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El capitalismo contemporáneo se adentra en la era de estancamiento secular.

Entrevista a Alejandro Nadal



Do Sin Permiso, 1 de Outubro, 2018
Por Alejandro Nadal 


El profesor Alejandro Nadal nos brinda una breve entrevista sobre algunos de los aspectos más importantes del legado económico de Karl Marx. Como experto en historia del pensamiento económico y crítico de la teoría económica convencional y con Marx como punto de referencia, nos habla de temas tan diversos como la teoría del equilibrio general o las contradicciones entre democracia y capitalismo, pasando por la teoría monetaria de Marx, la robotización y la ecología. La entrevista la realizó Ayoze Alfageme (profesor asociado de macroeconomía en la Berlin School of Economics and Law).

Tradicionalmente se ha visto a la historia del pensamiento económico como una especie de visita al museo de las doctrinas muertas. La idea viene a ser que la teoría económica ha ido progresando a lo largo de su historia descartando las viejas doctrinas, entre ellas el legado de Marx, por una suerte de avance natural de la ciencia. ¿Qué hace que el legado de Marx y la historia del pensamiento económico sean tan irreconciliables con el grueso de la "ciencia económica" sacralizada en las facultades de economía?

Mi concepción de la historia de la disciplina es distinta. Tomando como punto de partida los problemas que la teoría económica ha sido incapaz de resolver, considero que se impone la necesidad de revisitar la historia de la disciplina para examinar desde un punto de vista crítico la manera en que fue originalmente planteado su programa de investigación. De esa manera es posible identificar los límites que se impusieron en la trayectoria de la teoría económica y sentar las bases de una crítica al desarrollo de este discurso analítico. Desde esta perspectiva, el punto de partida de la historia del pensamiento económico está en los problemas actuales de la teoría económica.

El mejor ejemplo de lo anterior lo podemos encontrar en la teoría del mercado. Casi desde su inicio, la teoría económica se concentró en un programa cuyo objetivo no era desentrañar la estructura y dinámica de los mercados, sino en demostrar que el mercado es una institución benéfica y estable que converge hacia una situación de compatibilidad de planes de agentes individuales egoístas. Todos los esfuerzos para construir una teoría del mercado estuvieron organizados alrededor de esta tarea y el resultado ha sido un estrepitoso fracaso. Hoy sabemos en virtud de los teoremas Sonnenschein-Mantel-Debreu que la teoría neoclásica nunca podrá demostrar que las fuerzas de la oferta y la demanda en el mercado conducen a un equilibrio general competitivo. El problema no es la falta de realismo de los supuestos, como una crítica ligera quiere hacernos creer: el problema es más profundo y aún aceptando esos supuestos los modelos neoclásicos fueron incapaces de producir el resultado que buscaba la ideología burguesa. La historia del pensamiento económico revela la naturaleza de los problemas y permite marcar nuevos derroteros a la investigación.

Creo que Marx adopta una perspectiva similar al llevar a cabo su crítica de este peculiar discurso que es la teoría económica. Es por eso que al establishment de la academia tradicional le cuesta tanto trabajo integrar la historia del pensamiento económico como parte de un programa activo de investigación y prefiere relegarla a esa visión anacrónica del museo de las doctrinas muertas.

Tanto Karl Marx como John Maynard Keynes dieron gran relevancia al papel del dinero y el crédito en el sistema capitalista. Desde puntos de partida distintos –Marx trató el dinero como una mercancía– llegaron a la misma conclusión: que es un sistema en expansión pero con recurrentes periodos de contracción o crisis. ¿Cuáles son los puntos en común con la concepción del dinero de Keynes?

La teoría monetaria de Marx es uno de los aspectos de su análisis que más desarrollo necesita. Es cierto que la teoría monetaria de Marx se basa en su concepción de la moneda como una mercancía. Esta concepción entraña graves e irresolubles problemas. Para comenzar, el valor relativo de todas las mercancías se expresa en la moneda-mercancía que es el equivalente general. Desde esa perspectiva, el valor de uso de la moneda-mercancía es general y contrasta con el valor de uso de las demás mercancías (que es particular). Y en términos de la propia teoría del valor de Marx, el valor de esa moneda-mercancía no tiene que pasar por el reconocimiento del mercado o, para decirlo en otros términos, el trabajo particular para producir la moneda-mercancía es inmediatamente trabajo social. Pero la pregunta sobre la determinación del valor de la moneda-mercancía no recibe una respuesta satisfactoria en la teoría monetaria de Marx.

Hay otros pasajes en la obra de Marx en los que se alude a una concepción distinta de la moneda. El capítulo 3 del Tomo I del Capital, por ejemplo, contiene alusiones al papel moneda y al crédito, formas monetarias distintas a la de una moneda metálica. Pero queda mucho por hacer para despojar la teoría monetaria de Marx de ese ropaje de moneda-mercancía que tantas dificultades genera. Creo que un análisis sobre la creación monetaria (como proceso endógeno) es plenamente compatible con un análisis del capitalismo de corte marxista.

