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Economía y geopolítica del ambientalismo en Bolivia

Do Resumen Latinoamericano/ 29 de agosto 2017
por Gonzalo Omar Zambrana Ávila, La Época


Desde nuestra perspectiva ecosocialista las acciones de defensa de la Madre Tierra son parte de la construcción del socialismo, por lo tanto se debe situar la problemática ambiental en el contexto político boliviano a partir de dos escenarios:

• La crisis ambiental es una expresión del agotamiento del capitalismo como expresión extrema del fetichismo de la mercancía que hace más de un siglo ya nos mostraba Marx y que hoy se manifiesta en un modelo de consumo insostenible para la sobrevivencia humana.

• La ubicación de Bolivia en el contexto geopolítico internacional caracterizado por la abierta guerra imperialista contra Venezuela, en busca de apropiación de los recursos naturales, usando instrumentos de las guerras hibridas y las guerras asimétricas.

Economía Política de la Conservación

Bajo el modo de producción capitalista, la Madre Tierra entendida como recurso natural o capital natural, es una forma de capital, orientada a la ganancia y la acumulación de capital. En su fase de globalización, el capitalismo ha adquirido su forma corporativa, despersonalizada y desnacionalizada, prometiendo llevar el bienestar a todo el mundo, pero ha sido el escenario donde la esencia acumuladora del capitalismo se ha cumplido a escala global, a través del acceso “competitivo” a los factores de producción a lo largo del planeta, bajo la libre movilidad de capital que, además de acceder a factores de producción de bajo costo, ha usado los componentes de la Madre Tierra, hasta agotarlos o dejarlos dañados, para posteriormente trasladar los medios de producción e iniciar un nuevo ciclo en otra región, dejando a su paso, pobreza y daño a la Madre Tierra y en su efecto extremo: Cambio Climático.

La expresión geográfica del proceso de acumulación del sistema capitalista se ha manifestado en la diferenciación geográfica del acceso a los bienes y servicios de la Madre Tierra tanto a escala mundial como regional y nacional, pues dentro los países existen regiones y zonas ricas y pobres y asimismo los efectos de la contaminación y el cambio climático también han adoptado una distribución geográfica, generando zonas de vulnerabilidad entre los más pobres y asegurando la protección y resilencia para los ricos.

Esta distribución geográfica de los derechos de acceso a los componentes de la Madre Tierra, promovido por el capital corporativo a través de los estados y los organismos multilaterales, ha generado también una distribución de los roles respecto al acceso a los componentes de la Madre Tierra a lo largo del mundo; mientras los países occidentales del norte, han logrado un desarrollo inédito de sus fuerzas productivas a costa del deterioro de la Madre Tierra, los países en desarrollo, con elevada población pobre e indigente, enfrentan la necesidad de superar sus problemas a través de un desarrollo en armonía con la Madre Tierra en un contexto de y restricciones ambientales y Cambio Climático del cual no han sido responsables.

La expresión capitalista corporativa extrema, influida fuertemente por intereses financieros y militares, ha definido una serie de directrices sobre el control de acceso a los recursos naturales no renovables y renovables, situando estas definiciones en los escenarios geopolíticos globales donde algunos países han definido derechos extraterritoriales sobre los recursos naturales en todo el planeta, lo cual ya se ha mostrado en toda su crudeza en las cruentas intervenciones militares imperialistas en el Medio Oriente en busca del control de los hidrocarburos y en Venezuela para controla el yacimiento de petróleo más grande del mundo.

