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La subordinación de la izquierda brasileña al neoliberalismo y el abandono de la Teoría de la Dependencia.

Entrevista especial con Carlos Eduardo Martins IHU On-Line -



 ¿Quien fue Ruy Mauro Marini? ¿Puedes presentar, de modo general, su trayectoria intelectual en Brasil y en América Latina? 

Carlos Eduardo Martins – Ruy Mauro Marini fue uno de los intelectuales latinoamericanos más destacados y articuló el trabajo teórico con la militancia política. Fue uno de los principales formuladores de la teoría de la dependencia y contribuyó para renovar ampliamente el marxismo latinoamericano y mundial. Profesor de la UNB y dirigente de la Organización revolucionaria Marxista Política Operaria – POLOP, señaló los límites de la democracia en el capitalismo brasileño y tuvo su trabajo interrumpido por el golpe de 1964, cuando fue preso y torturado en el Centro de Informaciones de la Marina – Cenimar. Exiliado en México y en Chile, dio continuidad a sus trabajos en el Centro de Estudios Socioeconómicos – CESO, donde formuló su obra más famosa, Dialéctica de la dependencia (1973), tardíamente publicada en Brasil en 2000, después de su muerte. Perseguido por la dictadura de Pinochet, por sus ideales y su actuación como dirigente del MIR, se exilió en México, como profesor en la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas de la UNAM y durante un breve período en el Instituto Max Planck en Alemania. 

De regreso a Brasil, con la amnistía política, sólo pudo reintegrarse plenamente a la UNB en 1987, cuando la misma se extendió al campo profesional. En mediados de los años 1990, regresó a México y dirigió el Centro de Estudios Latinoamericanos – CELA de la UNAM, coordinando un amplio balance del pensamiento latinoamericano que resultó en la publicación de cuatro libros y tres antologías sobre el tema. Falleció en 1997 con 65 años de cáncer linfático, dejando una importante obra que, actualmente, se encuentra casi totalmente disponible en la página web http://www.mariniescritos.unam.mx/. 

IHU On-Line – ¿Qué es la Teoría de la Dependencia? ¿Cómo la Teoría de la Dependencia fue discutida en Brasil entre los años 1960 y 1970 a la luz del marxismo? ¿Qué problemas los intelectuales de la época buscaron responder con esa teoría? Carlos 

Eduardo Martins – Las Teorías de la Dependencia surgieron en los años 1960 como crítica a las tesis nacional-desarrollistas que planteaban que, con la industrialización, Brasil y América Latina superarían sus problemas de subdesarrollo, desempleo, instabilidad política y falta de autonomía, creando formaciones sociales con soberanía tecnológica, consumo de masas, predominio de las capas medias y estabilidad política democrática. Estas tesis surgieron de dos fuentes en los años 1950 y 60: de la Comisión Económica para América Latina – Cepal, principalmente, por medio de las obras de Raul Prebisch y Celso Furtado, y de las tesis de los Partidos Comunistas. 

Para la Cepal, de lo que se trataba era de impulsar la industrialización por la vía de una fuerte planificación y coordinación estatal mediante la estrategia de sustitución de importaciones. El Estado manejaría los excedentes obtenidos con la agroexportación y los transferiría al sector industrial para impulsar la importación de maquinarias y equipamientos protegiendo, de esta manera, el mercado interno contra la competencia externa. Este proceso actuaría en tres fases, referentes a la internalización de la producción de bienes de consumo livianos, de bienes de consumo durables y de bienes de capital, cuando finalmente se alcanzaría la autonomía tecnológica. 

Al Estado le correspondería, además de la planificación y la coordinación macroeconómica, intervenir directamente cuando fuese necesario en el sector de infraestructura, produciendo bienes y servicios a tasas de ganancia negativas para subsidiar al capital industrial y al sector privado en su conjunto. El capital extranjero era visto como un actor que podría ofrecer una contribución marginal a este proceso, sin interés en invertir en la industrialización en la periferia, sino que solamente en sus estructuras exportadoras.

