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Francia: algunas lecciones

Elecciones al Parlamento Europeo


Do Viento Sur, 30 de Maio 2019  
Por Julien Salingue

Si Emmanuel Macron ha fracasado en su apuesta por intentar situar a la lista de LREM (La République en Marche) en cabeza en las elecciones al Parlamento europeo, sería precipitado llegar a la conclusión de que los resultados globales de las elecciones constituyen una derrota total para el poder. Porque si se analizan con la atención necesaria, los votos del domingo pasado muestran que, parcialmente, Macron y los suyos han logrado su objetivo. Sobre todo el de generar una polarización LREM-RN (Marie Le Pen) y relegar a un segundo plano, muy lejos, al resto de alternativas. Aún es pronto, más aún en un período de inestabilidad en el que el desplazamiento del voto puede darse rápido, para llegar a conclusiones definitivas sobre estas elecciones, pero sí hay tendencias, inquietantes, que ya se pueden apuntar.

Con el 6,19% de los votos para el Partido socialista (PS) y el 8,48% para Los Republicanos [los dos pilares del régimen de la Vª República], se confirma y se refuerza la tendencia que emergió en las presidenciales de 2017: se hunden los dos partidos que en los últimos decenios han asegurado la alternancia en la gestión del Estado y de los intereses de la burguesía. No hay que olvidar que en 2014, estas dos corrientes lograron, respectivamente, el 13,98% y el 20,81% de los votos en unas elecciones [al Parlamento europeo] en las que Marine Le Pen se situó a la cabeza. Francia forma parte de esos países en los que las clases dominantes tratan de buscar una representación política estable y no acaban de lograrlo. Pero a escala europea, también se puede ver la estabilización o el retorno de determinadas formaciones políticas tradicionales (en el Estado español, la socialdemocracia logra más del 30% de los votos; en Alemania, a pesar del retroceso, la CDU-CSU conserva alrededor del 29% del electorado; en Austria, el Partido popular y el Partido socialdemócrata están a la cabeza, etc.)

El semifracaso de Macron

En efecto, la segunda plaza obtenida por Macron en estas elecciones es, desde muchos puntos de vista, un fracaso. En los principales países europeos, con excepción de la Gran Bretaña que atraviesa una crisis muy específica, LREM es el único partido en el poder que logra estar en cabeza. Lo que, a fortiori, confirma la debilidad de la base social y electoral de Macron en la medida que los primeros estudios [del voto emitido] indican que LREM mordió en el electorado tradicional de la derecha. Sin embargo, a pesar de que utilizó el chantaje de que habría que bloquear a la extrema derecha, perdió una parte significativa del electorado que le votó en 2017. Según los datos disponibles, a Macron le habría votado el 54% de la gente que le votó en 2017, contra un 80% que votó a Rassemblement National en relación a Marie Le Pen. Por ello se puede afirmar que seguimos instalados en la inestabilidad y que quien en 2017 era visto por importantes sectores de la burguesía como una solución para salir de la crisis de las instituciones de la Vª República, hoy en día forma parte del problema.

Pero al mismo tiempo, los pequeños cálculos de Macron y los suyos han tenido éxito: con políticas y discursos ultraliberales y reaccionarios han contribuido al hundimiento de la llamada derecha republicana e instalando a la extrema derecha como la única oposición creíble, haciendo que para las clases dominantes, Macron continúe apareciendo como la opción menos mala. Por ello, le animará a seguir con sus contrarreformas y políticas autoritarias, dando cuerda a la cantinela de que no hay [otra]alternativa… más que la extrema derecha. De ese modo, sin pestañear, la portavoz de LREM, Aurore Bergé, pudo afirmar al día siguientes de las elecciones que "Los francesas han optado por romper con el binomio izquierda-derecha. Y nosotros somos los únicos capaces de derrotar a la extrema derecha. Ahora mismo, tenemos que mantener nuestra orientación y nuestra coherencia". Una forma de anunciar nuevas ofensivas…

Frente al peligro de la extrema derecha, la izquierda en sus horas bajas

Y la esperanza no está en la izquierda, que cosecha el peor resultado de su historia: una caída vertiginosa de France Insoumise (FI), y con una relación interna de fuerzas en la que el resultado de la suma de FI y el PCF es inferior al de PS+Génération-s (escisión del PS): 8,8% frente al 9,5%). Los únicos que pueden levantar un poco la cabeza son los ecologistas (EELV), con un 13,47%. Esto, a pesar de las dinámicas contradictorias en el electorado de EELV, confirma que la izquierda está muy mal. Durante la campaña, Yannick Jadot, cabeza de lista de EELV, no dejó de repetir que la ecología que él defiende no es ni de derechas ni de izquierdas y que es compatible con la economía de mercado. Declaración totalmente alejada de la radicalidad que se expresa entre la juventud, sobre todo en las cuestiones sobre justicia climática, y en su comprensión de que, antes que nada, lo que hay que cambiar es el sistema. Ahora bien, parece que es EELV quien se beneficia de las legítimas preocupaciones ecológicas, lo que muestra que queda mucho por hacer para convencer a la gene que la ecología es incompatible con el capitalismo.

En la extrema izquierda, el resultado (0,78%) de la lista de Lutte Ouvrière (LO) a la que llamó a votar el NPA, no permite pensar en una inversión de tendencia en la situación actual. Seguramente, la campaña de LO, muy desfasada con las movilizaciones actuales y articulada en torno a consignas muy generales como la denuncia del gran capital, no ha ayudado mucho; pero, sobre todo, lo que pesa es la dificultad de impulsar movilizaciones victoriosas que den esperanza y credibilidad a la idea de que es posible un cambio radical de la sociedad, que es lo que explica la falta de credibilidad de las propuestas de las organizaciones anticapitalistas y revolucionarias.

Reconstruir un proyecto emancipador

Al final, si bien los resultados del 26M expresan tendencias bien reales, no se puede sino estar de acuerdo con Barbara Stiegler1/: "Los resultados de las unas no dan cuenta, ni mucho menos, de lo más sorprendente, completamente inaudito, que ha ocurrido en nuestra vida política desde hace seis meses. ¿Dónde se sitúa el movimiento de chalecos amarillos en las urnas? En ninguna parte. Esta distorsión espectacular muestra que nuestra democracia no funciona". Un disfuncionamiento de calado, que a pesar de las lamentaciones anti-sistema, hoy en día beneficia principalmente a la extrema derecha, cuyos resultados muestran que tiene un anclaje muy real, entre otros, en los sectores populares, aún cuando la abstención sea el factor dominante en ellos. Las elecciones del 26M constituyen una advertencia: sin movilizaciones sociales de calado que obtengan una o varias victorias, y sin otras perspectivas en torno a un proyecto emancipador, la verdadera-falsa alternativa Macron-Le Pen que se ha dado en estas elecciones puede convertirse en el ensayo general de las presidenciales de 2022, con la peor de las hipótesis.

29/0572019

Julien Salingue, doctor en ciencias políticas y militante del NPA

Traducción: viento sur

Notas:

1/ Barbara Stiegler : "Ce scrutin ne rend pas compte de ce qui s’est produit d’inouï en six mois" », liberation.fr, 27/05/2019.

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