Bolivia potencial Hearthland Geopolítico

Zbigniew Brzezinski, en su “Tablero Geopolítico Mundial”, dentro de una Geoestrategia General para EE.UU. identifica a Eurasia como una región continental en la cual se ponen en juego los intereses mundiales y, por tanto, los de EE.UU. La base teórica de Brzezinski referida a una región central como factor determinante para conseguir el dominio global, coincide con el hearthland (área corazón) de MacKinder. Para el caso de nuestra región, existen diversos autores que consideran que Bolivia posee condiciones físicas favorables para convertirse en un hearthland, sin embargo, requiere desplegar un conjunto de factores que cristalicen este potencial. Durante su vida republicana y neocolonial Bolivia ha sido un actor geopolítico pasivo e intrascendente. Sin embargo el Gobierno de Evo Morales ha empezado a dar señales muy fuertes para constituir a Bolivia en un actor geopolítico activo y relevante en la región, expresadas entre otras en los siguientes temas: establecimiento de bases estatales sólidas; gestión económica exitosa; mantenimiento de un liderazgo político nacional y logro de prestigio internacional; resultados ejemplares en la superación de la pobreza; soberanía e independencia en las decisiones de políticas públicas; ruptura de las directrices neoliberales internacionales y adopción de un modelo de crecimiento con redistribución del excedente con participación activa del Estado; promoción internacional del Vivir Bien como modelo de desarrollo armónico con la Madre Tierra e iniciativas para enfrentar el cambio climático y participación activa en las iniciativas de integración regional independientes de los EE.UU. A esto se suma la exitosa estrategia marítima, ante el Gobierno de Chile, que ha convertido en papel mojado la “vigorosa” diplomacia chilena y sus “políticas de estado” sobre el tema marítimo.

Todos estos hechos y la clara afinidad política del Gobierno de Evo Morales con Cuba y otros gobiernos de corte progresista, particularmente la revolución bolivariana de Venezuela, han mostrado como nunca, que Bolivia puede convertirse en un foco geopolítico regional, independiente de los EE.UU.; por esta razón EE.UU. ha asociado a Bolivia como parte del eje Venezuela-Bolivia y, desde el inicio del gobierno de Evo Morales ha intentado por todos los medios desestabilizarlo y lograr su caída; así, las acciones intervencionistas mas evidentes han sido los intentos separatistas del año 2008 dirigidos por el exembajador de EE.UU., Philipe Goldberg (exdiplomático en Yugoeslavia y Kosovo) y la campaña contra la repostulación de Evo Morales, dirigida por el actual encargado de negocios Peter Brennan (exembajador en Pakistán).

Entonces cualquier acción política opositora en Bolivia se sitúa en ese contexto internacional de Guerra de IV generación que está librando EE.UU. contra el eje Venezuela-Bolivia, usando los instrumentos de las guerras asimétricas y las guerras hibridas y el uso intensivo de armas de guerra no convencionales que ya en 1949 proponía Shermant Kent y que, en su expresión más moderna están plasmadas en el manual de Gene Sharp, “De la Dictadura a la Democracia. Un Sistema Conceptual para la Liberación”. Las acciones operativas de estas formas de intervención se han demostrado con claridad en la campaña contra la repostulación de Evo Morales, usando intensivamente los medios de comunicación y redes sociales para afectar la sensibilidad de la población, sin que importe la veracidad de la información, instalando sistemática y repetidamente rótulos de desprestigio contra el gobierno para lograr una asimilación inconsciente e irracional de la población.

La ideología sobre conservación y Desarrollo en Bolivia

Desde la teoría del conocimiento, podemos indicar que los fenómenos ecosociales, por su carácter multisémico pueden tener tantas interpretaciones como los colores del cristal ideológico con que se los mire. Entonces debe quedar claro que no existen posiciones ideológicas neutras en favor o en contra de la defensa de la Madre Tierra; todas las posiciones expresan una posición política y/o partidista y eso se demostrado en el caso del TIPNIS.

En este ámbito es relevante observar el comportamiento político de algunos dirigentes indígenas que han asumido posiciones políticas pragmáticas basadas en derechos territoriales, aparentemente al margen de ideologías, pues han tenido un papel político protagónico, estableciendo las TCOs, luego han tenido una participación activa y militante en el ascenso y posterior gobierno del MAS, incluso en cargos de asambleístas y ejecutivos, como los casos de Pedro Nuni, Bienvenido Sacu, etc., que luego se convirtieron en opositores al Gobierno. Otro caso notable es Adolfo Chávez, que antes de la 8ª marcha logró una cuestionada reelección como principal dirigente de la CIDOB, con apoyo del aparato del MAS, pero luego rompió con el MAS y suscribió un convenio con Rubén Costas, Gobernador de Santa Cruz. Si bien, estos comportamientos de dirigentes indígenas son totalmente legítimos, es necesario interpretar la verdadera magnitud de estas acciones políticas, particularmente sus alianzas con organizaciones políticas oligárquicas y racistas que históricamente han sido responsables de su pobreza y subyugación cultural.

