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Ramón Grosfoguel: “Si te posicionas del lado del Estado españolista, no te quejes”


Ramón Grosfoguel, profesor del Departamento de Estudios Étnicos de la Universidad de Berkeley. Fotografía de Cristofer Vargas.

El profesor Ramón Grosfoguel considera que Podemos es “la violación del derecho de autodeterminación y lo opuesto a la soberanía de los pueblos”.

Ramón Grosfoguel, profesor del Departamento de Estudios Étnicos de la Universidad de Berkeley. Fotografía de Cristofer Vargas.


Do El Alto, 27 de Maio, 2018
Por FEDERICO GIORDANO MEDEROS


Ramón Grosfoguel (Puerto Rico, 1956), profesor del Departamento de Estudios Étnicos de la Universidad de Berkeley, está considerado uno de los máximos referentes ideológicos dentro de la teoría decolonial. Su voz ha resonado con fuerza dentro de los foros de la izquierda en el Estado español en el último año debido a la contundencia con que ha argumentado en contra de la posición tomada por Podemos en referencia al Procés catalán. Sus vídeos, en particular una discusión mantenida con Juan Carlos Monedero, se han convertido en virales. Nos encontramos con él en una céntrica cafetería de A Coruña para conversar acerca del Procés y de las consecuencias que este ha acarreado.

Usted ha definido en diferentes ocasiones al Estado español como un Estado imperialista-colonial. En este sentido, ¿podemos considerar el proceso de autodeterminación del pueblo catalán como un proyecto decolonial?
Como un proyecto anticolonial definitivamente. Decolonial no sé, no estoy seguro, porque lo decolonial ya plantea muchas otras cosas. Plantea un cambio epistemológico en el proyecto político que te estás planteando. Yo no creo que todo el independentismo catalán se plantee la creación de una República en el sentido indígena plurinacional o en el sentido kurdo confederal. Es decir, donde el Estado no sea el Estado-nación de una nación, una identidad, una población que corresponde a esa identidad. Eso es una gran ficción, no existe en ninguna parte del mundo. Y no creo que todo el mundo, ni siquiera la mayoría, se esté planteando eso.

Eso está planteado en grupos como la CUP, la gente de la izquierda más radical independentista catalana. Una República que sea antisistémica, que no solo sea anticapitalista sino también antipatriarcal, antirracista, anticolonial, que no sea imperialista, que mire hacia el Sur y que no sea otra república más dentro de la Unión Europea... Hay propuestas muy interesantes que vienen de los grupos más radicales.
Ya no es suficiente con ser simplemente república anticapitalista porque no estamos hablando solamente de un sistema económico, estamos hablando de una civilización-mundo que nace de la expansión colonial europea

Y la idea de descolonizar el concepto de Estado-nación, el concepto de República, de romper con esa ficción de un Estado-una nación-una población que ha creado más problemas que soluciones. Es la forma de autoridad política por excelencia de la Modernidad occidental, que lo que hace es crear estructuras de dominación, de exclusión , etc.

Lo que ha pasado con los movimientos de liberación nacional del siglo XX ha sido que fueron anticoloniales-anti-imperialistas, pero no decoloniales en su pensamiento. Por tanto, han hecho luchas de liberación que han derrotado el poder colonial-imperialista, pero no han logrado construir otra cosa nueva porque en el chip mental siguen con los paradigmas eurocéntricos reproduciendo otra vez todos los esquemas y todas las estructuras contra las cuales estaban luchando. Una de ellas es esto del Estado-nación, que es una estructura muy problemática.

La otra cuestión es el concepto mismo de República. Ya no es suficiente con ser simplemente república anticapitalista porque no estamos hablando solamente de un sistema económico, estamos hablando de una civilización-mundo que nace de la expansión colonial europea, y que hoy es una civilización planetaria, ya no existen otras civilizaciones alternativas. Estamos todos adentro de esta civilización planetaria, el mecanismo usado ha sido el colonialismo, a través del colonialismo lograron destruir todas las otras civilizaciones e incorporar a esta en todo el planeta. Estamos en una civilización de muerte por la destrucción, no solamente de seres humano, sino de la vida en su sentido más general, por el desastre ecológico que tiene una civilización que opera con la cosmología cartesiana del mundo, que es una cosmología dualista.


