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Los palestinos son el pegamento que mantiene juntos a los judíos askenazíes y mizrajíes

Iris Hefets
972mag

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.

Sesenta y nueve años después de la fundación del Estado, el odio entre mizrajíes y askenazíes es la mayor amenaza para la sociedad israelí. En lugar de tratar la situación adecuadamente, toda nuestra energía se gasta en sembrar un odio colectivo a los palestinos.


De Rebelión, 21 de junho, 2017

La policía fronteriza israelí cachea a un hombre palestino cerca de la puerta de Damasco en la Ciudad Vieja de Jerusalén, 23 de octubre de 2015. Muchos de los nuevos puestos de control se han establecido en los barrios palestinos de Jerusalén Oriental a raíz de una serie de apuñalamientos en la ciudad. Jerusalén, 23 de octubre de 2015. (Anne Paq / Activestills)

Cuando se menciona “la ocupación”, invariablemente alguien pregunta acerca de la diferencia entre la Universidad de Ariel, en Cisjordania, y la Universidad de Tel Aviv, construida sobre los restos del destruido pueblo palestino Al-Sheik Muwannis. Esta pregunta subversiva de hecho afecta a una verdad incómoda: la narrativa de los colonos es que ellos no son diferentes de los que lucharon y dibujaron las fronteras de Israel en 1948. Desde su punto de vista, los judíos askenazíes, que llegaron a Israel en la década de 1930, construyeron asentamientos judíos en la oscuridad de la noche, estableciendo “hechos sobre el terreno” en el centro de Israel, mientras tomaban parte en los placeres libertinos del amor libre y el discurso intelectual. En la década de 1970 otros judíos askenazíes hicieron lo mismo, esta vez en Cisjordania.

Hay, sin embargo, muchas diferencias entre 1948 y las secuelas de 1967. Una de ellas es el papel de los judíos mizrajíes. Mientras que la gran mayoría de los mizrajíes llegó a Israel después de 1948 -después de la expulsión de la población palestina, la destrucción de hogares palestinos y la violación de las mujeres palestinas por los combatientes israelíes- se convirtieron en participantes activos en los crímenes de 1967.

Después de que la dirección del asentamiento judío en Palestina e Israel obrara según su programa para expulsar a unos 700.000 palestinos -ya que eran los nativos de la tierra que los sionistas querían para asentarse- había un “problema demográfico” que sólo podía resolverse trayendo judíos de los países árabes. De este modo se puso en marcha una transferencia altamente controlada y selectiva de grupos de población de los países árabes y musulmanes.

Las instituciones de inmigración askenazíes de Israel promulgaron una política de “dispersión de la población” por la que los nuevos inmigrantes mizrajíes fueron enviados a zonas remotas del país. En su mayoría procedían de países con pasados ​​o presentes coloniales, ya sea beneficiándose o sufriendo la opresión colonial y colaborando con el colonizador. Llegaron en un goteo constante y lento (con la excepción de los judíos iraquíes, que se encontraron con un destino diferente), suficiente como para que las comunidades ya no pudieran funcionar como tales y colapsaron en el mismo comienzo del proceso de absorción.

Estas comunidades provenían de una cultura que era muy diferente a la del país de acogida y sus instituciones, un hecho que Israel explotó con el fin de romper su espíritu y someterlos a su voluntad. Con este fin fueron reubicados en poblaciones aisladas, gobernadas por israelíes askenazíes y fueron calificadas como “con necesidad de formación” debido a su origen y los humillaron sin fin.

La inmobiliaria del New Deal

Si bien después de la Nakba, muchos mizrajíes fueron colocados en hogares de palestinos exiliados en 1948, después de 1967 fueron reubicados una vez más.

El pretexto para alojar a los mizrajíes en los hogares de palestinos desplazados fue que los judíos de Marruecos, por ejemplo, se sintieran como en casa en el barrio de Wadi Salib de Haifa, ya que la arquitectura árabe les era familiar. En la práctica se disfrazó la lucha por los recursos como un conflicto entre palestinos y mizrajíes, mientras los askenazíes lo gestionaban desde arriba.

Cuando los mizrajíes descubrieron que sus propiedades habían sido producto de saqueos, fueron enviados a vivir a casas saqueadas de quienes les robaron. En resumen, resulta que los padres fundadores de la nación, que se suponía debían cuidar de ellos, de hecho cometían matanzas, robos y violaciones y ahora invitaban a los recién llegados a sentirse como en casa y compartir el botín.

No fue una casualidad que estallase una revuelta en Wadi Salib en 1959 bajo la dirección de David Ben Harush, que vio este intercambio y exigió, entre otras cosas, el levantamiento del régimen militar de los ciudadanos árabes de Israel. Siguiendo esa política, otros mizrajíes fueron reubicados en otras áreas de la Ribera Occidental y en los barrios palestinos. Los panteras negras, un movimiento de mizrajíes que surgió de la despoblada vecindad palestina de Musrara, identificaron este patrón y salieron contra él, exigiendo igualdad de derechos para ambos, mizrajíes y palestinos.

