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¿Nos abrazaremos en Navidad?

Do Rebelión, 27 de Julho, 2020
Por Adrián Sotelo Valencia 

Mestre Vitalino
“Todo lo que ya era malo antes del desastre se ha degradado al nivel de lo insoportable”. Naomi Klein, On Fire (2019).

La enfermedad COVID-19 causada por el coronavirus, que era desconocido antes de su irrupción y expansión en Wuhan (China) en diciembre de 2019, se ha expandido en todo el mundo rebasando los 15 millones 500 mil casos activos; provocado casi 640 mil muertos – que superan el número de bajas que tuvo Estados Unidos en Vietnam (58,220 soldados) – con una tasa de recuperación de 60% al 23 de julio de 2020 de acuerdo con el conteo diario que realiza la Universidad Johns Hopkins.

Con estas cifras, que tienden a incrementarse todos los días, difícilmente se puede hablar de “nueva normalidad” que supuestamente reemplazaría a la actual pandemia del coronavirus que azota y flagela a la humanidad.

Nada más atinado que esta frase de Naomi Klein para definir en su justo término dicha “normalidad: “Todo lo que ya era malo antes del desastre se ha degradado al nivel de lo insoportable”. Y no solamente es insoportable el confinamiento a que sea visto forzado en muchos casos el individuo en pandemia, sino las propias circunstancias de reproducción de su vida cotidiana y laboral que se han complicado, precarizado y deteriorado en proporciones nunca antes vistas.

El establishment y los medios de comunicación dominantes publicitan día a día que la enfermedad pronto será superada e incitan a los gobiernos y a los mercados para que “abran” las economías capitalistas en aras de “proteger” los ingresos y los empleos de la humanidad. No importa el incremento de infectados y muertos que se produzca debido a estas acciones irresponsables de aperturas apresuradas e indiscriminadas que ya han causado rebrotes importantes del virus en varias latitudes del planeta en ciudades de Estados Unidos, de Europa y de América Latina, afectando a los trabajadores y ciudadanos que se ven obligados a salir de sus domicilios y permanecer y deambular en las calles para obtener algún ingreso que les permita medio sobrevivir. El sistema los deja a su suerte; en algunos casos hay ayuda por parte del Estado, pero esta, en general, resulta insuficiente y limitada y no resuelve la inmovilidad y permanencia en el hogar.

Se está a años luz de que los gobiernos, sobre todo en los países dependientes y subdesarrollados, garanticen una renta básica universal temporal, que no sea una simple limosna o dádiva, que pueda servir de soporte para que el mundo del trabajo y los asalariados y no asalariados puedan de algún modo sobrevivir en la crisis y procurar condiciones sanitarias mínimas para ellos y sus familias que preserven su vida y su integridad físico-emocional. Por el contrario, se han visto los cadáveres abandonados en las calles de Bolivia y Ecuador víctimas de la enfermedad, mientras el costo de un test de Covid-19 en Estados Unidos es de alrededor de los 3 mil dólares (unos 22,500 pesos mexicanos o 5,22 reales de Brasil); o casos como el de un hospital privado en Puebla, México, (“Médica Avanzada Contigo”) que exige las escrituras de una casa o de un terreno, un depósito de 80 mil pesos y la firma de dos pagarés en blanco por una habitación sencilla para atender a una persona que se haya infectado de Covid-19 (PeL, Puebla Línea, 21 de julio de 2020, en: https://pueblaenlinea.com/2020/puebla/video-hospital-en-puebla-pide-escrituras-deposito-de-80-mil-y-dos-pagares-en-blanco-si-te-internas-por-covid-19/).

Negocios redondos de los dueños de hospitales privados y de las farmacéuticas trasnacionales que han hecho de las enfermedades y la desgracia humana una fuente adicional de enriquecimiento: ¡capitalismo del desastre dixit!

La psique individual se ha desbordado por los sucesos “externos” que concurren alrededor de los individuos: guerras, luchas de clases, crisis económica, represiones gubernamentales, amenazas de la delincuencia organizada y del narcotráfico, inseguridad, caos y violencia en las calles y en las familias, falta o insuficiencia de alimentos, déficits sanitarios y sistemas de salud insuficientes y precarizados con presupuestos raquíticos.

La jaula de hierro weberiana – basada en un sistema de eficiencia y cálculo racional, o el carcelario panóptico de Jeremy Bentham (retomado por Foucault) que asemeja un puesto de vigilancia a través del cual el Estado ejerce su control y dominación y que se puede considerar como un antecedente (invisible) del moderno teletrabajo o el Home Office, versiones digitalizada del viejo trabajo a domicilio de que habla Marx en El capital y que la patronal mundial está implementando en el contexto de la pandemia intentando regular y legalizar – quedan disminuidos frente al confinamiento y el “sano distanciamiento” de una humanidad inerme en un espacio-tiempo que se reduce conforme se expande la enfermedad amenazando todos los poros vitales de la existencia humana.

En el balance final uno no puede saber qué es peor: si la enfermedad o el remedio; si la mortífera epidemia en curso o la “nueva normalidad” que el Estado y el capital están presionando imponer al influjo de las necesidades de acumulación y de rentabilidad a través de sus aperturas indiscriminadas para el retorno a más de lo mismo, sin trastocar las causas profundas de la crisis capitalista y pandémica en contextos contradictorios y caóticos de sistemas sanitarios limitados a las clases sociales privilegiadas de altos ingresos, pero precarios e insuficientes para las mayorías y que no garantizan la salud ni la vida de las personas: trabajadoras y trabajadores que se ven obligados a abandonar sus confinamientos forzosos para no perecer de hambre con una alta probabilidad de contagio a causa del virus y de adquirir otras enfermedades.

El ser social se fragmenta, el individuo se aísla y/o se confina con la familia o los amigos; la prensa informa del incremento de la violencia doméstica, de las violaciones y abusos de menores, mientras que la frecuencia de las llamadas de alerta sube exponencialmente y el racismo, el suprematismo y la xenofobia se potencian. Los feminicidios ocurren todos los días quedando impunes la mayor parte de las veces bajo la indiferencia de las autoridades; lo mismo ocurre con el alza de los suicidios y los inmigrantes permanecen atrapados entre la enfermedad, la indiferencia social y las fronteras territoriales capitalistas que son verdaderas formaciones predatorias al decir de Saskia Sassen.

“Todo lo sólido se desvanece en el aire”, como dicen Marx y Engels en El Manifiesto: expresa la fragilidad de las instituciones socioeconómicas y culturales creadas por el capitalismo pre-pandémico ante un enemigo invisible que amenaza con destruir a la humanidad de no encontrarse un remedio eficaz y duradero que lo pueda contener y que, al parecer, no lo va a lograr antes de la próxima navidad impidiendo de este modo a las personas abrazarse nuevamente para remembrar y recrear los viejos tiempos.


Adrián Sotelo Valencia, Catedrático de la UNAM, México.

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