Ya no es suficiente con ser República anticapitalista como diría mucha gente en la CUP, hay que pensar una República antisistémica que aborde todos los ejes de dominación de esta civilización-mundo

Toda tecnología tiene cosmología, por tanto toda tecnología que se ha construido en el sistema-mundo en los últimos cuatrocientos años ha sido del tipo dualista-cartesiana, es decir donde no se concibe la reproducción de la vida sino la destrucción. Si pones en una exterioridad la naturaleza y otras formas de la vida humana ontológicamente duales, entonces no te preocupas por destruir estas formas de vida porque se supone que no afectan a la vida humana. Pero en realidad estas cosas están imbricadas, por tanto lo que ocurre es que desarrollas tecnología destructiva de la vida, y el desastre ecológico tiene todo que ver con eso. No es solamente que el capitalismo es un aparato voraz de acumulación de capital y ganancias que se lleva todo por el medio, es que además opera con una cosmología dualista-cartesiana que es destructiva de la vida.

Digo esto porque ya no es suficiente con ser República anticapitalista como diría mucha gente en la CUP, hay que pensar una República antisistémica que aborde todos los ejes de dominación de esta civilización-mundo, que yo le llamo un sistema-mundo capitalista/patriarcal occidentalocéntrico/ cristianocéntrico moderno/colonial. Uso esa frase larga a riesgo de sonar ridículo precisamente para nombrar todo lo que está en juego, que no es solamente un sistema económico, sino muchas otras cosas. Y que ese sistema económico ya está organizado desde adentro no como superestructura, sino como constitutivo de la acumulación de capital por todas las lógicas de la Modernidad occidental, patriarcales, cristrianocéntricas, racistas, eurocéntricas, cartesianas, etc. Por eso el capitalismo es tan destructivo de la vida, es ecologicida, es genocida, es epistemicida; porque está organizado desde adentro con lógicas civilizatorias de la Modernidad. Y para eso hay que pensar en un proyecto político de cara a, por ejemplo, la lucha en Catalunya, que tome en cuenta todos los ejes de dominación y que nos descolonicemos de los paradigmas que han formado la manera de pensar. Autoridad política, economía, la forma de relación entre la vida humana y otras formas de vida, todo, hay que hacer una descolonización de todo eso.

En uno de sus vídeos usted ha asegurado que en octubre del año pasado se dio en Catalunya un momento de oportunidad que se perdió, pero que momentos como estos generan una nueva subjetividad, una nueva verdad, que se debe transformar en una nueva respuesta política. ¿Cree que las fuerzas catalanas están siendo capaces de articular una respuesta política acorde a esta nueva realidad?
Lo que ocurrió el 1-O y el 3-O en Catalunya es lo que el filósofo Alain Badiou llamaría el acontecimiento, o Walter Benjamin el tiempo mesiánico, o los indígenas quechuas el Pachakuti. Todos estos conceptos están nombrando la irrupción de algo inesperado en una situación. La situación tiene una lógica de reproducción monótona-continua, y de momento irrumpe un movimiento social que nadie se esperaba y hay un levantamiento , y hay una cosa que ocurre que era totalmente impensada por la lógica de la situación. Esos acontecimientos siempre son efímeros, nunca son duraderos.

Para ponerte ejemplos, el caracazo en Venezuela fue un acontecimiento efímero, un levantamiento popular contra el austericidio del FMI en 1989, que pudo haberse quedado como una cosa anecdótica si no se le daba respuesta política al acontecimiento de acuerdo a la nueva subjetividad que se produce en el acontecimiento que marca un antes y un después, ya que la gente ya no está subjetivamente donde estaba antes. Ocurre algo donde la gente hace una ruptura en su subjetividad y ya no vuelve al punto en el que estaba.

