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La pensión por puntos ha aumentado la pobreza de las personas de edad

Alemania

Do Viento Sur, 14 de Janeiro, 2020 
Por Romaric Godin


[En Alemania, la cuestión de la pobreza de las y los pensionistas está en el centro del debate político y ha dado lugar a la corrección de un sistema de pensiones por puntos que, junto con las reformas neoliberales del mercado de trabajo, es el origen del fenómeno. Una lección para Francia.

Este giro del año 2020 también ha estado marcado en Alemania por un animado debate en torno a la cuestión de las pensiones. Pero la naturaleza de este debate es significativamente diferente del que agita a Francia. La cuestión es en efecto la de la lucha contra el fenómeno que más preocupa a la población alemana: la pobreza de las personas mayores. Tras intensos debates, los miembros de la gran coalición que reagrupa a la CDU demócrata-cristiana, la CSU de Baviera y el Partido Socialdemócrata (SPD) han logrado llegar a un acuerdo a mediados de diciembre sobre una “pensión básica” (“Grundrente”) para reducir el riesgo de pobreza de las personas mayores y que será financiada por un impuesto sobre las transacciones financieras. Este compromiso está lejos de ser ideal y las nuevas medidas, previstas para 2021, no están aun plenamente definidas. Sin embargo, el intenso debate que se ha prolongado durante todo el año 2019, y la insistencia en el tema de un SPD asediado electoralmente, deberían conducir a muchas reflexiones sobre las consecuencias de la propuesta de reforma de ese lado del Rin.

En Alemania, el sistema de jubilación obligatoria (GRV) abarca a todos aquellos que han contribuido al menos cinco años. Se trata de un sistema de puntos basado en un referente que es el salario medio: se otorga un punto por un año de trabajo pagado al salario medio. Si se cobra más, se ganan más puntos y si se cobra por debajo se atribuye una fracción de punto. Los puntos se conceden por hijo criado por uno de los miembros de la pareja. Al igual que en el sistema propuesto por el gobierno francés, el “valor del punto” se basa en el crecimiento medio de los salarios. Pero se verá cómo el ejemplo alemán muestra los límites de esta garantía.

Para convertir estos puntos en pensión se pone en práctica un doble cálculo. Si la jubilación tiene lugar a la edad legal, se aplica un coeficiente 1 al número de puntos. Pero si se produce antes, se aplica un coeficiente reductor que aumenta cada seis meses y que puede alcanzar hasta un 14% para una jubilación anticipada en cuatro años sobre la edad legal. Esta edad se basa en el año de nacimiento y es de 63 años para las personas nacidas antes de 1953 y que tengan cuarenta y cinco años de cotización, hasta los 67 años para las nacidas después de 1963 con menos de cuarenta y cinco años de cotización. Una vez asignado este multiplicador esos puntos se convierten en euros. El valor de conversión es de 31,89 euros para los alemanes residentes en la antigua RDA y de 33.09 euros para los residentes en los “antiguos Länder”.

Un tal sistema aseguraría en 2018 una “tasa de reemplazo” media bastante baja, del 48,2%, según el GRV. Lo que, en teoría, permitiría a un o una trabajador o trabajadora del Oeste pagado/a al salario medio durante cuarenta y cinco años y que se jubilase a la edad legal tener una pensión bruta de 1487 euros al mes o 1.327 euros netos. Sin embargo, la realidad es muy diferente. El importe medio de las pensiones mensuales abonadas a las y los jubilados del Oeste es de 864 euros, con una enorme diferencia entre los hombres (1.130 euros) y las mujeres (647 euros). Lo que es peor, las y los nuevos pensionistas perciben pensiones aún más bajas. En 2018, y de nuevo según los datos de la entidad gestora de la pensión obligatoria, se accedía a la jubilación en los antiguos Länder con una pensión media de 750 euros, 928 euros para los hombres y 675 para las mujeres.

