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Dossier: Historia y actualidad de la nación Mapuche

Do SurySur, 16 de Agosto, 2020



La cuestión mapuche vuelve a estar en el centro de la escena: en el sur chileno, 27 presos políticos llevan más de 100 días de huelga de hambre mientras se intensifica la represión y rebrota el odio racial. Historia y actualidad de un pueblo que lucha por sus territorios en Chile y Argentina desde la “Pacificación de la Araucanía” y la “Conquista del Desierto”. Un dossier especial de Noticias de América Latina y el Caribe (nodal.am)

1.- La nación mapuche no es argentina ni chilena

Diana Lenton *

La situación de los mapuche no es diferente a la de los otros Pueblos Originarios. El Censo Nacional de Población realizado en 2001 en la Argentina permite verificar que un 96,3% de los mapuche son argentinos por haber nacido dentro de las fronteras de la Argentina. El 89 % de los mapuche, además, ha nacido en la misma provincia en la que fueron censados. Esto nos dice que a pesar de que muchas personas creen que los mapuche son chilenos, la realidad es otra muy diferente.

Desde el punto de vista de la ciencia antropológica, es un sinsentido equiparar variables de pertenencia étnica y de estado-nación, dado que son conceptos de diferente tipo, que no se afirman ni se niegan mutuamente. En otras palabras, ser mapuche no contradice ni impide el ser argentino o el ser chileno, como tampoco lo obliga, ya que son pertenencias de distinto orden.

Por otra parte, desde el punto de vista histórico, pensar que ser mapuche es ser chileno es un anacronismo, dado que los sentidos de pertenencia indígena se remontan a una antigüedad mayor a la del trazado de las fronteras internacionales. Estos individuos que hoy son considerados chilenos o argentinos según hayan nacido más allá ó más acá de la Cordillera, tienen un origen familiar enraizado en alguna de las antiguas identidades territoriales (pehuenche, guluche, puelche, huilliche, moluche, picunche, waizufche, chaziche, lafkenche, furilofche, wenteche, nagche, mahuidache, etc.) que hoy componen en conjunto la ancestralidad mapuche y que antes de la consolidación de las fronteras estatales eran soberanas en un territorio compartido bajo sus propias reglas.

Ningún investigador que trabaje con fuentes antiguas puede negar estas presencias en el territorio pampeano y patagónico desde varios siglos atrás. No hay dudas de la preexistencia al Estado nacional, por ejemplo, de los pehuenche o de los huilliche, nombrados en infinidad de documentos virreinales y crónicas de viajeros.

Cuando Alonso de Ercilla escribió su poema “La Araucana”, a mediados del siglo XVI, para describir la guerra de conquista en el centro-sur de Chile, eligió un nombre poético para la región circundante a la Plaza de Arauco, que extendió a sus habitantes. Pero este nombre no refleja la interacción entre las diferentes identidades territoriales ni es el nombre que los mapuche eligieron para representar su identidad en sentido amplio.

Los pueblos asentados a uno y otro lado de la cordillara de los Andes reivindicaban identidades locales que los diferenciaban al interior de este conjunto, y a la vez, sostenían una identidad común en virtud de las características compartidas, en especial un idioma (mapunzugun), con sus variantes regionales. Todos estos pueblos se mezclaban permanentemente, por medio de la circulación de personas y de productos comercializables, de alianzas militares y de matrimonios mixtos.

En cuanto a la tan debatida antigüedad del término mapuche, Francisco P. Moreno verificó en 1876 su utilización –bajo la forma mapunche– para denominar a algunos de los participantes de un Parlamento reunido en el área de influencia del “lonko” (cacique) Sayhueque. Es muy probable que se utilizara anteriormente, ya que lo que los documentos escritos nos informan es meramente eso: lo que se ha escrito. La utilización oral de un término suele preceder a su aparición escrita.

Con el tiempo, el término mapuche se fue extendiendo para abarcar al conjunto de subgrupos que comparten una cultura, y especialmente una lengua (el mapunzugun), aun con variaciones dialectales.

Las variaciones a través del tiempo en los nombres de los pueblos no necesariamente significan cambios en su identidad. En todo caso, son índice de nuevas relaciones con otros grupos, resultado del contexto histórico concreto.

Por ejemplo, es sabido que para 1810 no existía una sociedad que se presentara a sí misma con el nombre de “República Argentina” Y sin embargo, en 2010 se celebra el Bicentenario del “nacimiento de la patria”, Así, el nombre de una nación no es inmemorial ni esencial sino contingente, y ello no afecta ni la “identidad” ni el sentimiento nacional.

En 1878 Estanislao S. Zeballos escribió, por encargo del Ministerio de Guerra un alegato titulado “La conquista de quince mil leguas”. Esta obra, donde Zeballos describió a su conveniencia un territorio y una población que no conocía, presentó varios postulados que justificaron políticamente las campañas militares. Entre ellos, que el origen (y el destino) de los indígenas estaba en Chile. Al crear un enemigo “extranjero”, el Ministerio de Guerra lograba debilitar la oposición que desde muchos sectores se hacía a la política expansionista de los presidentes Nicolás Avellaneda y Julio Argentino Roca.

En sus obras posteriores, Zeballos argumentará cada vez con mayor énfasis en la supuesta raíz chilena de los indígenas de la Pampa y la Patagonia; idea que será rescatada por la política nacionalista a partir de 1920 y difundida como verdad “científica”, aunque la raíz de su argumento no estuvo nunca en el ámbito de la ciencia, sino de la política parlamentaria y militar. En Chile, por idénticos motivos, se atribuyó a los “araucanos” un origen pampeano, de manera que también allí se convirtieron en “extranjeros”.

Se sabe que debido a las campañas militares, numerosas familias mapuche y tehuelche huyeron hacia Chile, donde algunas de ellas se establecieron definitivamente, pero otras regresaron al oriente de los Andes, de donde eran originarias, cuando las condiciones fueron propicias. Este origen “argentino” de algunas familias aparentemente “chilenas”, está documentado en fuentes militares y en numerosos registros de historia oral. Por ende, son tan falaces las afirmaciones que pretenden asignar origen “chileno” a los mapuche o araucanos, como las que afirman un origen “argentino” para los tehuelche –otro nombre impuesto-, quienes pasaron por similares vicisitudes.

Las migraciones afectaron a la totalidad de los pueblos originarios, quienes pueden por lo tanto no residir hoy en sus territorios de ayer. Sin embargo, son originarios y preexistentes, no porque sean “originarios” de un territorio totalmente incluido en lo que hoy es territorio argentino y hayan permanecido estáticamente dentro de sus fronteras, sino porque son originarios de un territorio preexistente al trazado de las fronteras internacionales, y es en ese carácter de preexistentes que se hacen merecedores de derechos constitucionales específicos reconocidos en el derecho internacional.

Mientras esperamos que pronto se realice una decisiva aunque parcial reparación es indispensable comenzar a hacerse cargo, al menos, de la verdad y memoria histórica, disipando las confusiones intencionalmente fraguadas y reproducidas por intelectuales al servicio de los poderosos de ayer y de hoy.

* Antropóloga, Profesora titular de la Universidad de Buenos Aires (UBA) e investigadora del CONICET. Forma parte de la Red de Investigadores en Genocidio y Política Indígena.
2.- Contingencia y huelga de hambre, el Wallmapu como símbolo colonial

Eduardo Curín Paillavil *

En las últimas tres décadas de democracia neoliberal, el Estado chileno y sus gobiernos de turno, han profundizado sistemáticamente la violencia y represión en contra nuestra nación mapuche, la militarización del territorio, la indolencia política, el descaro del saqueo, siembra el terror por los campos y ciudades, los elementos de coacción, control y vigilancia de los aparatos de seguridad, operan cual dictadura sanguinaria estuviese gobernando.

Resultado de esta doctrina colonial de Estado, se han asesinado hace solo unos días cruelmente a jóvenes mapuche, se han allanado a comunidades, se han torturado, encarcelado y detenido a una centena de dirigentes que incluye a mujeres, ancianos y niños.

Violadas históricamente todas las garantías jurídicas, procesal e investigativa, tenemos como respuesta en julio de este año 2020 una desesperada huelga de hambre de un conjunto de miembros de la nación mapuche que ya superan más de 90 días en distintas cárceles construidas en nuestro propio Wallmapu.

En este contexto, y bajo una declarada crisis sanitaria mundial, se vulneran los derechos que les asisten a los mapuche. En esa perspectiva, en ciudad de Nueva Imperial, el machi Celestino Córdova es internado en el hospital trasladado desde cárcel de Temuco, debido a su inminente deterioro de su salud en el que se encuentra, privados de sus derechos como autoridad espiritual y de salud, cumple una condena a todas luces injusta, en una cárcel construida para encerrar la protesta mapuche, profecía auto-cumplida del colonizador.

El colonialismo iniciado en el continente a finales del 1400 significa pandemia en todos sus términos, murieron a causa de esta invasión más de setenta millones de indígenas por efecto de enfermedades, desnutriciones, torturas, etc. Por lo tanto, este delito de lesa humanidad tiene responsables materiales que la emancipación futura debe reparar, sería sin embargo ingenuo imaginar que habrá justicia efectiva de parte de los tribunales chilenos, manchados de sangre durante toda su historia y el ministerio de colonia y guardianes de cuarteles de violaciones de derechos humanos.



Hasta el día de hoy, no existen indicios concretos del cese de violaciones a los derechos humanos colectivos indígenas, ni creemos que los vaya a haber, como han establecido en convenciones y declaraciones de los organismos de la comunidad internacional, lo que hace pensar, que el camino diplomático termina entrampado en una burocracia tecnocrática que no garantizará ni obligará a ningún estado ni tribunal a hacer justicia efectiva.

Para el caso Mapuche, desde la ocupación militar de 1881 a la actualidad, los mecanismos de coerción se han instalado mediante diversos métodos y tácticas para desmovilizar las legítimas luchas nuestras. De este modo, se instalan las mentiras del presente como verdades y se niegan las verdades del pasado para sepultar las del presente y el futuro.

Se utiliza e invoca la crisis sanitaria de occidente para profundizar crimen en contra de nuestra nación, si no es de salud pública, es financiera, recesiones truchas, inestabilidad política, o necesario cuidado de la democracia la paz y el orden o, por último, el “estado de derecho”, esa figura que nadie entiende, pero que el colonialista conoce en completa profundidad y que sólo beneficia la protección de sus robos y el despojo, en una legalidad que él construyó fuera de todo nuestro consentimiento.

LAS CONTRADICCIONES EVIDENTES

La actual pandemia sanitaria, no se ha resuelto en términos de políticas de salud pública, menos se ha discutido el modelo de salud, ni siquiera imaginar el método de salud mapuche, se ha criminalizado a la sociedad y se han decretados leyes coloniales. Cual comisarios de películas del oeste, aparecen decretos, multas, sanciones penales, etc., de tal manera que a las élites no les interesa la salud de nadie en el mundo. De lo único que se acordará la sociedad del futuro es del terror financiero, militar y policial de los gobiernos y en Chile de su indolencia total con los mapuche.

Ya no es tiempo de creer en las razones humanitarias que el colonizador promueve hipócritamente mediante sus aparatos comunicacionales, al menos para los mapuche debe quedar claro: se intenta implantar un orden económico y político sin nuestra presencia genética, mediante una ley que no resiste más el confinamiento. Es una completa irresponsabilidad el cómo maltratan a centenas de integrantes de nuestra nación, sin existir ni un mínimo de criterio para cautelar su derecho a la vida.

Coincidentemente, el colonialismo no retrocede en crimen, se perfecciona por el mundo, el Apartheid, copia y traslada las mismas técnicas de dominación por todo el hemisferio. Así, el guion represivo del medio oriente de Israel, traslada fielmente el terror al Wallmapu, de modo que se han importados armas de guerra, vigilancia aérea, drones, aviones vigías entre otros, vehículos terrestres y entrenamientos tácticos de la policía y el ejército en plena pandemia y crisis sanitaria, de industria del mismo colonialista.

Largamente hemos sido responsables de todo lo negativo para el oficialismo gobernante. Sentados en zonas de derecha e izquierda parlamentaria, el colonizador debate su proclama en contra nuestra, promueve leyes anti-protesta, anti capucha, anti manifestación social, imprimiendo en nuestras venas la sumisión, de tal manera que, al final del día, cualquier disidencia, o toma de conciencia de nuestros derechos despojados, se resuelven con ofertas de ejército en las calles, policías y funcionarios civiles para inmovilizar nuestras justas demandas.

Las cárceles, son inevitables, existe una sola manera de no ir a ella, “la doblegación y sumisión”, cuestión a la que el pueblo mapuche nos hemos negados históricamente aceptar.

CONSPIRACIÓN INTERNACIONAL Y CRIMEN DESATADO.


La conspiración internacional de los estados coloniales donde es parte el Estado de Chile ha creado un clima de verdadera dictadura mundial, instala una doctrina del terror sistemático, promoviendo el arresto domiciliario de la sociedad, el terrorismo colonial del saqueo, extracción de recursos naturales y la explotación de ello, mientras la sociedad está encerrada en sus casa.

Ante estos hechos y otros, los mapuche no nos podemos dejar engañar, sabemos de la existencia de los alcances del virus, pero también sabemos de la intencionalidad política y el aprovechamiento del gobierno para mantenernos en distancia social, temeroso de contagio y una ley de multa si rompemos con su mandato político de criminalización.

