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La política de dolarización y del control de dinero para detener la inflación y el keynesianismo tiene origen ideológico

Do Rebelión27 de Junho. 2019
Por Miguel A. Berroterán Ochoa



Casi todos los problemas, tanto de teoría económica como de política económica tienen raíces ideológicas y filosóficas (Bunge. 2016: 12). En la mayoría de los casos, cada vez que un economista opina y recomienda una política tiene detrás de sí una posición ideológica. Existe la apariencia de una recomendación técnica neutral, pero normalmente, consciente o inconscientemente se responde a una posición ideológica. Aun cuando han transcurrido más de ochenta años de la publicación de su Teoría General, consideramos vigentes las opiniones vertidas por Keynes sobre los economistas y los filósofos políticos, cuando sostuvo: “las ideas de los economistas y los filósofos políticos, tanto cuando son correctas como cuando están equivocadas, son más poderosas de lo que comúnmente se cree”. (1965: 337)

La corriente que mejor expresa una posición ideológica es la corriente monetarista en economía, la cual es la más conspicua versión de la política económica neoliberal. "El monetarismo es la política económica neoliberal, según la cual todo cuanto hay que hacer para conservar la salud de la economía es controlar la oferta de dinero, es decir la oferta de billetes de banco y el crédito bancario”. Es neoliberal por que la teoría básica que la sustenta es la teoría del mercado libre. Es decir, la teoría del mercado competitivo no afectada por monopolios, gobiernos intervencionistas, ni sindicatos obreros poderosos. Predica el desmantelamiento del Estado de bienestar así como relevar de responsabilidad social a los empresarios. (Bunge.2016: 71-72).

Una típica posición ideológica es escuchar a los economistas monetaristas atacando el déficit público derivado de la función del Estado como causante principal del exceso monetario que supuestamente origina la inflación, para debilitar la posición del Estado en la ejecución de políticas públicas de naturaleza social que podrían favorecer a un sector de baja renta de la población, pues disminuye el monto de excedente económico que se concentra en los estratos superiores de la estructura social, de alto ingreso, que tienen en sus manos la mayor parte de los medios productivos, donde radica el fenómeno de la apropiación de ese excedente, y “de donde sale, en última instancia, la acumulación del capital reproductivo, cuyo continuo crecimiento es esencial a la dinámica del sistema” (Ibid: p.12). De allí que estos sectores y sus ideólogos, sólo aceptan como funciones del Estado las actividades de vigilancia, seguridad, educación, infraestructura y rechazan el Estado interventor.

El concepto de déficit público tiene su origen en las ideas de Keynes conocidas a raíz de la publicación de su obra Teoría General de la ocupación, el interés y el dinero en 1936, en la cual se plantean las razones de las que dependen el volumen de ocupación y el empleo. Para ello formula el principio de la demanda efectiva, como la esencia de la teoría general de la ocupación, ya que consiste en la intersección de la curva de demanda global y oferta global, donde las expectativas de ganancia del empresario alcanzan el máximo (pp. 33-34). De existir un estancamiento en la demanda global, por la situación de ocupación plena de los recursos, y la psicología de consumo de la sociedad, es necesario mantener la curva de demanda con el “aumento de las obras publicas” (p. 110), para alcanzar los objetivos de empleo y producción, ya que la producción es inferior a lo deseable y por eso se produce desempleo.

De aquí surge la gran controversia entre los monetaristas y los keynesianos. Es proverbial la confrontación de un economista como Ludwig Von Mises -en opúsculo titulado Piedras en panes, el milagro keynesiano (Titulado Plain Talk en inglés,1948, traducción de Héctor Esteves.1969)- de conocida filiación liberal, propulsor activo del modelo de libre mercado, así como otros conocidos economistas de la Escuela Austriaca, como Hayeck, a las ideas keynesianas. Esta controversia tuvo su efecto a finales de los años setenta, cuando la teoría keynesiana no encontró soluciones a la crisis de ese periodo. Así que: “ la ofensiva desplegada por el nuevo pensamiento económico, el neoliberalismo, llevó al desmantelamiento del sistema keynesiano de regulación de la posguerra, que se había basado en la dura experiencia de los años 30. Ahora la intervención estatal era rechazada a favor de la libre intervención de las fuerzas del mercado, con la desregularización y globalización de las actividades económicas y financieras. El resultado ha terminado siendo una ola de especulación financiera que ha provocado en el mundo más de ciento cincuenta crisis financieras afectando a cerca de 70 países”. (Cfr. Sánchez Rodríguez. Rebelion.org. 2018: 56)

