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«El coronavirus es la 8ª plaga de ‘los dioses’ contra Irán»

Entrevista a Nazanin Armanian sobre la situación política en Irán (I)

Do Rebelión, 6 de Julho, 2020
Por Rosa Guevara Landa, Marta Roca 

Fuentes: El Viejo Topo / Espai Marx
Integrada en el movimiento comunista iraní desde los 15 años, activista política contra la dictadura semilaica del Sha y el totalitarismo religioso de Jomeini, Nazanin Armanian se exilió a España en 1983. Sus áreas de trabajo e investigación son Oriente próximo, Asia central, el “espacio islámico”.

Una versión parcial de esta entrevista se publicó en la revista El Viejo Topo del mes de junio.

¿Podría describirnos brevemente la situación política iraní en estos tiempos tan difíciles?

Cuando se quiere describir las desgracias que azotan a un pueblo se utiliza la metáfora de las “siete plagas” como el castigo colectivo que sufrieron los egipcios por los pecados de sus gobernantes. El coronavirus es la octava maldición lanzada por “los dioses” contra esta nación desde que el totalitarismo religioso abortó y secuestró su revolución, gracias al respaldo incondicional de EEUU, Francia, Alemania y el Reino Unido (los G4): le trasladaron a Jomeini, sin pedirle el visado (¡) de Iraq a Francia para ofrecerle el poder en Teherán si prometía contener la influencia soviética en la región, colaborar en desmantelar la República democrática de Afganistán y acabar el trabajo medio hecho de la «Operación Ajax» de la CIA en 1953 en Irán: destruir de una vez a los comunistas. Luego devastaron con una guerra de ocho años al país, mientras masacraban a cerca de 50.000 presos políticos, prohibían a todos los partidos, sindicatos, organizaciones feministas, y saqueaban los recursos de uno de los países más ricos del planeta país. ¿Qué más nos puede pasar?

Ya es mucha desgracia la que cuenta. Y la llegada del COVID-19…

La llegada del COVID19 fue recibido, al principio, como una bendición por la Teocracia Islámica (TI), la versión islámica del Nacional Catolicismo: podían poner fin a las imparables protestas de los trabajadores de amplios sectores sociales contra una escandalosa pobreza que azota a la mitad de la población (según el propio gobierno), mientras algunos del régimen estaban sacando del país 1.500 millones de dólares para ingresarlos en los paraísos fiscales. El mes de noviembre, solo en 5 días, mataron entre 350 y 1.000 manifestantes, 12 de ellas menores, entre 12 y 16 años. Pero ellos, la TI, desconoce la ley de la “lucha de clases”: imposible esquivarla o aplastarla.

La crisis de legitimidad del régimen se ha agravado por dura represión de las protestas por la subida del precio de gasolina -que arrebataba el pan que conseguían millones de obreros, titulados universitarios desempleados, amas de casa, etc. haciendo de “taxista” con sus coches-, el “fácil” asesinato de Soleimani por EEUU e Israel, las mentiras sobre el derribo del avión ucranianos matando a 176 pasajeros –a cuyas familias ni enviaron un simple pésame-, y ahora la desastrosa gestión de la pandemia, que ha convertido a Irán al segundo país más contagiado, y aun puede ir a peor.

Tras 41 años de votar a diferentes sectores del régimen capitalista islámico (desde el liberal Mehdi Bazargan, el moderado Rafsenyaní, el reformista Jatami y el fundamentalista Ahmadineyad), los iraníes han visto cómo la situación ha empeorado profunda y gravemente para los trabajadores, las minorías nacionales (los kurdos, baluches, turcomanos, árabes, etc.) y las minorías religiosas «ilegales» como los bahaíes, los cristianos protestantes, los budistas, los sufíes, los no creyentes, apóstatas y ateos, y sobre todo la mitad de la población, las mujeres que viven un sistema de apartheid sexual. Las agresivas medidas de austeridad de la extrema derecha islamista que causaron el cierre de cientos de fábricas y talleres, enviando a millones de trabajadores a la calle y pobreza absoluta, la persecución de los intelectuales y la gestión de los asuntos internos y externos del país les ha mostrado que para la TI la expansión del chiismo, su influencia por la región –a la que presentan como una “batalla antiimperialista-, y los intereses de la burguesía comercial tienen prioridad sobre la atención a las necesidades los ciudadanos.

