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Jean-Paul Sartre y Palestina

Hace cuarenta años moría Jean-Paul Sartre. Aunque el filósofo francés mantuvo una relación íntima y prolífica con el mundo árabe, Palestina fue una espina en su trayectoria intelectual y política.
Do Rebelión, 01/05/2020

Por Reda Merida | 01/05/2020 | Cultura
Fuentes: Middle East Eye
Traducido del francés para rebelión por Beatriz Morales Bastos

Foto: El filósofo y escritor francés Jean-Paul Sartre fue uno de los intelectuales más traducidos, leídos y escuchados en el mundo árabe (Wikipedia).
El primero de junio de 1967, cinco años después de la independencia, varios estudiantes argelinos queman los libros que tienen de Jean-Paul Sartre, el gran amigo de su revolución. Josie Fanon, viuda del psiquiatra y ensayista anticolonial Frantz Fanon, pide a la editorial francesa Maspero que suprima el prefacio de Sartre a Los condenados de la tierra. “Sartre y nosotros ya no tenemos nada en común”, declara Josie Fanon. Al mismo tiempo Irak anuncia la prohibición de publicar toda su obra en su territorio mientras que los intelectuales árabes que lo han frecuentado abjuran de su amistad con el filósofo parisino.

Con su toma de postura a favor de Israel en vísperas de la Guerra de los Seis Días de junio de 1967 Jean-Paul Sartre pone fin tanto al existencialismo árabe como a su postura de revolucionario en Oriente Próximo y norte de África.

Sartre y la creación de Israel

En 1947-1948 Sartre, lo mismo que la mayoría de los intelectuales franceses tanto de izquierda como de derecha, es favorable a la creación de un Estado judío en Palestina. Sartre era miembro de la Ligue française pour la Palestine libre [Liga Francesa por Palestina Libre] (hasta finales de la década de 1940 el término Palestina designa el proyecto de un país para los judíos) y en muchas ocasiones expresa su entusiasmo por la idea de conceder a los judíos de todo el mundo un territorio y un Estado. “Siempre he deseado y deseo todavía que el problema judío encuentre una solución definitiva en el marco de una humanidad sin fronteras, pero dado que ninguna evolución social puede evitar la fase de la independencia nacional, hay que alegrarse de que un Estado israelí autónomo venga a legitimar las esperanzas y combates de los judíos del mundo entero”, declara.

Esto supone una ruptura radical con su concepción anterior de la cuestión judía y su materialismo histórico expresado en su libro Reflexión sobre la cuestión judía, en el que considera que “el antisemitismo es lo que hace al judío […], lo que obliga al judío a elegirse judío a su pesar”.

Su postura contrasta también con sus compromisos políticos con las luchas de liberación, contra el “cáncer” del apartheid sudafricano, contra el régimen segregacionista de Estados Unidos y de apoyo de la revolución cubana y al Viet Minh.

Hay dos importantes elementos contextuales que pueden explicar esta postura: la Segunda Guerra Mundial era muy reciente ([acabó en] 1945) y la estupefacción que provocó el horror de los campos de concentración al ser liberados, lo que, según Sartre, crea entre los intelectuales franceses “una determinación afectiva” a la hora de dirimir las discrepancias israelo-palestinas. “Solo quería recordar que en muchos de nosotros hay esta determinación afectiva que, sin embargo, no es un rasgo sin importancia de nuestra subjetividad sino un efecto general de unas circunstancias históricas y perfectamente objetivas que no estamos cerca de olvidar”, explica en mayo de 1967 en la revista que fundó con Simone de Beauvoir, Les Temps modernes. “Así que somos alérgicos a todo lo que, se mire como se mire, pueda parecerse al antisemitismo. A lo que muchos árabes responderán: «No somos antisemitas, sino antiisraelíes». Sin duda tienen razón, pero, ¿pueden impedir que para nosotros estos israelíes también sean judíos?”.

