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Cacería en el Sahel: Níger

Do Rebelión, 10 de Outubro, 2017


Una emboscada, que podríamos definir como menor, sin grandes objetivos, que nunca alcanzarían a ser tema de la prensa internacional, de haberse desarrollado en otros frentes de conflicto, puso al descubierto la presencia cada vez más importante de tropas norteamericanas en el Sahel nigerino.

Tres miembros del norteamericano SOC África-(Comando de Operaciones Especiales para África) y otros cinco soldados de poderoso Batallón Nigerino de Seguridad e Inteligencia (BSR), con base en Ouallam, a unos 100 kilómetros de Niamey, la capital de Níger, murieron el último miércoles, tras ser emboscados en la región suroccidental de Tillabery, próxima a la frontera con Mali, por un grupo que se transportaba en unos diez vehículos y veintena de motocicletas.

El ataque fue reivindicado por Jamaat al-Nasr Islam wa al-muminin (Grupo para la victoria del Islam y de los fieles), o Nusrat al-Islam, la coalición conformada en abril último por un conglomerado de grupos terroristas que operan en la región, entre ellos al- Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) o al-Murabitun (Los que firman con sangre), el Khatiba Macina (Frente de Liberación Macina), que juraron lealtad a al-Qaeda, global. Dejó además otros dos comandos norteamericanos y un número no especificado de soldados nigerinos heridos. Se considera que las bajas podrían ser más, ya que entre siete y ocho soldados nigerinos han desaparecido en el terreno, aunque fuentes francesas mencionan la posibilidad de que pudieran haber caído en manos del grupo atacante. Mientras los americanos heridos fueron trasladados de inmediato a Alemania, los soldados africanos han sido atendidos en centros sanitarios locales.

El ataque se produjo contra un comboy de cinco vehículos militares que trasportaba una treintena de efectivos, ocho de ellos norteamericanos. La proximidad entre ambos bandos durante el combate impidió el accionar de una nave Mirage francesa que se presentó para repeler el ataque de los terroristas. Finalizado el enfrentamiento se iniciaron operaciones de rastrillaje por tierra y aire, en procura de los atacantes que al parecer no dio resultados.

Las bajas norteamericanas son las primeras que se producen, o que se conocen, en esa región, desde que el Pentágono ordenó el envío de 650 militares para cumplir operaciones antiterroristas, en ese sector caliente del Sahel entre el norte de Mali y Níger.

Hasta ahora se sabía que la presencia de tropas norteamericanas, cerca de un millar, solo estaban destinadas para el entrenamiento de los militares nigerinos y brindar protección a la construcción de una base de drones a las afueras de la ciudad de Agadez, con una inversión de 100 millones de dólares, pronta a ser inaugurada, que controlará las operaciones de vigilancia en Malí. Además de desplegar una cuadrilla de aviones de combate MQ-1 y MQ-9 Reaper. Se calcula que en el continente el Pentágono tiene distribuidos casi 2 mil miembros del SOC, que actúan en “zonas grises”, (regiones donde la diferencia entre la paz y la guerra son muy confusas), esto sin contar los 4 mil efectivos que tiene dispuestos en Djibouti, la única base legal en el continente.

Níger, hasta ahora, es el único país en esa parte del continente que ha cedido parte de su territorio para la instalación de una base de la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Los planes del Pentágono son de seguir intensificando la presencia norteamericana en el continente africano, no para combatir al terrorismo integrista, sino para intentar contener a un enemigo mucho más poderoso y letal, que desde hace décadas y de manera constante aumenta su influencia económica y política en el continente: China.

Fuerzas norteamericanas también se encuentran desplegadas en Mali para colaborar con el ejército de ese país y la Operación Serval, de las fuerzas armadas francesas, para combatir la presencia de grupos vinculados tanto a al-Qaeda y el Daesh. Tras los episodios de abril de 2012, cuando la nación Tuareg, aprovechando una crisis política de Bamako, se levantó en búsqueda de conseguir la independencia de su ancestral territorio de Azawad, el que fue cooptado finalmente por miembros de AQMI, dando así a Francia la oportunidad de intervenir con la operación Barkhane a la que le continuó en 2013 la Serval, todavía en desarrollo.

Es importante señalar que esos territorios de indiscutible pertenencia tuareg, no solo en Mali, sino también los que reclama en Níger que a lo largo de una frontera común de 840 kilómetros, se concentra uno de los mayores depósitos de uranio del mundo, quinto en producción mundial. En la actualidad el uranio de la localidad nigerina de Arlit, en Agadez, próximo a la frontera con Mali, está siendo explotada por el gigante nuclear Areva, de origen francés.

Tras el levantamiento Tuareg de 2012, y desde entonces la presencia de grupos integristas, Naciones Unidas, siempre tan presta cuando se trata de defender intereses de las potencias occidentales, advirtió que el conflicto del norte de Mali, ya acallados los reclamos tuareg, y continuado por el terrorismo, que se estaba extendiendo a Burkina Faso y Níger. A esta denuncia los gobiernos pro-occidentales de Malí, Níger, Mauritania, Burkina Faso y Chad conformaron el grupo G5 para colaborar en el combate contra el terrorismo y de paso controlar mejor los movimiento reivindicativos del pueblo Tuareg, aunque su articulación todavía no ha sido puesta en marcha ya que no se dispone de los 400 millones de dólares que se necesitarían para ello.

Superpoblación del terror

Cerca de unos 50 grupos terroristas se extienden a lo largo del continente africano, más allá de los nigerianos de Boko Haram y los somalíes de al-Shabaab, la mayoría de ellos operan en la extensa línea del Sahel.

En la actualidad los grupos que conformaron Nusrat al-Islam han protagonizado también sangrientos ataques también en Burkina Faso y Costa de Marfil, llegando en reiteradas oportunidades a atacar en pleno centro de Bamako, la capital malí. Y desde su unidad comandada por Iyad Ag Ghali, se adjudicaron varios ataques, entre ellos el producido el cinco de julio en la región nigerina de Tahoua, donde fueron asesinados cinco soldados de la compañía militar Midal, cerca de la frontera de Malí y a 500 kilómetros de Niamey.

Por su parte, una pequeña fuerza de no más de 40 hombres, vinculadas al Daesh, también se encuentran desplegadas en la región, el Estado Islámico en el Gran Sáhara (ISGS) liderada por Abu Walid al-Sahrawi, ha protagonizado ataques en la región de Tillabery, en Burkina Faso y en la ciudad malí de Gao, incluso asaltaron una prisión en las proximidades de Niamey. Este grupo, conformado por ex miembros de diferentes organizaciones que se negaron a incorporarse a al-Qaeda, opera con facilidad en Liptako-Gourma, una región tripartita entre Mali, Burkina Faso y Níger.

Desde 2012 el crecimiento del terrorismo ha sido exponencial, llegando en 2016 al máximo registrado con unos 257 ataques ejecutados en Mali y países vecinos, un 150% más que en 2015. Mientras que hasta la segunda mitad de 2017 se calculan por lo menos unos 120 ataques de diferente intensidad.

También en el oeste de Níger, 200 mil refugiados nigerianos y desplazados nigerinos que han huido de Boko Haram esperan una solución en respuesta a los juegos de guerra entre occidente y el terrorismo, que a veces se parece demasiado a una simple matanza.





Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central.


Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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