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Volver a colocar a Palestina en el centro del activismo musulmán estadounidense

En muchas mezquitas de los EE.UU., Palestina, Cachemira, Afganistán y otros lugares de gran y perpetua injusticia apenas se mencionan. Quizás -argumenta Ramzy Baroud- por temor a que hacerlo los coloque en el radar del FBI o de las agencias locales de cumplimiento.


Do Rebelión, 12/05/2020

Por Ramzy Baroud
Fuentes: Middle East Eye

Foto: una partidaria de Palestina protesta durante el desfile anual Celebrate Israel, el 3 de junio de 2018, en Nueva York. AndresKudacki | AP
Traducido del inglés para rebelión por J. M.

Hace casi veinte años, en una conferencia de musulmanes en Washington DC, escuché el doloroso argumento de que Palestina no debería convertirse en un tema central en la agenda política musulmana estadounidense.

El punto, que sorprendió a muchos, fue enunciado por un joven académico pakistaní musulmán estadounidense, cuyo nombre no es importante para mi propósito aquí.

Sin embargo, lo que encontré tranquilizador fue que casi todos en la reunión sacudieron la cabeza en desacuerdo. El joven académico era claramente un paria intelectual. Estaba claro que los musulmanes, al menos los asistentes a esa conferencia específica, no abandonarían su defensa de la libertad del pueblo palestino en el corto plazo.

Unos meses después se produjeron los ataques del 11 de septiembre, desatando una caja de Pandora de violencia, racismo, orientalismo e islamofobia, cuyo resultado continuaría sintiéndose en los años venideros.

Una parte menos discutida de la guerra estadounidense contra el islam y los musulmanes en los últimos veinte años es el intento sistemático y centralizado de derrumbar la sociedad musulmana estadounidense. Por supuesto se puede decir lo mismo del sentimiento antimusulmán que floreció en Europa durante las guerras de Occidente contra Afganistán e Irak y otros países musulmanes.

Desde entonces y hasta hoy los musulmanes estadounidenses se vieron obligados a tomar decisiones sombrías para evitar la demonización de los medios y la persecución del Gobierno. Algunos optaron por seguir la línea, de hecho para convertirse en defensores de los poderes coloniales y salvajes que se desataron contra los musulmanes en todas partes: matar, torturar, encarcelar y sancionar sin tener en cuenta el derecho internacional que Occidente había diseñado después de la Segunda Guerra Mundial.

La elección de Hamza Yusuf, formalmente conocido como Mark Hanson, es y tal vez sigue siendo el mejor ejemplo del llamado “musulmán mascota”, como se hizo conocido debido a su colaboración con el régimen de George W. Bush durante las guerras genocidas en Irak y Afganistán.

Su enfoque se volvió absolutamente crucial para los diseños estadounidenses-occidentales en los países musulmanes, siendo la amalgama ideal entre el “informante nativo” -como un musulmán supuestamente adoctrinado y como una persona supuestamente blanca- y el orientalista típico, el erudito occidental confiable en descifrar y diseccionar el «Oriente» musulmán para el Occidente colonialista.

Según el periódico The Guardian, Yusuf dijo una vez a los disidentes políticos musulmanes: «Si odias a Occidente, emigra a un país musulmán», mostrando así el mismo sentimiento racista que los chovinistas de extrema derecha a menudo arrojan a cualquiera que se atreva a cuestionar las políticas gubernamentales sobre la guerra, inmigración o cualquier otra cosa.

Este mismo sentimiento fue repetido por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, cuando tuiteó en julio pasado: «En Estados Unidos si odias a nuestro país eres libre de irte».

Según el juicio absoluto de Yusuf y Trump, uno solo puede ganarse el derecho a ser un ciudadano totalmente bonificado si abandona por completo el derecho a mostrar cualquier desacuerdo con las políticas de su Gobierno.

En el vergonzante pensamiento de Yusuf también se deduce que un musulmán nunca puede ser verdaderamente un ciudadano permanente en ningún gobierno occidental, un sentimiento adoptado por los movimientos neofascistas que actualmente están asolando Europa.

No debería sorprender entonces que cuando el Secretario de Estado de los Estados Unidos y conocido antimusulmán fanático, Mike Pompeo, anunciara la formación de la Comisión de Derechos Inalienables -otra plataforma para los prejuicios políticos y religiosos dirigidos a los enemigos de Trump en todo el mundo- Yusuf fuese inmediatamente convocado para ser miembro de esa Comisión.

Sin embargo el problema es más grande que solo orientalista. Ha quedado claro que las terribles consecuencias del 11 de septiembre, las sangrientas guerras que siguieron y la trágica aunque predecible reacción violenta de la militancia antioccidental en los EE.UU., Europa y otros lugares, lamentablemente han debilitado el discurso musulmán dominante en los países occidentales, especialmente en Estados Unidos.