Los acontecimientos, si no se les da respuesta política, se quedan en algo anecdótico a pesar de que la gente cambie su subjetividad, porque si no se traduce en un nuevo discurso político que dé cuenta de la nueva verdad que emerge del acontecimiento, este se desvanece y queda como algo anecdótico en la historia. Lo que hace que el acontecimiento tome vida es si hay un movimiento político que articula un discurso de acuerdo a la nueva verdad y a la nueva subjetividad. Eso fue Hugo Chávez para el caracazo. Y fíjate que la respuesta al acontecimiento no ocurre necesariamente un mes después, usualmente toma años, osea que al ciclo político que inicia un acontecimiento no necesariamente se le va a dar respuesta un año después. Hugo Chávez tomó nueve años. O el caso de la guerra del agua en Bolivia, que fue un acontecimiento que tuvo como respuesta política a Evo Morales y el MAS. En el caso de Argentina, con el que se vayan todos y el corralito, la respuesta política fue el kirchnerismo. En el caso de Ecuador el acontecimiento fue la caída del presidente Gutiérrez con el levantamiento indígena en Quito, y la respuesta fue el Movimiento Ciudadano de Correa.

Podemos hizo una lectura muy parecida, porque son latinoamericanistas que estudiaron con Heriberto Cairo e hicieron tesis doctorales donde trabajaron América Latina, y entendieron esto. Cuando vino el 15M ellos la pregunta que se hicieron fue “¿de qué es la respuesta política el 15M?”, porque el acontecimiento fue el 15M, que fue efímero como cualquier acontecimiento, pero que produjo un cambio en la subjetividad de la gente que participó. Entonces ellos, al darle respuesta al acontecimiento, producen un nuevo discurso político que da cuenta de eso y que atrae a millones de personas que fueron afectadas por el acontecimiento, personas cuya subjetividad estaba ya en otro lado. Ellos le hablaron a esa gente, pero ese ciclo se agotó. Y se agotó en gran medida porque ellos dejaron de ser fieles al acontecimiento, se convirtieron en un partido del régimen.


Todo el lenguaje de la casta, del no somos ni de izquierdas ni de derechas, articuló un sentir de una nueva subjetividad que nace del acontecimiento del 15M

Comenzaron como un partido contra el régimen, abandonaron ese discurso, y trataron de repetir el modelo de ocupar el espacio del PSOE dentro del régimen. Al hacer eso tuvieron que abandonar todo el nuevo discurso político, que era muy creativo e innovador, por el cual generaron tanta ilusión al principio y tuvieron tanto éxito. Porque todo el lenguaje de la casta, del no somos ni de izquierdas ni de derechas, articuló un sentir de una nueva subjetividad que nace del acontecimiento del 15M. Pero luego abandonaron todo eso, lo dejaron de lado, porque se metieron en la realpolitik y en el pragmatismo de ver cómo ocupaban el puesto del PSOE, y ahí se cerró el ciclo. El ciclo tuvo vida mientras el discurso de Podemos daba cuenta de la nueva subjetividad del acontecimiento.

El concepto de plurinacionalidad de Podemos es realmente el de multiculturalismo liberal. Yo reconozco tu identidad, te doy migajas para que brinques y saltes en tu carnaval, pero no cuestiones quién decide aquí



La pregunta es de qué es respuesta el 1-O y el 3-O, y lo lanzo como provocación y porque sería interesante abrir un debate sobre esto. Ahí ocurrió algo inesperado por la lógica de la reproducción de la situación estructural, y es que apareció un pueblo a defender su soberanía, el derecho a decidir. Un pueblo que no estaba defendiendo las urnas y preguntándole al otro “¿tú qué vas a votar? ”. No importaba lo que se iba a votar, allí se estaba defendiendo el derecho de la nación catalana a decidir su destino. Y había miles de no independentistas que con sus cuerpos defendieron ese derecho a votar.

La figura de Albano Dante Fachín es una figura muy interesante que nace del acontecimiento y que sin ser independentista es consecuentemente soberanista. No en el sentido de Podemos, porque Podemos no cree realmente en la soberanía de los pueblos ni cree en lo plurinacional como lo conciben los indígenas latinoamericanos que implica un diálogo horizontal entre nación y nación, sino que el concepto de plurinacionalidad de Podemos es realmente el de multiculturalismo liberal. Yo reconozco tu identidad, te doy migajas para que brinques y saltes en tu carnaval, pero no cuestiones quién decide aquí.