A su vez, los Partidos Comunistas planteaban la formación de una alianza de clases entre la clase operaria, el campesinado y las burguesías industriales nacientes, con el objetivo de realizar una revolución democrático-burguesa contra el imperialismo y el latifundio feudal. Tal revolución democrático-burguesa impondría la reforma agraria, el desarrollo industrial y el mercado de masas contra la burguesía compradora nacional y extranjera y sus aliados en el campo. 

Respuesta de la Teoría de la Dependencia.

Las teorías de la dependencia van a mostrar que, al contrario de lo que imaginaban la Cepal y los Partidos Comunistas, no existía una burguesía industrial latinoamericana que buscara la soberanía productiva y tecnológica contra el capital extranjero, el fin de la polarización centro y periferia, la erradicación del latifundio y de las estructuras primario-exportadoras; ni tampoco existía una división internacional del trabajo estancada entre centros industriales y periferias exportadoras de recursos naturales. 

La economía mundial era dinámica y el capital extranjero en la posguerra, bajo hegemonía de los Estados Unidos, encabezaba los procesos de industrialización en la periferia, subordinaba el capital productivo local, que buscaba a éste asociarse para disfrutar de una condición monopólica en situación de socio menor. Esta subordinación implicaba en la absorción de la propia regulación de la sustitución de importaciones a la apertura de la cuenta capital, que se articulaba con el proteccionismo comercial para proteger la inversión extranjera contra la competencia internacional, usando para ello el Estado nacional. 

En líneas generales, el proyecto burgués nacional-desarrollista no significaba una ruptura con la dependencia tecnológica, ni con la estructura productiva agroexportadora, y llevaba la balanza de pagos al estrangulamiento, al pretender internalizar la industria por la vía de las divisas generadas con las exportaciones, una de las razones por las cuales la reforma agraria no ganó protagonismo en este enfoque teórico, salvo honradas excepciones y situaciones históricas específicas, donde el petróleo podía sustituir a la agricultura. 

Frente a ese nivel de consenso, las reflexiones críticas al nacional-desarrollismo partían desde matrices teóricas, intereses sociales y proyectos políticos distintos. De un lado, surgió una intelectualidad paulista oriunda de la Universidad de São Paulo (USP), de inspiración weberiana que, aunque utilizara eventualmente un lenguaje marxista, buscó defender la dependencia como paradigma de desarrollo. Por otro lado, surgió una intelectualidad que renovó ampliamente el marxismo y buscó superar la dependencia, pero señaló que esto llevaría necesariamente al enfrentamiento con los sectores más dinámicos del imperialismo y de la burguesía nacional a él asociados, e implicaría necesariamente en un proyecto político de transición al socialismo. 

IHU On-Line – ¿Cuál fue la influencia de la Teoría de la Dependencia en el pensamiento de izquierda latinoamericano? 

Carlos Eduardo Martins - La teoría de la dependencia influyó ampliamente en las ciencias sociales y en el pensamiento social de los países latinoamericanos y los países centrales, develando las estructuras internas de nuestros países y sus articulaciones internacionales. Mostró que el capitalismo se desarrollaba en el ámbito de una economía mundial asimétrica, monopólica y competitiva, integrada por una división internacional del trabajo en que se constituían relaciones de poder que atravesaban los Estados, vinculando de forma específica sus clases dominantes, no ejerciendo el poder ni exclusivamente ni principalmente en la relación entre ellos, como suponen los enfoques anglosajones más tradicionales de las teorías de las relaciones internacionales. 

Contribuyó para romper con el eurocentrismo y el nacionalismo metodológico que veían el mundo como resultado de la interactuación entre Estados autónomos, liderados por actores internos independientes, y que lo dividían entre países desarrollados y países atrasados, siendo aquellos el modelo de futuro de los últimos. 