En un país donde los alquileres han subido fuertemente desde hace varios años, la situación es preocupante, por supuesto. Según Eurostat , en 2018, el 19% de los alemanes de más de 65 años de edad están en riesgo de pobreza, lo que supera la media de la zona del euro, que es del 17,4%. Sobre todo, son tres puntos más que en 2009. En comparación, en Francia, la tasa de personas en riesgo de pobreza entre los mayores de 65 años es del 9,9%, mientras que era del 13,4% en 2009. Francia y Alemania, por tanto, han tenido evoluciones opuestas. Por otra parte, sólo un país de la UE, Dinamarca, tiene un riesgo de tasa de pobreza de los de más de 65 años inferior a la de Francia, con el 9,6%. Hay pues un modelo francés en esta materia, que se opone claramente al modelo alemán.

Esta situación se acompaña de un fenómeno particularmente preocupante: el aumento de la deuda de las personas de más edad. En noviembre pasado, el Instituto Creditreform, que mide el endeudamiento de la población en un “atlas” anual, decidió hacer hincapié en este punto. Desde 2013, el número de los mayores de 70 años en una situación de sobre-endeudamiento ha aumentado un 24,3% y un 45% solo en el año 2019. Progresivamente, la situación económica de una parte de las personas mayores se está convirtiendo en desesperada.

Ahora bien, como se ha visto con la disminución de las pensiones entrantes, la situación amenaza con deteriorarse todavía más peligrosamente. Un estudio de la Fundación Bertelsmann y del Instituto económico DIW de Berlín confirma esta caída, que lleva agua al molino de los que temen un verdadero “choque de la pobreza de las personas mayores” en los próximos años en Alemania. Obviamente, estos cálculos están todavía sujetos a la validez de los modelos macroeconómicos y de los métodos estadísticos de medición de la pobreza, pero permiten señalar un riesgo que ya está presente dentro de la sociedad alemana. El estudio es inequívoco: “La pobreza de las personas mayores aumentará en los próximos años”, dice, cualquiera que sea el escenario. En el esquema considerado más probable el riesgo de pobreza podría afectar a casi el 22% de los y las alemanes pensionistas a finales de la década de 2030.

El estudio precisa cuál va a ser la población más afectada: la que accederá a la jubilación en la década de 2020, y en su interior, particularmente los hombres de baja cualificación, los solteros de ambos sexos, las personas de origen inmigrante. En otras palabras, las más frágiles. El mayor riesgo de pobreza irá acompañado de un aumento de la desigualdad. El sistema alemán de pensiones es una bomba social de relojería que se manifiesta en la ansiedad de la población respecto al envejecimiento. Como prueba de ello, la Sociedad para la lengua alemana ha decidido hacer de la palabra "Respektrente" (“jubilación digna”) la “palabra del año” 2019 , que revela las preocupaciones de la población alemana (en 2018, la palabra del año fue “Heißzeit” o “tiempo caliente”). Un estudio realizado por el Deutsche Bank revela que la mitad de las y los alemanes estarían “preocupados” por el nivel de su jubilación y sólo el 17% de ellas y ellos están seguros de tener suficientes recursos para vivir.

Las causas del desastre

¿Cómo se ha llegado a esta situación? El caso alemán se asemeja a un resumen de los efectos negativos del paquete de reformas que tanto alaban los defensores del gobierno francés actual. Mediante la combinación de la extrema flexibilidad de las medidas de mercado de trabajo, la moderación salarial y las medidas de recorte en el sistema de pensiones, los gobiernos alemanes han hecho del sistema de puntos una máquina de creación de una pobreza masiva.