Alguna vez -en cada viernes- cientos de imanes en las mezquitas estadounidenses desafiarían la solidaridad con Palestina, Cachemira, Afganistán, Chechenia, etc. Se recaudaría dinero para varias organizaciones que brindaban ayuda a las víctimas de guerras en todo el mundo musulmán. De hecho, la unidad en torno a Palestina parecía unir a millones de musulmanes a pesar de sus culturas, clases e incluso sus propias interpretaciones del islam.

El resultado del 11 de septiembre, devenido en la llamada «guerra contra el terror», cambió todo eso imponiendo un nuevo paradigma y una cruda elección en las comunidades musulmanas de todo el país.

El cierre de la Fundación Tierra Santa, debido a su apoyo a las víctimas palestinas y otras víctimas de la violencia israelí, fue solo la punta del iceberg. Se agotaron las cuentas de muchas organizaciones y organizaciones benéficas musulmanas, mientras que cientos, si no miles de intelectuales musulmanes bien educados y francos fueron detenidos, deportados, despedidos de sus trabajos o forzados a guardar silencio por otros medios.

Lamentablemente fue el comienzo de una era nueva y trágica en la que los oportunistas intelectuales musulmanes, imbuidos de autodesprecio, reinaban absolutamente.

Es a través de este grupo conciliador que los gobiernos occidentales lograron adaptar su propia versión del “buen musulmán”, para yuxtaponerlo al musulmán radical -¡no lo permita dios!- injusto pero incesantemente visto como un simpatizante terrorista.

Tuve el disgusto de conocer o aprender acerca de muchos de estos “buenos musulmanes” en los últimos veinte años que están tan interesados ​​en reclamar los lugares en las conferencias falsas de “diálogo interreligioso”, cumpliendo vertiginosamente el papel del musulmán de buen comportamiento siempre que se lo exigieran.

Para esta extraña raza de musulmanes, Palestina es un obstáculo y Cachemira es un páramo olvidado, ya que su misión no es defender a los oprimidos. En cambio, a menudo son usados como intermediarios que transmiten los dictados oficiales de gobiernos, estados y consejos municipales a sus compañeros musulmanes. En otras palabras, se convierten en los musulmanes “oficiales”, cuya agenda no es la de su propia comunidad, ayudando a movilizarse, organizarse y abogar no por la solidaridad con otros grupos marginados, sino, como en el caso de Yusuf, abrazando la agenda del propio Trump.

El problema con estos charlatanes espirituales es que alimentan la visión equivocada de que los musulmanes solo pueden ser piratas o potenciales terroristas, que los musulmanes deben ser sometidos o se convierten en un peligro para la sociedad y que los musulmanes no pueden ser parte de un colectivo más grande de disidentes políticos que abogan por la justicia y la igualdad en su propia sociedad y en todo el mundo.

Actualmente en muchas mezquitas de los Estados Unidos, Palestina, Cachemira, Afganistán y otros lugares de gran y perpetua injusticia apenas se mencionan. Muchos evitan incluso la defensa política y la interseccionalidad dentro de sus propias comunidades. Tal vez temen que hacerlo los coloque en el radar del FBI o de las agencias locales de ejecución.

Pero, ¿qué es el islam sin justicia?

En un versículo coránico (5: 8), Dios dice: “Oh ustedes que han creído, permanezcan firmes para Dios, sean testigos en la justicia y no dejen que el odio de un pueblo les impida ser justos. Sean justos, estén más cerca de la justicia».

El énfasis en la justicia y la construcción de comunidades y naciones que defienden lo correcto está en el centro de los valores islámicos y ni Mark Hansen ni ningún otro autoproclamado musulmán puede cambiar eso.

En cuanto a los gobiernos que están constantemente caricaturizando a los musulmanes y al islam para que se ajusten a sus propias agendas, tampoco se están haciendo ningún favor, ya que una sociedad fuerte se basa en la libertad de los individuos y grupos para operar dentro de un marco legal y democrático, con el principal y primordial objetivo de promover los intereses de toda la nación.

La libertad para Palestina, Cachemira, Afganistán, así como los derechos de las minorías, la justicia social, la igualdad de género y racial, van de la mano. Ningún defensor sincero de la justicia, un estudioso que se respete a sí mismo, y ni que decir que sea verdadero musulmán, estaría de acuerdo con la idea de que la justicia pueda discurrir en forma aislada, una doctrina moral que ha definido el islam y los musulmanes durante 15 siglos.

Ramzy Baroud es periodista y editor de ThePalestineChronicle. Es autor de cinco libros. El ultimo These Chains Will Be Broken: Palestinian Stories of Struggle and Defiance in Israeli Prisons (Clarity Press, Atlanta). El doctor Baroud es investigador principal no residente en el Centro para el Islam y Asuntos Globales (CIGA), Universidad de Estambul Zaim (IZU). Su sitio web es www.ramzybaroud.net

Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no reflejan necesariamente la política editorial de MintPress News.

Fuente: https://www.mintpressnews.com/placing-palestine-center-of-muslim-american-activism/267317/

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión.org como fuente de la traducción.

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