La teoría de la dependencia ha influenciado a autores del propio paradigma nacional-desarrollista, como Celso Furtado y Raul Prebisch, acercándolos a la problemática de la dependencia; el pensamiento anticolonialista latinoamericano, al reorientar la problemática del colonialismo interno y la sociología de la explotación en autores como Pablo Gonzalez Casanova e inspirar la filosofía de la liberación de Enrique Dussel, una de las bases del pensamiento decolonial contemporáneo; la antropología y la geografía latinoamericanas, inscribiéndolas en el análisis de las macroestructuras sociales y de la crítica al capitalismo periférico y a la civilización capitalista, como lo demuestran las obras de Darcy Ribeiro y Milton Santos; el pensamiento sociológico, llevando a autores como Florestan Fernandes a romper con sus ilusiones nacional-desarrollistas, manejar el concepto de superexplotación del trabajo e introducir el de “burguesía compósita”; la formación de un pensamiento geopolítico latinoamericano, por medio de autores como Ana Esther Ceceña, Atilio Boron y Pedro Paez Perez, que buscan definir el concepto de integración soberana para el establecimiento de proyectos de emancipación. 

La teoría marxista de la dependencia también ha influenciado la izquierda estadounidense y europea, contribuyendo para la formulación de los enfoques del sistema-mundo, que ganan destaque en las obras de Immanuel Wallerstein, Giovanni Arrighi, Beverly Silver y Andre Gunder Frank. 

IHU On-Line - ¿Cuál fue el abordaje realizado por Ruy Mauro Marini a esa teoría? 

Carlos Eduardo Martins - Ruy Mauro Marini desarrolló conceptos claves para la economía política de la dependencia como los de superexplotación del trabajo y de subimperialismo. Mostró que el capitalismo no sólo era un instrumento de producción de plusvalía, sino de apropiación de plusvalía y, en este sentido, superó una lectura del Capital, restringida al libro I, para integrarla a los libros II y III. Diferenció el concepto de formaciones sociales del de modo de producción capitalista, pues mientras éste se desarrollaba globalmente en la economía mundial, aquellas se articulaban a este desarrollo como partes específicas de esta totalidad, inscritas en Estados nacionales, y no como expresión concreta y síntesis del capital en general. 

Señaló que las formaciones sociales sometidas por el monopolio tecnológico internacional sufrían doble transferencia de plusvalía: en el plano de la economía mundial, por especializarse en productos que involucraban procesos de producción por debajo de la productividad media mundial; a nivel nacional, por el hecho de que la productividad está determinada principalmente por el ingreso de la tecnología extranjera y su apropiación por las corporaciones multinacionales y el gran capital nacional, creándose transferencias de plusvalía de la pequeña y mediana burguesía al gran capital. 

De esta manera, las formaciones dependientes estarían doblemente sometidas a la plusvalía extraordinaria –en el plano internacional e internamente– que, por estar estructuralmente vinculada a la propia dinámica del progreso técnico en el capitalismo, llevaría a mecanismos de compensación sobre su clase trabajadora. Este mecanismo de compensación es la superexplotación del trabajo, por medio del cual no se paga al trabajador parte del valor de su fuerza de trabajo. Incapaces de neutralizar las transferencias de plusvalía por medio de la reducción de los diferenciales de productividad, las formaciones dependientes recurren a la reducción salarial; a al incremento de la intensidad del trabajo y aumento de la jornada de trabajo, sin remuneración salarial equivalente. 

Explicación para la desigualdad

La superexplotación del trabajo sería, por lo tanto, la gran explicación de los altos niveles de desigualdad, de los bajos salarios, de los bajos niveles de calificación de la fuerza de trabajo y de las fuertes restricciones en las sociedades latinoamericanas a democracias estables y de masa. El desarrollo de la democracia de masas y de proyectos nacional-populares, al implicar una reducción de la desigualdad de ingresos o de propiedad, chocaría con la superexplotación del trabajo, llevando a la formación de Estados de contrainsurgencia, que interrumpen los procesos democráticos y destruyen los avances, movimientos y liderazgos populares, y de Estados de 4º poder, cuando los mecanismos democráticos de representación son parcialmente restituidos, pero se encuentran en la práctica sometidos a procedimientos de control y coerción que impiden el ejercicio de la soberanía popular en los términos liberales representativos. El desmonte parcial o completo de los Estados de 4º poder tendería a llevar nuevamente a la agudización de la competencia política, al protagonismo popular y a los dilemas entre el avance hacia el socialismo y la imposición de un golpe de Estado de contrainsurgencia. 

