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Fotógrafas en conflicto: la otra mitad del mundo

'My Beloved Broken Home' proyecto de Carole Alfarah sobre la guerra de Siria. CAROLE ALFARAH

La representación de los conflictos y las tragedias de nuestro tiempo a menudo contribuye a forjar y consolidar estereotipos, especialmente, sobre las mujeres. Las reporteras y fotoperiodistas apuestan por trasladar una mirada que no sume violencia a la representación de las víctimas.



Do El Salto, 7 de Julho, 2018
Por PAULA ERICSSON,BARCELONA

¿Una mujer que ha huido de su casa, que ha recorrido kilómetros durante días, o meses o años, y ha conseguido mantener a salvo a su familia es débil? Si tomamos como punto de partida las fotografías que presiden las portadas de los kioskos de todo el mundo, la respuesta seguramente será sí, pero si analizamos las imágenes empezaremos a entender por qué las mujeres en situaciones de conflicto son representadas siguiendo una mirada hegemónica, que empapa nuestro imaginario y que, en múltiples ocasiones, no nos dejan ver más allá del victimismo.

Blanca Garcés, investigadora en migraciones y políticas de asilo del Barcelona Centre for International Affairs (CIDOB), defendió durante una charla sobre la representación de las mujeres en conflictos internacionales organizada por CIDOB y la Revista 5W, que “el fotoperiodismo ha tenido una relevancia fundamental porque ciertas imágenes han cambiado la agenda política y las políticas migratorias en la Unión Europea (UE)”.

Uno de estos ejemplos sería la fotografía del 3 de octubre de 2013, cuando 366 personas murieron ahogadas cuando estaban a punto de llegar a Lampedusa, tragedia que introdujo un nuevo tema en la agenda política y que como consecuencia dio origen la Operación Mare Nostrum, que salvó 170.000 vidas.
Para Garcés, destacar la vulnerabilidad de las mujeres les ayuda a acceder a derecho a asilo, pero a largo plazo las desposee de toda agencia

En cambio, Garcés recordó que las mujeres y niños son representados como seres extremadamente vulnerables, y aunque las refugiadas sufren formas especificas de violencia en contextos de conflicto, postconflicto y en los campos de refugiados, “las fotos no se corresponden con llegar a la frontera europea. Las más vulnerables no llegan a Europa”, remarcó.


Familias desplazadas por la guerra y la pobreza viven en pequeñas tiendas a escasos kilómetros de Aden. JUDITH PRAT

Para Garcés, destacar la vulnerabilidad de las mujeres les ayuda a acceder a derecho a asilo, pero a largo plazo las desposee de toda agencia. “Las políticas europeas las distribuye como si fueran personas que no tienen ningún proyecto de vida, esperan durante años y en muchas ocasiones se encuentran con un retorno al final del camino, por lo que su representación vulnerable se acaba convirtiendo en la última forma de violencia”, denunció.

MIRADA MASCULINA


Una de las causas que podría explicar el porqué de ésta mirada es que el 90 % de fotógrafos de agencia, que son el canal de difusión más poderoso, son hombres. De hecho, solo hay un 15 % de fotoperiodistas mujeres a nivel mundial, y la mayoría de ellas, detalla a El Salto la directora de Photographic Social Vision, Silvia Omedes, se sienten más cómodas contando historias que huyan del impacto de la “línea de frente”.

Otra de las causas de esta baja presencia en los conflictos podría ser la conciliación laboral, añade Omedes, que destaca también que las mujeres tienen más barreras de entrada en los concursos de fotografía, donde son tan estrictos con los formatos y donde no se permiten ciertas escenificaciones que no van en contra de explicar una historia bien explicada.