Es de sentido común lo paradójico de la actuación del mundo político en contra las naciones anexadas, colonizadas y ocupadas militarmente, como es el caso de la Nación Mapuche, los gobernantes repugnan nuestras vidas, no hay razones para preocuparse de salvarnos del COVID-19.

Ante estos hechos, a los mapuche nos quedan pocas posibilidades de seguir respetando las leyes de orden sanitario, este protocolo es completamente impracticable cuando se están muriendo en una huelga un conjunto de mapuche, que se les niega el cumplir el proceso de investigación en sus domicilios mientras este la crisis sanitaria.



El control del ejército en las calles, las comunidades sitiadas, los cordones sanitarios en todas las ciudades de enclaves coloniales y el cierre de fronteras, hace imposible cualquier especulación jurídica de fuga, pero más aún, el deterioro de la salud de los huelguistas, les imposibilita desplegarse de forma independiente.

Solo se confirma entonces, el odio racial y la injusticia que vivimos los mapuche por parte de la institucionalidad política del Estado en todo su esplendor.

Señalamos en junio del año 2019, al Congreso de Chile el cese de aprobación del presupuesto definido ITEM étnico para reprimir al pueblo mapuche, y lo que hemos visto en los últimos días es el desfile de vehículos tácticos, sofisticadas armas de guerras e incluso militares boinas negras amenazando a la movilización mapuche, ante ello, si el desenlace fuera la muerte de unos de los huelguistas, no nos quedará otro camino que, llamar a movilizarnos con todas nuestras fuerzas.

Ante estos hechos, sumado al incumplimiento de las leyes y recomendaciones de organismos internacionales en materias de derechos de los pueblos indígenas, que refiere el Convenio 169 de OIT, a la Declaración de Naciones Unidas de septiembre de 2007, e incluso la reciente Resolución Pandemia y Derechos Humanos en las Américas (CIDH, 1/20 del 10 de abril del 2020, a los mapuche no les quedará otro camino que estallar en desobediencia civil y salir de sus casa, lof y enfrentar la injusticia jurídica y política mediante movilización y protesta, frente al genocidio que nos ofrece la institucionalidad del Estado.

* Sociólogo mapuche.
3.- La criminalización y el miedo hacia el pueblo mapuche como instrumentos políticos del Estado chileno

Francisca Fernández Droguett *

La década de los noventa se destacó por la visibilización de diversos movimientos indígenas en América Latina, que se articulan en torno a un entramado social y organizativo basado en la vida comunitaria de los pueblos indígenas, reivindicando ideas como autonomía, autodeterminación y territorio, que servirán de sustento para la movilización social y política de muchos otros movimientos sociales en el continente.

Específicamente en Chile en estos últimos años ha tomado fuerza las reivindicaciones territoriales mapuche tanto en el ámbito rural como urbano, a través de la recuperación de tierras comunales usurpadas por el Estado chileno en los inicios de la República, en el marco de constantes enfrentamientos con empresas extractivistas, como las forestales, que han visto aumentar sus ingresos a costa de la explotación del bosque nativo, la usurpación y el acaparamiento de las aguas. Pero sobre todo este proceso de recuperación se ha enmarcado en la reivindicación de una territorialidad ancestral, que los constituye como pueblo.

Estado y políticas del miedo

La constitución del Estado chileno se ha basado en la negación e invisibilización sistemática de los pueblos indígenas y afro [1] que han habitado el territorio, y en torno a la hegemonía de una violencia legitimada por sí misma. Si bien tuvo uno de sus puntos álgidos durante la dictadura cívico-militar, el aparato estatal se ha sostenido desde su conformación a partir de la violencia focalizándose claramente hoy en la criminalización hacia el pueblo mapuche movilizado en el marco de la represión de la protesta social en Chile.

El Estado de Chile ha sido el principal agente de una política del miedo (Pincheira, 2014) sostenida en la persecución y el asedio constante hacia luchadoras y luchadores sociales, en especial del pueblo mapuche, mediante la instalación de supuesto sentimiento de inseguridad sobre la base de la consolidación del sujeto mapuche como terrorista y hoy también como delincuente (Fernández y Ojeda, 2015).



Es así que el miedo se convierte en el principal instrumento político del Estado (Corey, 2009) en tanto dispositivo de control y gestión (Agudelo, 2013; Foucault, 2006). El miedo funciona como un modo de amedrentamiento hacia acciones colectivas visualizadas como transgresoras del orden social imperante, y como fundamento de la represión de sectores sociales movilizados, a través de las fuerzas policiales desplegadas en marchas y movilizaciones, y mediante la persecución penal y criminalización de dirigentes (Pincheira, 2014).

Bajo esta lógica la movilización se convierte en el campo del actuar delictivo al cual reprimir, siguiendo el mismo modelo de supresión de organizaciones subversivas de izquierda que se encontraban activas a inicios de la década de los noventa en la postdictadura (Acuña, Fredes & Pérez, 2010). Cabe destacar que este mismo patrón fue aplicado hacia las comunidades mapuche movilizadas en torno a la recuperación territorial de tierras ancestrales usurpadas por el propio Estado y hoy en manos de privados.

El mapuche como amenaza

El mapuche es presentado en la escena pública como amenaza (Frey, 2000), correspondiendo a un enemigo potencial por su condición de riesgo (Hoecker & Tsukame, 2000) y destructor de las relaciones sociales de la ciudadanía. Un terrorista, en un ambiente de fuerte polarización y consolidación de un clima permanente de riesgo, de guerra permanente (Calveiro, 2006). El miedo se generaliza y naturaliza.

La aplicación de la Ley Antiterrorista ha sido uno de los mecanismos legales tanto de los gobiernos de la Concertación y la Nueva Mayoría (conglomerados que históricamente se han autopercibido de “centro-izquierda”), como de la Alianza (que reúne a los partidos de la derecha liberal y conservadora), para reprimir a las comunidades mapuche. Conocida como Ley N° 18.314, ésta tiene su origen en 1984, en plena dictadura cívico-militar, que tuvo como objetivo la persecución y el encarcelamiento de los opositores, tipificando como acción terrorista el secuestro, los atentados con explosivos, amenazas, entre otras acciones.

Posteriormente, en 1991, se incluye el delito de incendio, siendo uno de los ejes de la criminalización y encarcelamiento de autoridades mapuche los sujetos que cumplen el rol de lonko, weichafe y machi (Fernández y Ojeda, 2015), en el marco de constantes enfrentamientos de comunidades m
apuche con empresas forestales que han visto aumentar sus ingresos a costa de la explotación del bosque nativo y el monocultivo de pino (Pairicán y Álvarez, 2011).



Luksic, Matte, Piñera, Angelini

Desterritorialización y criminalización

El pueblo mapuche ha visto reducido su espacio vital desde diversas políticas de desterritorialización (Toledo, 2004) en la colonización, constitución de ambas repúblicas (Chile y Argentina) hasta la actualidad, por medio de la creación de reducciones indígenas por parte del Estado (Marimán, 2012), la instalación de empresas extractivistas comandadas por familias como los Matte, Luksic y Angelini, que explotan de manera intensiva e ilimitada bienes comunes como bosques y aguas.

La usurpación de tierras por parte del Estado (y hoy transnacionales) ha sido la principal modalidad de ocupación territorial (Veres, 2014), la cual se ha visto intensificada con la privatización de tierras y agua, mediante la instalación de forestales, proyectos hidroeléctricos, industrias de la celulosa, salmonicultura y minería.

La represión contra autoridades mapuche responde también a la extensión del control y apropiación de la naturaleza por parte del Estado y transnacionales, por lo que no es casualidad que hoy esté en aumento la criminalización de las figuras espirituales, como es el caso de la machi Francisca Linconao, quien fue acusada de participar en el ataque incendiario que dio muerte al matrimonio Luchsinger-Mackay, en el fundo Granja Lumahue, mismo caso en que fue condenado el machi Celestino Córdova, 
después de un largo proceso en el que se aplicó la Ley Antiterrorista y en el que hubo once imputados que debieron ser absueltos luego de que un supuesto “testigo clave” acusara a la fiscalía de arrancar declaraciones mediante tortura.


Otro caso emblemático es el de la machi Millaray Huichalaf, acusada de la quema del fundo Pisu Pisué junto otros comuneros, como el lonko (del Puelmapu, territorio mapuche en Argentina) Facundo Jones Huala, quien se encuentra actualmente preso en la ciudad de Temuco bajo una condena de 9 años de cárcel.

Cabe destacar que durante el encarcelamiento de estas autoridades se le impide llevar a cabo sus ceremonias y ritualidades, correspondiendo a otro mecanismo de control y disciplinamiento corporal (Jeréz, 2013). Los propios cuerpos de estas autoridades devienen en la materialidad del delito, en tanto cuerpo sancionado, sometido y vigilado (Fernández y Ojeda 2015). Uno de los hitos respecto del control ejercido por sobre el cuerpo es la exigencia en algunas audiencias del despojo de la vestimenta tradicional.

En este mismo escenario de criminalización se insertan los casos de asesinato de Macarena Valdés, en la comunidad de Tranguil, Panguipulli, y Camilo Cantrillanca, de la comunidad de Temucuicui, Ercilla.

Macarena Valdés fue encontraba muerta y colgada en las afueras de su vivienda el 22 de agosto del 2016 (durante el gobierno de Michelle Bachelet, Nueva Mayoría), estableciéndose tempranamente por parte del Servicio Médico Legal como causa de muerte el suicidio, sin embargo organizaciones sociales y familiares gestionan una segunda autopsia donde se establece que fue colgada luego de encontrarse muerta.

Esto fundamenta la versión de asesinato a causa de la lucha que encabezada junto a su compañero Rubén Collío por la defensa del territorio en el sector de Río Tranguil ante la instalación de una Mini Central de la empresa RP Global y de su cableado de alta tensión. Hasta el momento no existe ningún avance respecto de la 
investigación que lleva a cabo la Fiscalía.



Camilo Catrillanca fue un comunero mapuche asesinado el 14 de noviembre del 2018 al recibir, por la espalda, un tiro en su cabeza por parte del sargento Carlos Alarcón, miembro del Comando Jungla, durante el operativo del Grupo de Operaciones Policiales Especiales de Carabineros de Chile apodado con ese nombre, creado durante el segundo gobierno de Sebastián Piñera (Alianza) a modo de policía antiterrorista en territorio mapuche, siendo sus miembros formados en Colombia y Estados Unidos para el combate contra grupos subversivos.

Camilo en el momento de su muerte se encontraba manejando un tractor junto a un adolescente de 15 años. Según la versión de la policía, supuestamente se le disparó por haber participado de un asalto a un vehículo, hecho que nunca se corroboró. El 09 de mayo del año en curso la Fiscalía dio por cerrada la investigación para dar inicio a la preparación del juicio oral.

A modo de cierre

Más de una quincena de comuneras y comuneros mapuche han sido asesinados en el periodo posterior a la dictadura cívico-militar en Chile (1973-1990), en el marco de políticas represivas por parte de los gobiernos de turno. Casos como el de Alex Lemún, asesinado el 2002 durante la ocupación del fundo Santa Elisa, propiedad de la Forestal Mininco; de Julio Alberto Huentecura Llancaleo, asesinado el 2004 supuestamente en una riña al interior de la Ex Penitenciaría de Santiago, luego de haber sido detenido en Osorno y trasladado a Santiago.

AZdemás, la desaparición forzada de Jose Huenante Huenante en el 2005 en la ciudad de Puerto Montt; el asesinato de Matías Catrileo en el 2008 y al año siguiente de Jaime Mendoza Collío, constituyen piezas de un engranaje represivo sostenido de manera sistemática desde la instalación de discursos y políticas del miedo, en que toda diferencia y fisura con el relato unificador del Estado nación se convierte en material de peligrosidad. No es casualidad que mapuche, migrantes, estudiantes, disidencias sexuales, entre otras posiciones de sujeto, conformen hoy el nuevo campo de criminalización.

* Antropóloga, magíster en Psicología Social, doctora en Estudios Americanos (mención Pensamiento y Cultura), docente de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, parte del Movimiento por el Agua y los Territorios, de Somos Cerro Blanco y del Comité Socioambiental Coordinadora Feminista 8M.
4.-Mapuches, los guerreros de la Patagonia

Cristina Barraza *

Los mapuches, gente de la tierra, según ellos mismos se llaman en su lengua, la mapudungun, conformaron el pueblo originario más números de la actual Patagonia argentina y chilena. El pueblo, a la hora de la llegada de los conquistadores estaba, compuesto de gente que, como ahora, son fornidos y de baja estatura.

Es celebre la descripción que hace el soldado y poeta español Alonso de Ercilla y Zúñiga (1533-1594) sobre los varones de la región de Bio Bio en la Patagonia chilena:

“Son de gestos robustos, desbarbados, bien formados los cuerpos y crecidos, espaldas grandes, pechos levantados, recios miembros de nervios bien fornidos; agiles, desenvueltos, atrevidos, duros en el trabajo, sufridores de fríos mortales, hambres y calores.”

Decimos que los mapuches eran originarios de estas tierras del sur de América por cuanto se denominan de esa manera a aquellos pueblos cuyos habitantes son los primeros de una tierra o de una región geográfica, todo lo cual ha quedado demostrado científicamente en relación a las tierras que hoy pertenecen a Chile aunque no tan certeramente en relación a la Patagonia argentina, creándose por ello una discrepancia entre historiadores, antropólogos, sociólogos y estudiosos de la materia.