Sin embargo, después de 1967, cuando Musrara y el barrio de Yemin Moshe se convirtieron en valiosos bienes raíces en Jerusalén, los miizrajíes que vivían allí fueron trasladados a barrios como Gilo, en beneficio de los askenazíes, que preferían vivir en casas árabes en Jerusalén.


Panteras negras israelíes, entre ellos Charlie Biton, protestan en la calle Dizengoff en Tel Aviv, 1 de mayo de 1973. (Moshe Milner / GPO)

De esta manera los mizrajíes se convierten en los invasores de los hogares palestinos, supuestamente los pioneros conquistadores en disfrutar activamente de los frutos de la ocupación y el robo. En otras palabras, después de 1967, los mizrajíes consiguieron una zanahoria de parte del Gobierno con el reconocimiento explícito de que tenían derecho a una compensación por cómo fueron tratados por los padres fundadores sionistas. Si una vez fueron alojados en una casa que recientemente había sido de una familia palestina, ahora las casas fueron construidas específicamente para ellos. Sólo una mirada más atenta evidencia que se establecen en tierra ocupada.

De esta manera los mizrajíes se convierten en los aliados más leales del Gobierno, porque en realidad tienen algo que perder. Si en los años 1950 y 1960 los mizrajíes sin saberlo se encontraron enredados con quienes participaron en el crimen organizado del eEtado, después de 1967 se convierten en parte de la estafa y en última instancia escalaron a posiciones demasiado altas como para renunciar a ellas.

Los inmigrantes mizrajíes que llegaron después de 1948 no se dieron cuenta que habían sido enviados por el Estado como agentes dobles. Los pocos que vieron que habían sido utilizados estratégicamente se rebelaron o se convirtieron en exiliados internos. Los que se quedaron, gradualmente comenzaron a identificarse con sus entrenadores y a su vez se convirtieron en los manipuladores de otras víctimas involuntarias. Una vez que te conviertes en parte de la mafia no puedes hablar de los crímenes que se están cometiendo, de manera que tú mismo estás implicado. Ahora los mizrajíes tenían a sus familias disfrutando de los despojos de la ocupación e integrados en el aparato militar. Las mujeres mizrajíes feministas estaban ahora ocupadas limpiando los uniformes del ejército israelí de sus hijos.

En otras palabras, la idea del “crisol” israelí resultó ser un éxito mayor de lo que se preveía, poniendo fin a la separación entre miizrajíes y askenazíes. Todo el mundo en esa olla hervía en el temor de la caída del Estado judío y la venganza de las víctimas de su ascenso

Este es el pegamento que mantiene juntos a mizrajíes y askenazíes, a pesar del odio entre ellos. Los mizrajíes pueden disfrutar de su música mizrají todo lo que quieran, siempre y cuando sus hijos se enrolen en la Brigada Golani. Ese es el trato y ambas comunidades tienen buenas razones para jugar sus respectivas partes. Si los panteras negras dijeron “o la torta es para todos nosotros o no hay pastel”, el mizrají de las siguientes generaciones, dijo “el pastel será oriental o no habrá pastel en absoluto”.


Elor Azaria, el soldado israelí que mató a un atacante palestino desarmado y herido en la ciudad cisjordana de Hebrón el 24 de marzo de 2016, rodeado de su familia y amigos mientras espera su sentencia en un tribunal en la base militar Kirya en Tel Aviv, el 21 de febrero de 2017. (Jim Hollander / POOL)

Y es un compromiso con el cual los askenazíes pueden vivir. ¿Quieres un poco de mazapán de ese pastel, querido mizrají? Ve a por ello. Mientras te alistes en todas las unidades de élite y derrames tu sangre en el nombre de la tierra en la cual sus hijos están enterrados, y que ya no podrás abandonar. No es algo fácil de hacer. Pregúntennos, askenazíes.

Pero lo que realmente une a las dos comunidades mencionadas anteriormente es el dolor. Vamos a echar un vistazo a dos estudios de casos recogidos de los últimos titulares.

Es bueno tener un palestino en la habitación

La audiencia en la Knesset sobre el informe de la Contraloría del Estado en la guerra de Gaza de 2014 puede verse a través del prisma de la brecha askenazí-mizrají. Durante la guerra todo el país estaba unido y todos se ofrecían hospitalidad unos a otros, cuando la bomba cayó en el norte, el sur acogió y viceversa. Sin embargo, una vez que el polvo se asienta y el apocalipsis no llega nunca, todo el mundo se da cuenta de que los generales mintieron, bastante descaradamente, y los soldados judíos fueron asesinados, a veces por sus compañeros de armas. Entonces aparece una editorial en Haaretz contra la guerra y de lo siguiente que te enteras es de que hay un comité que investiga las deficiencias de la guerra con el fin de aprender las lecciones correctas y sacar las conclusiones adecuadas.