El monetarismo trata de desarticular el intervencionismo estatal promoviendo el liberalismo económico y político con el modelo del mercado libre y la “mano invisible”, desconociendo abiertamente al Estado benefactor surgido de las ideas keynesianas, presentándose como un cuerpo de doctrina económica científica, cuando más bien esconde un claro programa ideológico-político. Aquí se ha destacado el caso de Chile, donde “ Se ha configurado un manifiesto monetarista como el fundamento ideológico de una constitución política” (R. Villareal: 1982).

En efecto, el monetarismo no se basa en tesis demostradas (no tienen una teoría de la inflación), sino en hipótesis no comprobadas, (la inflación es causada por la impresión de dinero) con un modelo unidimensional de absoluto contenido económico en desmedro de lo social. De allí que asumimos el criterio de Bunge: “Si todo problema económico no es sino un componente de un problema social multidimensional, está claro que no puede tener soluciones puramente económicas. En particular el monetarismo no puede curar la inflación por que prescribe tan sólo un remedio fiscal, a saber el control de la Casa de la Moneda, para curar un complejísimo problema social” (2016: 64). Es además de un evidente talante anticientífico, ya que en el mejor de los casos, solo exhiben correlaciones y no relaciones causales. (Ibid). Sus hipótesis se sustentan en un modelo económico muy simple, de naturaleza microeconómica. Se basa en la Teoría cuantitativa del dinero, rescatada por Milton Friedman, máximo teórico del monetarismo. Esta teoría fue ideada por Irving Fisher (matemático, economista estadounidense, gran difusor de las ideas económicas neoclásicas en EEUU). Su desarrollo es sencillo, se expresa en la fórmula: P= MV/T, donde: P= precios; M= dinero en circulación; V=Velocidad de circulación T= numero de transacciones, que contribuyó a la comprensión del valor del dinero y su circulación, basado en la relación que existe entre los precios y la oferta de dinero. (Galbraith J.K. 1971: 167-168).

Las anteriores afirmaciones están reforzadas por las investigaciones sobre el fenómeno inflacionario y la posición crítica ante el monetarismo del profesor Héctor Malavé Mata “Todo parece indicar que, en última instancia, el funcionamiento productivo de la base económica se supedita a la dinámica de las esferas monetarias y fiscal, es decir, la economía es concebida en subordinación de las contingencias de la moneda, y no la moneda en función de las necesidades de la economía (1972: 78).[…] El aspecto monetario, como expediente tematizado de la superestructura social , es solo una forma, la más restringida, a la vez que aparente de explicación y diagnóstico del proceso inflacionario (Ibid: p.167). […] Lo monetario como parte, no puede apropiarse de la racionalidad que explica la realidad del todo” (Ibid: p.168).

A partir de los años setenta el neoliberalismo se desarrolló y desplegó su mayor vector ideológico a través de diferentes etapas. La primera fue la fase de ofensiva y despliegue hasta mediados de los años 80, iniciada en Chile, continuada y potenciada con los gobiernos de Margaret Thatcher y Ronald Reagan. En la segunda fase, entre mediados de los 80 y finales de siglo, el neoliberalismo fue sostenido también por los gobiernos de la tercera vía de Blair y Clinton. La tercera fase de reactivación se apoyó desde principios del siglo XXI en la ofensiva del presidente G.W. Bush. A partir de la década del noventa comenzaron las criticas y oposiciones al modelo neoliberal, ya que la creación de un inmenso capital ficticio de carácter especulativo y varias crisis que afectaron a los países en vías de desarrollo, como la crisis mexicana (1994); la crisis asiática (1997), seguida por la crisis rusa, y la crisis brasileña de 1999 y, finalmente, la crisis argentina de inicios del siglo XXI. (Sánchez Rodríguez. Ibid: pp.57-58)