La falsa dicotomía entre las actuales áreas protegidas y el desarrollo

El argumento de defensa fanática de la intangibilidad de las áreas protegidas actuales cae por sí mismo cuando recordamos que la definición del tamaño, la delimitación y la zonificación de las áreas protegidas que data de hace 20 años ha tenido como variable fundamental la protección de zonas en mejor estado de conservación; hoy día la dinámica territorial y los criterios para la definición de áreas y magnitudes de relevancia para la conservación de la biodiversidad, se han desarrollado ampliamente y ahora se debe partir del concepto de Sistemas de Vida y considerar el estado integral de estos sistemas de vida.

Ahora, en la comparación de prioridades entre áreas protegidas y desarrollo o específicamente entre áreas protegidas y explotación de hidrocarburos o minerales o carreteras, no se puede efectuar una priorización excluyente de aplicación general, sino se deben efectuar priorizaciones en función de las particularidades de cada caso; esto quiere decir que no existe el dilema apocalíptico entre la conservación en las actuales áreas protegidas y la explotación de recursos naturales no renovables o construcción de carreteras, esto depende de cada caso.

Así como se debe considerar la posibilidad de recategorización, desafectación o rezonificación interna de las actuales áreas protegidas, también se debe considerar la posibilidad de mantener zonas de intangibilidad estricta o ampliación de las áreas protegidas, en función de los impactos sociales, culturales y ambientales claramente identificados en los proyectos extractivos o de carreteras.

Hoy el desafío es la redefinición territorial que compatibilice la extracción de recursos no renovables con la viabilidad, funcionalidad y endemismo que caracterizan a cada área protegida y los derechos territoriales indígena originario campesinos.

El criterio de buen estado de conservación debe dar lugar a criterio de viabilidad de sistemas de vida a partir de una definición de magnitudes mínimas de funcionalidad de ecosistemas complementadas con esquemas de conservación que no restrinjan la conservación de la biodiversidad a las áreas protegidas. Este es un desafío de planificación territorial, compatibilizando dimensiones territoriales, como áreas protegidas, TIOCs y ETAs, entre otras, bajo los fundamentos ecosistémicos y sociales expresados en los sistemas de vida.

Responsabilidad prioritaria del Estado para la atención de las necesidades de la población

Uno de los argumentos de defensa de los derechos indígenas que con más fuerza ha sido utilizado, a veces forzando la relación natural de indígenas con áreas de conservación, es aquel que afirma que “los indígenas defienden sus territorios porque ahí saben vivir en maravillosa armonía con la naturaleza y no necesitan que nadie les lleve ningún desarrollo, por tanto ellos saben lo que hacen y se debe respetar su derecho a vivir tal como viven.”

Estas posiciones, representadas por algunas instituciones ambientalistas internacionales y locales, han sido acuñadas como la contraparte ambientalista funcional al atolondrado modelo de desarrollo consumista y se han expresado en Bolivia, por las áreas protegidas y las TCOs, entre otras, que no han sido prioridades de los sucesivos gobiernos neoliberales y cuyo desarrollo se ha favorecido por la crónica ausencia del Estado a lo largo del territorio de Bolivia.

Actualmente el estado se ha vigorizado, promoviéndose explícitamente la presencia del Estado a lo largo del territorio nacional y más allá de la efectividad en el logro de esta presencia estatal, su fortaleza se ha mostrado a través de las políticas públicas y el énfasis en la distribución del excedente.

En trabajos de John Rawls y Amartya Sen, se ha establecido científicamente que cuando existen segmentos de la sociedad que se encuentran en un estado de pobreza y limitaciones crónicas en sus capacidades de acceso a los satisfactores de sus necesidades básicas, sus expectativas son reducidas porque están relacionadas directamente con su pobreza; asimismo, de acuerdo a la teoría de las necesidades, la demanda de satisfactores es creciente e infinita y está determinada por el estado de los ingresos y el modelo de consumo de base cultural específica. Por ello, la responsabilidad social del Estado no puede admitir que poblaciones indígenas de áreas protegidas, tengan elevados indicadores de mortalidad infantil, desnutrición, analfabetismo, etc., con la distorsionada máscara del respeto cultural.

Esta necesidad prioritaria indudablemente requiere un permanente flujo de recursos financieros y sin duda alguna la matriz productiva basada principalmente en la exportación de materias primas no puede ser sustituida en el corto y mediano plazo a través de una diversificación productiva, peor aún cuando existe una reducción en las cotizaciones internacionales de las materias primas; desconocer esto y tratar de imponer un ambientalismo fanático no corresponde a la realidad.

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