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Sueños amputados

Do Rebelión, 04 de Dezembro, 2018
Por Palestinian Centre for Human Rights (PCHR)
Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos.




Naziha ‘Alyan Qudeih, una mujer palestina de 38 años, está de pie sobre una pierna y apoyada en un andador frente a las tierras de cultivo que su familia posee al este de Khan Younis, al sur de la Franja de Gaza. Mira al lugar en el que ha trabajado durante años, pero ahora, después de recibir un disparo del ejército israelí, ya no puede hacerlo. “Trabajaba ahí y pasé muchas horas plantando y quitando malas hierbas en esa tierra”, dijo Nazihah al personal de PCHR con un brillo de nostalgia en los ojos. No trabajaba la tierra por lujo o para pasar el rato, sino que eso era una fuente de ingresos para su familia y para reducir las cargas cotidianas.

Una bala de un francotirador israelí que provocó la amputación de su pierna cuando participada en las Marchas del Retorno y para Romper el Bloqueo al este de donde vive, cambió la vida Naziha y su rutina cotidiana, algo que ahora trata de afrontar.

Recordó entre lágrimas lo que le había ocurrido aquel día: “No puedo olvidar el momento en que resulté herida”. Cerró entonces los ojos y rememoró esos recuerdos tan duros: “Era lunes por la mañana, el 14 de mayo de 2018, cuando llegué al Campamento del Retorno que se había establecido al este del pueblo de ‘Abasan. Fui sola a pie para llevar cuatro botellas de agua y repartirlas entre los manifestantes, como solía hacer cada viernes en el Campamento del Retorno al este de Khuza’a”. Y añadió: “Me dirigí hacia los manifestantes y empecé a repartir las botellas de agua. Volví al campamento, rellené las botellas y volví para repartirlas. Por el camino vi a muchas personas heridas y muertas. La situación era muy difícil” .

En el lugar en el que estaba Nazihah se estaban produciendo manifestaciones por primera vez desde el inicio de la Gran Marcha del Retorno el 30 de marzo de 2018. En esas manifestaciones el ejército israelí mató a 14 palestinos de los 16 muertos aquel día al este de Khan Younis, además de provocar decenas de heridos, tal como documentó PCHR. Las manifestaciones de ese día formaban parte de la llamada “Marcha del Retorno para un Millón de Personas” en conmemoración de la Nakba palestina, el día en que cientos de miles de palestinos fueron desplazados de sus pueblos a mediados de mayo de 1948.

Aproximadamente a las 17:00 de aquel día Nazihah Qudeih se dirigió a la calle Jakar, adyacente a la valla fronteriza con Israel hacia el Campamento del Retorno en Khuza’ah, que es la localidad principal para las manifestaciones. La mayoría de los manifestantes se habían ido de ‘Abasan debido a la gran cantidad de personas heridas y muertas en esa zona. Nazihah afirmó: “Unos 15 minutos después de llegar al Campamento del Retorno en Khuza’ah, vi a unos pocos manifestantes caminar 20 metros hacia la calle Jakar y acercarse a la valla fronteriza, al norte del campamento. Vi a una mujer con dos niños cerca de la valla y a un soldado israelí junto a la frontera apuntando con su arma hacia donde estaba yo. Me di la vuelta para marcharme y en un momento sentí un fuerte golpe en la pierna derecha y me caí”. Nazihah recuerda esos momentos mientras se toca el extremo de la pierna amputada con los ojos cerrados: “Vi que tenía la pierna doblada y gravemente herida bajo la otra pierna, y me dolía mucho. Acudieron varios civiles y miembros del personal médico para llevarme en ambulancia al punto médico del campamento donde trataron de detener la hemorragia. Después me llevaron al Hospital Europeo” .

Camino del hospital Nazihah perdió el conocimiento y cuando recuperó al conciencia al día siguiente se encontró en el departamento de cirugía del hospital, pero sin pierna. Se la habían amputado por debajo de la rodilla tras haber sido herida por una bala explosiva que le destrozó el hueso e hirió gravemente la pierna, por lo que tuvo que ser amputada.