El keynesianismo no escapa de la influencia ideológica aunque, a diferencia del monetarismo, es un modelo de carácter macroeconómico, más sólido, analítico, mejor desarrollado y científicamente concebido, de gran influencia en la economía mundial moderna por sus decisivos aportes a la solución de la crisis económica ocasionada por la Gran Depresión de 1939, a partir de la cual se convirtió en receta económica en muchos países. Su modelo analiza la relación, a nivel macroeconómico, de las variables de Consumo (C), Inversión (I), Gasto Público (G), Importaciones (I) y Exportaciones (E), mediante la fórmula: PIB=C+I+G+(E- I), donde, PIB es el Producto Interno Bruto de la economía. Cualquier variación al alza de uno o varios de estos componentes tendrá un efecto expansivo sobre la renta, la producción y la ocupación.

A partir de aquí Keynes desarrolla las otras variables que explican la estructuración del modelo, como la función de consumo, la propensión marginal a consumir, la propensión media al consumo, la eficacia marginal del capital, la tasa de interés, el multiplicador de la inversión, para sustentar el concepto fundamental de demanda efectiva y determinar el volumen de empleo (pleno empleo) y lograr la estabilización de la economía. Es pertinente señalar que el modelo keynesiano no pretende un cambio de la estructura del modo de producción capitalista, no cuestiona la esencia del sistema. Basta darse cuenta como Keynes admite la defensa de la ganancia máxima del empresario contenida en su modelo (pp.33-34). En Keynes tampoco se observa que lo público suplante a lo privado. “Keynes reemplazó el postulado ortodoxo de que la oferta determina su propia demanda por otro según el cual el nivel de producción y empleo depende del nivel de gasto e inversión realizado por los capitalistas. Ahora bien, dado que la inversión está en función de expectativas volátiles, entonces la reproducción capitalista tiene un carácter errático. Y además, dado que no existe un mecanismo automático que planifique la cantidad necesaria de inversión para garantizar el pleno empleo, entonces ese papel lo debe cumplir el Estado. El Estado actuaría sobre la demanda agregada para mantener la economía cercana al pleno empleo con escasa o ninguna inflación" (Cfr. Sánchez Rodríguez. Rebelion.org. 2018)

El keynesianismo logró congregar a su alrededor un destacado grupo de economistas, incluyendo premios Nobel, todos afectos al modo capitalista de producción, entre los cuales sobresalen: John Hicks, Paul Samuelson, Robert Solow, Alvin Hansen, Paul Krugman, entre otros, los cuales ampliaron, aplicaron y desarrollaron los principales conceptos de Keynes para la estabilización del sistema capitalista. Fue lo que se conoció como neo keynesianismo, es decir, una adaptación de los principios de Keynes en el contexto de una crisis económica.

El keynesianismo fue adoptado como ideología a partir de su concepto del déficit público o fiscal el cual influyó en la forma de gestionar el presupuesto del Estado, ya que se pensaba que la aplicación del gasto público beneficia y estimula la economía, aun a riesgo de caer en un déficit en las cuentas. Algunos autores sostienen que el presupuesto público fue utilizado como herramienta política para ganar votos. (De la Cruz: 2013).

Uno de los sectores que más claramente asumió el keynesianismo como ideología es el sector político conocido como socialdemocracia, fundamentalmente por la posibilidad de intervenir en la economía, mediante la política fiscal y monetaria, para regular las fuerzas del mercado, influir en el empleo, expandir las propiedades públicas y toda la gama de beneficios a la comunidad (Estado de bienestar) que aportan dividendos políticos a estos actores, quienes además necesitan el dominio de las altas finanzas para contrarrestar los movimientos de capitales producto de la globalización, que junto con las empresas multinacionales e instituciones financieras mundiales estaban debilitando el poder de la mayoría de los Estados. La Europa continental y sus gobiernos socialdemócratas se inclinaron, en su mayoría, hacia las políticas y teorías keynesianas al adoptar como plan de gobierno el Estado de bienestar general, hasta finales de los años ochenta.