Trabajo y globalización 

En sus escritos de los años 1990, Marini extiende el concepto de superexplotación a los países centrales para explicar las transformaciones en la división internacional de trabajo generadas por la globalización. Para el autor, la globalización transfiere el monopolio de la tecnología a la ciencia y reorienta las cadenas productivas de los mercados internos para el mercado mundial, permitiendo situar, en este ámbito, la combinación de alta tecnología y fuerza de trabajo superexplotada como nueva fuente de plusvalía extraordinaria. Esta reconfiguración pasa a situar a la pequeña y mediana burguesía de los países centrales, que responde por la mayor parte de los empleos allí generados, por debajo de las condiciones medias de productividad, llevándolas a recurrir a la superexplotación del trabajo.

Subimperialismo

Otra contribución es el concepto de subimperialismo, por el cual algunos pocos países dependientes, como Brasil, pueden usar su mayor nivel de integración tecnológica al capital extranjero para explotar asimetrías regionales o internacionales en su favor. Según Marini, el subimperialismo encuentra dos tipos de expresión posibles en este tipo de país dependiente: a) como política para el sector industrial, para el cual busca generar demanda internacional en función de los límites de la demanda interna provocados por la superexplotación del trabajo, así como nuevas fuentes de inversión y suministros de materias primas en circuitos regionales o periféricos; b) como política de potencia, por medio de la cual busca elevar el valor agregado de la producción nacional y su inserción en la división internacional del trabajo. 

El lugar del subimperialismo en los países dependientes oscila entonces dentro de un cierto margen de posibilidades establecido por la relación con los países imperialistas: cuanto mayor es la subordinación política al imperialismo, más el subimperialismo se restringe a dimensiones económicas, subordinándose a otras prioridades en la jerarquía de las políticas públicas; cuanto mayor es la autonomía política en la integración tecnológica al imperialismo, más el subimperialismo se constituye como un proyecto de autonomía productiva para alterar el lugar del país en la jerarquía de poder político y económico mundial. Sin embargo, tal proyecto de autonomía carece de bases políticas, sociales, económicas y militares para sostenerse de forma independiente y tiende a ajustarse a las imposiciones del imperialismo y a las del conjunto de la propia burguesía asociada, que no apoya la prioridad a una política sectorial, bajo la perspectiva de consecuencias favorables a mediano y largo plazo a su Estado, en detrimento de su ganancia inmediata. 

Un ejemplo de política subimperialista de potencia fue la realizada por los gobiernos militares de Brasil y Argentina y por el gobierno de Saddam Hussein en Irak. En el caso brasileño, se destaca la inviabilidad del intento de internalizar la industria pesada mediante la dependencia financiera, proceso estrangulado con la crisis de la deuda externa, y de crear una industria de informática soberana, sin inversiones masivas en la educación pública. En los casos argentino e iraquí, los intentos de incorporar por la fuerza a las Malvinas y Kuwait abrieron enfrentamientos con el aparato militar del imperialismo, siendo ampliamente derrotados. 

La ofensiva neoliberal, como analiza Marini, colocó el subimperialismo en la retaguardia, destruyendo cadenas productivas industriales y su articulación interna, reprimarizando la pauta exportadora y profundizando la dependencia tecnológica. Tal ofensiva y sus efectos sobre el aparato productivo de los países latinoamericanos abre, sin embargo, fracturas entre las clases dominantes latinoamericanas y segmentos militares de la región que pueden, en determinados contextos, se incorporar a la ola nacional-popular que se impone a partir de la década de 2000, como fue el caso de Venezuela, que Marini no pudo analizar, debido a su muerte. Él tampoco pudo observar la retomada del subimperialismo brasileño, bajo nuevo formato, a través de los gobiernos petistas, que buscaron impulsarlo restringiendo su amplitud sectorial a nichos productivos, como los sectores de petróleo y gas, construcción civil, agroindustrial, automovilístico y de energía nuclear, pero combinándolo con una política exterior de cooperación institucional entre los países latinoamericanos y con la ampliación de su base interna de apoyo popular, a partir de una coyuntura internacional favorable a nuestras exportaciones. Este proyecto, articulado principalmente vía BNDES (Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social) y que pasó a disputar con la política neoliberal la hegemonía de nuestra política exterior, fue profundamente golpeado por el golpe de 2016 que alineó radicalmente el país, nuevamente, a la ofensiva neoliberal. 