Primer elemento: la obsesión por el equilibrio de las cuentas. Alemania es uno de los países occidentales más afectados por el tema de las pensiones, dada su situación demográfica. El país tiene desde 1973 un incremento natural negativo (los nacimientos son menos numerosos que las muertes) y la llegada de inmigrantes a partir de 2015 no ha resuelto el problema para el futuro. En sus previsiones de población publicadas más recientes , Destatis ha señalado que la participación de los mayores de más de 67 años entre 2020 y 2040 se incrementará desde el 16.2% al 21.2%, mientras que la del tramo de 20-67 años aumentará del 51,8% al 47,3% en el mejor de los casos (44,8% en el peor). Por lo que habrá un poco más de dos personas activas para financiar a una jubilada en veinte años.

Frente a este riesgo, Alemania ha optado por la austeridad en su sistema de pensiones para acumular excedentes y reservas. Esta elección ha sido adoptada en función de ciertas prioridades políticas, especialmente los superávits de las cuentas sociales para equilibrar el presupuesto del Estado. En este sentido, el sistema de puntos alemán era un instrumento ideal para alcanzar esa prioridad. Estas son las virtudes de este sistema de “cotizaciones definidas” que puede jugar sobre la tasa de conversión de puntos para reducir la tasa de reemplazo del último salario. De hecho, según las estadísticas de la GRV, esta tasa, que fue del 55,2% en 1970, pasó al 52,9% en 2005, al 51,6% en 2010 y al 47,7% en 2015.

Todo esto sin tocar el “valor de adquisición del punto”, que ha seguido a la evolución media de los salarios, conforme a la norma antes descrita. Pero la conversión de estos puntos se ha sido muy comprimida, haciendo más débil el valor de las pensiones. En el proyecto propuesto por el gobierno francés, la garantía es la misma: la de vincular el valor de adquisición del punto con el salario medio sin dar ninguna certeza acerca sobre la futura tasa de reemplazo.

Sin embargo, el empobrecimiento de las y los mayores alemanes no se explica solamente por el funcionamiento del sistema de pensiones. Es también y sobre todo el resultado de la política de competitividad impulsada desde mediados de 1990. Esta política ha llevado a rechazar cualquier aumento de las cotizaciones. Aún más, se las redujo desde el año 2000 desde el 25,6% al 24,7%, a fin de reducir el coste del trabajo y de invitar a los sindicatos a aceptar la moderación salarial. Por lo tanto, las únicas dos posibles medidas de ajuste eran la prolongación del tiempo de trabajo, decidida en 2005 pero a largo plazo, ya que será preciso esperar hasta 2030 que la edad legal se fije en 67 años, y el nivel de vida de los pensionistas. Y es sobre este último elemento sobre el que se ha jugado sobre todo, lo que conduce a un empobrecimiento de gran parte de los pensionistas. Una vez más, percibimos los efectos perversos de un sistema de cotizaciones definidas.

Más allá del sistema de pensiones, las reformas del mercado de trabajo han tenido un efecto desastroso sobre la pobreza de las personas mayores. Porque como “vende” regularmente el gobierno francés, el sistema de pensiones por puntos tiene esta función de “traducir” en la pensión el conjunto de la carrera profesional. Se afirma que esto se reflejará mejor las carreras fragmentadas. Excepto que si las carreras fragmentadas, interrumpidas o parciales son tomadas en cuenta, lo son, precisamente, a su única medida. Resultado: las olas de liberalización del mercado de trabajo en Alemania, incluyendo la explosión de trabajo a tiempo parcial, han conducido a la reducción de las pensiones reconocidas.

