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Pensamiento Crítico. Capitalismo: Rebelión o Extinción

Do Resumen Latinoamericano, 11 octubre 2019
Por Jorge Falcone


El incendio en la Amazonia interpela al Sistema-Mundo

“Si los pueblos no luchan, la filosofía no piensa”.

León Rozitchner


UN ARMAGEDÓN MÁS CERCA DE LA CIENCIA QUE DE LA FICCIÓN

Un nuevo reporte de Global Footprint Network (GFN), organización que se dedica a registrar el impacto de la actividad humana sobre los recursos de la Tierra, advierte que el Día del Sobregiro de su consumo se ha adelantado dos meses en los últimos 20 años. Eso quiere decir que el 29 de julio pasado marcó el índice más temprano de la historia.

Para hacer sus cálculos, GFN utiliza datos de Naciones Unidas y estudios científicos que han pasado por un profundo proceso de revisión. Según explican, el hecho de que tal sobregiro comience en la fecha señalada significa que la humanidad está utilizando la naturaleza 1,75 veces más rápidamente de lo que los ecosistemas de nuestro planeta pueden regenerarla. Esta demanda de recursos, que supera la oferta de la Tierra, viene acompañada de una creciente acumulación de desechos, especialmente dióxido de carbono en la atmósfera, lo que equivale a que necesitaríamos casi dos Tierras para abastecernos de todo lo que consumimos en un año.

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Un debate que se ha venido desarrollando en los últimos quince años a nivel global propone un nuevo concepto-síntesis muy ligado a la crítica del extractivismo que hacemos desde América Latina.

Se trata del Antropoceno, concepto que reúne dos términos: del griego, ἄνθρωπος (anthropos), o sea hombre, y καινός (kainos), que significa nuevo o reciente. Este fue propuesto por algunos científicos para sustituir al de Holoceno – época actual del periodo Cuaternario en la historia terrestre – y designa una nueva era geológica en la que el hombre se convierte en una fuerza con capacidad de incidencia global y geológica. Según diferentes especialistas, detentaríamos dicho status desde 1780, a partir del advenimiento del capitalismo. Por dicha razón, algun@s científic@s adscript@s al pensamiento crítico, procurando evitar cualquier tipo de ambigüedad, hablan lisa y llanamente de Capitaloceno.

Aceptar tal presupuesto implica asumir que el ser humano y su acción sobre el sistema Tierra han traspuesto un umbral. El término en cuestión fue acuñado por Paul Krutzen, químico y premio Nobel por sus trabajos sobre la capa de ozono, que en el año 2000, durante un coloquio internacional en Cuernavaca, en el marco de una discusión sobre las edades del planeta, terminó afirmando enfáticamente que no estamos más en el Holoceno sino en el Antropoceno. Dos años más tarde, desarrolló dicho concepto en un artículo muy célebre de la revista Nature, en donde hablaba sobre esta nueva edad para señalar que la humanidad se ha convertido en una fuerza de alcance telúrico.


A esta altura del nuevo milenio, cuando – ante la zozobra del socialismo real – el decidido avance de un capitalismo apocalíptico se propone culpabilizar de todos los males a la lección transformadora de los 60s y erradicarla de la memoria colectiva, resulta lícito cuestionarse si existe margen en el Sur Global para reconstruir sus maltrechos Estados de Bienestar, menuda prebenda que alguna vez ha concedido este sistema inhumano por naturaleza.

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LOS DIOSES SUPONEN QUE EL OLIMPO PREVALECERÁ AL COLAPSO GLOBAL

Las grandes potencias económicas del mundo que comandan el G-20 son a su vez los máximos responsables del cambio climático, el aumento de la temperatura global y los consiguientes desastres ambientales. Precisamente el 76 por ciento de las emisiones de dióxido de carbono (principal factor del ascenso de la temperatura) proviene de los países representados en ese importante foro mundial. Encabezan dicho ranking de contaminación China, Estados Unidos, la Unión Europea, India, Rusia, Japón y Alemania. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) advirtió que habrá “impactos catastróficos” si la temperatura sigue en aumento. Si cotejamos tal advertencia con el dantesco espectáculo del incendio en la Amazonía, uno de los más importantes pulmones del planeta, deberemos aceptar que lamentablemente no se equivocan. “El desarrollo es una nave con más náufragos que tripulantes”, sostenía el gran Eduardo Galeano en “Las venas abiertas de América Latina”, y aquella afirmación adquiere más vigencia que nunca si reparamos – por ejemplo – en que el actual presidente de Brasil se propone implementar un plan diseñado por los militares de su país durante la Guerra Fría, que pretende construir rutas, puentes y ferrocarriles a través de la selva desforestando con empeño suicida vastas superficies de la misma que no están deshabitadas ni por animales ni por humanxs.