Aquí la soberanía la sigue teniendo el Estado imperial-colonial español, tú puedes decidir en tu referéndum cómo te quedas dentro del Estado. ¿Qué derecho de autodeterminación es ése si ya la izquierda españolista te está condicionando las opciones que puedes votar? Es realmente una burla, y es la reproducción de un discurso imperialista-colonial pero desde la izquierda españolista.
Hay una nueva subjetividad que tiene una visión crítica tanto del régimen del 78 y de España como de Europa, que no necesariamente son independentistas

Entonces nace un nuevo sujeto político que son los soberanistas catalanes que no son independentistas, por lo que el discurso político tiene que dar cuenta del acontecimiento porque hay una nueva subjetividad y una nueva verdad. La gente ya no está donde estaba el 30 de septiembre, la gente está en post 1-O. ¿Eso qué quiere decir? Que el cuento de España y de la democracia del régimen del 78 se acabó, ya nadie cree en eso después de lo que vivieron. El cuento de la Europa cuna de derechos civiles y democráticos que los iba a defender frente a España se fue a la basura. Hay una nueva subjetividad que tiene una visión crítica tanto del régimen del 78 y de España como de Europa, que no necesariamente son independentistas. Incluso independentistas que se creían que Europa los iba a venir a defender ya no se creen eso. Hay un cambio en el chip mental que es muy importante.

Cuando estuve en las elecciones catalanas de diciembre, que me invitaron a participar en algunos actos con la CUP, yo no vi que actualizaran el discurso. Yo vi como si estuviéramos en las elecciones autonómicas de septiembre del 2015. Vi a todos los partidos y a todas las fuerzas repitiendo el mismo discurso de siempre. No vi a nadie que asumiera el discurso del acontecimiento excepto una persona, Albano Dante Fachín. Fue el único que yo vi, y cuando él hablaba le tocaba la fibra a todos los catalanes, la gente le aplaudía, porque estaba tocando algo del acontecimiento que les tocaba a todos, seas independentista o no.


Soberanía no es equivalente a ser independentista, soberanía es equivalente al derecho del pueblo a decidir, lo cual puede ser una solución federalista, confederalista, independentista, etc

De hecho, los independentistas le tienen un gran respeto a Albano Dante Fachín, además de todo ese pueblo que no es independentista pero que dio el salto al soberanismo. Federalistas, confederalistas, como tú quieras, pero que ya están fuera del régimen de las autonomías del 78. Esto es muy importante porque ahora creo que el discurso político de la izquierda soberanista catalana, y cuando digo soberanista ya no me refiero solamente al independentismo, tiene que de alguna manera dar cuenta del acontecimiento, y se tiene que producir un nuevo discurso y una nueva concepción de la soberanía.

Soberanía no es equivalente a ser independentista, soberanía es equivalente al derecho del pueblo a decidir, lo cual puede ser una solución federalista, confederalista, independentista, etc. Hay otras fórmulas para eso. Y, en ese sentido, creo que hay un potencial enorme para hacer un gran frente unido popular que integre tanto soberanistas independentistas como soberanistas federalistas.

Cuando digo esto no estoy hablando de Podemos, que quede claro, porque para mí Podemos es la violación del derecho de autodeterminación y es lo opuesto a la soberanía de los pueblos. Estoy hablando de otra cosa, estoy hablando de la gente que se salió de Podemos como Albano Dante Fachín, y de la gente que, aunque no estaban en Podemos, dieron el salto a la soberanía sin ser independentistas. Tengo muchas amistades en Catalunya que son así y que fueron con sus cuerpos a defender el derecho a votar. Aparecieron allí sin ser independentistas y, luego de lo que vivieron, no quieren saber de España. Y no necesariamente articulan un discurso independentista sino soberanista, federalista, etc. Y es gente que respeta.

Si se va a un referéndum y el pueblo catalán vota por la independencia, aunque ellos no sean independentistas apoyarían que esa es la decisión mayoritaria del pueblo y no se irían en contra como hacen estos de Podemos, que ni siquiera conciben eso como posibilidad de opción a votar. Ellos te condicionan a priori las posibilidades de votar. Así que yo no estoy hablando de los Comunes y estas cosas, estoy hablando de un federalismo soberano consecuente.