La crisis financiera mundial de 2007-2008 hizo resurgir el pensamiento keynesianismo, sustentado en políticas económicas, adoptadas por gobiernos de Estados Unidos y Reino Unido (Jahan, Mahmud y Papageorgi, 2014), principales países desarrollados y abanderados de la posición socialdemócrata, pues se observa un aumento de la intervención estatal vinculada al sector financiero, sin que se extingan los patrones neoliberales. ( Sánchez Rodríguez. Ibid. p.136)

Es oportuno mencionar el caso de Argentina, país que asumió la política del déficit fiscal para la conducción de su economía, llevando a situaciones límites las ideas keynesianas de expansión del gasto público lo cual ha sido la causa de los enormes desequilibrios y desajustes de su economía, con grave perjuicio a la sociedad en general, en términos de hiperinflación, desempleo, devaluación, pérdida de poder adquisitivo, alto endeudamiento, etc. Un economista que investigó varias etapas políticas del proceso económico argentino, concluyó que: “…tres grandes etapas alfonsinismo, menemismo y kirchnerismo culminan sus gobiernos con problemas económicos distintos pero comparten el mismo problema de origen: déficit fisca” (Cachanosky. El déficit fiscal. Versión digital, 2019).

La política de dolarización

Esta política, por definición, es la que probablemente tiene una relación más directa con la ideología neoliberal y de libre mercado en economía. Según, S.Hanke y K. Schuler, la caja de conversión es una institución monetaria que emite billetes y monedas (y en algunos casos depósitos) totalmente respaldados por una moneda extranjera, de reserva y totalmente convertible a la moneda de reserva a la tasa fijada según la demanda (1995: 16). Como se observa, de entrada elimina la intervención del Estado en la emisión monetaria (una caja de conversión no puede financiar los gastos del Gobierno nacional o de las empresas del Estado porque no les está permitido prestarle a ellos), adopta una moneda extranjera de reserva que está sujeta a los movimientos monetarios del país de reserva y anula las acciones de política monetaria de la Banca Central.

En definitiva, “Un sistema típico de caja de conversión o junta monetaria depende en su totalidad de las fuerzas del mercado para determinar la cantidad de billetes y monedas que la caja de conversión emita. Las fuerzas del mercado también determinan los otros componentes de la oferta de dinero en un sentido más amplio, como los depósitos del público en los bancos comerciales”. (S.Hanke y K. Schuler. Ibid: pp.55-56).

Referencias:

Bunge Mario, Economía y filosofía. Siglo Veintiuno Editores.1ª edición mexicana. México. 2016.

Galbraith John K, La edad de la incertidumbre. Plaza y Janés Editores.2ª edición. Barcelona, España. 1971.

Keynes John M., Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero. Fondo de Cultura Económica.7ª. Edición. México. 1965.

Malave Mata H., Dialéctica de la inflación. Ediciones de la Universidad Central de Venezuela. Caracas, Venezuela. 1972.

S.Hanke y K Schuler, Juntas monetarias para países en desarrollo. Editorial Panapo. Caracas, Venezuela.1995.

Sanchez Rodriguez J., Capitalismo. Interpretación de su evolución y crisis. Rebelion.Org. 2018

Villareal Raúl, "Monetarismo e ideología". Revista de Comercio Exterior. México, 1982.

Miguel A. Berroterán Ochoa, economista egresado de la Universidad Central de Venezuela, maestría en Economía de Hidrocarburos en la Universidad Simón Bolívar y maestría en Filosofía. Ha desempeñado cargos económico-financieros en el Banco Central de Venezuela(BCV), Petróleos de Venezuela(PDVSA), Metro de Caracas, Comisión Nacional de Valores e Instituto Nacional de Cooperación Educativa (INCE).

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