IHU On-Line - ¿Qué otros abordajes de la Teoría de la Dependencia fueron realizados por sectores e intelectuales de la izquierda? ¿Aún en este sentido, puedes esbozar un panorama sobre qué aspectos del enfoque de Marini se contraponen al abordaje tanto de otras posiciones marxistas como de la concepción de la Cepal? 

Carlos Eduardo Martins - Es necesario mencionar que la obra de Marini se destaca en el ámbito de lo que él mismo ha denominado como la segunda oleada de construcción de la teoría de la dependencia y del inicio de la tercera. La segunda oleada se dio en el contexto de la comprensión de la reestructuración de las economías periféricas y sus contradicciones, a partir de la reconfiguración de la economía mundial por la hegemonía estadounidense, que crea un nuevo patrón de acumulación para la región, centrado en la combinación de la inversión directa de las corporaciones multinacionales con la arquitectura política de la sustitución de importaciones, lo que llevó a la industrialización parcial de algunas de sus regiones, restringida, entretanto, por la incapacidad de internalizar de forma significativa los segmentos generadores de progreso técnico para el conjunto de la industria, tal como sugirió Theotonio dos Santos y demostró Fernando Fajnzylber. 

Segunda oleada de construcción de la teoría de la dependencia 

Esta segunda oleada se ha diferenciado de la primera, desarrollada entre los años 1890-1920, en la medida que el fenómeno de la dependencia fue percibido embrionariamente por autores como José Martí, que apuntaron la contradicción entre la autonomía política y la dependencia económica, y por autores como José Carlos Mariátegui, que analizaron los límites de la dependencia, entonces bajo el patrón de acumulación establecido por la hegemonía británica y la emergencia del poder estadunidense, para industrializar la región. La tercera oleada se refiere a la necesidad de comprender la reestructuración que incide sobre las economías periféricas por fenómenos como la globalización neoliberal y, tal como la segunda oleada hizo en relación a la primera, lanza nuevas luces sobre el fenómeno de la dependencia en su conjunto, la economía mundial capitalista y sus contradicciones. 

De la segunda oleada que conforma la teoría marxista de la dependencia se destacan, además de Ruy Mauro Marini, autores como Theotonio dos Santos, Vania Bambirra, Orlando Caputo, Jaime Osorio, Emir Sader, entre otros. Theotonio dos Santos fue, tal vez, quien más ha defendido la necesidad de comprender la teoría de la dependencia como parte de la construcción de una teoría marxista del sistema mundial, planteando su aproximación dialéctica con los enfoques del sistemamundo, trayendo aún a la teoría de la dependencia conceptos como los de revolución científicotécnica y ciclos de Kondratiev. 

Esta generación ha sufrido, sin embargo, una contraofensiva a la expansión de su pensamiento, oriunda de cuatro fuentes: 

a) a la izquierda, del pensamiento endogenista, que priorizó las articulaciones internas sobre las articulaciones interna-externa para definir la especificidad del capitalismo latinoamericano, y del pensamiento neogramsciano que, partiendo de una lectura liberal de Gramsci, propuso la cuestión democrática como central y superior a la cuestión nacional, que podría ser solucionada por un conjunto ampliado y sostenible de reformas democráticas; 

b) al centro, por el pensamiento neodesarrollista que consideró que el capitalismo brasileño se movía por la demanda interna, su patrón distributivo por el grado de democracia, y su capacidad de generar progreso técnico por la posibilidad de centralizar y concentrar capitales; 

c) a la derecha, por la ofensiva neoliberal, que absorbió parte de los autores del centro y de la izquierda; y 

d) de la teoría weberiana de la dependencia que osciló entre el centro, aunque sin el mismo optimismo desarrollista, y la derecha, desde donde se acercó a la ofensiva neoliberal. 