En efecto existen dos teorías en relación al reconocimiento de este pueblo como originario de Argentina. La primera les niega esa condición por cuanto los considera “indios chilenos “y atribuye su existencia en nuestro territorio el haber invadido y exterminado a los tehuelches, a quienes si se los reconoce como originarios. Esta teoría es reivindicada por gran parte de la sociedad, en especial de la patagónica y es avalada por opiniones de parte de los científicos abocados al estudio polémico tema que continúa debatiéndose hasta hoy.

La segunda, que cuenta con el aval de historiadores y antropólogos de diferentes Universidades nacionales y de investigadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conicet), afirma que los mapuches vivían en estos territorios antes de que existieran los estados, ocupando territorios a ambos lados de la Cordillera de los Andes, y que, previo a la conquista, había mapuches en lo que hoy es Argentina, como también tehuelches en lo que actualmente es el territorio chileno. Es más, se sostiene que ambos pueblos se fundieron por alianzas matrimoniales y por desplazamientos, a tal punto que hoy, por ejemplo en la Provincia de Chubut existen familias que se consideran mapuche –tehuelche.

A la llegada de los conquistadores españoles es posible afirmar que una parte muy significativa del territorio chileno estaba ocupado por grupos indígenas que hablaban una misma lengua, pudiéndose estimar, por descripciones de cronistas de la época que conformaban una población de 1.000.000 de personas.

Según evidencias arqueológicas, al estudiar los patrones de asentamientos, las cerámicas, los cultivos, etc. se ha podido concluir que, en algún momento 800 a 1000 años AC, estos pueblos ya habitaban el territorio de Chile Es más, hay evidencias en el sitio arqueológico de Monte Verde, en Puerto Montt, que existió población humana desde hace 13.000 años.

Hoy, según varias ONG, la cantidad de personas consideradas mapuches en Chile oscila entre 800.000 y 
1.400.000, siendo esta última cifra la que también estiman las organizaciones indígenas. 


A su vez, en Argentina, se calcula que existen alrededor de 100. 000 personas de esta etnia, en su mayoría habitando en las provincias de Chubut, Neuquén, Rio Negro y Buenos Aires. En particular es importante la presencia de estos grupos en el Parque Nacional Lanín donde residen 7 comunidades, constituidas por aproximadamente 3.000 personas, que ocupan unas 24.000 Ha en territorios que consideran como propios.

Si bien existen estudios que agrupan a los indígenas de habla mapuche dándoles diferentes denominaciones, según el lugar en el que habitan, para ellos no existen diferencias, y de todos estos grupos el llamado araucano (denominación impuesta por los conquistadores), fue el que se resistió exitosamente a ser colonizado, logrando rechazar en primer término a los Incas y posteriormente, durante muchos años, ofrecieron fuerte resistencia a los españoles. Ellos habitaban en el territorio chileno al Sur del rio Biobío.

El pueblo mapuche reconoce a su territorio como base de su existencia y cultura, nadie es dueño de la tierra según su concepción cosmológica y solamente le pertenece a quienes la habitan. Este concepto es de gran importancia para comprender el porqué de los reclamos permanentes por su territorio, que continúan hasta nuestros días.

Su cosmovisión

Las religiones indígenas del mundo siempre han buscado respuestas sobre los interrogantes del ser humano en relación con la naturaleza, el medio ambiente, las relaciones reciprocas, y los efectos de la naturaleza sobre los seres vivientes y las cosas materiales. La identidad del mapuche, en forma similar, se liga a la tierra y a la naturaleza, y desde ese lugar se funde con lo sagrado, lo cual está representado por las divinidades y los antepasados.


La palabra mapu o tierra es esencial en el contexto cultural mapuche. Pareciera ser que en su imaginario religioso no se puede separar mapu (la tierra) de wenumapu (que es plano superior donde se encuentran los seres protectores y los espíritus de los antepasados), solo así se garantiza la reciprocidad entre un orden natural y un orden sobrenatural. Por ello, la tierra no es propiedad de nadie en particular, sino patrimonio de toda la comunidad.

En la cultura mapuche el universo se representa como planos superpuestos. En los superiores habitan los seres protectores y los espíritus de los antepasados, en el intermedio habitan los seres humanos, los animales, las plantas y ciertos seres espirituales y en el subterráneo habitan los seres hostiles a la humanidad o wekufü.

El rito es el que convoca y une al mapuche y es en esos espacios ceremoniales en donde se recrean el conjunto de las tradiciones sagradas y profanas que las divinidades legaron a los antepasados. Es importante conocer el concepto que poseen de reciprocidad con Ngenechén o Ser Supremo para comprender el sentido de esos ritos. El hombre debe devolver a la divinidad, con acciones, el equilibrio con el todo que pudo haber roto.

El Nguillatun

El más importante de los cultos es El Nguillatun, ceremonia que congrega a un gran número de personas perteneciente a varias comunidades y que provienen de distintos lugares, a veces muy distantes. En ese rito la tribu, con su presencia física en el lugar, le “paga “a la divinidad haciendo contacto con ella, siendo esa unión espiritual beneficiosa para todos.

En esa energía colectiva, fuerte, se olvida todo, nadie ahí es bueno o malo y en esa reciprocidad queda clara la visión mapuche sobre el ser humano: la responsabilidad de los hechos de la naturaleza es del hombre que, por su descuido, ha realizado inadecuadamente los ritos a los antepasados y a las divinidades originando así incluso las grandes calamidades como las epidemias, las sequias, las inundaciones etc.

En su cosmovisión el ser humano tiene una responsabilidad cósmica y con la realización del Nquillatun la comunidad realiza una contribución para restablecer el orden y los desequilibrios que ha causado. Este es un ritual que pone en contacto recíproco al mundo profano con el mundo sagrado, con el fin de mantener el equilibrio en el universo.


También, como parte de la ceremonia, en donde además se canta, se baila, se come y se bebe, se desarrollan rituales que simbolizan la lucha contra los espíritus del mal, los llamados wekufü.

Esta ceremonia de organización compleja, dura tres días y posee también un aspecto de sacrificio, como parte de los pedidos de protección y de favores a la divinidad y a los antepasados y es encabezada siempre por un lonko. Aquel que la encabeza tendrá a su cargo el sacrificio de un animal, generalmente un cordero, al cual se lo degüella y su corazón es ofrecido, cuando aún late, a Ngenechen, Padre y Madre, y a los antepasados. Luego, su sangre es usada para rociar el resto de las ofrendas que más tarde se quemaran.

Es asimismo destacable en la cosmovisión mapuche el uso de los colores y su simbología. El color negro es el color madre, es la base en donde los demás colores se posan, pero también representa lo oscuro, los espíritus tenebrosos, y para diferenciar ambos simbolismos, cuando es opaco significa la oscuridad, si es brillante asume un significado de lo estable.

El amarillo representa al sol y a la renovación; el azul simboliza el universo, el orden, la vida, la espiritualidad y lo sagrado; el blanco representa la pureza, la curación, la longevidad y también la sabiduría y prosperidad; a su vez el rojo es símbolo de poder y fuerza, sobre todo de la lucha mapuche y su memoria de esos acontecimientos y el verde representa la naturaleza, la fertilidad la tierra y es el símbolo de lo femenino. Todos estos colores aparecen en la bandera mapuche.

Su organización social

Los mapuches se organizaban principalmente por los lazos familiares, con mayor fuerza en la línea paterna, considerando como factor determinante de ello que practicaban la poligamia ya que cada hombre podía casarse con cuantas mujeres le permitieran sus recursos. La mayoría poseía dos o tres esposas pero los más ricos llegaban a poseer seis .Se valoraba tener muchos hijos y la mujer, lejos de ser una carga, constituía la fuente más importante de producción. La primera esposa era la dueña del hogar, circunstancia reconocida por las restantes y su hijo mayor, sin importar cuando naciera sería considerado el primogénito.

Los sacerdotes, llamados machis eran en su mayoría mujeres ya que conocían el valor curativo de las plantas y se las consideraba intuitivas, perceptivas y hasta dotadas de la facultad de hipnotizar.

A su vez las familias con un tronco común se reunían en grupos denominados lof y sus rucas (que en mapudungun significa casa) se establecían cerca unas de otras, para facilitar así la colaboración entre todos; cada lof, poseía un lonco, palabra que significa “cabeza “en mapudungun.

El cargo de lonco posee aspectos religiosos, políticos y administrativos y puede recibirse por descendencia familiar, o por nombramiento de su comunidad, siendo generalmente ejercido por personas mayores. Los asuntos internos se discutían en los cahuines, en donde se reunían los indios principales y todos los que estaban unidos por un tótem

Se conformaban asimismo, en tiempos de dificultades o guerras, grupos de mayor tamaño formados por varios lofs, esas agrupaciones llamadas rehues estaban a cargo de un jefe, llamado toqui. Las reuniones de varios grupos totémicos e denominaba levo y llegaban a reunirse de 1500 a 4000 personas. Allí se tomaban decisiones colectivas no solo sobre las propias comunidades sino también sobre lo resuelto en otros levos, sobre la guerra, la paz y otros conflictos.

Este pueblo carecía de cohesión política y social ya que reconocía autoridad en diversas instituciones o personas según las circunstancias y la autoridad máxima global era inexistente.

Sus viviendas, las rucas eran construidas con materiales provenientes de la naturaleza, usando madera, totora, junquillo etc. y poseían un gran tamaño dada la vasta organización familiar descripta, llegando alguna a medir hasta 120 metros cuadrados.

El fogón o kultralwe era un detalle fundamental en cada vivienda, ya que con él se calefaccionaba y se alumbraba la vivienda, preparándose allí también los alimentos. Sus principales formas de subsistencia eran la caza, la pesca y la recolección de los piñones del Pehuen u Araucaria, esta última actividad persiste hasta nuestros días. Con dicho fruto preparan comidas y bebidas .Fueron posteriormente incorporando la cría de animales y la agricultura.

La familia era la encargada de trasmitir los saberes a los niños tanto en lo cultural como en lo económico, siendo que ambos aspectos se encontraban unidos y eran indisolubles, se enseñaba todo a partir de la práctica de las tareas cotidianas, como la elaboración de tejidos y alimentos, o la cría del ganado.

Practicaban la exogamia, es decir que la pareja se buscaba fuera del grupo familiar de pertenencia.

Su lengua, música y arte textil

LA LENGUA

En primer término diremos que la lengua mapudungun es una lengua aislada, lo que implica que no posee parentesco con ninguna otra y que, a la espera de mayores investigaciones, también se la encuadra como una lengua no clasificada, siendo el significado de su nombre la frase: “habla de la tierra”. En ella existen 6 vocales, entre 20 y 22 consonantes y entre 26 y 28 fonemas. Del mapudungun han pasado al español muchas palabras sobre todos de nombres de sitios, plantas o animales (por ejemplo coihue < koywe) o Lanín, Nahuel Huapi, Temuco, Pehuajo etc.)

Los mapuches no tenían escritura cuando llegaron los conquistadores por lo que para escribirlo se usa el alfabeto latino. La primera gramática del mapudungun fue escrita por el Jesuita Luis de Valdivia en 1606; esta y otras obras similares y posteriores, fueron de uso imprescindible para los sacerdotes de las misiones religiosas, en su tarea de evangelización.

Si bien durante la época colonial, el uso de la lengua disminuyo en diversas regiones, debido, principalmente ,al proceso de mestización que los mapuches elegían para evitar la esclavitud de los descendientes en las encomiendas, en la región al sur del Rio Biobío continuo siendo la lengua habitual, ya que ese grupo de indígenas fue el más resistente a la conquista , habiendo logrado incluso rechazar, en 1598, al conquistador español ,obligándolo a abandonar las siete ciudades española establecidas en la zona, las que fueron destruidas Es esta zona del vecino país chileno la que conserva en la actualidad mayor cantidad de miembros de esta etnia.

Actualmente en Argentina el mapudungun coexiste con el castellano y funcionan incluso varias escuelas interculturales, por ejemplo en la provincia de Neuquén, que son bilingües, con sus ventajas y desventajas. Poseen a su favor la integración intercultural y, como dificultad, que la alfabetización en castellano requiere un mayor tiempo de aprendizaje.

EL ARTE TEXTIL


Se han encontrado evidencias de tejidos en las zonas australes de Chile y Argentina que datarían de 1300 DC suponiéndose que este arte pudo haber llegado a través de contactos con las culturales andinas de Ecuador y Perú.

Los testimonios de los conquistadores rebelan que los indígenas vestían prendas tejidas con pelos de camélidos que ellos mismos confeccionaban. La prenda más común era y es el chamal, una manta cuadrada que los hombres usaban en la cintura, como pantalón y las mujeres usaban de a dos, una en los hombros y otra como pollera.

Los tejidos eran confeccionados por las mujeres y trasmitidos sus conocimientos, oralmente, de generación en generación.

LA MÚSICA, LOS INSTRUMENTOS Y LA DANZA

La música en esta cultura es parte primordial de los ritos religiosos, por lo que no es una mera expresión artística y, según la ocasión, conecta los ámbitos terrenales con los espirituales, produciendo, también, efectos curativos. La música puede ser vocal o instrumental.

