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Los límites de la energía verde bajo el capitalismo

"Qué suerte, de cinco balazos que recibió, sólo dos eran mortales". El chiste puede aplicarse a algunas reacciones por el rápido aumento de la producción de energías renovables, un esfuerzo inútil si no bajan las emisiones de gases de efectos invernadero.

El buque Eduard Toll atravesó en enero el paso del norte, a través del ártico, sin rompehielos. Foto: Teekay Corp.



Do EL Salto. 29 de Julho, 2018
Por DAVID KLEIN
FÍSICO MATEMÁTICO Y PROFESOR DE MATEMÁTICAS EN CALIFORNIA STATE UNIVERSITY NORTHRIDGE


La energía renovable se está expandiendo rápidamente por todo el mundo. La capacidad energética de los proyectos solares recién instalados en 2017, por ejemplo, excedía los incrementos combinados de las plantas de carbón, gas y nucleares. Sólo durante los último ocho años, la inversión global en renovables fue de 2,2 billones de dólares, y junto a las inversiones ha aumentado mucho el optimismo. “La tecnología solar en rápida expansión podría cambiarlo todo”, anunciaba un artículo en el Financial Times, que también explicaba que “cada vez hay más pruebas de que vienen algunos cambios fundamentales que con el tiempo pondrán un signo de interrogación sobre las inversiones en los viejos sistemas energéticos”.

El punto clave es que las emisiones de gases de efecto invernadero de los combustibles fósiles están creciendo incluso cuando está creciendo el uso de la energía renovable

Pero, ¿puede la energía renovable crecer lo suficientemente rápido en la economía de mercado como para detener el uso de los combustibles fósiles y ayudar a mantener a raya la catástrofe climática? Desgraciadamente, no es probable. Incluso cuando el porcentaje de las renovables en la generación de energía global aumenta, también lo hace el consumo de energía global, lo que significa que las emisiones de combustibles fósiles también están creciendo.

Las emisiones de carbono mundiales relacionadas con la energía aumentaron un 1,7% en 2017 y el consumo de energía creció un 2,2%, la tasa más alta desde 2013. Durante la década pasada, el consumo de energía primaria aumentó a nivel mundial a una tasa media anual de 1,7%. La generación de energía aumentó el año pasado un 2,8%, suponiendo la energía renovable el 49% del aumento y viniendo la mayor parte del resto (44%) del carbón. Globalmente, el consumo de petróleo creció un 1,8%, el gas natural un 3% y el consumo de carbón subió un 1%. El punto clave es que las emisiones de gases de efecto invernadero de los combustibles fósiles están creciendo incluso cuando está creciendo el uso de la energía renovable.

Para visualizar la relación entre el porcentaje creciente de energía verde y la producción total de energía global en aumento, imaginad un “gráfico de pastel dinámico del consumo de energía”. Una porción creciente el pastel representa las fuentes de energía verde, así que ese trozo del pastel se está ampliando, pero el radio del gráfico de pastel también aumenta con el tiempo para explicar el aumento del consumo global de energía. El pastel se hace cada vez más grande mientras que el trozo de los combustibles fósiles se hace más largo (lo cual es malo) pero más fino (lo cual es bueno). ¿Qué proceso gana? Ya que el uso de los combustibles fósiles no disminuye, al clima no le importa.

La gente a menudo se confunde cuando se debate a la vez sobre combustibles fósiles y energía renovable, pero al clima sólo le importa el primero. El segundo no tiene efecto alguno. Los paneles solares, los aerogeneradores y cosas del estilo ni ayudan ni dañan el clima. Lo único que importa, en términos de trastorno climático, son las emisiones de gases de efecto invernadero.

No basta con que el porcentaje de energía verde aumente cada año -a menos que alcance el 100% de la producción global de energía muy rápidamente. Incluso si la tasa de las emisiones de gases de efecto invernadero disminuye, pero no disminuye suficientemente rápido, nos enfrentamos al desastre. Lo que se requiere es que las emisiones globales de gases de efecto invernadero disminuyan hasta cero para mitad de siglo de modo que la biosfera tenga una oportunidad de supervivencia. Por desgracia, bajo las fuerzas del mercado capitalista es improbable que se consiga incluso con un porcentaje de la producción de energía verde en rápido crecimiento.

¿QUÉ PASA CON LA BURBUJA DEL CARBONO?

Los precios en descenso para la energía renovable han llevado a que académicos, activistas e inversores adviertan sobre una “burbuja del carbono” de activos de combustibles fósiles sobrevalorados en la economía global, lo que podría conducir a una gran crisis capitalista. Un reciente estudio económico, publicado en Nature Climate Change, predecía que una repentina reducción del valor de los combustibles fósiles -disparada por los bajos precios de la energía renovable- causaría el estallido de la burbuja del carbono y, asumiendo que las tendencias continúen, tal hecho probablemente ocurrirá antes de 2035.

