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El Pacto Mundial sobre Migración (PMM) no representa un cambio en la actual ofensiva contra los migrantes y los refugiados

Do Sin Permiso, 23 de Dezembro, 2018
Por Via Campesina et alii 



En la Cumbre de los Pueblos para un Pacto Global de Solidaridad con los Migrantes y Refugiados, celebrada en Marrakech los días 8 y 9 de diciembre de 2018, y organizada por la Vía Campesina y sus organizaciones afiliadas del Proceso de Oriente Medio y Norte de África (MeNa, por sus siglas en inglés), el movimiento campesino mundial y sus aliados han rechazado y criticado mordazmente el Pacto Mundial sobre Migración [ver más abajo].
El Acuerdo para un Pacto Internacional de Solidaridad y Unidad de Acción por los Derechos Plenos de todos los Migrantes y Refugiados, emitido en la cumbre, dice:

‘’En esta cumbre, hemos llegado a la conclusión de que el Pacto Mundial sobre Migración (PMM) no representa un cambio en las políticas anti-migración y en la actual ofensiva contra los migrantes y refugiados que están librando muchos Estados, especialmente en el norte. El PMM es más de lo mismo: los migrantes como mano de obra barata, criminalizados por, simplemente, ser migrantes. Analizándolo más a fondo, consideramos que el PMM es un paso atrás con respecto a los derechos humanos y a la protección de nosotros, los migrantes, así como de nuestras familias, tal y como estaban establecidos en anteriores Convenios Internacionales aprobados por las Naciones Unidas y otras instituciones como la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Si bien es cierto que algunos países han decidido no firmar el PMM, no lo hacen porque no estén de acuerdo con él, es decir porque piensen que implica un paso atrás con respecto a los derechos de los migrantes. Su desacuerdo está motivado por el rechazo de cualquier compromiso multilateral en materia de migración. Esos Estados han expresado claramente su posición anti-migrante. El PMM propone disciplinar y organizar la migración para servir a los intereses de los Estados y a sus auténticos dueños, las corporaciones transnacionales y el capital financiero. Salvo algunas aparentes alusiones a los migrantes, los derechos humanos están supeditados las preocupaciones de seguridad de los Estados y economías.

Por las razones expuestas, manifestamos públicamente nuestro rechazo al Pacto Mundial sobre Migración y ponemos en manos de los movimientos sociales, de los colectivos para la protección de los derechos humanos de los migrantes, de los Estados progresistas y de la sociedad civil, nuestra alternativa, que aúna el espíritu, las conclusiones y las recomendaciones de nuestra cumbre’’.

ACUERDO PARA UN PACTO INTERNACIONAL DE SOLIDARIDAD Y UNIDAD DE ACCIÓN POR LOS DERECHOS PLENOS DE TODOS LOS MIGRANTES Y REFUGIADOS

I. INTRODUCCIÓN

La Cumbre de los Pueblos para un Pacto Global de Solidaridad con los Migrantes y Refugiados, ya sean mujeres u hombres, celebrada en Marrakech los días 8 y 9 de diciembre de 2018, y organizada por La Vía Campesina y sus organizaciones afiliadas del proceso de Oriente Medio y Norte de África (MeNa), específicamente la Federación Nacional del Sector Agrícola (FNSA) de Marruecos, junto con la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH), la Coordinación de Organizaciones por los Derechos Humanos del Magreb (CMODH) y la Plataforma de Asociaciones y Comunidades Subsaharianas (P. ASCOMS), así como AlarmPhone y otros muchos movimientos y comunidades, da a conocer nuestra propuesta de un Pacto Internacional de Solidaridad y Unidad de Acción por los Plenos Derechos de Todos los Migrantes y Refugiados, ya sean mujeres u hombres, basada en las siguientes consideraciones:


El estado actual de la migración

La actual crisis migratoria representa una debacle humanitaria de proporciones nunca vistas en la historia contemporánea de la civilización. Nunca la humanidad ha sido arrastrada a niveles tan bajos de deshumanización y barbarie, parecidos a los peores momentos del colonialismo de antaño.

Una faceta terrible del estado actual de la migración es la esclavitud moderna en la que viven millones de seres humanos, solamente comparable a los momentos más álgidos del colonialismo y su brutal conquista del sur para extraer recursos y acumular capital para un puñado de países del norte.