Detrás de la apariencia radiante del mercado de trabajo alemán, hay una realidad: la de la redución del tiempo de trabajo real. Como ha señalado el director del instituto DIW Marcel Fratzscher en un artículo publicado por Die Zeit, “hay pocos países occidentales, donde haya caído tanto el tiempo medio de trabajo como en Alemania”. Hoy, dice, 16 millones de trabajadores trabajan en Alemania a tiempo parcial sobre 45 millones de trabajadores, es decir casi el 36%. La caída de la tasa de desempleo corresponde pues menos a un aumento de la actividad que a un fraccionamiento del trabajo. Y este fraccionamiento del trabajo se refleja precisamente, en virtud de la jubilación por puntos, en el importe de las pensiones. Cuanto más se avanza en el tiempo, más la generación del tiempo parcial llega a la jubilación y esta es la razón por la que las pensiones de los nuevos y nuevas jubilados y jubiladas caen significativamente, como se ha visto. Esto es lo que explica igualmente por qué las mujeres, que representan el 80% de los trabajadores a tiempo parcial tienen pensiones inferiores en un 43% en promedio a las de los hombres en el Oeste.

Pero esta no es la única explicación. La principal son los salarios. La política alemana de moderación salarial, especialmente sobre los bajos salarios, ha sido organizada en gran medida legalmente. Obviamente se conocen las leyes Hartz de 2002 a 2004, que afectaron a la capacidad de formación de los salarios mediante la reducción de los derechos al seguro de desempleo (como la que acaba de realizar el gobierno francés) y la promoción el trabajo parcial poco pagado (los famosos “mini-jobs”). Pero esta moderación comenzó a mediados de la década de 1990 y se apoyó en la aprobación de los sindicatos sometidos al chantaje de las deslocalizaciones y al debilitamiento de los convenios colectivos a partir de la ley de 1994, que hizo retroceder la cogestión. En consecuencia, la individualización de la relación de trabajo ha progresado en Alemania, favoreciendo los salarios más bajos. Entre 1996 y 2017, la proporción de las y los asalariados cubiertos por un convenio colectivo en el Oeste pasó en el sector privado desde el 66% al 43%. En el Este, la proporción pasó desde el 48% al 27%.

El resultado fue un incremento muy moderado de los salarios desde mediados de los años 1990 hasta principios de los años 2010. Hasta el punto que a inicios de 2016, el nivel de los salarios reales era el mismo que en 1992. Por lo tanto, la indexación automática del punto de pensión sobre el salario medio ha sido una trampa que ha hecho perder valor a las pensiones futuras. Desde 2014, los salarios reales alemanes están de nuevo en aumento, pero no lo suficiente para compensar el efecto de esos veinte años de vacas flacas. Por lo tanto, de acuerdo con Destatis, los salarios reales aumentaron un 2,2% a partir de 2016, su nivel de 1992 pues, y 2018 ... Y como la jubilación se calcula sobre toda la carrera, los efectos de la moderación salarial van a hacerse sentir en todas las generaciones que han trabajado durante esta década.

Un sistema económico en jaque

Sobre todo porque detrás de estas cifras agregadas, hay dos características que aumentan el riesgo de pobreza de ciertas categorías. En primer lugar, el hecho de que los trabajadores poco cualificados vieron sus salarios y su tiempo de trabajo más presionados. Debilitado por las leyes Hartz IV, son especialmente esos trabajadores de servicios a las personas, los que han tenido que aceptar más sacrificios salariales. Entre 2007 y 2018, los salarios reales de los trabajadores no cualificados aumentaron un 15%, mientras que los de los cuadros se incrementaron un 21,3%, es decir un 42% más.

Otro factor agravante es que la diferencia salarial entre mujeres y hombres en Alemania es uno de los más grandes de Europa. Se sitúa en el 21%, frente al 15,4% en Francia (que es bastante mal estudiante sin embargo, justo por debajo de la media de la UE, que es del 16%). Si la tasa de empleo femenino ha aumentado pues en Alemania, se debe principalmente a que las mujeres, y frecuentemente incluso las mujeres cualificadas, han tenido que aceptar empleos mal pagados y a tiempo parcial.

