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La sequía da frutos en la región del Semiárido brasileño

Do Rebelión, 08 de Novembro, 2017



El campesino João Afonso, entre sus sandias y otras plantas forrajeras, en su finca en el municipio de Canudos, en el estado de Bahia, en la ecorregión del Semiárido de Brasil. Gracias al manejo del agua y de la tierra, las sequías dejaron de castigarle a él, a sus cultivos y a sus animales. Crédito: Gonzalo Gaudenzi/IPS

CANUDOS, Brasil, 1 nov 2017 (IPS) - Campos verdes irrigados de viñedos y otros monocultivos, conviven en la ecorregión del Semiárido, en el nordeste de Brasil, con secas planicies salpicadas de cactus floridos y cultivos nativos campesinos. Dos modelos de desarrollo en pugna, con frutos muy diferentes.

En las 17 hectáreas de la finca de João Afonso Almeida, en Canudos, en el estado de Bahia, maduran hortalizas, sorgo, maracuyá (Passiflora edulis), palma, cítricos y plantas forrajeras.

Entre los surcos, crecen plantas cactáceas para alimentar a sus cabras y ovejas, como guandú, sandía forrajera, leucaena y mandacurú (Cereus jamacaru).

La tierra es seca y polvorienta en la Caatinga, un bioma exclusivo del Semiárido, donde las sequías pueden prolongarse por años, alternadas con períodos de precipitaciones anuales de 200 a 800 milímetros, junto con altos índices de evaporación.

Pero gracias a simples técnicas de almacenamiento de agua cuando llueve, Almeida consiguió a convivir armoniosamente con su tierra natal.

“Esto es una captación de agua ‘calçadão’(terraplén)”, contó a IPS mostrando una cisterna instalada con ayuda del Instituto Regional de la Pequeña Agropecuaria Apropiada (IRPAA) que forma parte del movimiento de la Articulación con el Semiárido (ASA), junto a otras 3.000 organizaciones sociales.

“El agua llega aquí, va para la cisterna-calçadão que tiene capacidad para almacenar 52.000 litros. La usamos para regar la huerta. Es una renta para las familias”, agregó.

Para consumo propio tiene una cisterna de 16.000 litros que recibe agua de lluvia en el techo de su casa a través de canaletas y tuberías.

ASA instaló en el Semiárido un millón de cisternas para consumo familiar y 250.000 para pequeñas instalaciones agropecuarias.

Almeida usa otra cisterna “enxurrada”, de torrente, y un sistema de riego para sus cítricos, que por una estrecha tubería moja las raíces sin desperdiciar agua. Además opta por las plantas de la Caatinga que se adaptan naturalmente a sus condiciones climáticas y del suelo.

“Mejoró mucho la producción, trabajamos menos y hay mejores resultados. Además conservamos la Caatinga. Yo creí en esto porque mucha gente no cree, y gracias a Dios ya van tres años de sequía y dormimos tranquilos”, celebró.

Antes, las sequías mataban. Entre 1979 y 1983 hubo una que causó hasta un millón de muertos, y se produjeron éxodos masivos a las grandes ciudades por sed y por hambre.

“El rancho (granja) quedaba lejos del agua. Había que recorrer dos o tres kilómetros, salir temprano con baldes”, recordó.

Las sequías no terminaron pero ya no producen muertes entre los campesinos del Semiárido, donde viven más de 23 millones de los 208 millones de habitantes de Brasil.

Fue gracias a la estrategia de “convivencia con el Semiárido”, impulsada por ASA, en contraposición a las históricas políticas de la “industria de la sequía”, que explotaron esa tragedia, cobrando precios altos por el recurso o canjeando votos, distribuyendo agua en camiones cisterna.