Poseen instrumentos de viento, de percusión, de cuerdas y otros que suenan al ser sacudidos. De los instrumentos de viento el más conocido y que ha llegado a nuestros días es la Trutruka, una trompeta natural con pabellón de cuerno. Se fabrica con caña colihue que se vacía previamente para luego recubrirla con tripas de animales, principalmente caballos, para evitar la fuga del aire; en un extremo se coloca un cuerno vacuno atado con tientos, para amplificar el sonido. Este instrumento puede medir entre 2 y 5 metros.

El Kultrum, es el instrumento sagrado más utilizado, es de percusión y su aspecto es similar a un timbal. Su cuerpo se construye con madera de canela o laurel, que son arboles sagrados, y lleva, en su parte superior, un parche de cuero de potro, guanaco u oveja. Antes de tensar el parche la Machi (sacerdote, consejera, sanadora y protectora del pueblo) canta hacia el interior de la caja, para dejar su alma en ella e introduce pequeños objetos sagrados que luego suenan al sacudir el instrumento .

En el parche se dejan plasmado el símbolo del universo mapuche ya que el Kultrun representa, en la cosmovisión mapuche, a la mitad del mundo, dada su forma semi esférica. Se representan allí los cuatro puntos cardinales, considerados los poderes omnipotentes de Ngnechen, en una cruz que también contiene en los espacios intermedios la referencia a las cuatro estaciones del año. La cruz se pinta generalmente con sangre de algún animal sacrificado y tiene en si misma múltiples significados sagrados.

Como instrumento de cuerdas poseen el Kunkul kaweque, que es un arco hecho con colihue y un hueso de caballo tensado con una cuerda fabricada con crines de caballo, fibras vegetales o cuero.

Y, entre aquellos instrumentos que suenan con la sacudida, está la Wada, fabricada con una calabaza con pequeñas piedra o semillas en su interior.

El baile posee, como ocurre con la mayoría de los pueblos originarios de América, un carácter ritual y es protagonista principal en las ceremonias mapuches, representando la armonía entre el hombre y su entorno y asimismo la relación de ellos con los mundos espirituales. Por ello puede afirmarse que los bailes son la expresión pura de la cosmovisión mapuche.

Entre las danzas se destaca el purun, protagonista central en la ceremonia del Nguillatun. Los participantes bailan en filas semicirculares mirando al altar ritual y siempre se baila en círculo, para restablecer el orden, para unir lo desunido. La trutruca y el kultrun marcan el ritmo de la danza que puede durar hasta media hora, y que siempre se baila en parejas (puede ser un abuelo y su nieta), continuando el movimiento hasta que los caciques lo den por finalizado.

Existen también danzas más populares o recreativas como el baile del avestruz o choique puru que también son realizadas en fiestas familiares,y otras que tienen carácter curativo, como la machi purun que se baila, entre otras ocasiones, cuando se inaugura una ruca.

LA ORFEBRERÍA

La presencia de la metalurgia en el pueblo mapuche, al igual que en otros pueblos andinos puede encontrarse desde la época prehispánica. Sin embargo, la orfebrería en plata adquirió gran relevancia al interior de la comunidad mapuche, a fines del siglo XVIII, comenzando a ser desarrollada en forma intensiva por hábiles artesanos que lograron crear una gran diversidad de formas y estilos.

Es interesante conocer cómo se hacían los artesanos del metal para la realización de sus obras. Esto se relaciona con el comercio que se fue incrementando en el que participaban los poderos caciques de la sociedad mapuche.

Hacia fines del siglo XVIII se consolidó en territorio hoy chileno, en la zona lindera de un espacio de interacción e intercambios comerciales entre españoles y mapuches. Los mapuches traían desde el lado oriental de la cordillera caballos y ganado vacuno, producto de sus andanzas por estas tierras y eran pagados por los españoles con algunas mercancías y con monedas de plata Estos últimos entregaban 
principalmente ganado vacuno y caballar y recibían en pago de los españoles mercancías varias y monedas de plata en gran cantidad. Estas monedas comenzaron a utilizarse como materia prima por los artesanos en lugar de usarse como valor de intercambio.



Orfebrería de plata mapuche

Los orfebres martillaban y fundían las monedas para luego confeccionar distintos artículos, algunos usados para los arreos y aperos de los longkos o jefes y también se convertían en alhajas para las mujeres. Estas joyas de plata daban categoría social a los jefes y a sus mujeres quienes lucían las alhajas adornando sus trajes rituales y festivos Entre 1840 y 1870 la difusión de los ornamentos de plata llegó a remplazar a los antiguos adornos hechos con cuentas de colores o chaquiras.

Durante el siglo XIX, período de auge de la platería mapuche, se multiplicaron las formas de las piezas y sus diseños y decoraciones. No obstante, este fuerte desarrollo en la orfebrería decayó con los procesos históricos conocidos como Conquista del Desierto en Argentina y Pacificación de la Araucanía en Chile, ya que estos produjeron un abrupto cambio de vida en los mapuches, por la perdida de territorios, la prisión, las enfermedades y la enemistad con los blancos circunstancias que fueron en desmedro de su cultura y la orfebrería quedo también perjudicada por ello.

En la actualidad, sobre todo en la Región de la Araucanía chilena sigue presente la tradición orfebre entre los plateros. La producción actual, de menor escala, se dedica mayoritariamente a reproducir los sofisticados diseños ancestrales de formas antropoformas, fitomorfas, ornitoformas y geométricas, en reducidas proporciones. Otras piezas frecuentes en el pasado relacionadas a lo ecuestre y a los objetos cotidianos, dejaron de realizarse.

La defensa de su territorio y su cultura

Aunque la historiografía tradicional ha querido convencer de que la aparición de este pueblo se habría producido entre los siglos XVIII y XIX lo cierto es que, como se ha visto, estudios arqueológicos, relatos de misioneros y viajeros y la memoria oral del propio pueblo demuestran que el asentamiento mapuche en una amplia zona cercana a la Cordillera de los Andes, se remonta a épocas muy anteriores a esos siglos. Este pueblo, convencido de sus derechos sobre la tierra ocupada por sus ancestros la defienden hasta nuestros días de la apropiación que el blanco (winka) ha realizado de esos territorios para su explotación comercial y conforme su visión también la defienden de su degradación y del desequilibrio que esas acciones producen en la naturaleza.

En cuanto a la presencia del pueblo mapuche en lo que hoy es hoy territorio argentino vale considerar que a principio del siglo XVI una enorme ola migratoria hacia el oriente de los Andes introduciendo con mayor fuerza su cultura y sobre todo su lengua, la que fue adoptada por otras tribus. Fue una verdadera oleada cultural que acrecentó la presencia de la sangre mapuche, principalmente en la actual Provincia de Neuquén y el sur de la de Mendoza.



Campaña del Desierto: Expropiación de tierras mapuche y sometimiento

EN CHILE

En la defensa de sus tierras los mapuches, mayoritariamente asentados en lo que hoy es el territorio chileno, resistieron, aguerridamente, primero la invasión del Imperio Inca, frenando definitivamente su expansión hacia el Sur, y luego, la de España, durante todo el siglo XVI, logrando expulsar a los españoles de su territorio, durante algunos periodos. La llamada Guerra de Arauco, en territorio chileno, se prolongó durante toda la primera mitad del siglo XVII hasta la última gran rebelión mapuche de 1655, fecha desde la cual las relaciones fronterizas se distendieron.​

A lo largo del tiempo la sociedad mapuche fue modificándose, en primer término por la necesidad de crear grandes ejércitos para luchar contra el invasor y simultáneamente también porque debieron crear una mejor organización para comerciar con los europeos y así fortalecerse económicamente, buscando tener un mejor lugar en la negociación de los parlamentos. Estos eran los espacios en donde de una manera pomposa y ceremonial se reunían los caciques con los representantes de las fuerzas españolas y posteriormente con el Gobierno de Chile, a fin de acordar soluciones pacificadoras, en la interminable Guerra del Arauco y fueron instaurados por las fuerzas invasoras copiando las estructuras de deliberación del propio pueblo mapuche.

El enfrentamiento armado entre mapuches y españoles abarco todo el periodo colonial, puede considerarse que finalizo en la etapa republicana y fue denominado LA Guerra del Arauco la cual tuvo su periodo de mayor belicosidad entre los años 1550 y 1656.

El pueblo mapuche, activo y belicoso se resistió asimismo a los abusos cometidos durante la colonización, en las llamadas “encomiendas”, sistema de trabajo que resultaba ser una explotación de la mano de obra indígena en favor de la agricultura o la minería. Consistía en la asignación, por parte de España, a sus súbditos, en reconocimiento por los servicios prestados en la conquista, de una cantidad de aborígenes, para que, bajo su responsabilidad los evangelizara, pudiendo percibir los beneficios obtenidos con el trabajo de ellos. El encomendero era, por lo tanto, quien disponía de la vida de los indígenas. Este sistema se utilizó en todo el territorio de la América colonizada.

Las injusticias del sistema y los maltratos vieron crecer en el pueblo mapuche un odio hacia los blancos, que produjo que la población indígena se organizara militarmente, logrando ser grandes estrategas gracias a líderes de la estatura de Lautaro y Caupolicán.

Así este pueblo, llevando siempre la iniciativa de la lucha, fue imponiendo respeto a sus rivales ya que, utilizando diferentes tácticas militares, con malones, campeadas y malocas producían muertes, exterminio, destrozo de sembradíos, de viviendas e incendio de ciudades. Sin duda esta región hubiera sido muy fácilmente defendida de los españoles si los estos últimos no hubieran contado con indígenas de las encomiendas, que poseían un odio ancestral hacia los mapuches y que los apoyaron con sus conocimientos de la geografía de la zona y también sirviéndoles como espías.

Demás está decir que esta guerra contribuyo grandemente al empobrecimiento de la zona habitada por los mapuches la cual, potencialmente era rica en recursos.



Cabe destacar asimismo la gran capacidad de los mapuches en adoptar, copiando y mejorando, los elementos y tácticas de los colonizadores, llegando a poseer una caballería superior a la de los españoles y una infantería de primer nivel de entrenamiento.

Contribuyo asimismo a la prolongación del conflicto y a los fracasos de España en doblegar a los mapuches, los errores cometidos por la Corona en la selección de los hombres que designaba como Gobernadores y ponía al mando de las tropas, las cuales, por otra parte, estaban formadas por ancianos, enfermos, vagabundos y ociosos, ya que los mejores hombres habían sido sacrificados en la conquista o en las guerras europeas.

Si bien los Gobernadores designados habían sido exitosos en las conflagraciones europeas, se les asignaba un plazo exiguo de dos años para terminar con el conflicto, lo cual imposibilitaba su éxito ya que el solo hecho de comprenderlo y de conocer el terreno les llevaba gran parte de ese plazo, sumado a que los refuerzos y los recursos financieros que España enviaba, a su pedido, era escasos e insuficientes. La pequeña cantidad de armas que se enviaban eran el sobrante de las guerras europeas .

El fracaso entonces en el cumplimiento de la misión recibía las quejas de España y su inmediato reemplazo. Los conquistadores demostraron una incapacidad de adaptación al modelo de lucha lo que genero la prolongación de la guerra.

Así los gobernantes se fueron sucediendo en sus fracasos, el mayor de los cuales fue el 23 de Diciembre de 1598, cuando el entonces Gobernador, Martin Oñez de Loyola, pierde la vida en Curalaba, a orillas del rio Lumacu. La crisis que siguió a este hecho fue de tal magnitud que todas las ciudades del sur del Biobío fueron desalojadas.

La crisis se transformó en un grave trance económico por la pérdida de explotaciones mineras y agrícolas en la zona ahora ocupada solo por los mapuches.

Para restablecer el orden se designó a un veterano y reputado estratega militar Alonso de Ribera quien ideó una solución basada, fundamentalmente, en dos pilares; una guerra ofensiva con el establecimiento de una frontera de guerra en las márgenes del Biobío con gran despliegue militar, y una defensiva que le impuso, en cierta forma, uno de los primeros sacerdotes jesuitas llegados al país el Padre Luis de Valdivia, basada en la evangelización pacífica. Sin embargo, los escasos e intermitente recursos financieros que llegaban para el ejército, de casi 2000 hombres, que Ribera formara produjeron deserciones y motines, el conflicto era percibido como muy duro y en apariencia interminable.

En el año 1608 el Rey Felipe III, autorizó la esclavitud de los mapuches justificando la decisión en la sublevación contra la Corona y en el ataque sufrido por los misioneros que pretendían evangelizarlos en la fe cristiana, exceptuando solamente a aquellos indígenas que se convirtieran al cristianismo.

El Padre Luis de Valdivia formulo la alternativa de lo que se conociera como la Guerra Defensiva. Se trataba de una forma más pacífica de incorporar territorios a través del dialogo y la evangelización. Para ello Valdivia llego a aprender la lengua nativa obteniendo algunos acuerdos aunque no muy efectivos .La idea consistía en desmantelar los fuertes y dejar atrás las incursiones armadas para apoyarse exclusivamente en la acción de los misioneros que se internaban en la región con propósitos evangelizadores.

Esta estrategia no era del agrado de Alonso de Ribera, quien, por ese entonces, ejercía su segundo mandato como Gobernador, lo que no impidió que en 1612 se la estableciera en forma sistemática, llegando incluso a suspenderse la orden de esclavitud del pueblo mapuche .Fue una estrategia bienintencionada pero fracaso y se regresó al Guerra Ofensiva en 1626 continuando así el conflicto armado, con éxitos y fracasos para ambos bandos.