Un palestino observa una casa destruida en Beit Hanoun después del bombardeo israelí en el norte de la Franja de Gaza, 11 de agosto de 2014. Según la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios se destruyeron o se dañaron gravemente 1 6.800 hogares en la Franja de Gaza dejando 370.000 desplazados. (Anne Paq / Activestills)

Esta vez, después de que Netanyahu pronunciase su perorata habitual, la madre de Hadar Goldin, muerto en Gaza, le fustigó con una frase con la que cualquier habitante de izquierda de Tel Aviv estaría de acuerdo: “Nos hiciste pasar por los enemigos del pueblo”. Cuando el diputado Miki Zohar le dijo que había ido demasiado lejos, Goldin le ordenó callarse diciendo que ella no sabe quién demonios es, en primer lugar. Uno puede ser perdonado por hacer la conjetura de que si Miki Zohar no hubiera sido mizrají, nunca habría salido en defensa de Netanyahu. Si su nombre era Benny Begin, lo más probable es que nunca lo hubiera hecho en primer lugar. Si lo hubiera hecho Goldin no hubiera hablado con él de esa manera. Para Netanyahu, el artífice askenazí de este horror, Goldin siente la rabia del dolor de la impotencia. Para el diputado Zohar ella no tiene más que desprecio. Después de todo, ¿quién es él para siquiera decir algo?

Goldin fue respaldada por Stav Shafir, quien reprendió al diputado mizrají, recordándole que de esta manera no se habla a una afligida madre (por supuesto el hecho de que Hadar Goldin muriese cuando el ejército israelí utilizó el infame Protocolo de Hannibal nunca se menciona. Tampoco el hecho que dejó alrededor de 150 palestinos muertos, los mismos a quienes se les dijo que la zona era segura y que podían volver allí). Goldin y Zohar, revelando la verdad sobre la brecha social en Israel en un momento de furia, finalmente entraron en razón y ella tendió la rama de olivo diciendo “todos enviamos a nuestros hijos al ejército”.

Entonces se restaura el orden y por lo tanto todo el mundo está enfadado con los palestinos, representados en esta ocasión por el diputado Jamal Zahalka de la Lista Común. La furia santa dirigida a él actúa como aglutinante social que sostiene a las personas. Hasta la próxima vez.

Memorial en día alternativo

Otro momento “unificador” se puede observar en las escenas violentas desatadas por los esbirros del rapero derechista “La sombra” contra los asistentes predominantemente askenazíes de izquierda en la manifestación del Día Memorial Alternativo en abril pasado. La propuesta ya estaba plagada de incitación, el evento se enmarcó como una amenaza existencial para Israel y se impedía a los palestinos asistir. La realizadora y fotógrafa Ayelet Heller, quien asistió a la ceremonia, filmó el momento en que el público salió del evento, documentó los ataques violentos de algunos de los que momentáneamente se olvidaron de que todos somos “un pueblo”.

El odio de los manifestantes de derecha a los askenazim se disfrazó de patriotismo, haciendo todo lo necesario para golpearles en nombre de la ley y manifestar la jerarquía racial en su cabeza: de un solo golpe el estallido violento logra venganza, echa al diablo la inferioridad interiorizada y crea una ilusión de éxtasis de que los de abajo están ahora a cargo.

El video muestra a un grupo de aspirantes a tipos duros, sobre todo mizrajíes, cantando “muerte a los árabes”, “muerte a la izquierda” y otros cánticos dirigidos a los “traidores”. El bramido es perforado brevemente por la sirena del Memorial Day. A medida que comienza a desaparecer se reanudan las llamadas a la muerte.

Esta escena, más de lo que las palabras podrían decir, ejemplifica perfectamente por qué Israel necesita guerras contra los árabes malos. Tales momentos insertan inhibiciones en el odio entre los askenazíes y mizrajíes que está listo para estallar perforando la ilusión de la unidad social. Y puesto que la animosidad plantea la mayor amenaza para el Estado, también es la más meticulosamente barrida debajo de la alfombra. En lugar de tratar de resolverla los líderes tratan de sublimar en el miedo, el odio y la violencia contra los palestinos.

El Estado construido sobre las ruinas de casas palestinas en 1948 puede tratar de negar sus fundamentos, sin embargo estos intentos se vienen abajo cuando se enfrentan con la realidad. Después de haber encerrado al propietario anterior en el ático, ahora está tratando de llevarse bien con su vecino ruidoso que odian a muerte. Las sirenas conmemorativas ayudan, pero sólo lo justo.

Iris Hefets es una psicoanalista israelí que vive en Berlín y exeditora del sitio web Kedma. Este post fue originalmente publicado en hebreo en Local Call. Traducido del hebreo por Philip Podolsky.

Fuente: https://972mag.com/palestinians-are-the-glue-that-holds-ashkenazim-and-mizrahim-together/128061/

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar a la autora, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.

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