la mantiene y promueve, al tiempo que aboga por la justicia, la distribución justa de los recursos y la igualdad ante la ley. En cambio la izquierda sionista se esconde detrás de excusas racistas.



Un activista sostiene un cartel en hebreo que dice «El Asi es propiedad pública» mientras nada en el río, 14 de agosto de 2020. (Mati Milstein)

No hay duda de que los partidos políticos de izquierda que osen adoptar una posición tan valiente podrían enfrentar graves consecuencias políticas. Los kibutz pueden sentirse traicionados y es posible que no voten por partidos que perciben que no funcionan de acuerdo con sus intereses. Pero no hay otra manera, una izquierda que permanece en silencio ante las injusticias en torno al Asi y los kibutz (así como las injusticias del sionismo mismo) no puede hablar sobre la injusticia en otros lugares con coherencia y ciertamente no puede ofrecer una alternativa ideológica significativa a la derecha.

Incluso si tal posición cuesta a la izquierda su único bote salvavidas electoral, sigue siendo la correcta. Dejemos que la izquierda sionista se extinga, siga su curso. Quizás de sus cenizas pueda surgir un nuevo tipo de izquierda judía, una que no se centre en la supremacía sino en la solidaridad genuina entre aquellos que históricamente se han mantenido fuera de su círculo.

Puede que no se parezca ni suene a la izquierda a la que estamos acostumbrados, sino más bien se asemeje a la coalición que lucha por liberar el Asi, jóvenes que no necesariamente se identifican como izquierdistas y sin embargo lideran hoy uno de los movimientos más vigorosos por la justicia redistributiva en Israel. Al renunciar a compromisos históricos con las élites asquenazíes, tal izquierda podría finalmente ser libre para formar alianzas nuevas y transformadoras. Alianzas que derriben fronteras tanto ideológicas como geográficas.

Lihi Yona es candidata al doctorado en ciencias jurídicas en la Facultad de Derecho de Columbia y se centra en el derecho laboral y la teoría racial en Israel y Estados Unidos.

Fuente: https://www.972mag.com/asi-river-ashkenazi-zionist-left/

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar a la autora, a la traductora y Rebelión.org como fuente de la traducción.

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