Hubo sin embargo acercamiento entre los caciques mapuches y las autoridades españolas, y también se llegaron a celebrar reuniones con ánimo de conciliar las posiciones. Entre esos parlamentos podemos destacar el de Quillín en 1640 y el Negrete, muchos años después, en 1726. Fueren acuerdos solemnes que el Gobernador y el Rey ratificaban posteriormente, en donde ambas partes asumían compromisos recíprocos. Dado que su cumplimiento fue limitado se produjeron nuevas insurrecciones indígenas y, como contrapartida, acciones represivas de los españoles.

El Parlamento de Negrete logro afianzar por un tiempo la paz pero las nuevas sublevaciones en la segunda mitad del siglo XVIII, motivaron la restauración de la práctica de los Parlamentos .Así se realizaron ‘’ nuevos encuentros que finalizaron finalmente con la aceptación de “embajadores “mapuches ante las autoridades de Santiago.

Se llegó así una cierta pacificación y España reconoció la autonomía y libertad de los mapuches y estos a, a su vez se comprometieron a liberar a los prisioneros blancos y dejar entrar a los religiosos cristianos .Se comprometieron también a ser leales con España ante cualquier invasión extranjera lo que los llevo, en su mayoría, a aliarse con la Corona en la Guerra de la Independencia.

España reconoció la soberanía mapuche en Chile , sobre las tierras ubicadas al Sur del Biobío ,en el tratado de Quillin en 1640 y esta decisión afecto también al pueble mapuche ubicado al Este de la cordillera en los territorios que muy posteriormente formarían parte del territorio Argentino. Tan es así que una delegación numerosa de puelches ( mapuches al este de la cordillera) concurrió al parlamento y al día siguiente de su celebración suscribió el mismo tratado con el gobernador español en estas tierras que hoy forman parte de nuestro país.

Debemos destacar que durante la guerra de la independencia chilena y argentina el pueblo Mapuche respeto a ultranza lo convenido en los Parlamentos , sobre todo en el de Negrete que confirma y refuerza los anteriores, en el sentido de acompañar a la Corona Española en los conflictos armados. Este profundo compromiso de lealtad, ratificado en el Parlamento de Quillin, y el aporte de unos 6000 guerreros mapuches llevo a España a restablecer su soberanía hasta 1817, aunque posteriormente la perdiera en las últimas batallas que tuvieron lugar en 1832. Durante este último periodo también el pueblo mapuche se involucró en la contienda defendiendo la corona española con quien había logrado pactar el recupero de su territorio y el reconocimiento de ciertos derechos.

Una vez finalizada la guerra el estatus adquirido pueblo mapuche en sus acuerdos con España quedo en discusión y tanto Argentina como Chile, a modo de represalia, se negaron a devolver a este pueblo el lugar que habían adquirido. En el caso de Argentina ello se vio reflejado en las campañas militares iniciadas en 1820 con el fin de proceder a su extinción. Los avatares de las luchas internas hicieron que estas campañas no lograran su objetivo permitiendo así la supervivencia del pueblo mapuche.



Chile, por su parte, incumplió un acuerdo que inicialmente celebrara en el Parlamento de Tapihue, en 1825 e inicio el ataque en 1861, logrando recién derrotar en forma definitiva al aguerrido pueblo mapuche en el año 1883 en acciones que significaron una verdadera masacre.

LA FIGURA LEGENDARIA DE LEFTRARU LAUTARO

El gran líder de la resistencia mapuche contra la dominación de los españoles en lo que actualmente es territorio chileno fue Lautaro, (1534-1557).

Cuando solo tenía 11 años de edad fue capturado por los colonizadores y convertido a servidumbre hasta los 17 años, siendo su nombre original Leftraru , pero llamado Felipe Lautaro por los castellanos. Su cautiverio se llevó a cabo en la hacienda de Pedro Valdivia del cual llego a ser su paje personal. Allí fue como se fue acostumbrando a manejar a los caballos, un animal desconocido para su pueblo, aprendiendo a montar con gran habilidad. Uno de los capitanes de Valdivia le enseño el uso de lagunas armas y tácticas de taque de caballería. Todos esos conocimientos los usaría posteriormente cuando se rebeló contra sus captores.

Lautaro, que nunca perdono las atrocidades que su pueblo sufriera, supo disimular su odio, a la espera del momento de escapar y rebelarse. Participo con las fuerzas colonizadoras en la batalla de Andalien en la cual volvió a ver los castigos despiadados que se les aplicaba a su pueblo, mutilaciones y muerte eran acciones ejemplificadores habituales del ejército español.

Fue así como planeo su fuga y su venganza, y en el año 1552 la concreto poniéndose luego a disposición del Lonco Colo Colo, y aunque debió ganarse la confianza de su pueblo al poco tiempo se había transformado en el líder por su destreza y conocimiento de las estrategias militares.

Lautaro enseño a los mapuches, durante más de un año, el uso del caballo, de las armas castellanas y de las tácticas de combate a campo abierto, y a partir de ahí los mapuches quedaron mucho más preparados para la lucha, siendo la primera batalla en la que apareciera la de Tucapel, venciendo al ejército español, y logrando incluso capturar y matar al Gobernador Pedro de Valdivia.

Posteriormente logro una nueva victoria con sus hombres en la batalla de Marigueño, siendo este período el más duro para el ejército ocupante ya que debieron retroceder abandonando ciudades importantes como la propia Concepción, la que fue luego incendiada dos veces por Lautaro.



Sin embargo, después de dos años de ausencia de españoles en la región, la hambruna y el tifus hicieron estragos en el pueblo mapuche disminuyendo la fuerza guerrera del líder , quien igualmente logro reunir más de 2.000 hombres y con ellos se atrevió a cruzar, por primera vez, el Biobío y seguir su marcha hacia el norte.

Este sería el comienzo de su fin ya que en Santiago se dispusieron a repeler el avance y, el 29 de abril de 1557, en una maniobra sorpresa, de la cual participaron indígenas de otras tribus, como espías, los españoles atacaron por la noche el campamento mientras los mapuches, desprevenidos, estaban descansando. Lautaro pierde allí la vida a manos de una lanza enemiga. Su cadáver fue desmembrado y su cabeza exhibida en la Plaza de Armas de Santiago.

Actualmente, cada 29 de Abril se celebra el “Día de los Héroes y Mártires de la Nación Mapuche “. Nadie más tuvo su genio militar ni pudo igualar sus hazañas, fue un gran estratega de su época.

LA LOGIA LAUTARO

Muchos años después, en Europa, se fundó la Logia Lautaro, en referencia a este líder mapuche que había derrotado a la Capitanía chilena en el Siglo XIV, siendo el Libertador de América Don José de San Martin uno de sus principales miembros. Fue una logia secreta y su principal misión fue establecer gobiernos independientes de España en América Latina, siendo su influencia notoria en la 
independencia de Argentina y Chile, país que estaba representado en la Logia por Bernardo de O Higgins, líder de la independencia chilena y considerado el padre de la patria.



EN ARGENTINA

Luego de la creación del Virreinato del Rio de la Plata, en el año 1789, los indígenas que habían sobrevivido a la conquista de España mantenían una frontera bien definida con los blancos, lo cual, sin embargo, no impedía que realizaran incursiones en las estancias en busca de ganado para su alimentación.

Para entender el conflicto es necesario comprender que la relación entre indios y winkas fue compleja y con muchos matices, en donde el tema comercial poseyó una gran importancia ya que a través de las fronteras porosas que los dividían se había formado un verdadero comercio de ganado, de animales de nuestras pampas que se vendían en el actual territorio chileno obtenido en los malones.

LOS MALONES

Es oportuno en este estado referirse a los malones, conocidos generalmente como las incursiones violentas de indígenas en poblaciones blancas, que causaban depredación y el cautiverio de cristianas.

Es menos conocido el verdadero objetivo de esas acciones, y la relación de esos malones con el comercio de esa época, entre Argentina y Chile. Lo cierto es que esas incursiones buscaban también hacerse de ganado para luego venderlo al otro lado de la cordillera. Los mapuches llevaban los animales capturados arriándolos por sendas complicadas, muchas de las cuales carecían de agua ,sufriendo el ganado desmejora y pérdida de peso. Sin embargo, antes de llegar a la zona en donde se comercializaban los animales eran engordados en lugares con agua y pasturas, ubicados en territorios que hoy pertenecen a la provincia de Neuquén, en Argentina.

Según estimaciones se ha afirmado que, entre 1820 y 1870, los indios se apropiaron de 11 millones de cabezas de ganado, 2 millones de caballos y 2 millones de ovejas; asesinaron o capturaron a 50.000 personas, y sustrajeron bienes por valor de 20 millones de pesos.

Las acciones comerciales tenían el aval de las autoridades chilenas ya que ese ganado era muy apreciado por los consumidores de ese país andino y asimismo porque el dominio araucano en el sur de nuestro actual territorio, entorpecía la colonización argentina del sur patagónico, y ello ayudaba al deseo chileno de incorporar como propia la región productora de ovinos, de los cuales se obtenía la lana tan apetecida por Gran Bretaña, país con el cual Chile mantenía lazos comerciales estrechos.

Así se desarrollaban los hechos hasta la asunción como gobernador de la Provincia de Buenos Aires, de don Juan Manuel de Rosas, en 1829, quien fuera el primer gobernante en incursionar en el territorio de los mapuches, ranqueles y pampas, en lo que fuera la primera guerra de conquista del territorio indígena .

Es interesante observar la contradicción que representa la denominación dada a estas incursiones militares de “conquista del desierto “. Si se hubiera tratado verdaderamente de un desierto simplemente bastaba con ocuparlo, si se debía luchar era porque se encontraba ocupado por alguien. Lo que ocurre es que en la visión positivista de la época solo los hombres blancos eran considerados “personas “, y de ahí el desprecio por los pueblos originarios que ocupaban los territorios, los cuales, dentro de ese paradigma, debían ser exterminados.

El método empleado por Rosas fue mixto, ya que por un lado actuaba por la fuerza de las armas y, por otro, pactaba y hacia alianzas con caciques que se disponían a ayudar a cambio de algunos beneficios, principalmente relacionados con las tierras que ocupaban configurándose de esa manera la categoría lo que se llamaron los “indios amigos “.


No logró aliarse ni con los ranqueles ni con la Confederación de pueblos que respondía al Lonko Juan Manuel Cafulcura. Sin embargo pudo realizar negocios pacíficos con los indios y mitigar de esa manera la cantidad de malones con los que los indígenas obtenían el ganado, siendo su aliado en esta cuestiones el Cacique mapuche Cafulcura.

EL CACIQUE CAFULCURA

Cafulcura fue un cacique mapuche que tuvo prolongada actuación en el conflicto entre el gobierno y los indígenas ubicados en nuestras tierras actuales. Había nacido en Chile y cruzado la cordillera en 1830, radicándose en la llanura pampeana, respondiendo a un pedido de protección de tribus asediadas por las fuerzas de Rosas quienes, a su llegada, ya habían pactado con las fuerzas gobernantes. Esa situación que considero una traición, y otras lo llevaron a descabezar sangrientamente a la tribu que lo había convocado y hacerse del mando.

A partir de 1835 llego a conformar una Confederación de pueblos con la que domino gran parte del territorio de Buenos Aires, Mendoza, Neuquén, Rio Negro y La Pampa y su poder se asentaba, asimismo, en el control que sus hombres ejercían sobre los territorios donde se asentaban las Salinas Grandes, dominando así el comercio de la sal, producto vital en esa época para conservar la carne. Fue un verdadero emperador, contaba con escribientes y cancilleres poseyendo incluso su trono de Monarca de Tierra Adentro.

Estos indios llamados araucanos por los blancos fueron muy temidos por su coraje, su destreza al montar y la pericia en el manejo de la lanza, y si bien se los tildaba de ser chilenos pertenecían a la nación mapuche o araucana que ocupaba ancestralmente territorios tanto de lo que actualmente es la República Argentina, como de la Chilena.

Sin embargo, cuando Cafulcura comprendió que le era imposible vencer a los blancos hizo un pacto, en 1841, con Rosas y el mandatario le otorgó el rango de Coronel, reconociéndole también la entrega de ganado y alimentos que el cacique distribuía entre sus aliados, en especial entre los mapuches que habían cruzado la cordillera y que le cubrían las espaldas de los posibles ataques rivales.

Calfulcura estuvo con sus hombres, junto a Rosas en la Batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852, a raíz de la cual se produce la caída de Rosas, y el ascenso de Urquiza. Con este hecho se termina la relativa pacificación lograda por Rosas regresando Cafulcura y sus hombres a la Guerra de Malones que continuo por muchos años, con muchas muertes por parte de ambos bandos.

Domingo Faustino Sarmiento, como Presidente, en 1872, ordena atacarlo por las sangrientas incursiones 
que realizara en distintas ciudades y el cacique le declara la guerra, saqueando, a continuación, al mando de 8.000 guerreros, las ciudades de 9 de Julio, 25 de Mayo y Alvear. Pero su ocaso se está acercando, y el 11 de marzo de 1872 es derrotado en la batalla de San Carlos de Bolívar, por el General Rivas y los guerreros del Cacique Catriel. Cafulcura muere al año siguiente, siendo su tumba profanada, 1879, por soldados del ejército de Roca.