La ultraderecha militar ha tomado prácticamente la totalidad del poder, cada vez más atomizado, creando un Estado Islámico pretoriano. Los militares, a la sombra del anciano Jamenei, controlan la economía, la industria petrolífera –actuando como un hoding-, también el aparato judicial, y ahora van a por el parlamento y el poder ejecutivo, diseñando un sistema parecido a la República Islámica de los generales de Pakistán o el régimen de Al Sisi de Egipto.

¿Y el Parlamento? ¿Mudo y servicial?

El Parlamento ha sido suspendido y Jamenei-Bagheri (el general sustito de Soleimani) dirigen el país, eliminando prácticamente a los críticos “moderados” y “reformistas”, cerrando cualquier posibilidad de una apertura. Los diputados del parlamento “islámico” (antes del 1978 se llamaba “nacional”) deben ser fieles a Alí Jamenei (en la figura de “Tutor islámico”) y musulmanes -salvo un representante por cada una de las tres comunidades RELIGIOSAS” como judía, cristiana y zoroastriana. Los comunistas, socialistas, monárquicos, los ateos, agnósticos, los fieles del bahaísmo o budismo, ni pueden presentarse de candidato. Por lo que, allí nadie está para defender al pueblo sino al régimen islámico y los intereses de la élite gobernante, dando “legitimidad” a las decisiones que se toman en los órganos no electos.

La «nación» iraní ha roto su relación con el «estado» islámico. Dijo un camarada del Partido Tudeh, antes de ser detenido en 1983, que ésta ha sido la primera y también la última vez que el islam gobierne Irán.

¿Cómo evoluciona el enfrentamiento entre el gobierno de Hassan Rohaní y el sector representado por el «líder supremo» Alí Jamenei?

Todos los elementos de la “república” han sido eliminados/neutralizados en favor del sistema político del islam que es el califato, o sea, un hombre con poderes absolutos, y la “presidencia” es uno de ellos. De hecho, la propia Constitución islámica del 1978 así lo estipula: una serie de órganos no electos –como el Consejo Guardián de la Constitución, el Consejo de Vigilancia, el Consejo Supremo de Seguridad Nacional, el Consejo de la Discernimiento, la Asamblea de Expertos, y sobre todo, la figura de Wali-e faghih (tutor religioso, Führer, hoy Alí Jamenei)- cuyos miembros son designados entre y por la élite religiosa, y tienen facultad de anular las decisiones de los órganos electos, como el parlamento o la presidencia. O sea, estamos ante un califato a toda regla, pintada de “república” para ser presentable.

Es la última ronda del juego de Risk -en el que lo importante no es la victoria final sino tener perspectiva para ganar partido a partido-, donde una oligarquía militar y militarista, sin casi barba y cuasi moderna, tendrá la última palabra.

Vuelvo al COVID-19: ¿cómo está respondiendo el gobierno iraní y las instituciones anexas a la pandemia del coronavirus? ¿Intentan proteger a la población?

La forma de gestionar la propagación del virus ha sido el último clave en el ataúd de la legitimidad de la TI. La última cifra oficial de las víctimas del COVID-19, mediados de abril, hablaba del fallecimiento de 90 personas al día y la infección de un total de unas 82.000, haciendo disparar los chistes y las burlas en las redes sociales iraníes. El segundo país con mayor contagio después de China fue Irán, donde la sanidad no es ni universal ni gratuita, y en cientos de pueblos no hay ni un solo médico. El que, según los datos oficiales, el 15% de los fallecidos eran menores de 40 años, cuando esta tasa en los países europeos está debajo del 1%, demuestra esta conmovedora realidad: la vulnerabilidad de todos los sectores sociales ante un virus que tampoco es uno de los más mortales.

Ante las protestas y el pánico que se produjo entre la población cuando se amontonaron los cadáveres en las morgues, la TI decidió ocultar la verdad como de costumbre, en un país donde, a causa de la inexistencia de órganos independientes, partidos y sindicatos progresistas (todos prohibidos y duramente perseguidos), consigue hacerlo con total impunidad. La doctora Minú Mohraz, miembro del Comité de Prevención de Enfermedades Infecciosas del Ministerio de Sanidad iraní afirmó a mediados de marzo que al menos el 40% de los 80 millones de los iraníes pueden estar infectados por el nuevo coronavirus. El sistema está basado en la religión, en la superstición y en los intereses de la casta clerical-militar, y el poco dinero que el país tiene se invierte en las instituciones y la propaganda religiosas y mantener a grupos fanáticos de extrema derecha de la región que juegan a lanzar petardos contra EEUU+Israel, mientras este dúo ha eliminado de la faz de la tierra a poderosos estados de la zona en pocos años.

