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Son los indígenas quienes defienden la Amazonía peruana del virus y del extractivismo.

A casi dos meses de haberse decretado un Estado de Emergencia Nacional en Perú, no existe un marco operativo claro, intercultural, intersectorial, multinivel y con enfoque en los derechos humanos, que dirija las acciones estatales para los pueblos indígenas amazónicos frente a la pandemia.

Do Rebelión, 08/05/2020

Por Mariana Álvarez Orellana | 08/05/2020 | América Latina y Caribe
Fuentes: Rebelión

Las medidas de aislamiento social generaron un impacto fuerte en las comunidades con mayor dependencia en el mercado, al verse imposibilitados del movimiento de sus productos agrícolas y la adquisición de bienes básicos. Es evidente la falta de seguridad territorial, la precariedad del sistema de salud y la exclusión de la población rural de los programas sociales para aliviar las economías durante la pandemia.

El Estado no solo no avanza en la forma de asistir a aquellas comunidades que puedan carecer de alimentos o medicinas de manera urgente, o lo hace en la más grande descoordinación intersectorial. El Estado ha tratado de aliviar las economías familiares con bonos económicos que priorizaron las zonas urbanas y dos nuevos bonos, que obligarían a los indígenas salir de sus hábitats, para cobrarlos y comprar alimentos.

La reanudación de actividades económicas en la Amazonia «provocaría un salto progresivo del virus en las comunidades indígenas» y un «peligro de etnocidio», adviertió la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (Aidesep).

No existe una moratoria a las actividades extractivas en los territorios indígenas como tala, extracción de petróleo y la agroindustria. Las organizaciones indígenas mencionan que las empresas operan sin un protocolo sanitario específico y trasladando personal de ciudades con número alto de contagiados.

Siguiendo la memoria histórica, como mejor estrategia para defender la vida, el Gobierno Territorial Autónomo de la Nación Wampi cerró las Fronteras de su territorio a finales de marzo para aislarse, ejerciendo su derecho a la libre determinación y al autogobierno, más aún cuando se detectaron los primeros casos positivos de COVID-19 en San Lorenzo, ciudad cercana de la entrada del territorio wampis. Lo mismo hicieron otras nueve comunidades.

Con un plan de contingencia propio, los wampis también transmiten información preventiva al COVID-19 vía mensajes radiales, y cuentan con la disposición de comisiones de personal médico wampis y en coordinación con los puestos de salud locales


“Quiero decirle al presidente de la República, siempre hemos exigido una presencia real del Estado, pero no la ha habido. El ejército está abandonado. Ni siquiera tienen canoas aquí para poder patrullar… Sin embargo, de nuestro lado hemos hecho nuestro propio plan de contingencia para evitar que el coronavirus llegue a las comunidades”, Wrays Pérez, pamuk de los wampis.

Las clases dirigentes del Perú siguen pensando e imaginando la Amazonía como un espacio colonial del Estado peruano, solo para la extracción de materias primas y habitado por indios que no creen en el desarrollo ni la modernidad.

Para que la Amazonia se transforme en el espacio estratégico geopolítico, geoeconómico e hidropolítico del Perú serán profundos cambios estructurales, como modificar y transformar el modelo extractivo-mercantil y primario-exportador por una nueva economía y, como planteara Ricardo Giesecke, ex Ministro del Ambiente, decretar una moratoria sobre el bosque amazónico, uno de los mayores sistemas de regulación del agua dulce del planeta.

Habrá que revisar la agenda petrolera aún vigente en la Amazonía ante el desplome del precio del barril de petróleo en el mercado mundial. Pareciera que se repita la misma historia que provocó la caída del precio del caucho sumiendo en la más grave pobreza a la Amazonía en la primera y segunda década del siglo XX.

Uno de los recursos que tiene que ponerse en valor es la llamada “terrapreta do indio”, como se lo conoce en Brasil y en el Perú, en la Alta Amazonía, se llama “yanaallpa”, tierra negra, que por su alta fertilidad que puede durar mil años y su capacidad de retención del dióxido de carbono, podría ser la base de una revolución agraria y productiva en la Amazonía y todo el Perú, plantea recuerda Róger Rumrrill.

Aníbal Quijano insistía en revolucionar los sistemas educativos y de salud, copiados y calcados desde el eurocentrismo, desde la colonialidad del poder y del saber. El Perú es una nación multilingüe, multicultural y multiétnica, pero con un estado monocultural de origen colonial.

Esta colonialidad del poder y del saber se refleja en el comportamiento y accionar de las clases empresariales de la Amazonía -inmediatistas, cortoplacistas, patrimonialistas, extractivistas- y también en las clases dirigentes del país, en la mayoría de los políticos, en los poderes fácticos y corporativos.

Quizá la pandemia pueda dar impulso a las nuevas organizaciones indígenas, movimientos sociales y políticos que serán la fuerza motriz para convertir a la Amazonía post coronavirus en la renta estratégica del Perú en el siglo XXI. En una nueva Amazonía.

Mariana Álvarez Orellana. Antropóloga, docente e investigadora peruana, analista asociada al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

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