 

La dinastía de los Catriel

Dentro de los “indios amigos “reviste gran importancia las figuras de los Catriel Los miembros de esta familia tuvieron en el siglo XIX gran influencia en la zona del centro de la que hoy es la Provincia de Buenos Aires. Era miembro de la tribu pampa que había sido objeto también del proceso de transculturización e influencia mapuche y por ello, entre otras consecuencias, había adoptado como lengua el Mapudungun. Estos pueblos de la pampa argentina, terreno de los Catriel, estaban entremezclados con mapuches, tehuelches y ranqueles.

El primer miembro de la dinastía fue Juan el padre, llamado “el viejo”, cacique que, aliado con las fuerzas criollas, integro’ las tropas de Juan Manuel de Rosas, en la primera campaña de conquista de los territorios ocupados por los pueblos originarios.

A su fallecimiento, en 1848, lo sucede su hijo Juan,” el joven “, quien continuo el camino de alianza con los blancos, iniciado por su padre, hasta su fallecimiento ocurrido en 1867.

Sucede a Juan “el joven”, su hijo Cipriano integrante del ejército del General Roca y, a las órdenes del General Rivas, participo en la Batalla de San Carlos de Bolívar, el 8 de marzo de 1872, en la que el Cacique mapuche Calfucura fuera derrotado definitivamente. En la batalla el ejército criollo tuvo pocas bajas y logro recuperar prisioneros y ganado, huyendo Cafulcura. Esta batalla fue un hito muy importante para el declinar de las fuerzas indígenas ya que en ese bando fueron miles los muertos en la contienda.

Desde 1870 había comenzado una nueva política de hostigamiento hacia los pueblos indígenas, ellos molestaban con su asentamiento en tierras muy apetecidas y producían mermas en las ganancias con sus permanentes incursiones en busca de ganado. Los Catriel habían sido respetados en sus territorios a cambio de la ayuda que brindaban al Gobierno, pero esta situación se modificó cuando, desde las autoridades se decidió ir por todo, incluidos los asentamientos catrieleros en la zona de Azul.

Malón Grande

Los Catriel solamente habían roto las alianzas con el gobierno por periodos cortos, en la década de 1850, pero, finalmente en 1875 ante la política de condiciones agobiantes impuestas por el entonces Gobernador Adolfo Alsina se rebelaron y se sumaron al llamado “Malón Grande“.

El “Malón Grande” fue una alianza entre diversos caciques con el propósito de defender la frontera del avance de los ejércitos criollos, arrasando para ello con las poblaciones blancas allí establecidas. Tres años después, en 1878, en la Conquista del Desierto, los caciques son vencidos, apresados y muchos de ellos recluidos en la isla Martin García, isla que se convirtió en un auténtico campo de concentración de indígenas apresados y confinados En ese lugar permanecieron, entre otros un gran grupo de catrieleros, hasta que les fuera concedida su liberación en 1886.

La nueva campaña para confiscar tierras



Familias mapuches tras la apropiación de sus tierras

Esta política que comienza en la gobernación de Adolfo Alsina (1866/1868) se asienta en la fuerza de los ejércitos y en el dictado de leyes que promueven la financiación de las campañas militares de recuperación de tierras, que se iniciarían a partir de ese momento. También fue detonante la intervención de la Sociedad Rural Argentina, institución que solicita la nueva campaña para confiscar tierras la cual se llevaría a cabo en 1876 bajo la presidencia de Nicolás Avellaneda y con Adolfo Alsina como Ministro de Guerra.

Es entonces cuando se construye una zanja defensiva a lo largo de 374 Km dentro de la Provincia de Buenos Aires desde el sur de Córdoba hasta las cercanías de Bahía Blanca, quitándoles de esa manera a los indígenas las tierras en donde alimentaban caballos y ganados que obtenían en los malones .Este hecho y la epidemia de viruela que se desato le costó la vida a miles de originarios.

La famosa Conquista del Desierto

En 1877 el General Julio A. Roca, ante el fallecimiento de Alsina es nombrado nuevo Ministro de Guerra y con el trajo sus ideas respecto a la necesidad de exterminar definitivamente a los indígenas, descalificando la actitud defensiva de Alsina , ideas que Avellaneda apoya sobre todo porque se temía que Chile avanzara sobre el territorio al sur del Rio Colorado , que estaba en disputa y que lo ocupara como parte de sus acciones de lucha contra el pueblo mapuche , que ocupaba esos territorios a ambos lados de la cordillera.


Esta guerra, conocida como la Conquista de Desierto, se inicia en 1878 simultáneamente con la creación de Gobernación de la Patagonia tuvo varias ofensivas y tuvo su asalto final en Abril de 1879, con el avance final contra los guerreros indígenas, hasta llegar al Rio Negro, festejando el General Roca, ese 25 de mayo, en la isla Choele Choel, la victoria final. Esta contienda que tuvo por objetivo extender la frontera argentina en territorio mapuche, ranquel y tehuelche, ampliando las estancias e instalando asentamientos, ha generado opiniones diferentes sobre su legitimidad y metodología.

La versión clásica la defiende como una campaña militar legitima sobre territorios que se habían heredado de la Corona española, mientras que otra centra sus críticas en la ilegitimidad de arrebatar violentamente a pueblos originarios las tierras que habían ocupado ancestralmente.

Después de la guerra

Como consecuencia de esta contienda fueron muertos 2.320 guerreros y unos 10.539 indígenas capturados (en su mayoría niños y mujeres), de los cuales unos 3.000 fueron llevados a Buenos Aires, encarcelados algunos en Martin García, otros obligados a hacer tareas en establecimientos privados y las mujeres fueron colocadas en su mayoría al servicio en casa de familia porteñas.

Cabe relatar que antes de encarcelarlos, al llegar a Buenos Aires, algunos hombres, mujeres y niños fueron obligados a desfilar por las calles de Buenos Aires, siendo aplaudida la escena por diverso grupos de ciudadanos. Se vuelve así, a partir de este triunfo final, en opinión de diversos historiadores y sociólogos, a instaurarse en Argentina , una nueva forma de esclavitud, institución tempranamente abolida en nuestro territorio en 1813.

Al finalizar millones de hectáreas se adicionaron al territorio dela República y fueron adjudicadas a precio vil o regaladas a terratenientes, militares y políticos influyentes. Diez millones de esas hectáreas ya habían sido adjudicadas previamente a los terratenientes que aportaron fondos. Los militares que recibieron cantidades menores y necesitaban efectivo terminaron vendiéndoles sus tierras a esos mismos estancieros, conformándose así la creación de los grandes latifundios de nuestra Patagonia.

La crueldad e injusticia de estas acciones bélicas, sumado a la injusta forma en que se distribuyeron estos territorios anexados, en favor de la clase dominante, y bajo el pretexto de colonizar la Patagonia ha llevado al rechazo de la figura de Roca al punto de considerárselo, en posturas extremas, un genocida, llegándose a proponer y lograr que su nombre sea quitado de algunos de los lugares en donde se lo había homenajeado.

Sin embargo, posiciones más conciliadoras rescatan su actuación y su obra como Presidente y, sin justificar el accionar sangriento de la Campaña del Desierto, lo contextualizan en la época y en el conjunto de ideas reinantes en el mundo respecto de la supremacía de la raza blanca. Es útil en la interpretación de esta etapa de nuestra historia considerar que, en el contexto del pensamiento de la época, los aborígenes eran considerados seres inferiores que nunca avanzarían sin al padrinazgo del hombre blanco y que el conflicto era si se quiere ineludible ya que los blancos querían las tierras y los indígenas no estaban dispuestos a cederlas pacíficamente.



Aviso publicado en Clarin

Una convivencia en paz se mostraba así como una utopía. La decisión fue el exterminio de esos pueblos, que si bien fue mayormente biológico, también pretendió ser cultural, es decir que se buscaba que aquellos individuos que sobrevivieran fueran educados e integrados a la sociedad regida por el Estado. Para ello se usaron diversas formas, desde la servidumbre de mujeres y niños, a la incorporación de hombres a las Fuerzas Armadas, o a las fuerzas de trabajo forzado en establecimientos privados, con la intención de disolver sus comunidades y el entramado familiar y social.

Sin embargo cientos de años después los herederos de esos hombres derrotados están en pie defendiendo su cultura y lo que considera sus derechos sobre tierras que pertenecieron a sus ancestros.

El conflicto en nuestros días

Esta guerra sangrienta y despiadada cayó en el olvido de las generaciones siguientes, sobre todo a partir del auge de la generación del 80 que fomentara la inmigración europea en busca del desarrollo de Argentina, aspirando a alcanzar el modelo de los países civilizados y ricos.

Transcurre el tiempo y con la instauración de la democracia comienza un periodo en donde los reclamos se hacen más audibles y los protagonistas se muestran mejor organizados, recibiendo una mayor comprensión por parte de una porción de la sociedad.

Se obtienen logros y uno de ellos fue el reconocimiento de sus derechos y que fuera plasmado en la reforma de nuestra Constitución del año 1994, que en su artículo 75 inc. 17 dice textualmente :

“Reconocer la preexistencia étnica y cultura de los pueblos indígenas argentinos; garantizar el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural; reconocer la personería jurídica de sus comunidades; la posesión y propiedad comunitaria de las tierras que tradicionalmente ocupan y regular la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano, ninguna de ellas será enajenable, trasmisible ni susceptible de gravámenes o embargos; asegurar su participación en la gestión referida a sus recursos naturales y a los demás intereses que los afecten. Las provincias pueden ejercer concurrentemente estas atribuciones.

La norma existe pero en la practica la mayoría de esto grupos indígenas, entre ellos los mapuches,siguen esperando hoy la titularización de las tierras que tradicionalmente han ocupado.

La falta de respuesta concreta a la mayoría de los continuos reclamos ha colaborado para que los mapuches de ambos lados de la Cordillera no olviden y en algunos casos no perdonen, y el conflicto llega la época actual de la mano de ese resentimiento de siglos y con acciones, en las últimas décadas, cada vez más violentas, tanto en Chile como en Argentina.

Hay en el conflicto dos diferentes escenarios, el de aquellos que legítimamente reclaman sus títulos y defienden su cultura y la ecología por medios pacíficos y el de los falsos demandantes, el de los usurpadores, los violentos y hasta los criminales que no dudan en matar para ser escuchados.

Las diferentes migraciones que ocurrieron desde el oeste al este de la Cordillera de los Andes tuvieron como resultado que las poblaciones a ambos lados de las montañas presentaran finalmente características muy similares y la voz reivindicatoria de esta etnia en Chile y Argentina es similar y es, a la vez, la más escuchada así como sus acciones recuperativas de territorio resultan las más visibles.



Comunidad mapuche en Buenos Aires reclamando sus derechos

En Chile se lucha por la recuperación de tierras en su mayoría explotadas para la industria minera o para forestación de especies como el pino, en perjuicio de las especies autóctonas como la araucaria, arboles considerados sagrados por el pueblo mapuche y de cuyos frutos se han alimentado desde tiempos inmemoriales. En Argentina se quieren reivindicar los derechos sobre las grandes extensiones de tierra que hoy están en manos privadas o en poder del estado, en los Parques Nacionales.

Se reclaman también el libre acceso a los lugares sagrados que hoy les son inaccesibles, sin olvidar las voces que alzan en pos de la defensa de la naturaleza, por ser uno de los pilares de la cosmovisión mapuche. Por ejemplo las explotaciones de pino y eucaliptus en Chile que se realizan en desmedro de las especies autóctonas han degradado la tierra y consumido el agua de las reservas naturales, acrecentando las deficientes condiciones de vida de estas poblaciones rodeadas de explotaciones forestales.

El pueblo mapuche en su mayoría realiza sus reclamos dentro del orden legal y los grupos radicalizados que accionan violentamente no representan a este pueblo en su conjunto. Claro que, en la actualidad estos pueblos han logrado hacerse más visibles y las grandes concentraciones de tierra son de alguna manera el gran tema a resolver, Argentina y Uruguay fueron los únicos países donde no hubo una reforma agraria y eso ha dejado huellas, más allá del éxito o fracaso de dichas reformas, la existencia de enormes latifundios en especial en la Patagonia argentina es el condimento necesario para el avance de los reclamos.

Los medios de comunicación, en su mayoría tendenciosos colaboran con las dificultades para encontrar soluciones ya que, difundiendo realidades parcializadas confunden a la población, la cual, con poco conocimiento de la raíz del conflicto, se embandera adoptando posiciones radicalizadas y a veces inconsistentes.

Los tiempos que vienen

Como pueblos maduros sería positivo dejar de criminalizar al pueblo mapuche, juzgando y condenando solamente a aquellos radicalizados que enfrentan la ley y accionan con violencia, que estemos dispuestos a escuchar y atender sus reclamos, comprendiendo su cultura y su visión de los espacios de tierra, sabiendo que para ellos no son medidos solamente desde lo físico sino también por lo que representan en el plano espiritual, en el de sus creencias.

Ellos mantienen la esperanza del inicio, en estas épocas, de una nueva era, la de Pachakutic, (en mapudungun significa el retorno de los tiempos) que fuera profetizada como la del renacimiento de la gloria de los antepasados, luego de siglos de opresión, desde la época de la invasión europea, será, creen, un tiempo de retorno hacia la armonía. Se espera que el Pachakutic sea un tiempo de renacimiento para Sudamérica y para la zona andina en particular. Ojala esta profecía se haga realidad para beneficio de todos los que la habitamos.