El fenómeno en cuestión acarrea cambios drásticos en el ambiente (inundaciones, sequías, derretimiento de glaciares, desplazamientos, muertes) Su causa principal es la emisión de gases de efecto invernadero. La quema de combustibles fósiles (gas, petróleo, carbón) completa tan afligente panorama.

En noviembre de 2018 la Casa Blanca publicó la “Evaluación Nacional sobre el Clima”, un estudio científico de 1600 páginas que detalla las consecuencias que el cambio climático tendrá sobre la salud, la economía y el futuro de ese país. Realizado por académicos independientes del Poder Ejecutivo, resaltó que las temperaturas extremas son más frecuentes y se extienden por más tiempo. El presidente Donald Trump, mentor indisimulado de los gobiernos de Macri y Bolsonaro, respondió con cuatro palabras: “No me lo creo”.

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INDICIOS DE CONCIENCIA AMBIENTAL

Originada en el Reino Unido, ya recorre el mundo la iniciativa denominada Extintion / Rebellion. El colectivo que la motoriza consiguió que el gobierno británico decrete la “emergencia climática”, una medida cuyo alcance no está aún claro, pero que fue recibida con entusiasmo. A continuación, el parlamento irlandés se convirtió en el segundo en tomar esta decisión, y acto seguido lo hizo Francia. Mientras dicho movimiento toma día a día más fuerza en capitales, ciudades y pueblos de Europa, también tiene presencia en Estados Unidos, Australia y algunos lugares de América Latina, como México y Colombia, perfilándose como de carácter global. Así expone sus principales propósitos:
Cada Gobierno debe contar la verdad sobre el desastre climático inminente, dar marcha atrás en sus políticas incoherentes y trabajar junto a los medios para una efectiva comunicación con la ciudadanía. Ciencia, ciencia, ciencia. No estamos aquí por capricho, estamos aquí por las llamadas incesantes de la comunidad científica, que exigen que actuemos para lograr cambios radicales a todos los niveles a fin de evitar los grandes riesgos del futuro, que también incluyen la extinción del ser humano y el colapso de la civilización.
Cada Gobierno debe implementar medidas de cumplimiento obligatorio para reducir las emisiones del carbono a 0 para el año 2025 y reducir los niveles de consumo.
Se impone la creación de una Asamblea Ciudadana Nacional para supervisar los cambios necesarios y crear una democracia que funcione.

Ciencia, sí, pero ciencia posnormal, ciencia con la gente. No creemos en las soluciones técnicas de los expertos que han contribuido a crear el problema. Ante las incertidumbres, se debe tener en cuenta la opinión de todos (y aplicar el principio de precaución)

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El 17 de julio pasado, cuando se trataba en el Senado Nacional la ley de presupuestos mínimos para mitigación del cambio climático, un proyecto que llevaba más de dos años de demoras básicamente por falta de quórum en la comisión de Medio Ambiente, Argentina se convirtió en el primer país de América Latina en declarar la emergencia climática y ecológica. Y el cuarto a nivel mundial.

LA CUENTA REGRESIVA LOCAL

La frecuencia cada vez mayor de eventos climáticos extremos en todo el mundo, es una tendencia en aumento sobre la que alertan diversos especialistas. Según un informe de la EASAC (Academias Nacionales de Ciencia de los Estados miembros de la UE, Noruega y Suiza), las inundaciones a nivel mundial se han multiplicado por cuatro desde 1980 y se han duplicado desde 2004.

“Hemos demostrado que el cambio climático provocado por el hombre ha incrementado la precipitación extrema reciente y las inundaciones asociadas a las lluvias, y las inundaciones costeras debido al aumento del nivel del mar, así como las olas de calor en Australia, China y Europa“, detallan en el documento.

Pero el cambio climático no es el único factor: la deforestación y la destrucción de los bosques nativos por el avance de la frontera agropecuaria son otros de los principales culpables. “Las inundaciones que recurrentemente sufrimos todos los veranos no son un fenómeno natural, son consecuencia del cambio climático y de que Argentina es uno de los diez países del mundo que más deforestan“, asevera Hernán Giardini, coordinador de la Campaña de Bosques de Greenpeace. “Estamos perdiendo a nuestra esponja natural por el avance descontrolado de la soja y la ganadería intensiva. Menos bosques es sinónimo de más inundaciones“, añade.