En referencia a esto, Daniella Zalcman, fotoperiodista y fundadora de Women Photograph, asevera que en gran medida estamos consumiendo noticias a través de una perspectiva masculina. “Y aunque no hay nada malo en ella, necesita ser equilibrada también con la femenina. Somos el cincuenta por ciento de la población, deberíamos contar el cincuenta por ciento de las historias”, puntualiza la fundadora de Women Photograph, iniciativa creada en 2017 para dar voz a periodistas visuales mujeres, incluyendo al colectivo trans, queer y no-binario, y que actualmente incluye más de 700 mujeres fotoperiodistas situadas en 91 países. La iniciativa está disponible de forma privada para cualquier editor a quien le interese contar con la visión femenina dentro del mundo de la fotografía.

En un contexto donde la mayoría de medios tienen hombres como editores de fotografía, Bárbara Boyero, fotoperiodista y ex-editora gráfica de Diagonal, explica a El Salto que una manera que ella dispuso para mejorar la representación de la mujer en el periódico era utilizándola para definir el sujeto universal —por ejemplo, sacar la imagen de un laboratorio dónde las científicas sean mayoritariamente mujeres—, “porque si en la mayoría de las imágenes se ven mujeres habrá un cambio en la percepción de la realidad”, apunta. “Hay una imagen hegemónica que es profundamente racista, patriarcal, victimista y clasista”, lamenta. Para combatirlo, Boyero exige que se consigan unas condiciones dignas para las profesionales “en los territorios donde suceden las cosas”.


Casa de la maternidad de Vélez Rubio (Málaga), 1937. KATI HORNA

“Todas las mañanas tomando café vemos las mismas fotos de postal, y eso no es una forma enriquecedora ni real de dar información”, denuncia Omedes. Pero considera que culpar a la presencia mayoritaria de los hombres como única causa de esta narrativa imperante sería simplista, puesto que muchas mujeres suelen repetir el patrón masculino en sus trabajos, ya que en las universidades se enseña determinado tipo de fotografía (asociada al reporterismo clásico hecho por hombres occidentales) como modelo a seguir. De hecho, Omedes puntualiza que lo que es importante que tanto hombres como mujeres “no sean esclavos de las formulaciones clásicas que se han vendido durante años”.

“No es que los hombres tengan que coger la perspectiva de las mujeres y las mujeres la de los hombres, todo el mundo tiene que hacer su trabajo y hacerlo de la mejor manera posible”, subraya.

Una de las opciones que cada vez es más popular entre las mujeres es apostar por la narrativa audiovisual. En la última edición de la World Press Photo hubo sólo un 16 % de fotoperiodistas mujeres que participaron en las categorías fotográficas, pero hubo paridad en la narrativa audiovisual. Para poner un ejemplo, el primer premio de la categoría “Innovative Storytelling” lo ganaron tres mujeres (la fotógrafa Lynsey Addario, la periodista Aryn Baker y la vídeo productora Francesca Trianni) con “Finding Home”.

Debido a que la industria fotográfica está monopolizada por hombres, y también porque suelen interesarse por otras formas de contar historias, las mujeres están intentando encontrar su propio espacio. Incluso la editora gráfica de la Revista 5W, Anna Surinyach, reconoce que tiene que hacer un esfuerzo para contar con mujeres fotógrafas en los contenidos de la revista. En ese sentido, en World Press Photo las narradoras visuales suelen participar en categorías como naturaleza, historias a largo plazo y retratos, elección que se ha visto reflejada en las cinco fotógrafas premiadas —Ami Vitale, Anna Boyiazis, Heba Khamis, Carla Kogelman y Tatiana Vinogradova—.


'My Beloved Broken Home' proyecto de Carole Alfarah sobre la guerra de Siria.CAROLE ALFARAH

Saliendo de la World Press Photo, el trabajo de la fotógrafa miembro de Women Photograph Carole Alfarah (Damasco, 1981) es un ejemplo de cómo se puede contar el conflicto en Siria desde una perspectiva sensible, humanista y arrolladora, escapando de la primera línea de la batalla y adentrándose en las heridas de una guerra que no acaba y que sucede en su propio hogar. Su trabajo, que podemos ver en “My Beloved Broken Home”, se escapa de la narrativa imperante que ha sido impuesta por los reporteros extranjeros, y da una visión mucho más íntima de un conflicto que ha causado más de 500.000 muertes en su país natal.



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