Desde Marruecos hasta la frontera mexicana, desde el Norte de África hasta los campos del sur de España, desde América Central hasta Bangladesh, a todo lo largo y ancho del planeta, nos encontramos con un sufrimiento causado por el desplazamiento de seres humanos que se encuentran con sus familias, sus comunidades, sus pueblos y regiones devastados por el implacable éxodo que alimenta la expulsión y la desposesión. En algunos lugares, como en Asia, este desastre se amplifica por una crisis climática creada por un incesable esfuerzo por obtener más y más beneficios, el principal atributo del salvaje sistema económico y social que nos rodea. En otros lugares, como en África, Medio Oriente y las Américas, la violencia de los poderosos, así como las guerras y los conflictos que ellos provocan, está dirigida a apropiarse de tierras, a ocupar territorios y a explotar recursos naturales tales como el petróleo y los minerales. Además, todo se ve agravado por el racismo, la intolerancia, el autoritarismo, la impunidad, el narcotráfico y el crimen organizado.

En la mayoría de casos, la desigualdad y la marginalización se unen a la pobreza y la miseria. Vemos ante nosotros una explotación bárbara de la mano de obra barata de los migrantes, tanto en el norte como en las periferias, donde un modo de producción abusivo sigue produciendo bienes y mercancías orientados a satisfacer el apetito voraz del consumismo moderno de los sectores más privilegiados.

Esta debacle civilizatoria se refleja hoy en la enorme tragedia que implica las muertes en el mar Mediterráneo y en el desierto del Sahara, así como en la frontera sur-oriental entre los Estados Unidos y México, por nombrar sólo algunos de los puntos calientes del estado actual de la migración.

Respuesta de los Estados

En respuesta a la crisis, los Estados económicamente más poderosos mantienen su chantaje a muchos países del sur a través de medidas económicas y políticas, cerrando filas para así poder reprimir la migración a través de la militarización de las fronteras, la proliferación de muros y centros de detención (que más bien se parecen a campos de concentración), la criminalización de los migrantes por el simple hecho de ser migrantes, seguido por su encarcelamiento en masa y su deportación. Esta ofensiva anti-migrante representa una estrategia de combate militar que incluye la criminalización de organizaciones y activistas por los derechos humanos, así como la generación de divisiones internas entre trabajadores y pueblos oprimidos.

Claramente, un aspecto fundamental de esta ofensiva contra los migrantes y los refugiados es el hecho de que los Estados continúen implementando políticas neoliberales al servicio de las empresas transnacionales y del capital financiero, que con total libertad saquean a nuestros pueblos, explotan a millones de seres humanos y se apropian de bienes comunes naturales como la tierra, el agua, los bosques, las semillas, el conocimiento y las culturas, provocando así devastación y muerte.

Para agravar aún más la situación, dondequiera que dirijamos nuestra mirada vemos un aumento de poder político de fuerzas cuasi-fascistas que se apoderan de los gobiernos, las instituciones y la vida pública. Existe también una desilusión generalizada por la falta de una democracia real, en la que los pueblos puedan ejercer libremente su soberanía y robustecer así la esperanza en el desarrollo de unas condiciones de vida mejores, con justicia social, paz y dignidad.

II. EL PACTO MUNDIAL DE MIGRACIÓN

Como respuesta a la crisis migratoria, los Estados han aprovechado tal oportunidad para firmar el Pacto Mundial sobre Migración el pasado 11 de diciembre, en Marrakech. Nosotros, las mujeres y hombres que participamos en la Cumbre de los Pueblos para un Pacto Global de Solidaridad con los Migrantes y los Refugiados, ya sean mujeres u hombres, hemos analizado y debatido colectivamente sus implicaciones para nuestros

En esta cumbre, hemos llegado a la conclusión de que el Pacto Mundial sobre Migración (PMM) no representa un cambio en las políticas anti-migración y en la actual ofensiva contra los migrantes y refugiados que están librando muchos Estados, especialmente del norte. El PMM es más de lo mismo: los migrantes como mano de obra barata, criminalizados por, simplemente, ser migrantes.

De hecho, analizándolo más a fondo, consideramos que el PMM es un paso atrás con respecto a los derechos humanos y a la protección los migrantes, así como de sus familias, tal y como estaban establecidas en anteriores Convenios Internacionales aprobados por las Naciones Unidas y otras instituciones como la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Si bien es cierto que algunos países han decidido no firmar el PMM, no lo hacen porque no estén de acuerdo con él, es decir porque piensen que implica un paso atrás con respecto a los derechos de los migrantes. Su desacuerdo está motivado por el rechazo de cualquier compromiso multilateral en materia de migración. Esos Estados han expresado claramente su posición anti-migrante.