Comunidad Mapuche-Tehuelche de Río Gallegos

Quiero cerrar esta nota con versos del gran poeta chileno Pablo Neruda quien contribuyó, incuestionablemente, a la lucha y a la esperanza de los pueblos originarios de América y en especial de los pertenecientes a su amada tierra Araucana y que hizo de ello un verdadero compromiso. Neruda escribió una monumental biografía de todo un continente, en su Poemario “El Canto General “, narrando la historia de América desde los días precolombinos hasta la llegada de los conquistadores, la posterior explosión descolonizadora, y la época contemporánea al poeta.

Así el poeta, en un fragmento del “Canto General “, describe a la Araucania, tierra de mapuches, y que fuera también su propia tierra, diciendo:


Araucanía, ramo de robles torrenciales,
oh Patria despiadada, amada oscura,
solitaria en tu reino lluvioso:
eras sólo gargantas minerales,
manos de frío, puños
acostumbrados a cortar peñascos,
eras, Patria, la paz de la dureza
y tus hombres eran rumor,
áspera aparición, viento bravío.



No tuvieron mis padres araucanos
cimeras de plumaje luminoso,
no descansaron en flores nupciales,
no hilaron oro para el sacerdote:
eran piedra y árbol, raíces
de los breñales sacudidos,
hojas con forma de lanza,
cabezas de metal guerrero.

Digamos nosotros, parafraseando al poeta que es positivo como nación aceptar la responsabilidad sobre las acciones pasadas, ya que fuimos libres de tomar las opciones que quisimos, por las que aun estamos prisioneros de sus consecuencias. Desde la esperanza rescato el poder que, como sociedad, aun poseemos de hermanarnos, buscando el encuentro, disolviendo rencores y curando, con éxito, las heridas abiertas, ya que: “El triunfo del verdadero hombre surge de las cenizas del error” (Pablo Neruda).

*Centro Cultural Argentino de Montaña
5.- Las mujeres mapuche y el feminismo

Elisa Loncon Antileo *

Más de un millón de mujeres pertenecen a los nueve pueblos indígenas reconocidos por la ley chilena. ¿Son feministas? Y si lo son ¿cómo conviven la defensa del género y las tradiciones ancestrales, que desde una mirada occidental parecen ser patriarcales? En este imprescindible e iluminador texto, la autora expone la vida de la mujer indígena que sufre una discriminación que excede al género. Y da luces de cómo la cosmovisión indígena entiende lo masculino y lo femenino y se enfrenta al machismo.

En la sociedad mapuche y en los pueblos indígenas en general hay diversidad de pensamiento y diversidad de mujeres. No todas las hermanas indígenas se reconocen feministas, fundamentalmente porque consideran que su cultura promueve igualdad entre los hombres y mujeres y porque el feminismo se ha caracterizado por centrarse sólo en los derechos de género, dejando de lado la lucha interseccional que han impulsado a lo largo de la historia las mujeres indígenas.

La mujer indígena lucha por la educación de sus hijos, por la lengua, la cultura, por el territorio, la vida de la naturaleza, entre otros. En el último tiempo, algunas mujeres han construido su propio feminismo reivindicando la igualdad de género e instalando una lucha sostenida contra la discriminación, el racismo, la pobreza, y la defensa de la tierra. La mapu tiene vida y hay que respetarla, pero la tierra además es y ha sido la fuente para el sustento de sus hijos, dice la mujer mapuche. También hay mujeres que simplemente no quieren nada con el feminismo, por temor a ser influenciadas o colonizadas por el pensamiento occidental.

El concepto interseccionalidad refiere a la forma en que elementos económicos, sociales y culturales y otros se relacionan e interseccionan en múltiples niveles con la identidad de las mujeres; por ejemplo, en el caso de la mujer indígena que es discriminada por ser mujer, por ser indígena y pobre; aquí confluye el género, la etnia y la clase; en cambio, no ocurre lo mismo con las mujeres blancas de clase alta, tal vez a ellas la sociedad machista patriarcal solo las afecta por ser mujer, por lo que reivindican igualdad de género considerando que lo demás ya está resuelto.

Para comprender la lucha de las mujeres mapuche es necesario conocer su historia, su presente y también identificar las claves que orientan su accionar político colectivo en su familia y comunidad, y su filosofía. Estos datos no están en la literatura, porque gran parte del quehacer de la mujer está en la memoria oral, la práctica comunal. No obstante, es posible encontrar algunos datos que permiten una aproximación a su realidad económica.

No todas las hermanas indígenas se reconocen feministas, fundamentalmente porque consideran que su cultura promueve igualdad entre los hombres y mujeres y porque el feminismo se ha caracterizado por centrarse sólo en los derechos de género, dejando de lado la lucha interseccional que han impulsado a lo largo de la historia las mujeres indígenas.

En las estadísticas las mujeres indígenas aparecen categorizadas en los indicadores de ruralidad. 


No hay datos desagregados sobre la violencia y la discriminación que les afecta, solo información general.

Según el Observatorio de Mujeres y Territorios, de Rimisp y Casen 2015, las mujeres indígenas representan el 51% de la población indígena de Chile, es decir, más de un millón de mujeres que reconocen pertenecer a los nueve pueblos indígenas reconocidos por la ley chilena (mapuche, aimara, rapanui, lican antai, quechua, colla, diaguita, kawesqar y yagan. Aquí no están incluídos los selknam).

De esta cifra, las mujeres mapuche son las más numerosas porque pertenecen al pueblo indígena mayoritario, con una población total de 1.745.147. Más de la mitad son niñas y jóvenes (el 52% tiene de 0 a 29 años). Residen en la Región Metropolitana, La Araucanía, y Los Lagos principalmente. Hay un gran porcentaje de mujeres viviendo en la ciudad, sólo el 23,4% vive en zonas rurales y constituyen el doble del promedio nacional de población rural.

La participación de las mujeres en el mercado laboral alcanza el 47%, frente al 71% de los hombres, con una tasa de desempleo de un 45% mayor; cerca del 30% de ellas son jefas de hogar y el acceso al trabajo es frecuentemente informal e inestable, con ingresos más bajos de lo que perciben los hombres.

Las violencias más conocidas derivan de la criminalización y judicialización de la lucha social por parte el Estado en el contexto del conflicto que tiene con el pueblo mapuche, como son los casos de Lorenza Cayuhan (2015), Macarena Valdés (2016) y el de la machi Francisca Linconao (2013 – 2018). 



En el primero, Lorenza, mientras era procesada injustamente por un caso de robo de una motosierra, un hacha y una lima a trabajadores de la empresa Fumivar que trabajaban para la Forestal Arauco, fue privada de libertad y debió dar a luz a su hija engrillada y con la presencia de un gendarme varón en la sala de parto. Un testigo “sin rostro” la inculpó del robo. El año 2019 dos gendarmes fueron suspendidas de sus funciones por haber sido culpables de vejaciones injustas en contra de Lorenza.

En la historia las mujeres mapuche, indígenas y mujeres en general no figuran como heroínas, son excluidas de lo político, su voces son desconocidas; aunque siempre han formado parte de los procesos sociales de sus pueblos y comunidades, ejerciendo como autoridad originarias y roles de representación importantes, sin embargo, no se han destacado sus nombres.

El Caso de Macarena Valdés se encuentra todavía en proceso de investigación. Ella fue una ambientalista que entre sus causas buscaba impedir la construcción de la hidroeléctrica de RP Global en su territorio, comunidad Newen de Tranguil (Panguipulli)

En agosto 2016 fue encontrada sin vida en su hogar, colgada de una cuerda. Los familiares de la víctima, no satisfechos con la investigación llevada a cabo por el Servicio Médico Legal, que además intento cerrar el caso calificándolo como un suicidio, convocaron a un experto forense, quien concluyó que “existe la posibilidad que su cuerpo haya sido suspendido para hacer que la muerte pareciera un ahorcamiento suicida”. Macarena dejó a cuatro hijos pequeños y a un pueblo que clama por justicia.

La machi Linconao vivió la persecución policial por el caso Luchsinger-Mackay, matrimonio de colonos que perdieron la vida en el incendio de su casa; la machi fue acusada de participar en los hechos, incriminada por “testigos sin rostro”. Finalmente quedó en libertad por inocencia; no obstante, durante el proceso vivió discriminación, racismo y vejación de su identidad y de su rol de autoridad espiritual por parte la policía.


Los tres casos, muestran la multidimencionalidad de las violencias que afectan a las mujeres indígenas en un solo cuerpo, como dice Tarcila Rivera (2020); son prácticas del colonialismo interno (González Casanova, 1969)[1] que ejerce el Estado contra los pueblos originarios, donde la discriminación y la negación de derechos están institucionalizadas. El Estado ha criminalizado la demanda social y política de los mapuche, y ello afecta a todos: mujeres, niños, ancianos, dirigentes sociales, muchos de ellos encarcelados por haber actuado en defensa de su territorio.

Hoy el silenciamiento persiste. La mujer indígena no tiene participación en la toma de decisiones políticas, ni en la solución de los problemas de violencias que le afecta; un ejemplo de ello lo constituye la práctica del Ministerio de la Mujer y Equidad de Género que se ha negado a crear una sección institucional para las mujeres indígenas.

En la historia las mujeres mapuche, indígenas y mujeres en general no figuran como heroínas: son excluidas de lo político, sus voces son desconocidas; aunque siempre han formado parte de los procesos sociales de sus pueblos y comunidades, ejerciendo como autoridad originarias y roles de representación importantes. Sin embargo, no se han destacado sus nombres.

En la cultura colonial, la historia la han escritos los vencedores, hombres, y han llevado a las mujeres a pagar con lo más caro: su propia identidad y presencia en el mundo. Hoy el silenciamiento persiste. La mujer indígena no tiene participación en la toma de decisiones políticas, ni en la solución de los problemas de violencias que le afecta; un ejemplo de ello lo constituye la práctica del Ministerio de la Mujer y Equidad de Género que se ha negado a crear una sección institucional para las mujeres 
indígenas.


En el mundo político externo el hombre mapuche es más reconocido que la mujer; como si las mujeres no tuvieran liderazgos y opiniones políticas. En lo económico, las mujeres han aportado gran parte del sustento familiar a partir de su participación en la economía de subsistencia: siembran chacras, hacer huertas, crían animales menores, venden los productos en la feria del pueblo y así obtienen recursos para la alimentación y educación de sus hijos.

También educan: las nuevas generaciones enseñan a sus hijos sobre la vida mapuche, los valores, la lengua y la cultura, pero este aporte tampoco se destaca en la sociedad patriarcal con la que conviven a diario.

Para entender la visión que existe en la cultura sobre lo masculino y femenino, es necesario conocer algo sobre su pensamiento y filosofía presente en las prácticas ceremoniales y en el discurso oral. En las personas como en la naturaleza, hay presencia de rasgos femeninos y masculinos; hay hombres, mujeres, gays y lesbianas, a estos últimos se les reconocen ambos espíritus: ‘epu rume pvji’.

Lo femenino y masculino también se distinguen en la naturaleza. Los cerros pueden ser femeninos o masculinos, también el viento, el puelche es masculino y el viento del lado opuesto es femenino (pensamiento pewenche), incluso el ciclo de un año según la intensidad del frío puede ser femenino o masculino: un año frío es macho y uno más tibio es femenino (Coña, 1927-1988)[2].

Por cierto, las mujeres portamos espíritus femeninos de la naturaleza, también los hombres. Hay mujeres que tienen espíritus del agua, del cerro, del mar, el arco iris, el caballo, y otros. En el pensamiento mapuche nos encontramos frente a seres humanos que tienen la identidad de la naturaleza en su propia identidad. Por otro lado, en la ética mapuche lo más importante es ser che ‘persona’ y tener una vida equilibrada entre las personas con la naturaleza, más allá de la identidad sexual (hombre, mujer, lesbiana, gay), importa el comportamiento de persona. Para ello hay que ser kimche, sabio; newenche, tener fuerza espiritual; poyence, afectuoso cariñoso y norche, ser justo. Todos deben actuar como personas, respetarse entre ellos y respetar la naturaleza, eso es lo más importante para el mapuche.

El mundo tradicional colectivo cada vez tiene menos fuerza; hoy en las comunidades existen prácticas patriarcales y machistas provenientes del pensamiento eurocéntrico, de la escuela, el cristianismo, al que estamos expuestos los pueblos indígenas.

Como se puede ver, en la cultura mapuche tradicional, lo femenino y masculino va más allá de la persona: se comparte con la naturaleza, así se potencia la identidad y el sentido de ser. En las prácticas culturales hay espacios para lo femenino, masculino, lo diverso sin discriminación, solo importa que, al tratarse de los seres humanos, ellos se comporten como personas y respeten la naturaleza.

Si se entiende el feminismo como una práctica de auto identificación con la naturaleza, pienso que en la cultura y sociedad mapuche el feminismo ha estado presente en la vida de las mujeres a lo largo del tiempo; como también lo ha estado el sentido de ser masculino, hombre; o ambas en el caso del epu rume pvji. Estos espacios están asociados a roles, funciones vinculadas a diferentes liderazgos y trabajos ejercidos en el espacio comunitario: hay tejedoras, sabias medicinales, madres, como otras prácticas específicas. La mujer tiene espacio, derechos y participa de las prácticas comunitarias, no está aislada ni menos invisible en la vida comunal.