La concepción de la moneda en Keynes tiene diferencias cruciales con Marx pero existe un punto de contacto. En ambos autores el capitalismo es un proceso de producción monetaria. Es decir, el objeto del circuito producción-circulación es acrecentar la masa de dinero inicial. Por eso para ambos autores la moneda desempeña un papel fundamental en la economía capitalista. Y también hay que decir que en Keynes encontramos un largo proceso de crítica a la teoría monetaria convencional y que si en su Teoría general no se encuentra un análisis de la moneda endógena eso se debe a que este autor consideraba que ese tema había sido examinado en todo detalle en su Tratado sobre la moneda.


Ha habido numerosos intentos de aportar explicaciones basadas en Marx sobre la Gran Recesión del siglo XX, dando lugar a una gran variedad de diferentes doctrinas “marxistas”. ¿Tiene sentido aspirar a una única teoría de las crisis de Marx, capaz de predecir nuevas crisis?

Más allá de disputas doctrinarias sobre lo que podría ser la causa en última instancia de las crisis en el capitalismo, por ejemplo entre las corrientes que privilegian la tesis del subconsumo o las que prefieren pensar en la sobre producción, o las que responsabilizan de la crisis a la desproporcionalidad entre los sectores I y II del sistema productivo, o las que consideran que la clave está en la evolución de la tasa de ganancia, o aún los que han seguido algunos pasajes en el Tomo III sobre los desarrollos del sistema financiero, lo cierto es que el análisis de Marx ofrece muchas perspectivas profundas sobre las fuentes de inestabilidad y descalabro de las economías capitalistas.

Esa riqueza analítica en la obra de Marx cubre todo el circuito de la producción monetaria y no sólo la producción o algún aspecto aislado de la circulación. La centralidad de las relaciones financieras como catalizadoras y aceleradoras de la crisis es un aspecto esencial de este análisis. Todos esos aspectos de la dinámica de la acumulación capitalista deben y pueden ser integrados en una reflexión sobre la crisis. La capacidad de predecir nuevas crisis depende de la calidad del análisis y del monitoreo de indicadores clave (muchos de ellos ignorados por la teoría económica convencional).

Retomando el hilo de la pregunta anterior, ¿en qué términos, teóricos o empíricos, puede hablarse de una caída de la tasa de ganancia en el derrumbe de la época dorada de crecimiento económico y el transcurso de la era neoliberal?

Unas de las explicaciones de corte marxista más interesantes sobre la crisis y el estancamiento secular están ligadas a los trabajos sobre la caída en la tasa de ganancia. Destacan aquí los trabajos de autores como Michael Roberts, Robert Brenner, Gérard Dumenil y Dominique Levy, Anwar Shaikh, Guglielmo Carchedi, Esteban Maito y Fred Moseley, para mencionar algunos. Lo interesante es que a pesar de las diferencias metodológicas, por ejemplo sobre el uso de nociones de costos corrientes o históricos para las mediciones del capital, o más allá de los diferentes enfoques analíticos (por ejemplo entre post-Keynesianos y marxistas), emerge un consenso revelador: desde hace cincuenta años la economía mundial viene experimentando un descenso en su tasa de crecimiento y esa tendencia decreciente está estrechamente correlacionada con una caída en las inversiones y en la tasa de ganancia. En muchos de estos estudios los resultados son consistentes con la perspectiva analítica de Marx en el sentido de que la tendencia decreciente en la tasa de ganancia coincide con el aumento en la composición orgánica del capital. Y el consenso también acepta que existen periodos en los cuales la tendencia se revierte por diversas causas que fueron anticipadas por Marx (intensificación de la tasa de explotación, por ejemplo).

Es curioso por demás observar que la economía neoclásica es particularmente tímida cuando se trata de analizar la tasa de rentabilidad del capital y prefiere todo tipo de subterfugios para evadir este tema que debería ser esencial. La sobre explotación de la fuerza de trabajo bajo el neoliberalismo ha permitido revertir durante algunas fases de este período, pero los datos indican que la tendencia se ha mantenido. Quizás ésta es la razón por la cual el capitalismo contemporáneo se adentra en esta era de estancamiento secular.

El nuevo auge del debate sobre la robotización de la economía invita a volver a cuestiones que Marx planteó hace más de un siglo. ¿En qué medida supone un problema fundamental el remplazo de fuerza de trabajo humano –según él la única fuente de valor en el proceso de producción– por máquinas?

El tema de la automatización y la robotización ha ganado importancia porque efectivamente un porcentaje muy elevado de empleos en todos los sectores se encuentra amenazado por esta oleada tecnológica. Y no sólo las manufacturas son las que soportan el peso de este proceso de eliminación de empleos. Lo más grave es que aún los puestos de trabajo en el sector servicios, que ha sido clave en la generación de empleo durante los últimos decenios, están siendo reemplazados por máquinas que reemplazan al trabajo humano.