El PMM propone disciplinar y organizar la migración para servir a los intereses de los Estados y a sus auténticos dueños, las corporaciones transnacionales y el capital financiero. Salvo algunas aparentes alusiones a los migrantes, los derechos humanos están supeditados las preocupaciones de seguridad de los Estados y economías.

Por las razones expuestas, manifestamos públicamente nuestro rechazo al Pacto Mundial sobre Migración y ponemos en manos de los movimientos sociales, de los colectivos para la protección de los derechos humanos de los migrantes, de los Estados progresistas y de la sociedad civil, nuestra alternativa, que aúna el espíritu, las conclusiones y las recomendaciones de nuestra cumbre

III. NUESTRA ALTERNATIVA AL PACTO MUNDIAL PARA LAS MIGRACIONES

Para nosotros, la migración es un acto de resistencia y rebelión, individual y colectivo, contra un sistema, por lo que nuestra alternativa es también un acto de profunda unidad y de lucha. Durante muchos años hemos luchado en defensa de nuestros derechos humanos y contra la esclavitud, el colonialismo, las políticas anti-migrantes, logrando victorias importantes y aprendiendo que no podemos avanzar ni defendernos si permanecemos aislados y desorganizados. Recientemente, la aprobación por parte de las Naciones Unidas de la Declaración de Derechos Campesinos, así como la Convención por los Derechos de los Pueblos Indígenas y las Directrices sobre la Gobernanza de la Tenencia de la FAO, han sido importantes logros, que hemos alcanzado con unidad, tenacidad, convicción y sacrificios.

En base a ello, proponemos un Pacto Global de Solidaridad por los Derechos de los Migrantes que establezca la primacía de los derechos humanos de las personas sobre los beneficios e intereses de los Estados y de las transnacionales, asegurando así la multilateralidad y la democracia en las Naciones Unidas.

Este Acuerdo promovería la autodeterminación, la democracia y la soberanía alimentaria de los pueblos, permitiendo así la construcción de economías locales sostenibles, justas y solidarias, y asegurando que las comunidades tengan garantizado su derecho a una vida digna en sus territorios, sin verse obligadas a ningún desplazamiento forzado.

Este pacto garantizaría el derecho inalienable a la libre circulación de todas las personas, promoviendo la cooperación regional e internacional para poner en marcha políticas públicas pertinentes que protejan a cualquier persona que elija migrar de cualquier violación de sus derechos, especialmente a las mujeres, los niños y las personas que busquen refugio por razones políticas, económicas, climáticas o sociales.

El respeto a los derechos humanos y la responsabilidad global de los Estados impiden que los migrantes sean criminalizados, reprimidos o detenidos por el hecho de serlo, ya sea en su trayecto de migración como en el país de acogida; también garantiza que los migrantes reciban los documentos necesarios y que todos los Estados acaten las leyes y reglamentos internacionales que protegen a los refugiados, a los trabajadores migrantes y a sus familias. La cooperación y la solidaridad entre Estados podría permitir políticas económicas que cubran todas las necesidades básicas de las personas, así como la oposición a el racismo, la xenofobia y todo tipo de discriminación.

Para poder llevar a cabo este nuevo pacto se requiere un esfuerzo internacional conjunto de movimientos, organizaciones, colectivos y fuerzas sociales; tal pacto nace de abajo, de nuestras organizaciones, de nuestras comunidades y de nuestras familias. Por ello pedimos a todas las personas y organizaciones que estén de acuerdo con lo dicho a que se opongan al Pacto Mundial para el control de la migración, y a que apoyen y se unan a nuestra alternativa: el Pacto de Solidaridad y Unidad, que tiene como objetivo esencial la defensa de los derechos de las mujeres y hombres migrantes, así como de los refugiados de todo el planeta.

Marrakech,
Domingo 9 de diciembre de 2018.


La Via Campesina
The Moroccan Human Rights Association and
Maghreb Human Rights Organizations
The Platform of Sub-Saharian Associations and Communities, Alarm Phone Maroc
Alarm Phone Sahara
Conseil des Migrants Subsahariens au Maroc
Collectif des Femmes Migrantes au Maroc
Afrique Europe Interact
Communauté Congolaise au Maroc
Transnational Migrant Platform Europe
Transnational Institute
Association des Refoulés d’Afrique Centrale au Mali Association pour la Défense des Emigrés Maliens
Association Lumière sur l’Emigration au Maroc

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