Por otra parte, en el contexto de la efervescencia política en torno a la independencia de los países que estaban bajo los Mandatos francés y británico los intelectuales occidentales a menudo abordan la cuestión de la creación de un Estado para los judíos a través del mismo prisma que ignora la existencia de poblaciones palestinas árabes y autóctonas.
Compromiso con la independencia de los pueblos

Jean-Paul Sartre no se pronuncia sobre el conflicto israelo-palestino a lo largo de la década de 1950. Intensifica su compromiso con la independencia de Argelia publicando muchos artículos y llamamientos en Les Temps modernes sobre la causa de la independencia, haciendo el prefacio de Los condenados de la tierra de Frantz Fanon con un texto importante de 44 páginas sobre la negritud titulado “Orfeo negro” y redactando El colonialismo es un sistema, un texto duro en el que el filósofo examina el colonialismo como un sistema de violencia exacerbada.

Durante esta década es cuando llega a su apogeo su fama entre los intelectuales árabes, seducidos por sus posturas firmes y la figura del intelectual comprometido que forjó. Desde Argel a Bagdad pasando por El Cairo, Damasco y Beirut, Jean-Paul Sartre es uno de los intelectuales más traducidos, leídos y escuchados.

Con la independencia de Argelia, en 1962, es cuando la cuestión palestina vuelve a Sartre. Sus colegas árabes, entre ellos Lotfi al-Khouli y Suhayl Idriss, esperan de él una postura clara sobre lo que ocurre entonces en Palestina, en la misma línea de su compromiso contra el colonialismo en Argelia.

Dividido entre sus convicciones políticas y su “determinación afectiva” Sartre opta por una postura tibia, una ambigüedad que mantendrá de forma tortuosa y a veces contradictoria. Aunque no deja de denunciar las condiciones de vida de los refugiados palestinos y de defender su derecho a retornar a Palestina, al mismo tiempo apoya la existencia de Israel y su soberanía. El filósofo vive como una “tragedia personal”, un drama intelectual, esta “neutralidad”, que reivindica para hacer bien su trabajo de editorialista de Temps modernes.

En febrero 1967 emprende con la escritora Simone de Beauvoir y el periodista Jacques Lanzmann un viaje a Egipto, en el que se entrevista con el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser (que le inspirará una gran simpatía), a Gaza y a Israel. Tienen encuentros con estudiantes, militantes, refugiados, mujeres, trabajadores y partidos políticos. Este viaje le servirá para aguzar su postura sobre el conflicto y para preparar un número especial de Temps modernes.
Foto: Jean-Paul Sartre (2º por la derecha) y Simone de Beauvoir (a su derecha) visitan un campo de refugiados palestinos en Gaza en marzo de 1967 (AFP).

El historiador Yoav Di-Capua describe en su libro No Exit la meticulosa organización de este viaje y su carga política, la movilización de ambos campos para hacer bascular al filósofo de su lado. Se desmenuza, analiza y estudia cada uno de los discursos que pronuncia para encontrar indicios de su apoyo.

Durante su viaje a Israel exige a Le Monde que publique una aclaración tras un artículo del corresponsal André Scémama en el que interpreta las palabras de Sartre como un sentimiento de entusiasmo por el proyecto sionista. “Las declaraciones de Jean-Paul Sartre no han aliviado a la opinión pública israelí, a la que sigue preocupando la equivalencia que estableció Sartre entre el reconocimiento de la soberanía israelí y los derechos de los refugiados árabes a retornar a Israel”, se podía leer en el artículo rectificativo redactado por Simha Flapan, representante en Europa del MAPAM, un partido político israelí.

En el lado árabe los intelectuales multiplican los artículos de opinión y comunicados para presionarle para que abandone su ambigüedad. En este grave contexto su neutralidad se considera un apoyo a Israel.
Cambio de opinión

Poco después de acabar el viaje las fricciones entre Egipto e Israel que provocan tensiones militares entre ambos países desencadenan una importante movilización en Francia en favor de Israel que se convierte en una campaña racista antiárabe apoyada por asociaciones de veteranos y repatriados de la Argelia francesa.

En este contexto se publica en Le Monde un artículo de opinión en apoyo a Israel firmado por Jean-Paul Sartre, que consuma claramente el divorcio entre el filósofo francés y los árabes. Más tarde estos sabrán que Sartre había tenido muchas dudas. Jacques Lanzmann cuenta en una entrevista que concedió a Yoav Di-Capua que estuvo esperando ante la puerta de Jean-Paul Sartre para pedirle la firma.

