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Defender Europa de la barbarie

ARTE EL SALTO

“Europa nunca ha sido más rica de lo que es ahora. Tampoco ha sido nunca más desigual. Diez años después de que estallara una crisis financiera que nuestros pueblos nunca debieron pagar, hoy constatamos que los gobernantes europeos han condenado a nuestros pueblos a una década perdida”. Declaración de Lisboa.


Do El Salto, 26 de Julho, 2018
Por DINA BOUSSELHAM, RESPONSABLE DEL ÁREA DE MIGRACIONES EN PODEMOS.


“Fronteras abiertas en Europa se traduce en una mayor competición por trabajos mal pagados". No, no lo dice Le Pen. Tampoco Macron. Es una de las frases que circulan en redes a través de un documento titulado Tierra justa y que se le atribuye al incipiente movimiento liderado por la copresidenta del grupo parlamentario del partido de izquierdas Die Linke, Sahra Wagenknecht.

Cuando el debate sobre la identidad nacional desde sectores progresistas en un país como Alemania comienza a leerse en estos términos, quiere decir que urge más que nunca poner encima de la mesa un proyecto popular y democrático para organizar la defensa de nuestros derechos sociales —pero también civiles y políticos— y la soberanía de nuestros pueblos frente a los que agitan banderas del odio y de la exclusión.
Si algo ha sabido hacer bien la (extrema) derecha en Europa es garantizar a amplios sectores de la población un cierto orden social basado en la seguridad -generando certezas- de que con ellos las cosas irán bien a la vez que señalaban mediante el uso del miedo, a unos 'otros' que pondrían en peligro ese orden social. El miedo es un mecanismo hormonal que se activa en la amígdala central produciendo una reacción anestésica que prepara al sujeto para afrontar el peligro. Al miedo se le considera una especie de instinto animal, un mecanismo básico de supervivencia. El peligro de que te quiten tu trabajo; de que tus hijos tengan que ir a clase con musulmanes con velo; el miedo de que se acabe con los valores y principios “tradicionales”; el peligro de que la vida como tu la imaginas se desmorone. Miedo, incertidumbre, desesperanza, peligro.

Frente a eso, la respuesta de quienes defendemos la democracia y una Europa justa, solidaria y plural, no podemos caer en la trampa de cuestionar la llegada o no de migrantes. El problema no es que Europa esté viviendo una terrible 'crisis humanitaria'. El problema es que nadie está siendo capaz de explicar que la identidad europea es diversa, y no pasa nada. Que el problema no es el negro, la latina o el moro que vive en España, Francia o Holanda —que por cierto son/somos españoles, franceses y holandeses—. El problema es que el proyecto europeo y la alianza Paris-Berlin, pasando por Bruselas, se ha traducido en precarizar las condiciones de vida y de trabajo del 99% mientras ellos nos robaban. Nos quitaron derechos sociales, conquistas que supusieron mucho esfuerzo para quienes pelearon por un sistema de bienestar que ofrecía garantías a la población.
El problema es que el proyecto europeo y la alianza Paris-Berlin, pasando por Bruselas, se ha traducido en precarizar las condiciones de vida y de trabajo del 99% mientras ellos nos robaban

La crisis económica de los últimos años ha servido precisamente para desmantelar lo público y para rebajar unas expectativas de vida asociadas a amplias capas de la población (el factor aspiracional explica bien todo esto) frustrando nuestros deseos y anhelos. El problema en definitiva no es señalar la diversidad como elemento de disputa y de cierre hacia dentro, como hace Le Pen, ni tampoco el de caer en la trampa de fagocitar el “mercado” de la diversidad. Se trata de normalizar una identidad histórica que lleva tiempo desarrollándose y a la que no podemos dar la espalda porque somos parte de ella. Cuando en España se habla de Averroes como “un árabe” o “un extranjero” y de Maimónides como un judío, quiere decir que debemos repensar la identidad española, que indudablemente nos conduce a reconocer que Averroes y Maimónides eran ante todo cordobeses, nacidos en Córdoba, ¿o es que Séneca era romano? Al igual que hoy Ozil es alemán, nacido en Gelsenkirchen, u Omar Sy es francés, nacido en Yvelines.

Volviendo al tema, el diagnóstico y análisis que trajo Podemos en 2015 iba en esta dirección, hablando de un proyecto de país inclusivo, anteponiendo al miedo la esperanza y la ilusión por el cambio. La esperanza por volver a recuperar lo que nos habían robado. La ilusión por un nuevo orden que no dejara a nadie atrás. Hoy esa esperanza y esa ilusión se han convertido en una digna-rabia que debe ser capaz de defender Europa de la barbarie. Acabar con la lucha “del hombre contra el hombre” (y del hombre contra la mujer); volver a generar certezas y un horizonte de cambio cimentado -esta vez sí- sobre una idea de Europa que entienda que en el siglo XXI nuestras identidades son plurales, y ahí radica la belleza y la riqueza de esta nuestra tierra. Es paradójico que el lema actual de la UE sea “Unida en la diversidad” mientras nos obligan a “unirnos en la desigualdad”.

Es la hora de los pueblos, de que tomemos las riendas de nuestro propio destino y nos juntemos para combatir a quienes llevan tiempo saqueando nuestras instituciones, saqueando nuestros recursos y condenándonos a odiarnos y a pelearnos los últimos contra los penúltimos. Yo quiero un futuro digno para todas, tener un salario digno, poder acceder a una vivienda, poder llevar a mis hijos a una escuela pública, tener un buen sistema de salud público, tener garantizada una pensión digna, tener garantizada una vida que me permita ser feliz. Yo, mi familia...y Europa. Ni más ni menos.

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