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El pueblo ecuatoriano tiene memoria /Debate sobre progresismo/ Feriado bancario y memoria popular


Do SurySur, 9 de Abril, 2017
Por Silvia Arana

El 5 de abril, después que el Consejo Nacional Electoral (CNE) finalizó el conteo de votos y anunció oficialmente el triunfo del binomio Moreno-Glas, la alianza CREO-SUMA de Lasso presentó impugnaciones a 1795 actas electorales. Pocas horas después, Alianza PAIS (AP), se “adhirió a las impugnaciones” para demostrar que no hubo fraude, y poner en evidencia “las maniobras antidemocráticas” de Lasso y sus partidarios. Esta decisión de AP -de adherirse al recuento demandado por los perdedores- fue sorpresiva y, me atrevo a decir, sin precedentes a nivel nacional o mundial. 
Los enormes desafíos que tiene por delante el presidente electo Lenín Moreno y su movimiento Alianza PAIS involucran la construcción de un Estado Plurinacional, más justo y más solidario. El resultado del balotaje en Ecuador decretó la victoria de Lenín Moreno con el 51,14% contra el 48,86% del banquero Lasso, con la participación del 83% del electorado (unos diez millones de personas).

A pesar de que las elecciones fueron validadas por varios organismos internacionales, como la OEA y la UNASUR, y catalogadas como “impecables” y “transparentes”, el binomio Lasso-Páez se ha negado a aceptar la derrota. Usando como justificativo un exit poll realizado por la polémica encuestadora Cedatos y difundido por el canal Ecuavisa, que le atribuía ventaja a Lasso, han denunciado fraude, y han cortado vías principales de Quito durante cinco días consecutivos, hasta hoy viernes 7 de abril. También hubo protestas -en menor escala- en la ciudad de Guayaquil, la más poblada del país.

De inmediato el candidato Lasso subió la apuesta: anunció que pediría la revisión de casi “el 100% del universo electoral ecuatoriano”. En abierto desconocimiento de la Ley Electoral de Ecuador, que determina que solo se pueden impugnar actas en las que se haya notado discrepancias numéricas -y de ninguna manera todas las actas. Posteriormente el presidente de CREO-SUMA, César Monge, que actúa como experto electoral (vistiendo una chaquetilla blanca con las palabras “control electoral” impresas en la espalda), ajustó los números precisando que quieren impugnar 2448 actas. Y, por tanto, el recuento de votos sigue…

El binomio de la coalición de derecha Lasso-Páez perdió las elecciones, pero al negarse a reconocer su derrota y ocupar las avenidas aledañas al CNE en Quito -con el respaldo del alcalde Rodas- ha logrado mantenerse en las portadas de los medios de prensa nacionales e internacionales más de lo previsto para un perdedor. Y, en alguna medida, también ha conseguido opacar, por el momento, el triunfo del binomio Moreno-Glas.

Una década de gobierno de Alianza PAIS

Los logros de la década de gobierno de Rafael Correa son innegables: reducción de la pobreza, inversión social en educación, salud y desarrollo de infraestructura. Sin embargo, especialmente en los últimos años, con la baja en los precios de los commodities, se hicieron ajustes impopulares, como la reducción del empleo público. Por otra parte, a lo largo de esta década, se produjo un deterioro (atribuido en parte a la personalidad del presidente saliente) en las relaciones con los movimientos sociales, en particular con los indígenas y los ecologistas que cuestionan el “modelo extractivo” de este país petrolero. Ecuador además carece de moneda propia, es un país dolarizado desde el año 2000, durante el gobierno de Mahuad, del cual el banquero Lasso fue Superministro de Economía. La dolarización implica que Ecuador carece de soberanía monetaria y tiene una total dependencia de las divisas que entren al país por la venta de petróleo. La baja en los precios del petróleo de los últimos años fueron, por tanto, un golpe fuerte a la economía.

A esto se sumó el desastre natural del peor terremoto en décadas, ocurrido el 16 de abril de 2016. Tuvo su epicentro en la provincia de Manabí, y afectó a más de un millón de personas, causando aproximadamente 700 víctimas fatales y miles de heridos. Tuvo un costo de tres mil millones de dólares, 3% del PBI de Ecuador. Para sobrellevar la crisis, el gobierno del presidente Correa tomó algunas medidas consideradas “antipopulares”, como el incremento de dos puntos del IVA (impuesto al valor agregado), que subió del 12 al 14% por el periodo de un año. Esta medida fue usada por los opositores, especialmente por los medios de prensa privados que son mayoritarios para hostigar al gobierno, sin tregua. Y dicha campaña caló en los consumidores, generando descontento, principalmente en las ciudades.