Entonces, vamos a mirar el caso de Córcega. Allí ahora mismo hay una coalición de soberanistas independentistas y soberanistas autonomistas (autonomistas en Francia no quiere decir el autonomismo de aquí, es lo que las Naciones Unidas reconocen como República autónoma), que gana tranquilamente las elecciones. Tienen una plataforma de lucha y demandas del pueblo corso, y están negociando con el Estado francés. Si se hiciera algo así en Catalunya sería muy potente porque el movimiento soberano tendría tranquilamente dos tercios de los votos. Si ya el independentismo tiene casi el 50% de los votos, tú le añades otro 15% u otro 20% y tendrían un poder enorme en términos de interpelación de la nación catalana, y les daría un gran respiro en términos de legitimidad. Sin embargo todavía no veo ese gesto. He hablado con individuos de la izquierda catalana que lo ven y que están por ahí, pero no veo todavía a ninguna organización haciendo este gesto. Albano intentó hacer algo para hacer unas coaliciones en está dirección, pero era muy prematuro porque todavía no estaba allí el discurso y le dijeron que no. ¿Y qué hizo él? Llamó a votar por los partidos independentistas sin ser independentista. ¿Por qué? Porque dijo “la única garantía que tenemos de un proceso constituyente soberano es votando al independentismo”. Digo esto porque por ahí va mi interpelación del caso catalán, que es un ejemplo de un caso en el que hubo un acontecimiento y la única manera de ser fiel al mismo es renovando el discurso político de acuerdo a esa nueva subjetividad.

Y si eso es así en Catalunya, imagínate en Galicia donde el movimiento independentista no tiene los números ni la fuerza para convocar grandes mayorías. Tienes que revisar el concepto de soberanía, tienes que ampliarlo para incluir gente como Albano Dante Fachín, que existen aquí en Galicia y que podrían perfectamente incorporarse a un proceso de ese tipo, pero para eso tienes que crear estructuras organizativas que no lleven el sello de una organización. Se tiene que empezar por hacer estructuras de frentes amplios donde quepa todo el soberanismo.


Lo otro que hay que hacer es que el soberanismo tiene que dejar de ser un discurso única y exclusivamente de identidad. Tiene que ser un discurso que asuma los problemas de un pueblo, y la soberanía se tiene que insertar en ese discurso para que soberanía signifique comer mejor. Que no sea celebrar solamente la lengua y la identidad, sino que tiene que ir más allá. Para que cale en los pueblos, para que sea un movimiento de soberanía popular, tiene que vincular la soberanía a el control sobre los recursos de una nación, sean energéticos, primarios, referentes al control de la autoridad política, los impuestos, etc. Tiene que ir sobre una serie de cosas que le muestren a la gente que tener más soberanía implica mejoras en su calidad de vida. Un discurso soberanista que se queda en la lengua, en la cultura, en la identidad, no le va a llegar a muchas personas, porque mucha gente no le ve el sentido al celebrar eso pero le ve sentido a mejorar su situación. Por eso tienes que hacer un discurso soberanista popular con un matiz social y no solamente identitario. Y no estoy diciendo que no sea importante defender la identidad, no estoy diciendo que se descarte eso, sino que tiene que estar acompañado de demandas sociales. Y yo no veo eso de una manera fuerte en los movimientos soberanistas gallegos. Hay intentos, hay esfuerzos, se puede ver en el discurso de Ana Pontón un intento de ir en esa dirección, pero todavía no lo ves como una cosa generalizada en el BNG, por ejemplo. O luego tienes lo opuesto, gente que atiende lo social pero abandona lo nacional, que es el caso de Anova, que se fueron por el lado de recuperar lo social en el planteamiento soberano y se olvidaron de lo soberano. Se olvidaron de la situación nacional gallega y terminaron de alguna manera de rabo de Podemos.

¿Qué lecciones deberían sacar los partidos soberanistas de las naciones periféricas de la respuesta que el Estado dio al movimiento catalán?
Esto es muy importante. Yo creo que hay que hacer un debate en todas las naciones sin Estado sobre qué significa soberanía popular después del 1-O y del artículo 155. Cualquier estrategia soberanista tiene que tener como centro una lucha transversal y horizontal entre las naciones sin Estado. Se demostró en Catalunya que los catalanes solos no pueden. Si se van a hacer ese tipo de luchas tiene que haber una coordinación con las naciones sin Estado donde tiene que haber o movimientos que surjan al mismo tiempo, parecidos, o al menos una solidaridad mejor organizada. Ahora mismo los catalanes se quedaron solos. Se demostró que solos no pueden, y esa es una de las lecciones que sacaría.