¿Y no se impusieron medidas de prevención?

No impusieron medidas porque querían celebrar a lo grande el aniversario de la instalación de la teocracia islámica, el 11 de febrero, y no socavar las elecciones parlamentarias diez días después, mostrando la legitimidad del régimen ante el mundo, después de la matanza de los manifestantes en noviembre y el fiasco del avión ucraniano que acabó con la vida de sus 176 personas a bordo. Antes he hecho referencia a ello.

¿Y qué pasó en las elecciones a las que alude?

A pesar de ser previamente manipulados, al descalificar a miles de candidatos reformistas (los comunistas, socialistas, entre otros, ni pueden participar), fueron los comicios con la participación más baja de la historia de la teocracia. Millones de personas pueden haberse contagiado del virus. El 19 de abril el propio presidente Rohani confesó que está bajo la presión para reabrir los santuarios religiosos. Al fin cederá: no solo porque el dinero siempre derrota a Dios, sino también porque en Irán ninguna autoridad protege al pueblo, todos salvan sus propios intereses.

En cuanto a la situación del pueblo trabajador…

“¿Morir de hambre o del virus?” es el dilema de decenas de millones de trabajadores (incluidos los niños, pues el trabajo infantil no está prohibido) ante la pandemia. Por lo que el gobierno no ha impuesto un cierre total de los comercios o a las reuniones ya que le es imposible pagar una ayuda a la población mientras esté confinada.

Las políticas neoliberales, las sanciones criminales de EEUU contra el pueblo iraní (las élites nunca sufren las privaciones), la caída del precio del petróleo, y ahora además la disminución del comercio con los países vecinos, amenaza gravemente la estabilidad de la TI, nada conveniente para el pueblo en estos momentos cruciales.

Ahora, además de incompetentes, la TI nos han hecho el hazmerreír del mundo, “inventando” un artefacto con antena que detecta la presencia del virus en un diámetro de cien metros, y en cinco segundos. Es el perfil de un régimen que vive a espaldas del mundo, encerrado en su feudo.

The New York Times se hacía eco hace unas semanas de las amenazas de Pompeo para atacar a Irán, de las diferencias entre el Pentágono y el Departamento de Estado norteamericano, y del riesgo muy real de una guerra. A fecha de hoy, ¿es una página superada teniendo en cuenta la irrupción de la pandemia?

De ninguna manera. 1) Justamente una guerra bélica en Iraq entre Irán y EEUU puede ser la cortina de humo que necesita Trump –ante las elecciones presidenciales del noviembre y en un momento que está siendo muy criticado por su gestión ante la crisis “sanitaria”- para desviar la opinión pública, y 2) La posición de China, a pesar del coronavirus, que sigue consolidándose como un líder mundial, lo cual podrá intensificar el militarismo de EEUU.

El Golfo Pérsico es el lugar idóneo para ello: un Donald Trump 
antichino y su equipo NeoCon antiiraní, pretenderán devolver a EEUU su hegemonía unilateral planetaria luchando contra China e Irán a la vez, desde el espacio que comparten ambos en estas aguas.

Según The New York Times de 21 de marzo, el artículo que tú citas, el secretario de Estado Mike Pompeo estaba presionando a Trump para atacar a Irán, aunque la final el presidente hizo caso a los militares que se oponían, conformándose con bombardear las posiciones de Irán en Iraq. Por lo que la línea roja de un estallido generalizado sería un ataque directo de EEUU a Irán o de este país contra alguna base de EEUU dejando cadáveres estadounidenses a su paso.

Trump sigue insistiendo en que no prende cambiar el régimen sino su comportamiento hacia Israel, cosa que ya ha hecho la TI, más allá de sus consignas, aparcando aquello de «borrar a Israel del mapa». Sin embargo, Israel y Arabia Saudi creen que su tiempo de acabar con Irán se agota: temen que Trump no sea reelegido. Por lo que tiene prisa.

Tomemos un descanso. Continuamos en breve.

Fuente: El Viejo Topo, junio de 2020/ Espai Marx

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