Por lo tanto, la multiplicación en Alemania de trabajadores pobres ha favorecido, por el espejo de la pensión por puntos, la de pensionistas pobres. Un espejo agravado, como se ha visto, por la obsesión del equilibrio fiscal. Así que podríamos estar ante esta aparente paradoja: el aumento de la tasa de actividad y del empleo trae consigo un aumento de la pobreza de los pensionistas. La alarmante situación de las personas mayores en Alemania es el resultado de la combinación de las reformas de las pensiones y del mercado de trabajo. En otras palabras, de la política actual en Francia desde 2017 (incluso desde 2010). Alemania paga su política unilateral de competitividad por la aparición repentina de esta pobreza de las personas mayores. No es más que uno de los efectos negativos de esta obsesión con la competitividad: el déficit de inversión es otro y la fragilidad económica actual del país otro más.

El ejemplo alemán muestra así la fragilidad de varios argumentos del gobierno francés sobre la pensión por puntos. La indexación del valor de adquisición del punto sobre los salarios medios no ofrece ninguna garantía, desde el momento en que el mercado de trabajo es cada más flexible y se da prioridad al equilibrio financiero. Las mujeres y los precarios no están, en realidad, más protegidos con este régimen por puntos, ya que la toma en consideración de una carrera íntegramente precarizada da lugar a una jubilación de baja calidad. La ilusión que vehicula actualmente el gobierno francés es de la que se han encontrado obligados a desembarazarse los dirigentes alemanes.

¿La introducción de la “Grundrente” permitirá evitar el choque de la pobreza que llega? Su principio es complejo pero está basado en la idea de que la persona que cotizó treinta y cinco años no debe tener una pensión de menos de 1250 euros para una persona soltera y de 1.950 euros para una pareja, es decir el 80% del ingreso medio. Este es un nivel que es mucho más generoso que el 85% del salario mínimo prometido por el gobierno francés. Entre 1,2 millones y 1,5 millones de pensionistas podrían beneficiarse de un suplemento a partir de 2021 (pero los elementos técnicos podrían atrasar puesta en marcha). La propuesta hace rechinar los dientes a la derecha, especialmente dentro de la CDU, que considera una violación del principio que una jubilación refleja lo que se cotiza, pero que, sobre todo, se atraganta por su financiación mediante un impuesto sobre las transacciones financieras.

En revancha, a izquierda, los Verdes y Die Linke [el Partido de Izquierda, ndt], juzgan este suplemento muy insuficiente. De hecho, este sistema no resuelve todos los problemas, ligados especialmente con el modelo económico alemán. Pero permite contrarrestar algunos de los efectos desastrosos del desarrollo del trabajo a tiempo parcial entre las mujeres y los trabajadores menos calificados. Es, al menos, una red de seguridad. El estudio Bertelsmann DIW estima que una versión un poco más generosa del proyecto reduciría el riesgo de pobreza de los y las trabajadores mayores en tres puntos para el año 2040 y por lo tanto mantener la tasa actual. Pero el fenómeno de la pobreza en la vejez seguirá siendo un tema crítico para la sociedad alemana.

En realidad, el sistema alemán de pensiones por puntos en un contexto neoliberal es un evidente fracaso. En primer lugar, no resuelve el problema de la financiación futura: desde hace años, los conservadores (y también recientemente el Bundesbank ) reclaman el retraso de la edad legal a 70 años. A continuación, fragiliza tanto a los mayores como a las y los trabajadores en activo, poniendo presión sobre sus ingresos actuales y futuros. La única salida es, obviamente, el uso masivo de la capitalización. Pero el fomento del ahorro en tiempos de bajas tasas de interés mientras que Alemania tiene ya un exceso de ahorro del 7 al 8% de su PIB, supone el suicidio, no sólo para la economía alemana, sino también para la economía de la zona euro. Frente a la situación alemana, pretender que la pensión por puntos supone una mejora del sistema francés parece una posición difícilmente defendible.

2/1/2020

Traducción: viento sur

https://mail.google.com/mail/u/0/?tab=rm&ogbl#search/egireun%40gmail.com/FMfcgxwGCbLVRmKBzfRRZCxgdsPNGKdD

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