Sin embargo, la población de las zonas afectadas por el terremoto, provincias de Manabí y Esmeraldas, reconocieron la asistencia prestada por el Estado, y votaron mayoritariamente por el candidato de AP, Lenín Moreno. De hecho, la ventaja obtenida en Manabí ha sido un factor clave en la victoria de AP.

Moreno: “Hay grupos indígenas, ecologistas, mujeres… que tienen que volver”

El primer discurso de Lenín Moreno como presidente electo fue un claro mensaje de conciliación social: “Entramos en una época donde se disminuye la confrontación y se amplía la tolerancia, pero la revolución continúa, no los vamos a defraudar”, afirmó. Señaló que promovería el regreso de distintos sectores sociales que se alejaron de la base de apoyo a AP. “Hay grupos indígenas, ecologistas, de jóvenes, de mujeres, que tienen que volver. Tendrán que volver y rescataremos esa porcentualidad que nos daba una ventaja inmensa. Esa diferencia la recuperaremos con diálogo. Les corresponde a ustedes hacer lo mismo, con aquellos que se resintieron. Vamos a trabajar por todos”, afirmó.

Sobre la corrupción, Lenín Moreno envió un mensaje a la población y especialmente a su futuro gabinete: “Quiero inaugurar el gobierno más limpio del Ecuador. Quiero erradicar la corrupción. Que aquellos compañeros que sean designados ministros sepan que no voy a tolerar ningún acto de corrupción”. A esta afirmación hay que ubicarla en el contexto de los graves casos de corrupción en Petroecuador, la empresa petrolera estatal.

Cholango: “No hay que tener miedo al debate”

Humberto Cholango, expresidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) y miembro de Pachakutik dijo en respuesta al discurso de Moreno: “En una sociedad hay que dialogar… En un diálogo se respetan las diferencias. Nosotros debemos analizar ese llamado al diálogo de Lenín Moreno. [Debemos hablar sobre] la criminalización de la protesta, la educación bilingüe, la reforma agraria: la democratización del agua y de la Tierra, la construcción del Estado Plurinacional, el modelo extractivo. Hay que poner todo en el tapete. No hay que tener miedo al debate por el bien del país. [1] ”

Con respecto al clima desestabilizador creado por la alianza CREO, Cholango dijo: “Todos tenemos que respetar la voluntad del pueblo ecuatoriano, que ha elegido a Lenín Moreno. Los perdedores: el banquero y la oligarquía, tienen que reconocer. No se trata de gritar. Tienen que respetar y aceptar los resultados, y contribuir al país, con ideas y propuestas. Intentan movilizar de manera violenta y sin pruebas contundentes, se paran en tarimas y dan discursos intentando violentar -eso ya se vio en Venezuela, en Bolivia, en Honduras, en Brasil… Entonces, hay un guión establecido de los poderes fácticos internacionales para desestabilizar y desmoralizar a los movimientos sociales.”

“La democracia gira en torno a la toma de decisiones”

Los desafíos que tiene por delante el presidente electo y su movimiento Alianza PAIS no son pocos, ni son simples porque involucran la construcción de un Estado Plurinacional, más justo y más solidario. A diferencia de los regímenes de derecha que excluyen a gremios y a movimientos sociales, que son gestionados por ejecutivos y CEOs y gobiernan por decreto, sobre el gobierno de Lenín Moreno y Jorge Glas hay otro nivel de expectativas: mayor participación popular en todos los órdenes.


John Berger decía: “La democracia es una propuesta (raramente lograda) que gira en torno a la toma de decisiones; poco tiene que ver con las campañas electorales. Es la promesa de que las decisiones políticas serán tomadas en consulta con los gobernados, y de acuerdo con ellos. Para que el proceso funcione, los gobernados deben tener la información adecuada sobre los temas en debate, y aquellos a cargo de ejecutar las decisiones deben tener la capacidad y la voluntad para escuchar y tomar en cuenta lo que han oído. La democracia no debe ser confundida con la “libertad” de decisiones binarias, la publicación de encuestas de opinión o el amontonamiento de gente en datos estadísticos…” [2]

Notas:
[1] Humberto Cholango, entrevistado por Washington Yépez y Kintto Lucas en Radio Pichincha:http://mx.ivoox.com/es/2-abril-pueblo-derroto-a-audios-mp3_rf_17977673_1.html
[2] Fragmento del ensayo “Where Are We?”, Hold Everything Dear, John Berger (traducción de la autora).