Más de seis meses después de haber resultado herida y de que le amputaran la pierna Nazihah trata de soportar el dolor y de afrontar su nueva realidad. Era muy activa y trabajaba mucho en la casa, así que le resulta fácil verse repentinamente incapacitada y sin poder hacer nada. En su rostro se percibe el dolor y los sueños perdidos cuando rememora cómo trabajaba en sus campos y en los de de los demás agricultores en la época de la cosecha para ayudar a su familia.

Nazihah vive sola con sus padres ya mayores puesto que sus tres hermanas están casadas. Su trabajo era una fuerte de ingresos muy importante para la familia, que depende de la subvención que cobran por un hijo que murió asesinado por el ejército israelí durante una incursión en su pueblo, ‘Abasan, en 2004.

El único hermano que le queda a Nazihah es Suhaib, de 32 años, al que también tuvieron que amputar la pierna por encima de la rodilla después de que le disparara el ejército israelí en el Primer Viernes de la Marcha del Retorno y para Romper del Bloqueo. Vive en el segundo piso de la casa familiar con su mujer y sus cinco hijos.

Nazihah mira a su hermano con quien comparte el dolor y la amputación y afirma: “Alhamdulillah, “ gracias a Dios” en todas la situaciones. Mi hermano y yo trabajábamos y apoyábamos a nuestra familia. Mi hermano está casado y tiene cinco hijos...Como ve, hoy en día no podemos trabajar, aunque afortunadamente hay personas que nos ayudan”.



Cuando Suhaib resultó herido estaba tratando de rescatar a una chica herida por la ocupación israelí a este de Khan Younis. Contó cómo fue a personal de PCHR: “En cuanto me acerqué a ella sentí que algo me golpeaba la pierna derecha y caí a lado de la chica con la pierna sangrando”.

Resultó que Suhaib había sido alcanzado por una bala explosiva en la pierna derecha y que la metralla de bala se había dispersado y golpeado la pierna izquierda. El sábado 7 de abril de 2018 por la tarde los médicos decidieron amputarle la pierna derecha por encima de la rodilla debido a que la bala explosiva había provocado inflamación, lesiones arteriales y hemorragias.

Mientras se adapta a su nueva realidad Nazihah trata de hacer algunas de las tareas que solía hacer, como limpiar la casa y preparar la comida para su familia, pero no puede permanecer mucho tiempo de pie ya que el dolor le que causan las heridas le obligan a parar y sentarse.

A pesar del fuerte ánimo que se trasluce a veces en sus palabras, no oculta su dolor e incapacidad para adaptarse a lo ocurrido. “A veces no puedo dormir y me he vuelto olvidadiza; por ejemplo, a veces estoy buscando una llave y la tengo en la mano. Además, tengo que limpiar la casa cuando tengo unos dolores terribles”, afirmó Nazihah.

No parece lamentar haber participado en las manifestaciones, ya que tanto ella como su hermando habían participado varias veces antes de resultar heridos. “No llevaba arma alguna. Todo lo que hacía era repartir agua a los manifestantes. No hay ninguna justificación para dispararme a mi o a cualquier otra persona que se manifieste pacíficamente”, añadió.

Por medio de una asociación hace unos días empezó a prepararse para implantarse una prótesis. Lo intentó, pero le dolía mucho y le hacía daño en la pierna amputada. “Necesito más preparación para acostumbrarme”, afirma Nazihah. Su hermano también espera la posibilidad de implantarse una prótesis, aunque a causa de la naturaleza de la herida que tiene ha empeorado la pierna amputada, lo que impide el implante dadas los muy limitados recursos de Gaza.

Fatima al-Najjar, la madre de Nazihah y Suhaib, trata de nuevo de sobrellevar la pena y el dolor. Perdió a su hijo mayor cuando este tenía 20 años y ahora ve cómo sufren sus dos hijos que viven con ella en casa y son el único sustento de la familia. Todo el tiempo piensa por qué sufren de esta manera, cuánto tiempo van a tener que vivir así. ¿Acaso no tienen derecho a vivir como el resto del mundo?




Fuente: https://pchrgaza.org/en/?p=11644

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.

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