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Según Transparencia Climática, el área de bosque nativo se redujo un 22 por ciento entre 1990 y 2015. Para el presupuesto 2019, el gobierno nacional recortó el 95 por ciento del monto destinado a su protección. Así las cosas, mientras la versión neodesarrollista como la neoliberal del capitalismo global coinciden en sostener una misma matriz productiva.

“Tendremos que acostumbrarnos a que esto (las inundaciones) va a pasar en distintas zonas, en distintos lugares del país“, declaró el presidente Macri, en enero del corriente año, reconociendo que “nuestra infraestructura no alcanza para contener estas situaciones, en las que las lluvias son siempre superiores a todo lo conocido, como el año pasado lo fue la sequía“.

Como se puede apreciar, tanto los dueños del planeta como sus socios menores, en vez de transformar con urgencia nuestro presente optan por delegar dicha responsabilidad a futuras generaciones, con el riesgo suicida que semejante desidia conlleva.

LA CAUSA FEMINISTA REINSTALA UN HORIZONTE DE UTOPÍA

Si la naturaleza – como vemos – está en riesgo, se torna ineludible revisar la visión que sobre la misma nos legaron l@s antigu@s dueñ@s de estas tierras: La Pacha Mama es la diosa suprema de los pueblos originarios de Suramérica. Es la madre, que engendra vida y la protege. “Pacha” es la Tierra. Los rituales en su honor se multiplican en agosto y parte de septiembre.

En las culturas rurales, las primeras que proliferaron en este planeta azul, se identificaban las épocas de la vida no tanto por la acción del ser humano – como luego se ha venido marcando y calificando el devenir histórico -, cuanto por la acción de la misma Tierra, el campo, la naturaleza viva a la que nuestros antepasados daban mayor importancia y cuidaban con mayor ahínco que al mismo individuo, cuya acción siempre se ve condicionada por ella. Ella mandaba, y la humanidad no tenía sino que seguir sus pautas. Por eso se clasificaban y calificaban los tiempos como temporada de lluvias, de recolección, de sementera… Este último era el comienzo del ciclo, el embarazo de la tierra del que, pasadas unas semanas, unas lunas, unas crecidas, surgía de nuevo la vida hasta entonces escondida, enterrada – metida dentro de la tierra, de su vientre -. Concebían, pues, a la tierra como una madre, una diosa a la que había que adorar y conformar, igual que daba la vida, la podía quitar. Quizá su sentido fuera más acertado que el que posteriormente le otorgaron otras religiones “civilizadas”. Por todo ello quizá no resulte ocioso suponer que la avanzada en curso de quienes entre sus cualidades poseen la de dar vida implica una vuelta de página en el devenir de la humanidad.

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A ese respecto, y retomando el interrogante que formulamos culminando el primer bloque de este artículo, coincidiremos una vez más con la antropóloga feminista Rita Segato cuando sostiene que “ningún patriarcón hará la Revolución. Porque lo han intentado varias veces… sin jamás llegar a destino. Con el patriarcado en pie, no se reorienta la historia en dirección a una sociedad menos opresiva y más benigna”.

Acordamos con dicho ideario porque, si bien el feminismo no reemplaza la doctrina revolucionaria ausente en el mundo a partir del derrumbe de la última utopía laica de la humanidad, sí contiene una suma de valores radicalmente transformadores y capaces de operar un giro copernicano en el hacer político.

El feminismo ha humanizado al mundo o está en vías de hacerlo. Un mundo sin feminismo se torna rudo y violento tanto con las mujeres como con la naturaleza.

Sin feminismo sólo existe un pensamiento único: el de la inferioridad natural de las mujeres y el derecho a someter al medio ambiente al arbitrio humano. Cabe pues agradecer y reconocer al feminismo su influencia en el cambio de época que se viene produciendo en los últimos años.

Pese a ello, aún quedan secuelas de misoginia, sexismo y androcentrismo, resabios de la visión del mundo que muchos varones con influencia han puesto a disposición de la sociedad, acallando e invisibilizando a quienes no tenían un lugar dominante, como hombres, como propietarios del conocimiento, como jueces, como legisladores, como moralistas, como mandatarios. Por eso el feminismo sigue siendo muy necesario como voz crítica y de alerta ante los restos y secuelas de esa enorme y aceptada epidemia planetaria de patriarcado y de machismo que ha conducido al actual sistema-mundo a la crisis civilizatoria de insospechables consecuencias que estamos transitando.

En resumidas cuentas, sin abolir el capitalismo, inescindible del patriarcado y principal enemigo de la humanidad – como lo han definido nuestros libertadores -, no existe esperanza alguna para la vida en este planeta.-

Para ampliar lo expuesto hasta aquí, consultar nuestra producción audiovisual:


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