Anexo 1
Elecciones y debate sobre progresismo

J
uan Guahán| Las elecciones realizadas en Ecuador colocan a ese país en el centro de las reflexiones sobre lo que acontece en nuestra región y las perspectivas del “progresismo” en la misma. En la primera vuelta electoral el triunfo del oficialismo había tenido un sabor amargo. Eso era así porque, si bien el oficialismo había vuelto a ganar, no había conseguido llegar al 40%, necesario para evitar una segunda vuelta y lejos del 57,17% que había reunido el actual Presidente Rafael Correa en la primera vuelta del 2013.

El domingo pasado se concretó la segunda vuelta electoral de ese país. El candidato oficialista, Lenín Voltaire Moreno (su madre quiso que se llamara Voltaire, por el filósofo francés), logró imponerse con el 51,16% de los votos, contra el 48,84% del banquero Guillermo Lasso. De ese modo el progresismo logró retener el gobierno de Ecuador.
A partir de ese hecho se fortaleció un debate que abarca a los sectores que no están con el statu quo y que recorre a toda la región.

Se trata de la discusión entre quienes piensan que el progresismo, que gobernó y gobierna a varios países de la región, llegó a un tope. Ahora sería la hora de gobiernos más conservadores, hasta que el péndulo –empujado por las rebeldías populares y las luchas sociales- vuelva a hacerlos retroceder. Otros son los que creen que estos recientes gobiernos, más conservadores, como los de Brasil y Argentina durarán muy poco y que rápidamente será el regreso de quienes gobernaron en los últimos años.

Da la impresión que este debate tendría que ser más profundo. Todos deberíamos preguntarnos ¿Por qué la experiencia progresista ya conocida no pudo salirse de los marcos tradicionales y terminaron en crisis y derrotas? Esta frustración nos obliga a pensar en que hay otros caminos para que el regreso esperado no sea una mera reiteración de los progresismos conocidos. Habrá que ver si es posible poner fin a estos movimientos pendulares y establecer un nuevo modelo asentado en la soberanía popular, donde la participación y protagonismo del pueblo vaya más allá de poner un voto cada dos años, mientras –además- continúan las políticas saqueadoras de nuestras riquezas.

En Ecuador el progresismo seguirá gobernando pero debe preguntarse ¿porqué de cada 5 votos que tenía en el 2013 perdió 2 en la primera vuelta electoral del 2017? Esos votos, que había recogido Correa en el 2013, tomaron otros rumbos porque el mismo Correa no pudo o no supo poner fin al saqueo de sus recursos naturales o bienes comunes y responder a las demandas populares. Es posible que esa sea la razón por la cual los sectores afectados buscaron otros caminos.


Anexo 2

El feriado bancario y la memoria del pueblo


Maximiliano Pedranzini|Comenzaré citando a una eminencia del pensamiento y la poética que Occidente ha dado en el último siglo XX para pensar un poco esta cosa llamada memoria y su correlato inherente con el presente y de esta manera introducirnos al tema en cuestión. El escritor lituano Tomas Venclova en su célebre “poema sobre la memoria”, dice en estas líneas lo siguiente: “Esto queda: el círculo que talló un cuchillo, una marca en el vidrio, polvo en las estanterías, tanta libertad, tantos versos y tanta falsedad, como escasez de auténtico destino. Dos voces también quedan. Acariciaron el tibio e inquietante volumen de esta urbe. Una sola gota de memoria les fue dada. Tuya es. Y no pertenece a nadie.”(Tomas Venclova, Diálogo de invierno, 1ª ed.,Northwestern University Press, Evanston, 1999).

Estas palabras, con el siempre dulce y refrescante sabor de la reflexión, nos invitan a pensar y repensar desde la memoria la crisis económica que atravesara Ecuador el 8 de marzo de 1999, comúnmente nombrada“Feriado Bancario”, que significó la quiebra de 33 entidades privadas -de las cuales 28 fueron cerradas en 2010- y el rescate financiero por parte del Estado ecuatoriano para amortiguar los efectos de esta crisis, teniendo un costo altísimo para el pueblo que se traduciría en un brutal ajuste, comparable con el “Efecto Tequila” mexicano de 1994 o el “Argentinazo” de 2001.