Las emisiones de carbono mundiales relacionadas con la energía aumentaron un 1,7% en 2017 y el consumo de energía creció un 2,2%, la tasa más alta desde 2013

A pesar de las crisis económicas, ¿podría el estallido de la burbuja del carbono al menos impedir o retrasar significativamente el colapso medioambiental? Desgraciadamente no. El destacado autor Jean-François Mercure advertía, como informaba The Guardian, “que la transición estaba ocurriendo demasiado despacio como para evitar los peores efectos del cambio climático. Aunque la trayectoria hacia una economía baja en carbono continuara, para mantenernos [2 grados centígrados] por encima de los niveles preindustriales -el límite marcado en el acuerdo de París- se necesitaría una acción gubernamental mucho más fuerte y nuevas políticas”.

CAPITALISMO O SUPERVIVENCIA

El capitalismo requiere crecimiento económico perpetuo para evitar crisis económicas como la Gran Depresión. Más específicamente, para evitar el desempleo masivo y la miseria económica, el capitalismo requiere creciente producción de mercancías, intensificación de la extracción de recursos, cada vez mayores desechos tóxicos y de residuos, y producción energética aún mayor. El capitalismo, por su propia naturaleza, debe expandirse infinitamente y ya ha sobrepasado los límites del crecimiento sostenible en el sentido de que el consumo global excede ahora la capacidad biológica del planeta para regenerar los recursos consumidos. Según WWF, se necesitarían 1,6 Tierras para satisfacer las demandas que la humanidad hace a la naturaleza cada año. El capitalismo no sólo es incapaz de responder adecuadamente a la crisis medioambiental, es la misma causa de la crisis y sólo puede empeorar las cosas.


No podemos reducir toda la economía. Necesitamos expandir algunas industrias, incluyendo la energía renovable, la sanidad pública, el tránsito público o la vivienda energéticamente eficiente

Como señala Richard Smith en Green Capitalism: The God that Failed [Capitalismo verde: el dios que fracasó], la escala del cambio necesario para conseguir una civilización sostenible es asombrosa. La rápida reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero junto a la conservación de los recursos requiere que reduzcamos radicalmente o cerremos grandes cantidades de centrales de energía, minas, fábricas e industrias de procesamiento y otras en todo el mundo. Significa reducir drásticamente o cerrar no sólo empresas de combustibles fósiles, sino las industrias que dependen de ellos, incluyendo empresas de automoción, aeronáuticas, aerolíneas, navieras, petroquímicas, de construcción, del agronegocio, de madera, de celulosa y de papel, y de productos madereros, operaciones de pesca industrial, ganadería industrial, producción de comida basura, empresas de agua privadas, de embalaje y plástico, de productos desechables de todo tipo y, sobre todo, las industrias bélicas. El Pentágono es el mayor usuario institucional de productos del petróleo y de energía.

La pérdida de puestos de trabajo por la desindustrialización necesaria para salvarnos no sería sólo de unos pocos en la minería de carbón y la extracción de petróleo sino millones de puestos de trabajo en el mundo industrializado. Los ecologistas convencionales argumentan que la dicotomía entre puestos de trabajo y medio ambiente es falsa, pero se equivocan. En un marco capitalista, ésa es exactamente la elección. Lo que necesitaríamos hacer dentro de este marco para salvar la biosfera, incluyéndonos a nosotros mismos, daría lugar al colapso económico total.

No es suficiente con oponerse al capitalismo. También necesitamos crear algo mejor: un sistema alternativo de relaciones humanas en línea con el ecosocialismo no es sólo deseable, es imperativo. Incluidos en una visión así están la sanidad gratuita, la educación gratuita, el transporte masivo gratuito y, ya que la mayoría de los puestos de trabajo en el capitalismo no tienen sentido o son destructivos, necesitamos una semana laboral drásticamente reducida.

Las empresas contaminantes no cerrarán voluntariamente. Conseguir lo que es necesario requiere socializar virtualmente todas las industrias a gran escala. La única forma de reorganizar racionalmente la economía de forma sostenible es planificar colectiva y democráticamente la mayoría de las economías industriales del mundo.

Mientras que todo tipo de industrias inútiles, derrochadoras y contaminantes deben ser eliminadas, no podemos reducir toda la economía. Necesitamos expandir algunas industrias, incluyendo la energía renovable, la sanidad pública, el tránsito público, la vivienda energéticamente eficiente y de larga duración, los vehículos de transporte masivo duraderos, los electrodomésticos y la electrónica de larga duración, las tiendas de reparación, las escuelas públicas, los servicios públicos, la rehabilitación ambiental, la reforestación y la agricultura biológica.

Es esencial que los activistas medioambientales empiecen a centrarse en terminar el sistema económico del capitalismo mismo. La supervivencia de la vida en este planeta depende de ello.


Fuente: Truthout.org Copyright, publicado con permiso

Traducción: Eduardo Pérez

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