No es claro que los empleos eliminados por la automatización y la difusión de la robotización puedan ser generados en otras ramas de la economía capitalista. En la historia del capitalismo hemos sido testigos de procesos de cambio técnico que han eliminado puestos de trabajo para generar nuevos empleos en otros sectores o ramas de la economía. En esta ocasión el panorama se presenta rodeado de incertidumbre a menos que el capitalismo vuelva a retomar un sendero de crecimiento algo más ágil que el actual letargo económico.

Por otra parte, la introducción masiva de la robotización plantea efectivamente problemas serios por el lado de la demanda agregada y por el lado de la teoría del valor de Marx. En la sección sobre las máquinas en sus Grundrisse, Marx plantea el problema teórico de si el uso indiscriminado de máquinas en la economía podría hacer que la ley del valor pierda validez. Estamos muy lejos todavía de ese escenario, pero es necesario proceder a un análisis riguroso por esta vía que nos señala Marx. Todo esto plantea problemas teóricos importantes para el análisis del proceso de trabajo y el proceso inmediato de valorización. Muchas de las perspectivas analíticas de Marx sobre el análisis del cambio técnico en las economías capitalistas son de gran valor y necesitan ser desarrolladas para profundizar en el análisis de la robotización.

Hace ya décadas que la consciencia ecológica ha ido entrando, con mayor o menor firmeza, en las organizaciones de izquierda. A menudo encontramos que estos posicionamientos vienen acompañados de una crítica al propio pensamiento de Marx, el cual habría ignorado la cuestión ecológica. ¿Cuál es su opinión al respecto y qué cuestiones deberían ponerse en primer plano?

La cuestión ecológica no está plenamente desarrollada en la obra de Marx, pero su análisis sobre la producción-valorización en el régimen de acumulación capitalista es de gran utilidad para comprender el proceso de destrucción ambiental al que el capitalismo ha sometido al planeta. La búsqueda insaciable de nuevos espacios de rentabilidad es uno de los rasgos esenciales del proceso de acumulación capitalista, y la exploración para encontrar esos nuevos espacios la podemos observar en el terreno de los bonos de carbono y los esfuerzos de valorización de la naturaleza. Ese proceso de búsqueda se intensifica en las etapas en las que la tasa de ganancia en la producción está cayendo.

Es importante señalar que los autores que buscan detener el deterioro ambiental a través de procesos de "de-crecimiento" o "crecimiento cero" no parecen estar conscientes de que la esencia de una economía capitalista es el crecimiento. Marx vio muy bien cómo lo que llamamos "empresas" son simples esferas privadas de la acumulación de capital y que la competencia intercapitalista es uno de los motores de dicha acumulación. Pretender que el capitalismo puede coexistir con el crecimiento cero es un grave error.

Tras la crisis estallada en 2008 se ha reforzado el mantra de que no hay alternativa a las políticas neoliberales como remedio (recorte de derechos laborales y sociales, austeridad) incluso aunque éstas vayan en detrimento de la democracia de nuestras sociedades. ¿Qué diría usted a aquellos que se sorprenden ante esta dicotomía entre democracia y capitalismo?

En una de sus etapas de desarrollo el capitalismo coincide con movimientos políticos de lucha de las clases trabajadoras y eso ha permitido cultivar la idea de que el capitalismo y la democracia van de la mano. Se trata de una falsificación histórica de gran importancia. El capitalismo necesita romper las amarras que sujetan a la fuerza de trabajo, por ejemplo, al propietario de unas tierra. Desde esa perspectiva, parecería ser una fuerza liberadora. Pero está claro que el capitalismo necesita romper esos vínculos de carácter feudal sólo para imponer un nuevo herraje en la sumisión de la fuerza de trabajo: para someterla a las leyes de la producción monetaria capitalista necesita convertir a la fuerza de trabajo en una mercancía. Es aquí donde el mito de la asociación capitalismo y democracia se derrumba. Para responder a la pregunta, el capitalismo está basado en la desigualdad y la sumisión. Por eso el capitalismo tolera muy poco a la democracia y por eso no titubea en destruirla por todos los medios cuando se convierte en un obstáculo.

(Este texto es una versión castellana y parcialmente modificada de una entrevista publicada en la revista Nous Horitzons, nº 218, que conmemora el bicentenario del nacimiento de Karl Marx)


Alejandro Nadal
es miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso. Es profesor de Teoría Económica Comparada en el Centro de Estudios Económicos del Colegio de México. A lo largo de su larga trayectoria académica ha hecho contribuciones decisibas a los fundamentos de la teoría económica neoclásica, particularmente al modelo estándar de equilibrio general. Entre sus libros destaca The Flawed Foundations of General Equilibrium: Critical Essays in Economic Theory (Routledge, Londres 2004, amb F.Ackerman) y Rethinking Macroeconomics for Sustainability (Zed Books, Londres, 2011).Fuente:

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