Esto independientemente de los resultados de la segunda vuelta del último 2 de abril, ya que la memoria como devenir de nuestra historia tiene por objeto inducirnos a una profunda reflexión, como si nos indujeran a un sueño, pero con la conciencia despierta: más despierta que nunca. Si la memoria es un periplo, hay que reforzar ese viaje, pase lo que pase, sin sumergirnos del todo en las siempre importantes coyunturas.


Ahora, ¿Cómo pensar la memoria después de haber leído esto? ¿Cómo recalcarla en la práctica ciudadana? ¿Cómo retransmitirla a las generaciones que no han transitado por este proceso ni conocen a fondo las vicisitudes y los protagonistas de este hecho significativo para la nación ecuatoriana? Veamos.

Ecuador ha dejado atrás las crisis de 1999 y 2000. La llamada “década ganada” sostenida por la Revolución Ciudadana conducida por el presidente Rafael Correa, se encargó de reparar los desaguisados de una economía devastada por la crisis, de un país política e institucionalmente inestable y esencialmente por el desguace que dejaron como herencia los principales bancos nacionales, entre ellos el Banco Guayaquil presidido por el banquero Guillermo Lasso quien, además, era gobernador de la provincia del Guayas (1998-1999) en el momento que ocurre el crack financiero, y el 17 de agosto de ese mismo año asume como flamante “Superministro de Economía y Energía”. Una responsabilidad más que comprobada.

Esta crisis que duraría algunos años, ha desaparecido de la vida concreta de los ecuatorianos desde que Correa asumió el gobierno en 2007. El país ha crecido económicamente, ha reestructurado su deuda y se ha consolidado institucionalmente. En suma, ha recuperado en estos diez años una estabilidad que antes de 2007 no tenía. Ha retomado el control de un Estado asaltado y saqueado por el neoliberalismo. Problemas como pobreza y marginación fueron reducidos considerablemente y cuyos indicadores son más bajos que en otros países de la región. A partir de ese año la recuperación económica de Ecuador se hace efectiva, convirtiéndose en una política de Estado que proyecta la reconstrucción del país y la defensa de la soberanía nacional. Un hecho tan contundente que termina siendo reconocido por la misma oposición.


Correa ha legitimado su lugar como mandatario ganando las elecciones en tres oportunidades de manera consecutiva (2007-2009-2013-2017), en todas superando el 50 por ciento de los votos. La oposición desde entonces siempre se ha ubicado varios escalones debajo de su figura fragmentándose en su intento por escalar, lo que es un mérito por parte del correísmo. Los escalones se han acortado en este último tiempo, mas no la fragmentación. Empero, el que alcanzó lo más alto de esta escalinata ha sido el ahora líder de la Alianza CREO-SUMA que, a fuerza del despilfarro millonario, financió su carrera hacia la presidencia en estos últimos años, no sin antes hacer una parada “obligada” por la embajada de Estados Unidos para ser ungido como el representante de Washington en el país. Hace rato que viene teniendo acercamientos con Estados Unidos. Desde su época como funcionario público a fines de los 90, incluso mucho antes. Siempre con el mismo objetivo: atacar al Gobierno y recolonizar el Estado. Para ello hace falta un plan de desestabilización. Ahora estas relaciones se renuevan con un plan neoliberal que busca emprender el vuelo desplegando las alas de un nuevo Cóndor, creado a la medida de los poderes mediático y financiero, y cuyo receptor privilegiado es la oligarquía ecuatoriana.

La oposición política al correísmo, aunque dividida, ha acortado distancias y se propone como alternativa apelando a la desmemoria de la ciudadanía, intentando borrar todo vestigio del papel central del Lasso en la crisis de 1999. Sin embargo, la oposición mediática, a diferencia de su homóloga política, es mucho más fuerte y decidida a hacer caer a la Revolución Ciudadana, colocándose como el principal escollo que tiene este proceso.