Pero este mundo tradicional colectivo cada vez tiene menos fuerza: hoy en las comunidades existen prácticas patriarcales y machistas provenientes del pensamiento eurocéntrico, de la escuela, el cristianismo, al que estamos expuesto los pueblos indígenas.

El pensamiento eurocéntrico pone al hombre como un ser superior a la mujer y a la naturaleza, y hemos seguido ese pensamiento, unos más que otros, como modelo de civilización, tal cual no los ha entregado la escuela.

Además de la violencia política descrita anteriormente, hay violencia patriarcal e invisibilización de la mujer por parte de los hombres, los propios hermanos: ello se expresa en maltrato doméstico, negación del derecho a la tierra por ser mujer en algunos casos y otros. El hombre, además, manifiesta temor y desconfianza frente a las mujeres que opinan como mujeres y se organizan en grupos de mujeres. El patriarcado es un mal transversal y también hay mujeres mapuche patriarcales que lo fomentan, privilegiando a sus hijos hombres por sobre las mujeres.

Se necesita una cultura despatriarcalizante a todo nivel, incluyendo la cultura mapuche. La reflexión de las mujeres es que hay que descolonizar la mente y la práctica, volver al valor de la naturaleza y de las relaciones de complementación en la diferencia entre lo femenino y masculino. Hay mujeres indígenas quienes piensan que el patriarcado es endémico en las culturas originarias (Julieta Paredes, 2017)[3], mujeres que trabajan con las culturas andinas hablan del entronque patriarcal, para explicar el patriarcado ancestral de los andinos que más tarde empalmó con el patriarcado de los conquistadores españoles, multiplicando la violencia contra las mujeres.

Desde una mirada mapuche y de su filosofía liberadora en tanto respeta a las personas y a la naturaleza por igual, no habría entronque. Los andinos, a la llegada de los conquistadores, ya habían incorporado la esclavitud, las castas y las relaciones jerárquicas que diferenciaban entre hombres y mujeres. En la historia mapuche el patriarcado entró con el contacto con los colonizadores y con la guerra sostenida por siglos.

Las prácticas femeninas de las mujeres con la tierra han sido valoradas por parte de la literatura feminista que rescatan los trabajos de las mujeres indígenas y campesinas en el mundo, sus aportes a la economía de subsistencia que ha empoderado a las mujeres y le ha dado cierta independencia, además de cuidar la tierra y sustentar la seguridad alimentaria.

Silvia Federici (2013)[4] dice que las mujeres son quienes a lo largo de la historia del planeta han liderado la economía de subsistencia; Vadana Shiva[5], también destaca el mismo punto en sus múltiples obras y videos, dice que las mujeres son la mayor expresión de la fertilidad y productividad del planeta. Los huertos de verduras y plantas medicinales son necesarios para educar sobre la vida y el valor de la naturaleza, también, para explorar estrategias de como resistir frente a la dependencia del supermercado.

En esta fecha cuando se conmemora el Día Internacional de la mujer, es necesario ampliar el feminismo. No existe uno sólo, porque existe diversidad de mujeres, de opresiones y violencias. Para ello es muy importante documentar y escribir sobre la historia de las mujeres. Tantos mujeres como hombres tendrán que escribir la historia de sus madres, abuelas y rescatar sus riquezas, sus verdades, saber quiénes son y de cómo formaron generaciones de mujeres libres o sumisas. Contar, nos permite darnos cuentas que podemos hacer teoría con los saberes que están en nuestra memoria y experiencia, de los sueños que no tuvieron cabida en otro lugar, este ha sido el método como las mujeres mapuches contando sus historias recuperan su filosofía, lengua, y su idea de ser mujer en el mundo.

NOTAS Y REFERENCIAS

[1] González Casanova, Pablo (1969). Sociología de la explotación, Siglo XXI, México.

[2] Coña, Pascual (1988). Testimonio de un cacique mapuche. Vol. 40. PEHUÉN EDITORES LIMITADA.

[3] Paredes, Julieta. (2017). “El feminismocomunitario: la creación de un pensamiento propio.” Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana 7.1

[4] Federici, Silvia (2012). Revolution at point zero: Housework, reproduction, and feminist struggle. PM press,

[5] Shiva, V. (2013). “Vandana Shiva Interview About Ecofeminism.

* Académica del Departamento de Educación de la Universidad de Santiago de Chile y profesora externa de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Coordinadora de la Red por los Derechos Educativos y Lingüísticos de los Pueblos Indígenas de Chile PhD en Humanidades, Universidad de Leiden, Holanda; Magíster en Lingüística por la Universidad Autónoma Metropolitana de México y Profesora de Estado, mención en Inglés, Universidad de la Frontera de Temuco.
6.- Puelmapu: genocidio y resistencias en la tierra del Este

Voces del Wallmapu *


Se suele considerar, desde la historia winka, la “Conquista del Desierto” como el primer atropello al pueblo Mapuche. Pero Roca solo representa una cara de las muchas que el Estado Argentino usó para intentar eliminar a dicho pueblo. Gran parte de la errónea historia sobre el pueblo mapuche viene de crónicas de viajeros, sacerdotes y militares europeos. Pero, a diferencia de otros pueblos exterminados, este sí cuenta con mujeres y hombres que pueden hablar de su pasado.

Wallmapu

Wallmapu es la comprensión del territorio Mapuche, previo a los conceptos de división política que lo convierten en Estados diferentes. Existen diferentes formas de nombrar a los lofche (forma comunitaria de vida mapuche) en base al territorio que ocupan. En el norte, los pikünche; en el sur, los williche; en el llano, los wenteche; en el este, los puelche; en el mar, los lafkenche.

El pueblo Mapuche siempre ha realizado intercambios comerciales bajo sus propias formas de organización social y política. Tenían, por ello, un amplio desarrollo territorial. En los estudios arqueológicos de Adan Hajduk, se halló cerámica Pitrén (mapuche), que data del año 1000, en el oeste de La Pampa y en el este de Neuquén.



Por otro lado, en su investigación con fuentes originarias, Adrián Moyano, periodista del periódico mapuche Azkintuwe, sostiene que la historia de la resistencia mapuche debe pensarse desde 1536, sólo 44 años luego de que Colón desembarque a más de 6.900 km. de Furiloche (Bariloche), cuando Pedro de Mendoza funda el Puerto de Nuestra Señora María del Buen Ayre. Un ejemplo de esto es la familia Gualmes que se trasladó a las cercanías de Furiloche en 1895 desde Colmallo, 120 km. al este del río Limay, cuando Pedro Gualmes tenía ya 43 años.

El Estado-Nación frente a las otras naciones

En 1869, en el mapa con los límites geográficos de Argentina que presentó Nicasio Oroño al Congreso de la Nación, la Patagonia no formaba parte del país. Los pueblos originarios no formaron parte del primer censo nacional debido a que no estaban sometidos al gobierno central.

Tres años después, parte de este territorio fue sede de la batalla entre las huestes del cacique Calfulcurá, quien sostenía una política de enfrentamiento con otros referentes mapuche, y el ejército argentino, entre los que se encontraban los lonkos Coliqueo y Catriel, mapuches al mando de una fracción originaria. Una lectura posible de esta batalla es que, en esa época, las alianzas correspondían más a una necesidad política que a una hegemonía étnica.


Siguiendo los designios de la Sociedad Rural Argentina -creada en 1866-, en 1878, el general Julio Roca inició el plan base para convertir a Argentina en fuente de alimento para las potencias. Para esto, era necesario controlar grandes extensiones de tierra que, en ese momento, eran controladas en su gran mayoría por las diferentes lofche. Resultado de esto, comenzó el genocidio de pueblos originarios, entre ello, asesinatos y desapariciones de muchas familias mapuche.

El Informe Oficial del Ejército Argentino dice que fueron 14.000 los guerreros que resultaron muertos o prisioneros durante este período. Hasta hace pocos años atrás, el cuerpo del lonko Inacayal, que había sido llevado al museo de Ciencias Naturales de La Plata y exhibido vivo, era una pieza más de este museo. El mismo año en que comenzó la campaña, se crea la gobernación de la Patagonia, extendiendo el límite hasta al sur de la provincia de Tierra del Fuego.

La estrategia que utilizó, en esta campaña, el Ejército Argentino no fue la de los grandes combates a campo abierto, sino que mandaban pequeños grupos que se desprendían del grupo principal y, así, saqueaban, asesinaban y tomaban posesión de las tierras. Esta campaña abatió a nombres importantes para la política mapuche, muchos fueron asesinados, pero otros fueron tomados prisioneros y llevados a la isla Martín García: en ella, los primeros desaparecidos del Estado Argentino.

No siguió el mismo destino el lonko Saygüeque, hijo de Chocorí, un importante cacique manzanero, quien murió de viejo en unas tierras negociadas con Roca a cambio de su rendición. Su nombre cristiano, Valentín, proviene del pacto de su familia con el entonces gobernador de Buenos Aires, Valentín Alsina. Sin embargo, según las costumbres mapuche, esto no otorga el lugar de lonko, para serlo es necesario demostrar ciertas virtudes.

La suya fue la utilización de una estrategia diplomática para entablar pactos y acuerdos con los fortines criollos. El archivo de la Gobernación Indígena de las Manzanas, proyecto de autonomía que lleva a cabo, que tenía los documentos sobre la diplomacia y la economía de la región, fueron saqueados por la Campaña de Roca en 1881.

En 1883, en el territorio de lo que hoy es la provincia de Neuquén, se produce el “Combate de Apeleg”, conocido como uno de los últimos enfrentamientos entre la resistencia al mando de Saygüeque e Inacayal, y el Ejército Argentino. El resultado de esta sangrienta persecución fue de treinta muertos y 3200 personas que se entregaron en el fortín de Junín de los Andes. Luego de esto, se produce, en el paraje Súnica, el último gran parlamento de lonkos que aún resistían sin entregarse y finaliza con la captura de prisioneros, producto de la Campaña de Lino Oris de Roa.

Otra de las estrategias que tomó la Organización Nacional fue de corte cultural e histórica. Para erradicar la historia mapuche y originaria, convirtieron al cristianismo a todos los sobrevivientes cambiándoles el nombre, signo de identidad originaria, por nombre españoles.

Ciertos desiertos desiertos

Como una premonición, el nombre de la campaña, encabezada por Julio A. Roca, dejó las antes tierras pobladas por distintos pueblos originarios, en su mayoría vinculados a los mapuche, despobladas y despojadas de todo indicio de cultura y organización política.

Este nuevo panorama dio la posibilidad de conformar grandes latifundios en Neuquén, Río Negro y Chubut que fueron entregados y apropiados por capitales ingleses como la Argentine Southern Land Co.

Esta compañía llegó a poseer, antes del siglo XX, más de 585.000 ha., lo que le dio la posibilidad de manejar negocios en gran parte del territorio patagónico en asociación con otras empresas británicas. Este despojo se hace evidente cuando se observan los nombres de algunos de los territorios concedidos: Canu Lafquen, Rucu Luan, Pilcañeu, Epu Lafquen, Huanu Luan, Maquinchao, Fofo-Cahuel, Cholila y Leleque, entre otros. Hoy en día, la gran mayoría de esas tierras son, según el Estado Argentino, propiedad del grupo Benetton.

Entre 1911 y 1914, se crean las Policías Fronterizas, fuerzas represivas especiales con jurisdicción sobre las zonas cercanas a la cordillera. Su objetivo eran las poblaciones mapuche y se las atacaba en pequeñas partidas que daban golpes con el fin de aterrorizar, capturar personas y recursos, y mantener el control del territorio.

Pero, en la vida de los que no tienen nada, empezar de nuevo se vuelve una competencia que se hereda de generación en generación. Es así que muchos pueblos lograron establecerse y desarrollar la ganadería exitosamente, a pesar del constante boicot del estado. Algunos de estos pueblos lograron ser reconocidos legalmente como colonias, como la Colonia Pastoril Aborigen Cushamen, como “reservas” o con permisos precarios. En 1937 en Nahuelpan, producto de la presión de los terratenientes en el marco de la crisis económica, se produjo un desalojo que expulsó a 360 personas.
Mantener la esencia


El comienzo del nuevo siglo no trajo para los pobladores de Puelmapu una visión de expansión y esperanza. Las comunidades que se lograron asentar y recuperar territorios son constantemente atacadas por la Gendarmería, la Prefectura, el Ejército, los jueces y el ejecutivo. En los últimos años, comunidades como Vuelta del Río, Paichil Antriao o las Puf Lof en Resistencia del Departamento Cushamen han sido constantemente atacadas y resistidas.

La desaparición forzada de Santiago Maldonado en Cushamen, el asesinato del weichafe Rafael Nahuel en la comunidad Lafken Winkul Mapu y la persecución política seguida de extradición al lonko Facundo Jones Huala, dan cuenta de la postura del Estado Argentino.

Hoy en día, algunos de los territorios libres controlados por el pueblo mapuche son: Newwnkura, Kaxi Payiñ, Campo Maripe, Wirkalew, Motoco Cárdenas, Cahsun, Pulgar, Pu Lof en resistencia de Cushamen, Calfullanca, Prane, Pillan Mahuiza, Vuelta del Río y Lafken Winkul Mapu.

*La Tinta

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