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Ecuador camino a la dictadura

Do Rebelión17 de Outubro, 2019
Por Amanda Pinto



Sabemos que el fin de un dictador está cerca, cuando lo único que tiene en la calle son militares. (Nelson Mandela)

Lenin Moreno, sus ministros y sus analistas explican al país las bondades de las medidas entre las cuales manifiestan que servirán para reducir la contaminación y aportar al medio ambiente. También reproducen el discurso de Moreno que acusa a Correa a Maduro y fuerzas externas de estar detrás de las manifestaciones.

Para el presidente todos participan en estas manifestaciones excepto el pueblo ecuatoriano, excepto las decenas de miles de indígenas que se han movilizado hacia la capital para protestar en contra de su intención de propiciar la miseria de las grandes mayorías a través de la eliminación de los subsidios y la liberalización del precio de las gasolinas.

Gracias a la liberalización los precios de los combustibles los fijará el mercado internacional, con lo que no habrá un precio fijo en las gasolinas, y por lo tanto tampoco en los precios de la alimentación, medicinas y todo tipo de artículos y servicios.

Estas medidas de Moreno hieren de gravedad la economía de la mayoría de la población. Para empezar, el salario básico es 394 dólares mensuales, mientras que la canasta básica asciende a 628,27. Es decir que antes de la eliminación del subsidio ya existía un déficit de 234 dólares en los bolsillos de las familias para satisfacer sus necesidades más elementales. Esto en el caso de que en el hogar haya alguien que tenga un trabajo, ya que buena parte de la población sobrevive con un dólar al día.

A esto hay que agregar el desempleo y subempleo que afectan al 24,7% de los 16 millones de ecuatorianos y que sólo un 37,9% tendría el privilegio de tener un empleo adecuado, según la cifra generosa del INEC, generosa porque el INEC no considera ni los miles de despidos en el sector público ni a los 400 mil nuevos habitantes del país provenientes de Venezuela.

En septiembre de 2017, mediante el decreto 137 Moreno dispuso la reducción de personal en el sector público. En agosto de ese año el Ministerio de Trabajo informó que se habían eliminado 20 mil empleos, y según la Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo, a agosto de 2018, alrededor de 42.000 funcionarios con contratos ocasionales fueron despedidos. En marzo de este año se despidieron a más de 11.800 empleados públicos.

Con estos antecedentes, en julio de 2019, el 84, 06% de la población desaprobaba la gestión de Moreno. El descontento ciudadano había ido en aumento, pero el detonante fue la elevación del precio de los combustibles que condena a la población a la precariedad. Así que ni ninguna fuerza externa le tiene nada que decir a una población que se le quiere hundir en la miseria.

Este fin de semana, a pesar de que había puente vacacional, las protestas continuaron, con las mujeres como protagonistas. Siguieron llegando indígenas de las provincias de la Sierra y se sumaron grupos de los pueblos originarios de la Amazonia. Las mujeres estuvieron en primera fila. Ellas encabezaron los grupos de manifestantes, garantizaron que no haya enfrentamientos con la policía. Pero la represión de la fuerza pública ignoró esta actitud pacífica y dispersó con gases y golpes a mujeres, personas de la tercera edad y niños que estaban con sus madres y abuelos. La represión volvió a ser brutal, incluso cerca del hospital Eugenio Espejo y la Maternidad Isidro Ayora. El número de heridos va en aumento y de muertos también. Las imágenes que recorren el mundo no engañan.

El sábado 12 de octubre se llevaron a cabo varias manifestaciones en todo Quito, cuyos participantes aclararon que esta es una lucha de todo el pueblo ecuatoriano y no sólo de los indígenas. En la noche, médicos con sus mandiles blancos hicieron una cadena humana para rodear la Universidad Católica en Quito y cerrar el paso en las vías que la circundan. Esta universidad, junto con la Salesiana, son zonas de paz y fueron atacadas hace un par de noches con gases lacrimógenos. También se realizó un cacerolazo que retumbó en todo Quito en apoyo a la lucha del pueblo.

En Ecuador estamos viviendo una dictadura que se sostiene en el poder de las armas y en la fuerza de la represión. Como toda dictadura está manchada de sangre. Ha cerrado los medios de comunicación que informaban de lo que realmente ocurre. Se utilizan, según denuncias de los indígenas, ambulancias para trasladar municiones, armas y gases lacrimógenos para la represión. Se han atacado las zonas de paz en donde se da atención humanitaria a niños mujeres y personas mayores que llegaron de los páramos. Se impide el descanso de las delegaciones indígenas que denuncian que en la noche la policía no cesa de lanzar gases lacrimógenos en la Casa de Cultura donde pasan la noche personas de todas las edades. Se ha exacerbado el racismo para enfrentar a la población urbana contra los campesinos e indígenas a quienes se ha acusado de saqueadores, delincuentes y terroristas.

Aunque Nelson Mandela haya dicho que el fin de un dictador está cerca, cuando lo único que tiene en la calle son militares, aquí, en Ecuador, parece que apenas se está instalando.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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