Tienes que hacer un trabajo que no sea el trabajo siempre folclórico donde en una mesa se reúnen un gallego, un vasco, un andaluz y un catalán que hablan sobre lo que pasa en su país, mostrando solidaridad cada uno con el otro, pero que luego al acabarse la mesa se van y no se hablan más hasta el próximo evento folclórico. Tiene que haber lazos organizativos de trabajo político, no se puede seguir en esa dispersión porque no va a funcionar. Ya se vio en Catalunya que, aún con ese movimiento de masas, solos no pudieron.

La segunda lección ya la mencioné, y tiene que ver con ese tema de cómo entiendes el soberanismo. Tienes que tener un concepto de soberanía que desborde el independentismo para que tengas de verdad una fuerza popular, sino se divide el movimiento.

Otra cosa es que tienes que romper con la encerrona donde te quiere encasillar el Estado españolista de que la República catalana lo que va a hacer es imponer el catalán a toda la gente que vive ahí. Tienes que salirte de ese encasillamiento en que te ponen. Si tú respondes a eso con un “pues sí, aquí la lengua es el catalán”, ya te encasillaste y te echas en contra a un montón de gente que está ahí, que son catalanes, que vienen de otros orígenes, y que el catalán no es su lengua. Tendrías que plantear un proyecto que esté más allá del Estado-nación, por eso este concepto es muy problemático porque entonces repites contra otra gente aquello contra lo cual estabas luchando. Tendrías que tener un proyecto, por ejemplo, de diversidad lingüística, donde en comunidades que quieran tener la escuela en castellano la puedan tener, o si la quieran tener en urdu porque hay comunidades pakistaníes en Barcelona la puedan tener. No puedes venir con el esquema de Estado-nación donde hay una nación, una lengua, y se uniformiza a todo el mundo como hace la República francesa. Si vas a hacer eso apaga la luz y vámonos, porque vas a hacerle a otra gente lo que ya te han hecho a ti. Ahí tienes que tener una forma de autoridad política que sea más plurinacional, no en el sentido de Podemos, sino en el sentido indígena, o una confederación de pueblos como los kurdos, algo así. Tienes que tener otro modelo de autoridad política que se desentienda de la noción de Estado.

En lo que refiere a las repercusiones que el proceso catalán está teniendo a nivel estatal, hay una gran preocupación en la izquierda por el ascenso en las encuestas de Ciudadanos ¿Por qué cree que la ciudadanía está escorándose a nivel estatal hacia la derecha? ¿Qué responsabilidad tienen los partidos pertenecientes a lo que usted define como izquierda españolista?
Creo que la manera en que Podemos intenta explicar el ascenso de la derecha y la pérdida de seguidores que han tenido es una cosa impresionante. Le echan la culpa a los catalanes. Lo que dicen es que ellos tienen un discurso que es el más racional, y así lo ha dicho Pablo Iglesias, mientras que los independentistas tienen un discurso irracional porque están demandando cosas que no son posibles y el Estado de España tiene un discurso anti derecho a que los catalanes decidan. Entonces, ellos dicen tener el discurso más racional que es el de hacer un referéndum legal. Pero, ¿qué pasa? Dicen que el discurso es el más racional, pero que no le llega a nadie, no emociona a nadie, no tiene afectividad con nadie. Porque, claro, los nacionalistas tiene sus símbolos de afectividad, y la gente del Estado español tienen sus símbolos de afectividad, y un discurso racional como el de ellos, que era el mejor de todos, no tuvo éxito. Eso es una manera de camuflajear sus propios problemas políticos, porque si quedaron donde quedaron en todo este proceso fue por no tener una posición clara.