Tercera oleada de construcción de la teoría de la dependencia 

La tercera oleada cuenta hasta cierto punto con la presencia de los autores de la segunda oleada y con la formación de una nueva generación, en la que incluyo mis trabajos y donde se destacan autores como Adrian Sotelo Valencia, Ana Esther Ceceña, Nildo Ouriques, Marcelo Carcanholo, Mathias Luce, entre otros. En esta oleada se plantean algunas cuestiones teóricas, analíticas y empíricas: 

a) la necesidad de avanzar en la construcción de una teoría marxista del sistema mundial para integrar la problemática de la dependencia en la comprensión de las contradicciones del capitalismo mundial y de las posibilidades de superarlo por otro sistema;

 b) la necesidad de profundizar el estatuto teórico y empírico del concepto de superexplotación del trabajo y su desdoblamiento hacia los países centrales en el capitalismo actual; y 

c) la necesidad de pensar las bases de la emancipación de la dependencia, sus dimensiones geopolíticas, su estructura de clases y sus formatos políticos vinculados a la construcción de nuevas formas de socialismo, que relancen radicalmente la democracia, ya sea a nivel nacional o internacional, y un nuevo patrón de desarrollo comprometido con la erradicación de la pobreza y la preservación del medio ambiente. 

En nuestros trabajos, donde se destaca “Globalização, dependência e neoliberalismo na América Latina”, publicado por la editorial Boitempo en 2011, y que está siendo actualizado a la versión en inglés, buscamos avanzar en estas direcciones, construyendo instrumentos teóricos para el análisis de la coyuntura contemporánea, a partir de la compleja articulación de conceptos como los de revolución científico-técnica, crisis estructural del modo de producción capitalista, financiarización del capital y generación de capital ficticio, ciclos de hegemonía, ciclos de Kondratiev, ciclos específicos de la dependencia, superexplotación del trabajo y caos sistémico. 

En relación al concepto de superexplotación del trabajo, buscamos contribuir en el desarrollo del concepto que Marini lanzó de forma seminal y paradigmática, ampliando sus variables al incluir, entre ellas, el aumento de la calificación de la fuerza de trabajo sin el pago salarial equivalente; especificando las condiciones estructurales para su alcance, al buscar su expresión matemática en la teoría del valor de Marx; y mencionando sus contratendencias, al incorporar los efectos de la competencia intercapitalista sobre la fijación del plusvalor extraordinario. 

IHU On-Line - Fernando Henrique Cardoso también es conocido por haber desarrollado un enfoque de la Teoría de la Dependencia. ¿En qué aspectos su abordaje se acerca y se diferencia de la de Marini?

 Carlos Eduardo Martins - Fernando Henrique Cardoso es uno de los principales formuladores del enfoque weberiano de la dependencia y sus principales distinciones del enfoque marxista de la dependencia, del que Marini es uno de los más destacados protagonistas, son las siguientes: 

a. Sitúa la dependencia como el paradigma de desarrollo de los países periféricos, rechazando el nacionalismo y el socialismo que asocia al estancamiento, por desarticularlos del dinamismo del mercado internacional. La teoría marxista de la dependencia defiende la transición al socialismo como la alternativa a la dependencia, buscando redefinir las relaciones con la economía mundial, sin rechazarla, una vez que busca no sólo romper con la condición dependiente, sino que superar la condición periférica;

b. Considera que la nueva dependencia se caracteriza por entradas de capital superiores a las salidas que, a diferencia de la forma que adquirieron en el período imperialista descripto por Lenin, se convierten en un instrumento de expansión de la demanda interna, de la elevación de las tasas de inversión y de superación del estrangulamiento de la balanza de pagos. La teoría marxista de la dependencia destaca el carácter cíclico de las entradas de capitales extranjeros y el saldo neto negativo en el mediano y largo plazo, computadas las diversas formas de remesas en relación a los ingresos, reafirmando la tendencia estructural al carácter cíclico de las crisis de la balanza de pagos;

