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Multipolaridad y la nueva ruta de la seda



Do Rebelión, 25 de Janeiro, 2018
Guillermo Oglietti, CELAG



Este lunes 22 de enero se realizó, en Santiago de Chile, la II Reunión Ministerial del Foro China-CELAC, a la que asistió el canciller Wang Yi. Este foro fue lanzado en 2014 por el propio presidente chino, Xi Jinping, y su primera reunión ministerial de cancilleres se llevó a cabo en el 2015. El foro es uno de los componentes institucionales con el que China extiende a Latinoamérica su estrategia de vinculación global llamada “la franja económica de la ruta de la seda” o “la Franja y la Ruta”. Este proyecto se inspira en la antigua ruta que tendía lazos comerciales entre China y Europa, pero se amplía sumando más aspectos que los comerciales, especialmente en el ámbito cultural y político, y más regiones que las originales, incluyendo Latinoamérica.

La presencia geopolítica de China en América Latina era prácticamente insignificante hasta el inicio de este siglo. Sin embargo, a partir del año 2000, los presidentes latinoamericanos empezaron a visitar con más frecuencia Pekín que Washington y, en contrapartida, las visitas del presidente Chino, Hu Jintao, a Latinoamérica, fueron más frecuentes que las del presidente norteamericano.[1]La prensa occidental y los think tanks conservadores, junto a las fuerzas armadas de EE.UU., interpretan la creciente presencia china como una amenaza amarilla y agitan las banderas del colonialismo chino a pesar de que la política exterior de este país hacia la región, tanto en su retórica como en su implementación, ha sido muy cuidadosa tanto en la forma como en el fondo. Existe consenso de que la política china en Latinoamérica, habitualmente considerada el patio trasero de EE.UU., ha sido muy precavida de no alentar los recelos del gobierno norteamericano.[2] De hecho, podría decirse que el avance de la influencia geopolítica china en la región, acompaña con bastante rezago su penetración económica. Actualmente, China es el primer o segundo socio comercial de cada uno de los países latinoamericanos, la inversión extranjera directa de China, pasó de un monto promedio anual de USD 1.357 millones entre 2001-2009 a 10.817 millones promedio en 2010-2016, por lo que la participación ponderada relativa de la inversión extranjera directa china subió desde 1.67 % a 6.30 %[3] de la inversión regional y destaca el despliegue de instituciones financieras chinas en toda la región, vinculadas a la banca del desarrollo y las finanzas privadas.

Un hito en la geopolítica latinoamericana se produjo con los “Diálogos estratégicos entre EE.UU. y China sobre Latinoamérica” que tuvieron lugar desde 2006 con la administración Obama, porque EE.UU. le brindó un trato igualitario a la potencia asiática y reconoció la legitimidad de sus intereses en la región. EE.UU. abrió su interpretación de la doctrina Monroe y dejó de considerar la presencia de una potencia extranjera en la región como una amenaza.[4]

De todos modos, el mundo multipolar –que está en plena construcción- abre nuevas oportunidades para la región. La estrategia china de inserción internacional está más basada en la búsqueda del interés común y el mutuo respeto, que en la codicia típica de los países hegemónicos que han visitado nuestras tierras. El ascenso geopolítico de China en Latinoamérica, a la que respetuosamente califica como “maravillosa tierra llena de vitalidad y esperanza”[5] contrasta con el desprecio general de los gobiernos norteamericanos (entres los que destaca el de Trump, que llamó a las naciones de la región “países de mierda” entre muchas otras declaraciones que revelan su animosidad). En efecto, las políticas de EE.UU. y sus seguidores hacia la región no han contribuido a su desarrollo, sino todo lo contrario, como lo retrata fielmente Ha Joon Chang en su libro Malos Samaritanos(2008).

Durante el gobierno de Xi Jinping la distancia entre la influencia económica y la influencia geopolítica de China en la región parecen estar estrechándose a pasos de gigante y esto se relaciona con las iniciativas de la administración Xi en temas de relaciones internacionales. Xi Jinping continúa la línea estratégica de su política internacional, basada en los Cinco Principios de Coexistencia Pacífica: respeto mutuo a la soberanía e integridad territorial, no agresión mutua, no intervención en los asuntos internos de otros países, igualdad y beneficio mutuo y coexistencia pacífica. También propone cinco pilares para configurar sus relaciones con Latinoamérica: las relaciones políticas de sinceridad y confianza mutua, las relaciones económico-comerciales de cooperación y ganancia compartida, las relaciones culturales y humanísticas de aprendizaje recíproco, las relaciones de estrecha coordinación en el plano internacional y la cooperación en conjunto. Bien podríamos definir este decálogo de principios de política internacional china como el antidecálogo o el antónimo de los principios que en la práctica rigen la política exterior hacia Latinoamérica por parte de EE.UU. y sus seguidores.

El foro China CELAC, ha generado en tiempo vertiginoso un sinnúmero de interacciones aplicando en Plan de Cooperación 2015-2019,[6] por lo que algunos lo denominan “el Plan Marshall chino”. El Canciller Wang Yi transmitió a los países de la región que “China está dispuesta a seguir tomándolos como socios prioritarios e importantes” y que “profundizará la cooperación con éstos en el marco del FCC y la construcción conjunta de la Franja y la Ruta en procura del desarrollo compartido, con apego a los principios de respeto mutuo, consultas en pie de igualdad y beneficio recíproco.”

Los biólogos evolucionistas afirman que cuando las especies se vuelven demasiado egoístas siembran las bases de su propia extinción. En este sentido, la política exterior de EE.UU. hacia la región es una especie de franquicia, tiene una orientación dirigida por los intereses económicos de sus corporaciones, que ha generado un vacío en términos de liderazgo, lo que explica el crecimiento acelerado de la influencia china, que se apoya en una estrategia diplomática basada en el beneficio mutuo, en un respetuoso ganar-ganar. La multipolaridad es una fuente de oportunidades para la región, que debe procurar aprovecharla para impulsar su desarrollo e independencia económica.

Notas:

[1] Paz, G.S. Rising China’s ‘Offensive’ in Latin America and the U.S. Reaction. Asian Perspective, vol. 30, no. 4, 2006, pp. 95–112.

[2] Paz, G. S. (2012). China, United States and Hegemonic challenge in Latin America: an overview and some lessons from previous instances of hegemonic challenge in the region. The China Quarterly, 209, 18-34. ISO 690.

[3] Velásquez, S.O. (2017). Inversión Extranjera Directa de China en América Latina y el Caribe, aspectos metodológicos y tendencias durante 2001-2016. Economía Informa, 406, 4-17.

[4] Dennon, B.D.H. (2017) “China, The United States, and the Future of Latin America: U.S.-China Relations”. NYU Press.

[5] Libro Blanco (2016) sobre las relaciones diplomáticas entre China y Latinoamérica.

[6] http://www.chinacelacforum.org/esp/zywj_4/t1230945.htm

Guillermo Oglietti, @GOglietti , investigador CELAG.

Fuente: http://www.celag.org/foro-china-celac-multipolaridad-la-nueva-ruta-la-seda/

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