En otras palabras, ¿por qué ellos quedaron donde quedaron en ese proceso? ¿Por qué la derecha terminó ocupando el espacio? Porque ellos se posicionaron con las posiciones del Estado españolista, de la derecha, contra el movimiento por el referéndum en Catalunya. Ellos coincidieron con Rajoy diciendo que era ilegal, que no se podía participar, y que no se debía reconocer, y llamaron a boicotear el referéndum. Y dijeron: “si yo fuera catalán, yo no votaría en ese referéndum”. Eso lo dijo Pablo Iglesias muchas veces. Perdóname, pero tú no eres catalán, cállate la boca y que los catalanes decidan lo que quieran decidir. ¿Que tú no eres independentista? Vale, no tienes que serlo, pero respeta que hay un acto de desobediencia civil (que es el primer acto realmente de masas que pone en cuestión el régimen del 78). Y en lugar de tú como izquierda vincularte, apoyarlo, participar, aunque sea como dijo Boaventura de Sousa Santos documentando la represión del Estado como observadores, te fuiste del lado del Estado español. Y eso tiene un coste político, tanto desde el punto de vista de los catalanes como desde el punto de vista del País Vasco o de Galicia. La ciudadanía ve esto y piensa que esta gente que tanto se llena la boca hablando del régimen del 78 y de que hay que acabar con él, cuando tuvo una oportunidad, mostró la careta de un partido de régimen. Son un partido del régimen del 78, lo mostraron de una vez por todas.


¿Para qué votar por la fotocopia, por la gente que está imitando? (…) Vota PP o Ciudadanos que son los originales, para qué vas a votar a Podemos si es la fotocopia



¿Eso qué hizo? Que mucha gente de las naciones sin Estado se desilusionara con el proyecto de Podemos, y que mucha gente dentro del Estado español los viera como inconsecuentes porque se quedaron en un limbo político. Si te posicionas del lado del Estado españolista, no te quejes si el PP y Ciudadanos capitalizan ese apoyo, porque tú estás reproduciendo un discurso imperial-colonial y estás siendo participe y cómplice de eso. En otras palabras, como dice el famoso fascista francés Jean-Marie Le Pen: “voten por el original, no por la fotocopia”. ¿Para qué votar por la fotocopia, por la gente que está imitando? Vota por nosotros que somos los originales. Vota PP o Ciudadanos que son los originales, para qué vas a votar a Podemos si es la fotocopia.

Te pusiste en el campo político del lado del régimen, y no te quejes si ahí pierdes la batalla, porque en ese terreno no tienes nada que ganar con un discurso de izquierdas. Te posicionaste con un discurso de derechas, luego no te quejes si los votos van para la derecha y no para ti, y no te quejes si ahora las naciones sin Estado están desilusionadas con tu proyecto, sobre todo en Catalunya donde los castigaron fuertemente en las elecciones.

Por último, ¿por qué el nacionalismo español no se ve a sí mismo como un nacionalismo sino que se considera neutral?
Porque cuando estás en una situación de privilegio hablas desde un no-lugar, desde una situación donde nadie te está oprimiendo por tu lengua, y no tienes que defender tu identidad, no es necesario porque tú estás en el poder. Entonces, como no tienes necesidad de hacer eso, pareciera que no hay nacionalismo españolista, pero cuando surgen situaciones de crisis como la catalana aparecen las banderas. En la cotidianidad, cuando esos momentos de acontecimientos de crisis no están, se guardan las banderas en los armarios porque no tienen que defender nada. Entonces, hablan desde un no-lugar, desde un uni-versalismo, como si los demás fueran los particularistas y su discurso fuese el universal.

Que eso lo haga la derecha, bueno, es entendible. Pero que lo hagan proyectos de izquierdas como Podemos o Izquierda Unida es una gran vergüenza porque se están localizando en el punto cero universalista de un discurso que aparenta no estar situado, pero que está hiper situado como nación opresora españolista. Y son ciegos a las represiones que generan, tanto de tipo nacional como de tipo racial, y no le dan siquiera importancia. Eso es lo que pasa, que el españolismo se caracteriza por ser un discurso que es ciego a su propio españolismo, es un nacionalismo que se camuflajea, pero tiene que ver con la posición de privilegio.

El que está en el privilegio no tiene que defender su identidad, ¿para qué? Si ya es dominante. El que defiende su identidad es el que está abajo, el que está siendo oprimido. El que está arriba la deconstruye todo lo que quiera porque está tranquilo en el poder, nadie le está cuestionando su lengua, su identidad, nada. Entonces vienen con esa cara de “yo no fui” a decirnos que aquí nadie es nacionalista español, que eso no existe. Y ese es el peor de los nacionalismos, el que no sabe cuan nacionalista es. Son chovinistas imperalistas-coloniales. No se dan cuenta, pero eso es lo que son.

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