c. Restringe el análisis de la dependencia a situaciones concretas específicas, sin comprometerse sobre sus tendencias reproductivas de mediano y largo plazo, abriendo el espacio para el resurgimiento del enfoque neodesarrollista, y rechazando el carácter de teoría para el enfoque de la dependencia. La teoría marxista de la dependencia analiza la dependencia como parte del proceso de desarrollo capitalista, presentando sus tendencias evolutivas, nuevas etapas y patrones de acumulación y las contradicciones que los permean; y 

d. Rechaza la superxplotación del trabajo como inherente al capitalismo dependiente, destaca la relación del progreso técnico con la producción de plusvalía, y no con su apropiación, para afirmar la generalización de la plusvalía relativa y de las democracias estables con el progreso del capitalismo. La teoría marxista de la dependencia destaca la fuerte relación entre progreso técnico y plusvalía extraordinaria, las diferencias entre plusvalía extraordinaria y plusvalía relativa, el papel estructural del plusvalía extraordinaria en los países dependientes y en la economía mundial, los límites que impone para la generalización de la plusvalía relativa, y las fuertes consecuencias derivadas desde ahí para limitar la estructuración de democracias estables en América Latina y en los países de capitalismo periférico.

IHU On-Line - ¿De qué manera la Teoría de la Dependencia fue implementada, en la práctica, en las decisiones económicas y políticas en Brasil y en América Latina y qué significó en términos políticos, económicos y sociales? 

Carlos Eduardo Martins - La teoría de la dependencia fue puesta en práctica con diversos sesgos: 

a. A la derecha, para profundizar la dependencia, el gobierno Fernando Henrique Cardoso llevó a Brasil a una nueva etapa de la dependencia, de carácter neoliberal, con predominio de la producción de capital financiero ficticio, centralización y destrucción de capitales, desmonte de derechos laborales y elevación de las tasas de superexplotación del trabajo. Curiosamente esta nueva etapa de la dependencia es la negación de lo que Fernando Henrique Cardoso defendía como intelectual, vale decir, que la dependencia representaría dinamismo económico, lo que contrasta con el mediocre crecimiento económico del 0,9% al año durante su gobierno, y sólo del 1,2% al año a partir de 1994, lo que significa que Brasil sigue una larga ola de fase B de Kondratiev, recesiva, desde 1980, a contramano de la economía mundial que estableció una fase A desde 1994, lo que ha implicado en un crecimiento económico per cápita de 2 3% al año hasta el 2015. Esto es así porque la destrucción de capitales en esta fase de la dependencia, centrada en la apertura comercial y financiera, es inmensa y porque la burguesía local ya no logra mantener el control sobre la clase trabajadora si combina tecnologías de la revolución científico-técnica y pleno empleo, recurriendo a la producción de capital ficticio como estrategia principal de acumulación; y 

b. A la izquierda, la teoría de la dependencia tanto se inspira como inspira procesos históricos. No es adecuado hacer una correlación directa, pero los intentos de construcción del socialismo o de una economía capitalista bajo fuerte regulación estatal y control popular en la periferia tienen fuerte relación con ella, particularmente cuando no proponen la ruptura con la economía mundial, sino un cambio de relación con la misma, capturando sus externalidades para fortalecer la soberanía nacional y elevar el nivel de poder del país en el marco de las jerarquías internacionales. 

Un programa de políticas públicas inspirado en la teoría marxista de la dependencia implica aumentar el control nacional sobre las cadenas productivas internas, romper con la superexplotación del trabajo y crear un importante sistema de ciencia y tecnología e innovación que posibilite la retirada del país o región de la condición de periferia de la economía mundial para constituir uno de los polos de poder de una economía mundial multicéntrica y post-hegemónica.

Un programa de políticas públicas orientado por la teoría marxista de la dependencia es también fuertemente internacionalista y lleva necesariamente a la construcción de un nuevo eje geopolítico para la transformación de la economía mundial, siendo esta una de las razones del por qué la teoría marxista de la dependencia tiene que desdoblarse en la construcción de una teoría marxista del sistema mundial. 