A partir de la década de 1970, con la intensificación y la exportación de la lucha palestina a Europa, empieza a cambiar la opinión de los intelectuales de izquierda respecto a Israel. Jean-Paul Sartre llega incluso a apoyar las operaciones suicidas de los fedayin. “Siempre he apoyado el contraterror contra el terror institucional. Siempre he definido el terror como la ocupación, la apropiación de tierras, las detenciones arbitrarias, etc.”, declara.

Israel ya no se percibe como un islote en medio de un océano de terror árabe sino como un Estado palanca del imperialismo estadounidense, excesivamente militarizado y que ataca a un pueblo que no se ha podido recuperar de siglos de ocupación otomana y después inglesa.

El filósofo existencialista declara lo siguiente sobre los atentados palestinos durante los Juegos Olímpicos de Munich de 1972 y la toma de rehenes israelíes por parte un comando palestino: “A falta de armas, de defensores, los palestinos no tienen otra opción que recurrir al terrorismo. […] El acto terrorista cometido en Munich se justificaba a dos niveles: de entrada, porque todos los atletas israelíes en los Juegos Olímpicos eran soldados y además porque se trataba de una acción destinada a obtener un intercambio de prisioneros”.

En junio de ese mismo año Sartre escribe una carta a la madre de un objetor de conciencia israelí en la que afirma que “honraría al tribunal absolver [al acusado que] se arriesga a años de cárcel por haber realizado este acto valiente y concreto: negarse a servir en un ejército que en su origen era defensivo y se ha convertido en ofensivo al afirmarse como un ejército de ocupación”.

Foto: El presidente egipcio Gamal Abdel Nasser (a la izquierda) saluda a Jean-Paul Sartre (centro) en El Cairo en marzo de 1967, en presencia de Simone de Beauvoir y de Jacques Lanzmann (MENA/AFP).

¿Cómo se explica este cambio? Puede que la respuesta esté en una entrevista que concedió Sartre al diario egipcio Al-Ahram y que publicó la revista existencialista libanesa Al-Adab unos meses después de la publicación del polémico artículo de opinión.

Cuando está de paso por París Lotfi al-Khouli, el escritor egipcio que había roto su relación de amistad con el filósofo, tiene un encuentro con el sociólogo Jacques Berque, que le ruega que acepte una entrevista con Jean-Paul Sartre que, según él, “sufría enormemente” debido a la recepción que había tenido en el mundo árabe su artículo de opinión en Le Monde. El encuentro tuvo lugar en casa del filósofo, que hasta entonces se había aislado en el silencio y encuentra por fin la ocasión de exponer su punto de vista sobre el conflicto. Afirma que la única postura que adoptó con su firma fue la postura “contra la guerra de los Seis Días que se veía venir” y no contra los pueblos árabes “a los que él apoya en todas sus luchas por la liberación y el progreso”. Condena el uso de napalm por parte de Israel y lo califica de “acto criminal”, recuerda la postura de la opinión pública francesa, favorable a Israel en la guerra de 1967, y la justifica por su temor a asistir a “un segundo intento de exterminio de los judíos” y por su desconocimiento de la realidad del conflicto. Afirma además que “solo las guerras de liberación son legítimas”, condena las veleidades expansionistas de Israel y califica de “locura absoluta” su proyecto de anexión de Jerusalén. Por último, lamenta la existencia de “fuertes fuerzas reaccionarias” que ganan poder en Israel e impiden toda posibilidad de paz.

En 1976, durante la ceremonia de concesión del título de doctor honoris causa de la Universidad Hebrea de Jerusalén Sartre afirma que también habría aceptado el título si se lo hubiera concedido la Universidad de El Cairo.

En 1979 organiza un seminario sobre la paz en Oriente Próximo al que están invitados intelectuales israelíes y palestinos. Morirá un año más tarde, el 15 de abril de 1980.

Reda Merida es un periodista independiente y analista de datos.

Fuente: https://www.middleeasteye.net/fr/decryptages/jean-paul-sartre-palestine-israel-sionisme-guerre-six-jours-monde-arabe

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.

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