El Estado neoliberal de los años 90, cuyo corolario político fue con los gobiernos de Jamil Mahuad (1998-2000) y Gustavo Noboa (2000-2003), puso de rodillas a la economía ecuatoriana. Estos son algunos puntos para aclarar mejor este concepto:1) borró de un plumazo la soberanía monetaria como consecuencia de esta crisis poniendo fin al Sucre como moneda nacional y abriendo paso a la dolarización de la economía -que todavía persiste en la realidad palpable del país-; 2) acrecentó de manera astronómica la deuda externa; 3) congeló los depósitos dejando a los sectores medios y populares sin acceso a sus ahorros teniendo efectos sociales desastrosos y colocando al Banco Guayaquil de Lasso como uno de los principales beneficiarios de esta maniobra por medio del 
denominado canje


de Certificados de Depósitos Reprogramables (CDR), lo que generó una bicicleta especulativa; 4) provocó un éxodo migratorio a gran escala que duraría unos cinco años, sin precedentes en la historia de Ecuador, forzado por las condiciones adversas y la falta de contención que produjo la crisis que llevó a los ecuatorianos a rumbos tales como España, Italia y EE.UU. causando la desintegración de familias enteras y diezmando a la sociedad ecuatoriana. No cabe duda de que a esto se refiere Correa cuando habla de “la larga noche neoliberal”. Un Estado apoyado por los sectores de derecha, las capas más pudientes y la clase media urbana. (luego afectada por el cimbronazo económico).

No obstante, el país se propuso salir de la oscuridad de esa “larga noche” que lo había asolado y lo ha logrado en estos diez años, dando pasos agigantados en lo que respecta a la estructura económica y social, el fortalecimiento del Estado y su intervención en el mercado. No así en su régimen monetario, todavía dominando por el dólar estadounidense.

Ecuador se sumió en una profunda recesión y con ella el pueblo, y luego de una dura década de recuperación, los responsables, verdugos de ese pasado catastrófico, regresan con todo cinismo representando el cambio. El Gobierno de Correa se encargó de enmendar todo el daño ocasionado por los neoliberales, por empresarios y banqueros como Lasso que destruyeron literalmente el país y entregaron el patrimonio nacional. La soberanía fue un objeto que las corporaciones financieras apostaron, le pusieron precio, teniendo como único perdedor al pueblo ecuatoriano. Esta historia intenta repetirse, pero está vez como farsa.


Muchos de nosotros daríamos lo que fuese por tener a un político como Correa que defienda la soberanía de su país del modo que lo ha hecho. La Revolución Ciudadana, mientras tanto, continúa aguantando las arremetidas de la derecha, sobre todo la derecha mediática que ataca sin rodeos y con un alto nivel de agresividad. Los principales núcleos de este ataque masivo son, además de los medios de comunicación, los bancos y entidades financieras de las que Lasso originalmente proviene y que generaron el Feriado Bancario. Sabemos bien lo que encarnan, lo terrible que son, más aún si asaltan el Estado por la vía electoral, como ocurrió en Argentina con Mauricio Macri en 2015. Condicionar y sojuzgar a los gobiernos es su tarea y una de las que mejor saben hacer.

El panorama, como la misma memoria, se tiñe de todas estas experiencias. Las fuerzas de la derecha que representan los intereses de las corporaciones financieras y comunicacionales embisten sin reparo contra el proyecto progresista de Correa, contra Alianza PAIS y contra la Revolución Ciudadana. El camino largo es el del sufragio, a través del proceso democrático. El corto ya lo conocemos, y no hay que descartar la posibilidad 


de que lo utilicen si las cosas no salen como las tienen planeadas. El desenlace de este derrotero lo comenzaremos a vislumbrar luego de que asuma el nuevo gobierno y a partir del efecto que éste tenga en la política nacional. Por el momento, la coyuntura se mantendrá en esta sintonía.

La Revolución Ciudadana como un tren sigue su marcha construyendo la historia ecuatoriana sobre nuevos cimientos, más sólidos y renovados, afianzando su curso por el verdadero cambio y su proyección hacia el futuro sin mermar la voluntad política que es el combustible que moviliza esta locomotora.

Por eso la memoria. El lugar donde habita el mayor sentido de pertenencia de un ser humano y que es el punto de enlace de las etapas de nuestra vida y los tiempos de la historia: “Y así la hora, separada de nosotros, condenada, cae revoloteando como un chal sobre las escaleras, en cuartos y pasillos, y en el hueco que aún se extiende entre el tiempo que pasó y el tiempo que vendrá” (T. Venclova, ob. cit.,). La siempre venturosa dignidad hace que la mayoría del pueblo ecuatoriano apele a su memoria y contemple ese “hueco que aún se extiende entre el tiempo que pasó y el tiempo que vendrá”, como versa el poeta lituano. Una razón más que suficiente para confiar en la sabiduría de nuestros pueblos.

*Ensayista. Miembro del Centro de Estudios Históricos, Políticos y Sociales Felipe Varela, Argentina.

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