IHU On-Line – ¿Cuáles son las consecuencias de esta teoría hoy, tanto en Brasil como en América Latina? 

Carlos Eduardo Martins - La teoría marxista de la dependencia sigue siendo un importante instrumento de análisis de la realidad latinoamericana y brasileña y de construcción de alternativas estratégicas a la dependencia de la región: inspira las propuestas de integración regional y su asimilación se vuelve fundamental para romper con el liberalismo y el neoliberalismo impregnados en la izquierda brasileña. Crisis de la izquierda Una de las razones de la derrota de la izquierda brasileña fue el abandono de un programa estratégico soberano y popular, mientras que la derecha se une en torno a un programa de transformación neoliberal de la economía y del Estado en una dictadura política rentista y privatista del gran capital. Si le preguntamos a las izquierdas brasileñas sobre cuál es su programa estratégico para el Estado y para la economía de Brasil, difícilmente habrá consenso o predominio de una respuesta sin subordinación o fuertes concesiones a la ideología neoliberal. El resultado es una brutal paradoja: tenemos uno de los períodos más mediocres e inexpresivos del capitalismo en Brasil en relación a sus resultados económicos y políticos y, al mismo tiempo, una rendición casi completa de nuestras izquierdas a éste. 

Es importante mencionar que los retrocesos ocurridos en América del Sur en gran parte sólo se vuelven comprensibles a partir de la relectura de la teoría marxista de la dependencia. Es necesario volver creativamente a las obras de Ruy Mauro Marini, Theotonio dos Santos, Vania Bambirra y Florestan Fernandes. Nuestros científicos sociales institucionalistas y liberales vendieron la idea de que la democracia brasileña se había consolidado con la Nueva República, pero cuando se dieron cuenta descubrieron que la Nueva República había terminado y que la democracia respiraba artificialmente por aparatos. 

IHU On-Line – ¿Por qué la obra de Ruy Mauro Marini es poco conocida en Brasil? 

Carlos Eduardo Martins – Porque además del exilio impuesto por el golpe militar del gran capital, la obra de Marini sufrió el bloqueo de la intelectualidad liberal institucionalista, que quiso eliminar los riesgos a la imposición de una transición democrática conservadora, dirigida por los grandes grupos económicos nacionales y extranjeros, principales beneficiarios y articuladores del golpe, pero que con la redemocratización abrieron espacios a la formación de una nueva elite intelectual para gestionar sus intereses. Motivados por este espíritu, Fernando Henrique Cardoso y José Serra cumplieron un rol destacado en la deformación y ocultamiento de la obra de Marini, utilizando el peso de su liderazgo académico y político para descalificar y deformar brutalmente su pensamiento, cuando sus escritos no habían sido divulgados en el país. 

La obra de Marini denuncia estos compromisos y sus consecuencias como la persistencia estructural de la desigualdad, de la pobreza, de la violación de la soberanía nacional, de la alienación de nuestros recursos estratégicos, de la inestabilidad democrática, del uso de la violencia política y del subimperialismo brasileño. Como tal, ha desafiado las estructuras de poder que hegemonizaron la Nueva República. Sin embargo con la crisis y colapso de Nueva República su obra resurge en Brasil y despierta la atención de las nuevas generaciones. 

Carlos Eduardo Martins es graduado en Sociología y Política por la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro – PUC-RJ, magíster en Administración por la Fundación Getúlio Vargas - RJ y doctor en Sociología por la Universidad de São Paulo - USP. Actualmente es docente en el Departamento de Ciencia Política de la Universidad Federal de Río de Janeiro - UFRJ, es coordinador del Laboratorio de Estudios sobre Hegemonía y Contra-hegemonía - LEHC e investigador del GT de Integración Regional y del GT de Estudios sobre Estados Unidos de CLACSO. Es autor de Globalização, dependência e neoliberalismo na América Latina (2011), publicado por la editorial Boitempo.

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